jueves, 1 de noviembre de 2018
viernes, 26 de octubre de 2018
El nacionalismo está destruyendo la izquierda
El nacionalismo está
destruyendo la izquierda
El PSOE
recibió latigazos de ruptura antes, y no solo en el PSC que sufrió un
terremoto, y no han acabado de sufrir las consecuencias. La búsqueda de salidas
con el asunto de federalismo asimétrico, naciones, plurinacionalidad… no ha
terminado, se liará y enconará más la situación. Podemos está sufriendo los
desgarros ahora, en Cataluña y en el resto de España, sus mareas, Galicia, País
Vasco, Valencia, Aragón, Andalucía… todo parece remansado pero la corriente revuelta
de fondo se desbordará, de hecho ya hay proclamas desde sectores de izquierdas
defendiendo el derecho a decidir la autodeterminación por muchos rincones de
España, una regresión camuflada como mercancía progresista.
‘’El universo de seres comunicados que Kant creía
necesario para sentar las bases de un futuro mundo cosmopolita puede estar
lejos, pero está mucho más cerca hoy, que por ejemplo en 1945.
Estas u otras cosas ni se logran ni se lograrán
en el futuro manteniéndonos encerrados en nuestras comunidades y midiendo
nuestra vida en relación con los horizontes que nuestros padres y nuestros
abuelos fijaron por nosotros, o gobernando los actos y los deseos por las
normas de aquellos que se han nombrado a sí mismos representantes en la tierra
de una divinidad cuya existencias parece muy improbable. La mayor parte de la
civilización moderna se debe a múltiples factores. La evolución de la medicina
o las tecnologías de la información y el progreso de los medios de transporte,
si bien son una herencia indirecta de la Ilustración, así como las revoluciones
científica y técnica que la precedieron y la siguieron, no tienen una relación
inmediata o directa con sus ideales, pero sí la tiene nuestra capacidad para
enmarcar el conocimiento del mundo en algo mayor que el terruño, la propia
cultura, la familia o la religión personal. Y en esto somos irremediablemente
herederos de los constructores de la ‘ciencia del hombre’ ilustrada’’.
Anthony
Pagden, ‘La Ilustración’. Alianza Editorial, 2013.
Hasta el año 2012,
cuando se empieza a extender la proclama del derecho a decidir la
autodeterminación, los catalanes decidieron elegir mediante votación a sus
mandatarios para que les representaran y dirigieran parte de sus destinos:
votaron en 11 ocasiones Diputados al Congreso y Senadores, 7 veces para decidir
parlamentarios en el Parlament, votaron 9 veces para decidir sus concejales en
los municipios, en otras 6 ocasiones eligieron parlamentarios europeos y en
otras 6 más decidieron en referéndums, tipo Reforma, Constitución o Estatutos
de Autonomía. Sí, ellos han podido decidir y lo hicieron –y no los negros en
los sesenta en EEUU-. En sus decisiones se constata que triunfaron electoralmente
mayorías nacionalistas, no siempre, pero nunca eligieron mayorías
secesionistas. Los partidos representados, los que decidieron elegir los
catalanes, no llevaban en sus programas el objetivo de independencia, no se
presentaban defendiendo el derecho a la autodeterminación.
El problema de la
independencia no existía hasta hace pocos años, el ejercicio del derecho de
autodeterminación tal como lo vivimos hoy, es novedoso en la vida española
fraguado en los años de crisis, tras la sentencia del Estatut. Siempre hubo
independentistas pero, solo desde hace muy poco se manifiesta la preocupación
creciente por las relaciones Catalunya-España en los estados de opinión, que
publica el CEO (Centre d’Estudis d’Opinió) de la Generalitat. En los cuadros
desde enero 2009 a junio 2013 presentan las preocupaciones sociales, las
personales y aquellas consideradas grandes problemas de Catalunya. Ambas
coinciden en el orden, las preocupaciones personales, en 2009, eran
mayoritarias por la precariedad laboral un 44%, a continuación con un 17% el
funcionamiento de la economía, ambas, consecuencias de la crisis, a mucha
distancia, preocupa la insatisfacción con los políticos, cerca de un 5.5%,
queda relegada la preocupación de relaciones Catalunya-España a un 3,5%. Escasa
importancia se le daba entonces.
En junio de 2013, lo que consideran problemas importantes pasan a ser
cerca del 50% la precariedad laboral, el 16,2% el funcionamiento de la
economía, doblándose el peso de la insatisfacción con los políticos hasta el
12.4%, -que no entiendo insatisfacción con la política aunque podría estar
contenida, en el mismo estudio por las diferentes preguntas aparecen grados de
interés, preocupación, seguimiento etc., respuestas comprometidas con la
política-. Sigue en el grado de preocupación, las relaciones Catalunya-España
con cerca de un 11%, más que triplicando su importancia respecto al 2009. Desde
luego en los propios centros oficiales de Catalunya, el CEO, donde cocinan los
datos de opinión, éstos no reflejan que sea el problema tan insoportable como
lo denuncian al mundo sus políticos y los medios de comunicación catalanes.
Un cierto grado de radicalización popular se incuba durante el segundo
gobierno de Aznar entre pequeños grupos españolistas y políticos catalanes,
amplificado por algunos medios de prensa, radio y televisión. El malestar se
hace palpable durante el primer gobierno de Zapatero, a partir de 2004, en la
negociación del Estatut, y cuando éste llega al Congreso, siendo aprobado en
junio de 2006. Pero todavía durante el
2008 la tendencia separatista se mantiene por debajo del 20% en datos de la
Generalitat –ver cuadro anexos-.
En 2009 las encuestas detectan un
malestar creciente con el funcionamiento de la democracia en Catalunya, -y en
España- probablemente sean reflejos producidos por la crisis económica y el
Estatut. A partir de entonces comienza a
expandirse el malestar por el recurso de inconstitucionalidad presentado por el
PP, y la demora en la Sentencia, lo cual provoca sentimientos separatistas, que
unido a la grave crisis económica, produce otro salto al alza en 2011, entrando
en la dinámica actual en 2012 con otro acelerón, que lleva aparejadas
reacciones masivas de culpar a España –España
nos roba- por la mala situación política, laboral y económica de Catalunya,
de la que muchos esperan salir con la independencia. Los datos importan porque
esta no es una larga lucha.
En Europa,
en el siglo XXI, ningún partido que pretenda progresismo podrá aceptar la
secesión de una parte del territorio. Ningún partido serio, aunque no tenga
esperanzas para gobernar, podrá ocultar que los apoyos parlamentarios de los
independentistas están basados en un 36% del cuerpo de votantes catalanes, algo
que resultará imposible de defender ante la ciudadanía, porque entonces se
entendería abierta la puerta a golpistas de cualquier signo en cualquier
momento. La defensa de la Constitución y las libertades democráticas, será
percibida por la ciudadanía como realizada fundamentalmente por la derecha y el
centro, dejando las izquierdas al margen de cualquier proceso global de
construcción española y europea. Así la destrucción de las izquierdas iniciada
en el siglo XXI, agravada con la crisis, ahora, si apoya al nacionalismo dará
un gran paso adelante por apoyar lo reaccionario, las gentes abandonarán
valores clásicos de unidad, libertad, igualdad, fraternidad y abrazarán el
fascismo que hay tras el nacionalismo.
La declaración de independencia es apoyada por diputados del Parlament
representantes de 1.628.714 votantes a JuntxSí, mas los representantes de
337.794 votantes a la CUP, en total sumarían 1.966.508 votos sobre un censo
electoral de 5.510.853. Ocurrió en las elecciones de 2015 planteado plebiscito
por JxS y CUP. Perdieron.
Se imaginan
el potencial movilizador del process
y las Diadas dirigido contra la precarización, por el empleo y salario digno.
Esfuerzos enormes durante días, y meses… imaginen si fueran aplicados a
transformar sectores productivos, a reducir desigualdades… imaginen dirigidos a
mejorar una Europa más libre, igualitaria y solidaria. Pero, esos no son
objetivos nacionalistas.
Toda ruptura conlleva costes, sean las personales por amor, amistad, o
religiosas, partidistas, societarias… sería imposible que ésta no los tuviera.
En Catalunya los promotores de la secesión no hablan de costes, tratan de
pintar una ilusión, mostrar el paraíso e impedir que algo pueda diluir la
imagen edulcorada que transmiten para sumar voluntades. La marcha por la
independencia está tan rellena de sentimientos como vacía de racionalidad y
concreción. La presentación de la opción independentista como solución a todos
los problemas, sean personales o colectivos de los catalanes, debería oler mal a
cualquiera que tenga un pie puesto en la Ilustración y use un poco de
racionalidad, -máxime a militantes, partidos y sindicatos de izquierdas, e
intelectuales y teóricos sociales- que deberían conocer las bases ideológicas.
El
nacionalismo, una forma de populismo, tiene como único objetivo lograr la
independencia nacional y convertir Cataluña en estado asumiendo los
independentistas la totalidad
del poder político que ahora detentan parcialmente, otra parte lo tiene el
Estado, otra parte la UE, otra la globalización... Para ello utilizó y fabricó
una ideología excluyente, necesita diferenciar entre ellos, catalanes puros y
los demás impuros y enemigos para enfrentarlos, aunque hayan nacido en
Cataluña, y sus padres, y abuelos y bisabuelos... Ellos, los buenos, son los
que se suman al proceso aceptando las reglas y objetivos impuestos por el
independentismo, garantizando puestos de representación social, cargos,
empleos, prestigio…los demás son el resto, sean catalanes, andaluces,
españoles, gente a vencer y someter. Racismo y xenofobia son piedras angulares
del nacionalismo, fuertemente desarrollados en el nacionalismo catalán desde
sus inicios hasta hoy, pasando por los Pujol.
«El hombre andaluz no es un hombre coherente, es
un hombre anárquico. Es un hombre destruido [...], es generalmente un hombre
poco hecho, un hombre que hace cientos de años que pasa hambre y que vive en un
estado de ignorancia y de miseria cultural, mental y espiritual. Es un hombre
desarraigado, incapaz de tener un sentido un poco amplio de comunidad. A menudo
da pruebas de una excelente madera humana, pero de entrada constituye la
muestra de menor valor social y espiritual de España. Ya lo he dicho antes: es
un hombre destruido y anárquico. Si por la fuerza del número llegase a dominar,
sin haber superado su propia perplejidad, destruiría Cataluña. Introduciría en
ella su mentalidad anárquica y pobrísima, es decir su falta de mentalidad.»
Jordi Pujol, "La inmigració,
problema i esperança de Catalunya".
Editorial Nova Terra 1976.
La
izquierda reaccionaria, es nuevo concepto que define individuos y sectores
autodenominados de izquierdas, en cuanto defienden y apoyan a la reacción que
lleva al antiguo régimen, la contrarrevolución ilustrada. Ponerse al lado del
nacionalismo catalán, de su argumentario, su táctica y estrategia, supone
comulgar con los ultras europeos que ven a los inmigrantes como riesgos en
sintonía con los ultra-nacionalistas xenófobos austriacos, húngaros, italianos,
polacos, holandeses, alemanes… izquierda reaccionaria al aceptar la idea
antigua de nación vinculada a lenguas y/o etnias lo cual es una regresión a la
oscuridad de la Edad Media. En el planeta Tierra existen más
de 6.500 lenguas y 5.000 etnias y solo 200 estados. Reaccionaria si identifica y apoya la
existencia de un supuesto pueblo, homogéneo y superior al resto, -el
supremacismo catalán está ampliamente documentado; los dos tomos de ‘La Raza catalana’ de Francisco Caja son
buena referencia-. Izquierda que se define así, solo por ser anti PP,
reaccionaria en cuanto abandona los principios de igualdad, libertad y
solidaridad para todos. Reaccionaria, porque se tapa ojos y oídos ante la
represión ejercida por el independentismo hacia individuos y amplios sectores
sociales que no secundan sus creencias, modos y planes.
La democracia
nacionalista, hoy secesionista, aplica derechos solo para independentistas y aliados, mientras
arrincona socialmente a todo individuo que no apoye su objetivo tachándolo de
traidor, de no ser catalán, procediendo a relegarlo en su lugar de trabajo y
entorno, barrio, escuela, empresa. La democracia solo para catalanistas, supuso
marginar a la mitad de los catalanes para puestos de responsabilidad en medios
públicos de radiodifusión, en empresas públicas catalanas, en puestos de responsabilidad
de la Administración Pública, en cargos Institucionales, fueran deportivos o
culturales. Remiren la inmersión lingüística y véanla utilizada como elemento
para cribar/reducir emigrantes castellano-hablantes que pasen a bachillerato.
Las redes sociales están llenas de casos concretos relatados por padres y
madres de represión lingüística en los colegios a niños pequeños, regañados y
apartados, como así mismo hay cientos de casos de adoctrinamiento sectario, hoy
es imposible no querer verlo. Supuso, desde hace muchos años, expulsar a miles
de trabajadores de enseñanza y realizar cribas para posterior contratación,
supone zancadillear a profesores universitarios si no se identifican
nítidamente como indepes, o marginar a los tibios, supone arrinconar y
denunciar a trabajadores enseñantes y sanitarios que no se presten a ser
activistas por la independencia.
La manifestación pública
de tropelías que pisotean derechos ciudadanos de los no indepes va surgiendo
poco a poco, hasta ir conformando listas enormes de agresiones, vejaciones,
marginaciones…, el miedo que las retenía pareció romperse en octubre 2017.
Ocultadas por los nacionalistas durante lustros, ayudados por gentes de
izquierdas, para no provocar, decían, taponaban difusión en los medios, dificultaban
permisos de reunión y locales, mientras descalificaban brutalmente a quienes
las elaboraban, porque eran de tal o cual tendencia, de tal o cual partido, se
descalificaba sin contra-argumentar se ocultaba la información, mejor no
criticar lo que se documentaba, ello extendió
injusticias y privación de derechos democráticos. Hoy quien quiera puede
ver en los medios y redes una enorme lista de amenazas exabruptos y gritos de
expulsión a los catalanes no integrados en la independencia. Luchar por la
autodeterminación es luchar por derechos individuales o colectivos no
universales, supone tener como ideal aumentar los derechos solo para una parte
de catalanes, eliminando los de otros catalanes. Por supuesto todo
comportamiento se agrava, si en vez de considerar solamente a los catalanes
incluimos la ciudadanía española.
Las revoluciones cambiaban el orden social, la
escalera de poder y representación, la organización de la sociedad revolucionaria
se zarandeaba en todos sus tramos, profesores, catedráticos, periodistas o
voceros, gurús mediáticos, económicos, políticos, sacerdotes e iglesias, notarios,
registradores, abogados, y poderosos de cualquier sector eran derribados por
otros apoyados en movilizaciones, los nuevos, jóvenes mayoritariamente, los de
abajo, se ponían arriba, las clases populares ocupaban parcelas de poder y se
producía una redistribución de riquezas, las tierras se repartían, se
requisaban medios de transporte, los medios de producción cambiaban de propietarios,
algunos se colectivizaban o se apropiaban por las instituciones del estado
naciente en manos de nuevos poderes políticos, las iglesias y religiones,
desaparecían y sus muchos edificios, colegios, catedrales, monasterios eran
requisados y puestos al servicio común. No parece estar ocurriendo en Cataluña.
En todas
las revoluciones aparecían episodios violentos, de enfrentamientos entre los
representantes de lo viejo y lo nuevo, la lucha por el poder. El problema aquí,
en el proceso de autodeterminación de Cataluña, es determinar ¿qué es lo viejo y cual lo nuevo?, el
nacionalismo que pretende aparecer como lo nuevo ante oleadas de jóvenes
inexpertos, basa su legitimidad en ideales imaginarios de hace muchos cientos
de años, cuando las gentes no tenían vida propia, no podían decidir nada,
dependían de sus señores, los nacionalistas pretenden legitimidad, dicen,
lograda cientos de años atrás, cuando la gente moría de hambre, de frio y
enfermedades, la esperanza de vida era de 30 años, por supuesto todos eran
analfabetos y sometidos a una docena de soberanos y señores feudales. Durante
algún tiempo, muchos años después del nacimiento de la Generalitat, que se
aduce como inicio de su legitimidad, en los pocos momentos que hubo derecho de
voto, lo fue solo para los poderosos, restricciones de propiedad, de sexo y/o
educación lo impedían para el grueso de los catalanes. Una pequeña muestra de
cómo funcionaban las cosas se lee en este estudio de Bernat Hernández.
‘’Francisco de Borja, con su nombramiento de
virrey, recibió unas instrucciones bastante concretas sobre el desempeño de su
cargo. Como prioridades se situaban el control del bandolerismo, que era
presentado como una lacra que afectaba al conjunto de la sociedad catalana y
del que preocupaba especialmente las implicaciones de eclesiásticos en las
luchas de facciones…
Más que el bandolerismo en un sentido actual y
jurídico del término, el problema fundamental al que debió enfrentarse el
virrey Borja fue el de una sociedad dividida, enfrentada en luchas de facción.
Las referencias documentales sobre el tema son muy numerosas y bien trabajadas
por una bibliografía abundante. Justamente, nada más jurar el cargo, el virrey
hubo de intervenir en la ciudad de Tortosa, población que describe, en términos
tremebundos, como un nido de bandidos o una «cueva de ladrones» y «amparo de
deservidores» de la monarquía.’’ La situación de la ciudad del Ebro era un reflejo del
fenómeno del clientelaje nobiliario, eclesiástico u oligárquico municipal que
resolvía sus conflictos mediante partidarios armados. Un problema que afectaba
por igual a instituciones catalanas, municipios y oficiales monárquicos.
En gran medida, este estado de cosas era una pesada
herencia de los graves problemas arrostrados por el Principado desde la crisis
bajomedieval, que había sido particularmente severa en las guerras civiles y
sociales del siglo xv. Por su parte, la dinámica de urbanización (planteada
en términos de la fijación de jurisdicciones) de la población catalana había
provocado tensiones entre las nuevas élites urbanas y los poderes feudales
tradicionales del entorno rural. A nivel de señores laicos –fueran familias o
colectivos municipales, nuevos poderosos locales o linajudos feudales– y señores
eclesiásticos, estos enfrentamientos se habían recrudecido en tiempos de Borja.
La configuración de estructuras de poder por parte de la Diputación del General
y de la monarquía comenzaba a afectar al mundo de las parcialidades, al
proceder a alineaciones y tomas de posición en los nuevos ámbitos de decisión
por parte de los linajes tradicionales. ’’
Bernat Hernández, Universitat Autònoma de Barcelona, ‘Bandos y
piratería en la Cataluña del Siglo XVI. Las actuaciones del Virrey Francisco de
Borja (1539-1541)’
La
historia no concede derechos, cuando los nacionalistas se apoyan en ello,
realmente arguyen un derecho a la
desigualdad actual -Aurelio Arteta-. La revolución francesa lo dejó claro,
lo revolucionario es instaurar derechos para los vivos en condiciones de
igualdad, sin considerar viejos privilegios del antiguo régimen, lo muerto no
debe prevalecer sobre los vivos. Los supuestos derechos históricos suponen
minorar derechos a los actuales ciudadanos, ¿de qué año tomamos las
prerrogativas, cuáles consideran válidos, aquellos del siglo XV, del XVI, o los
del XVIII? ¿Aquella Generalitat que no elegía el pueblo se pretende imponer a
ésta? ¿Las confabulaciones de familias que ostentaban los poderes es lo que defienden
reinstaurar? ¿O los casamientos obligados entre nobles como forma de reparto de
poder? ¿Quizás quieran reinstaurar el derecho de pernada, o la capacidad de
ajusticiar que tenían los nobles? Esas son las tradiciones que contraponen a la
revolución que supone la igualdad de derechos para todo individuo.
En
palabras de Steve Pinker ‘’La vida
anterior a la Ilustración estaba ensombrecida por el hambre, las plagas, las
supersticiones, la mortalidad materna e infantil, los caballeros merodeadores,
y los señores de la guerra, las sádicas torturas y ejecuciones, la esclavitud,
las cazas de brujas, las cruzadas genocidas, las conquistas y las guerras de
religión’’. Este es el tiempo anterior, estas son las cosas que sucedían en
aquel pasado irreal y en el que quieren basar su legitimidad. El derecho al
voto universal para toda persona, hombre o mujer, mayor de edad, sin restricciones
de ningún tipo, se instauró en Cataluña en 1978 con la Constitución Española,
que contiene el mayor caudal de derechos que nunca tuvo la población, a la
educación universal, a la sanidad universal, a pensiones o paro, salario social
para los momentos de dificultades, a la libertad de expresión y circulación, a
la igualdad de derechos entre todos sin distinción de sexo, raza, etnia, lengua,
cultura, religión,…
jueves, 18 de octubre de 2018
Gran hallazgo, el derecho a decidir
El gran hallazgo: el
derecho a decidir, pero solo la autodeterminación
Interpretación: Con solo un 27,5 % de apoyos del cuerpo electoral declararían la independencia. Ninguna comunidad internacional recomienda eso, todas las referencias internacionales de los que aceptan este tipo de situaciones, que son relativamente muy pocos, siempre citan amplias mayorías, y nunca admiten que una minoría de población pueda obtener la independencia. El 55% de voto afirmativo sobre participación del 50%, representa un 27,5% de población
Quien imaginara la consigna, encontró un
filón, está claro que nadie estará en contra de la facultad de decidir sobre su
futuro. Sin embargo como toda realidad la apariencia no es igual a la
esencia. A la mayoría de gente bien-pensante le parece que esto es lo más
democrático y algunos un poco obnubilados, creen que el nacionalismo está dando
una lección de democracia a los españoles, ya que interpretan esta
reivindicación en clave ciudadana, se pretende ejercitar ‘para saber
qué quieren los catalanes’, cuando se trata de una maniobra dentro del
proceso de independencia. Para saber lo que quieren hay suficientes técnicas
estadísticas y sociológicas, incluidas las elecciones que se celebran cada poco
tiempo. Por supuesto sería declarada la independencia si saliera el voto
favorable, con mayoría simple afirmativa, sobre mayoría simple presentada, lo
cual daría como válido un resultado favorable para declararla del 27%. Aunque
si saliera mayoría contraria, como está ocurriendo en las cuatro ocasiones
votadas hasta 2018, volveríamos nuevamente a la casilla de salida.
El referéndum debe ser oficial, por lo tanto
primero hay que romper el marco constitucional español con la proclamación
parlamentaria. En referéndum posterior a la comunidad internacional recomienda
un mínimo del 50% de participación con un 55 % mínimo de votos afirmativos.
Asamblea Nacional Catalana. Razón 16
Interpretación: Con solo un 27,5 % de apoyos del cuerpo electoral declararían la independencia. Ninguna comunidad internacional recomienda eso, todas las referencias internacionales de los que aceptan este tipo de situaciones, que son relativamente muy pocos, siempre citan amplias mayorías, y nunca admiten que una minoría de población pueda obtener la independencia. El 55% de voto afirmativo sobre participación del 50%, representa un 27,5% de población
El resultado sería una regresión, un
referéndum sobre la autodeterminación de una parte del Estado, que pudiera
decidir una minoría es una revolución fascista. La consulta es muy poco comprometida
para el secesionismo, saldría gratis, sin costes añadidos en caso de perder,
volvería a empezar al año siguiente desde el mismo punto, y todo resuelto. La
utilización de la consigna sobre el derecho a decidir sobre la secesión de
Catalunya, ha demostrado ser un arma política de primera magnitud dificilísima
de combatir y su instalación entre la gente sigue imparable. A pesar de las
dudas que suscita entre el pensamiento progresista, que no acepta que fuera
ejercido ese derecho en el pasado por los catalanes en la misma medida que lo
hizo el conjunto del pueblo español. Los independentistas lo plantean como una
recuperación de algo inexistente, que existió en el imaginario pasado y ahora
no existe en su territorio, para lo cual quieren modificar unilateralmente todo
el marco jurídico legal que lo hizo posible en el conjunto de España desde la
Transición.
La autodeterminación no se contempla en
ninguna constitución, solo está reconocida por la ONU para territorios
coloniales, mediante la resolución 1514, de la XV sesión de 1960 aplicada al
Sáhara; y la resolución 2625
de 1970, del XXV período de sesiones que reconoce
la libre determinación para territorios colonizados y oprimidos, -libre
determinación que separa de secesión de estados ya constituidos- es decir
reconoce el derecho a la descolonización en territorios dominados, gobernados y
explotados por extranjeros, sobre poblaciones sin derechos a decidir
organización social, ni económica, ni gobernantes, ni leyes, algo
extremadamente alejado de Catalunya, resolución que se redactó en referencia a
las colonias del tercer mundo.
Quienes deciden hoy en Cataluña sobre la
mayoría de cuestiones que afectan a la ciudadanía, son los políticos
soberanistas y la burguesía catalana, tan carcunda como la españolista que
ponen de ejemplo como enemiga, los
soberanistas copan todos los poderes, controlan los medios de producción,
fábricas, negocios, comercios… pasando por las tribunas mediáticas, prensa,
radio, televisión… la cultura, el deporte, comercio, la banca, la política… y
las direcciones de todos los partidos como indica la deriva que ha tomado el
asunto, de tal forma que la igualdad de oportunidades entre diversas posturas
no existe, ni en la calle, ni en las instituciones, ni en los medios, ni en la
ley electoral que prima el interior rural, sobre las grandes concentraciones
urbanas.
Los conflictos de clase han desaparecido
de la faz de Cataluña sustituidos por el identitario nacional, como los
franquistas en mi niñez, dicen: ‘todos
juntos empujando el carro con los mismos intereses’, aunque esos intereses
lógicamente serán los del grupo dominante, suena antiguo. La vida no es solo un
conflicto en torno a la producción, los problemas que nos invaden son
transversales en gran parte, de sexo, ecológicos, de raza, de religión… de
identidad, pero una cosa es que existan conflictos cruzados y otra que hayan
desaparecido como por ensalmo todos los conflictos anteriores quedando todo
reducido a la autodeterminación.
Esto es una revolución, dicen quienes lo
apoyan y surgen preguntas ¿Los trabajadores tendrían ese derecho a decidir,
sobre objetivos de producción, nivel de salarios, condiciones de trabajo,
horarios, ritmos… en fábricas y tajos, comercios y bancos? ¿Una vez conseguido,
los vecinos decidirían sobre qué construir en los suelos del territorio, dónde
poner parques y escuelas, cuantos metros edificar en cada bloque, a cuanta
distancia del mar…? ¿Por qué no el derecho a decidir sobre la política de
austeridad?, por ejemplo, en relación a la urgente reforma fiscal que debería
hacerse, sobre los impuestos, tipos y cuantías que las empresas y los más
pudientes deberían pagar. La revolución que se anuncia concederá Derecho a decidir, en qué partidas
recortar, a quienes subir y bajar sueldos, en qué sectores y empresas invertir
y cuanto. No conocemos que los documentos sobre la secesión contemplen conceder
un Derecho a decidir sobre las
condiciones de trabajo y pensiones, sobre implementar urgentemente planes
masivos de empleo en nichos y sectores productivos, decidiendo sobre
inversiones a utilizar, los recursos que ya existen por muchos rincones
–Catalunya Caixa recibe 12.000 millones de € ayuda pública del Estado -
Las gentes que se movilizan por la
independencia no tendrán Derecho a
decidir sobre la justicia a los Pujol, y a los corruptos del 3%, no podrán
decidir sobre cómo deben reprimir las fuerzas de seguridad las manifestaciones
de los indignados cuando se celebran en espacios públicos, incluso no decidirán
si deben ser reprimidas las corrupciones, o mejor todavía, no podrán decidir a
quienes deberían detener y violentar, a los corruptos catalanes, a los
recortadores de derechos sociales que venden a bajo precio la propiedad
colectiva como la sanidad y la educación…Derecho a decidir sobre la ley
electoral… con cuanta proporcionalidad, eligiendo la circunscripción electoral
y número mínimo de diputados elegidos. Derecho a decidir a las mujeres sobre el
uso de su cuerpo y sobre cuestiones de brecha salarial y de igualdad de
representación y al conjunto de personas sobre las libertades civiles, laicas.
Sería necesario poder decidir sobre el tipo de energía a desarrollar y sobre
los precios de producción que no utilicen el coste más alto que deja inmensos
beneficios a los que producen barato, como actualmente. Esta secesión habla de
conceder mayor derecho a decidir sobre la protección de bosques, espacios
naturales y costas… ¿Por qué no decidir sobre ayudas bancarias a las Cajas
catalanas y sus condiciones de retorno?, y mientras se producen, decidir
sobre su gestión ¿Acaso estas cuestiones son más difíciles de lograr que la
secesión? O simplemente no están en la agenda.
El liberalismo, los neoconservadores,
Reagan, Thacher, Aguirre, Aznar, Pujol, Mas… se llenan la boca diariamente de
la palabra libertad, reclaman a los gobiernos y a la sociedad su derecho a
decidir. Quieren gastar lo que ellos decidan, en lo que quieran, decidir cuánto
pagar de salarios y con qué derechos contratar, reclaman poder decidir en donde
invertir y cuanto cobrar por el uso de sus carreteras, sus escuelas, sus hospitales,
que dicen es su derecho construir… porque según su patrón de libertades, todo
el mundo debería decidir libremente qué hacer con su vida, pero sin el Estado
de por medio, sin leyes, lo cual deja el terreno expedito para los poderosos.
Las libertades que el neoliberalismo predica, el derecho a decidir que ellos
reclaman, es la libertad de los poderosos de llevar el dinero que consigan
explotando a millones de personas a un paraíso fiscal… Esa es la revolución
propuesta por la autodeterminación.
Dirán que esto no tiene que ver con el
derecho a decidir que reclaman los catalanes, pero en cuanto derecho a
decidir es similar, unos pueden reclamarlo desde posiciones nacionalistas
y otros desde posiciones rojiverdes, o malva-negras; desde posiciones
religiosas o laicistas, se puede reclamar desde posiciones burguesas o
proletarias, lo pueden reclamar los ricos y los pobres…
Todos quieren tener derecho decidir. ¿O
no? ¿Es ilimitado en el tiempo? ¿Todos los territorios, aldeas, ciudades,
regiones… tienen el mismo derecho? ¿Todos los individuos lo tienen, quien los
designa? ¿En las fábricas los obreros tendrían derecho a decidir?
Despotricar y maldecir a menudo olvida
que el pueblo español -y catalán- actuó como sujeto político y ejercitó
repetidamente el derecho a decidir en numerosas elecciones, y decidió viviendo
en las antípodas de los negros estadounidenses, a pesar de las proclamas de los
dirigentes indepes que pretenden asimilar dichas luchas y las condiciones de
vida y represión de libertades de los afro-americanos con los que se quieren
comparar, lo cual es un insulto brutal a la inteligencia humana. Nuestra
realidad social y política fue construida por muchas sensibilidades distintas
en la Transición, con mayor peso de unas que de otras, sin duda, pero esa nueva
legitimidad creada en ningún caso formó un apartheid con grupo
poblacional alguno.
El derecho a un referéndum, para saber,
reclamado en Catalunya, se transmuta realmente con un referéndum sobre la
independencia, revisable anualmente si no sale el resultado apetecido –juro que
lo he leído y escuchado a los independentistas, como cualquier otra
elección, decían- pero no piensan el derecho a decidir para los supuestos
anteriores, porque los partidos tradicionales y los nuevos están dirigidos por
individuos de procedencia burguesa, propietarios o herederos de activos, o
instalados en la casta que buscan su lugar en el poder político y no pretenden
decidir sobre la organización social, solo sobre la autodeterminación.
Los independentistas sobrevenidos y una
parte de los antiguos han interiorizado que todos los males que padecen son
culpa de los españoles, de los otros, y además los otros, son todos iguales en
su identidad maligna, represora y explotadora, mientras ellos ungidos por un
espíritu santo, recién nacidos sin mácula, limpios de cualquier pecado. Así me
apunto hasta yo, al bando de los buenos, por supuesto, si puedo elegir sin
costes, no me voy a apuntar con los malos. El sentimiento independentista ya
existía desde mucho tiempo atrás, lo nuevo ha sido la cantidad de gente que se
ha sumado, con ilusionantes perspectivas mágicas que orientarán su nueva vida
formando parte del grupo de los buenos, algo que no encuentran por otras
partes, al tiempo que les brinda la tranquilidad de haber localizado a los
culpables de todos sus males.
Todo el esquema propagandístico
planteado por el secesionismo, se ha apropiado del principio democrático del
derecho a ser independiente, repartiendo carnets de demócratas al viejo estilo
franquista, los que tuvieran otras ideas
no son demócratas, y encima omite una realidad actual que pesa sobre todo
estado o nación. No existe la autonomía absoluta en el contexto político global
europeo de hoy, la soberanía es compartida, así que el derecho a referéndum
sobre autodeterminación, pretendiendo estado propio inserto en la UE –al margen
de su extrema dificultad- es bastante ilusorio, por cuanto la pertenencia
obligaría a compartir el derecho a decidir sobre múltiples cuestiones
económicas, legislaciones sociales, política exterior, procesos fiscales,
monetarios, políticos,...
Tenemos soberanía compartida, que
implica no tener derecho a decidir devaluar la moneda, que es común, no podemos
decidir emitir moneda para inyectar liquidez, que disolviera la deuda y
proyectara crecimiento, no tenemos independencia para implantar una tasa Tobin,
sería inutil si no se instala en el resto del espacio europeo, no tenemos
derecho a mantener una guerra frontal contra los paraísos fiscales, porque sin
la cooperación de la eurozona será imposible, etc. etc. Nadie en el mundo tiene
soberanía absoluta, todo está interrelacionado en un mundo global. Así que, si quieren jugar, pues derecho a
decidir para los de Barcelona y Tarragona y Sabadell, Galapagar y Gandía y…
cada año un referéndum para ver si Tortosa se va, o ¿una vez logrado se
eliminará para el resto? Por descontado los lugareños de Vic, podrán declarar
la guerra a Francia, en el ejercicio de su derecho a decidir. Todo territorio
naciente genera nuevas minorías dentro del mismo, según su postulado, deberían
tener el derecho a independizarse y decidir sobre su futuro en cada momento.
Una insensatez la dichosa consigna.
lunes, 8 de octubre de 2018
El independentismo, una forma de neoliberalismo
Independentismo
catalán, una forma de neoliberalismo
¿El retorno de impuestos a los mismos territorios?
pero, ¿por qué tiene que haber retorno a
los que pagaron? devolver el dinero de los impuestos a los ricos se pretende
revolucionario, romper el criterio de solidaridad interterritorial español, y
europeo, se presenta como revolucionario.
A un neoliberal se le ocurre la feliz idea de denunciar que los
impuestos son una carga, dinero de nuestros bolsillos que nos obliga a pagar el
Estado, pagamos sin obtener nada a
cambio, gritan los pagadores y pretenden que les ayuden a lograrlo. Quieren
olvidar las luchas históricas del movimiento obrero por recuperar una parte de
la plusvalía que le arrebataron, pretenden tapar tras la cortina secesionista
la historia de conquistas posteriores a la II guerra Mundial.
Acabada la Guerra había millones de obreros
armados, derrotados los fascismos y con un sistema comunista que hacía
competencia al capitalismo, aconsejaban repartir parte de la plusvalía, reducir
desigualdades, y una de las vías que se utilizó fueron redistribuir los
impuestos recaudados por el Estado hacia los más necesitados pagando un salario
social como forma de asegurar la paz a cambio de unas condiciones de vida que
garantizaran educación, sanidad y mantenimiento en los días de imposibilidad de
trabajar, por paro, enfermedad o vejez.
En Europa se formalizó un contrato social que tomó
el nombre de Estado de bienestar, que dura hasta hoy. Tras la derrota de los
sistemas comunistas a finales de siglo, la globalización y la interconexión de
mercados productivos y financieros, los ricos del planeta, entre ellos los
catalanes, creen llegado el momento de eliminar los impuestos, consideran
superflua esa contribución que hacían para garantizar la seguridad y el
equilibrio de una sociedad. Lo empezaron formulando en la época de Reagan y
Thacher, entonces lo formularon bajo la teoría de dejar los impuestos en manos
de los ricos, porque decían que ellos generaban actividad económica y así
caerían unas migajas al resto, posteriormente trasladaron la producción industrial
a los países emergentes con ínfimas condiciones laborales y mínimos derechos
evitaban los costes de salarios occidentales mientras su dinero volaba de un
país a otro. Se extendieron por todos
los rincones paraísos fiscales y leyes con subvenciones, exenciones, y puertas
abiertas a toda treta fiscal… y ahora, nos quieren convencer los
independentistas de que los impuestos deben quedarse en casa de quien los paga,
que suena realmente a que los impuestos
son para quien los paga, exigiendo su devolución, un eje de la
autodeterminación.
Según su argumento, ¿tendremos que devolver los
españoles, miles de millones de ayuda comunitaria que hemos recibido de la UE?
Durante años pasados hemos sido uno de los países del mundo que mayor volumen
de ayuda haya recibido nunca, en cifra
superior a lo que representó en la posguerra mundial el Plan Marshall
estadounidense en Europa. También recibió ayudas de la UE Cataluña. Un
principio de política europea es el de los
que más tienen deben contribuir en mayor medida, con el que manifiestan
disconformidad los independentistas catalanes. Mala tarjeta de presentación
para solicitar la entrada en un club que tiene establecida como una de sus
reglas obligadas la contribución solidaria de las regiones ricas hacia las
regiones pobres, porque ¿alguien duda de que una supuesta Cataluña europea
tendría que contribuir a la UE? La contradicción de postulados secesionistas es
permanente, presumen de sus buenos datos económicos para convencer a la
audiencia de que si los utilizaran para sí mismos serían todos más ricos. Pero,
precisamente dichos argumentos de potencialidad económica justifican su
contribución solidaria, en España y en Europa, que es contra lo que protestan.
Porque efectivamente los impuestos los pagan
personas y empresas pero, el retorno vía inversiones y gastos presupuestarios
se refiere a los territorios, a los ayuntamientos y a las comunidades
autónomas.
Argumentario independentista, razón número 33.
En el imaginario secesionista no existe la
redistribución, uno de los aspectos más importantes del estado moderno se hace
desaparecer, precisamente lo cercano a las izquierdas, aquello que fue
considerado revolucionario, igualdad,
libertad, solidaridad o fraternidad. La filosofía contenida en el párrafo
anterior, -razón 33- es abiertamente neoliberal, dice, los impuestos para quien los paga, que los devuelvan. La teoría
sustentada por los soberanistas dice los impuestos pagados por quienes viven en
La Moraleja o en el barrio Salamanca de Madrid, en Pedralbes o las Tres Torres
en Barcelona, tienen que retornar a esas personas que pagaron, o a invertir en
sus barrios, pero entonces ¿por qué pagarlos, para qué hacer la pantomima y el
gasto de recaudar para devolvérselo a
los mismos? Si aceptamos que lo normal es retornarlos a su origen,
apoyamos el criterio de que se queden en sus empresas y bolsillos, que es
realmente lo que dicen los ricos del mundo y los defensores del neoliberalismo.
Supuesto que el cuadro inicial fuera cierto, -lo
cual hay que poner en duda por la experiencia repetida de manipulación- la idea
que transmite la propaganda es lo esencial, la solución que proponen parte de
la filosofía neoliberal y aplica modernas técnicas xenófobas, la culpa de todos
los males la tienen los extranjeros, los
españoles nos roban nuestras riquezas, nos quitan nuestro trabajo, ellos se
llevan las ayudas sociales que te daríamos, los otros culpables… Están
diciendo ‘dejemos de pagar sus vicios con
nuestro dinero, porque ya se sabe, son vagos, que no quieren trabajar’… los
recortes en Cataluña son culpa de ellos, porque se llevan nuestro dinero los
vagos andaluces. Lo increíble, lo peligroso, es que esta argumentación se
haya extendido como la espuma entre individuos que se decían de izquierdas.
O no es tan raro, porque situaciones similares
confirman las encuestas sobre las bases sociales de apoyo de los partidos
ultraderechistas y xenófobos en Europa en territorios de antiguos votantes a
partidos obreros. Llevan al simplismo de meter en un saco
a los españoles y en otro a los catalanes. Dos grupos en el que todos sus
integrantes se hacen aparecer como iguales, para fabricarse un enemigo fácil de
identificar, simplifican y retuercen la realidad para auto posicionarse
cómodamente en el bando de los buenos, lo cual es el criterio utilizado por los
xenófobos, extienden el miedo a los diferentes, los de fuera y generan
hostilidad y rechazo hacia los otros por peligrosos, por lo que hay que
identificarlos y marcarlos para separarlos.
Limitar el problema de la secesión
catalana al reconocimiento de un sentimiento indentitario oprimido, es estar
ciegos ante la importancia de los aspectos económicos en el impulso que han
dado ERC/CiU y en la toma de decisión por parte de las élites catalanas a favor
de la independencia. Ambos aspectos –identidad y economía- influyen fuertemente
en la cuestión de captación de voluntades. Ambos aspectos requieren
explicaciones si pretenden convencer de su injusticia y regresión a miles de
personas que ya los han asumido como
propios, y encima bañados con un halo revolucionario para justificar
cómodamente la postura individual de independentista sobrevenido. Imposible vencer sin convencer, dejar como
único camino el aceptar el enfrentamiento que está en la base de la idea
nacionalista de exclusión es un error, por insuficiente. Aunque para convencer
se han perdido muchos años, ahora será más difícil, porque una vez tomada
postura, las personas buscan reafirmarla buscando ideas en su grupo rechazando
leer/escuchar a otro distinto al suyo.
Esta es una secesión liderada por
argumentos de ricos que se quieren largar, llevándose sus pertenencias, su
territorio con todo lo en él contenido, con gran aparato populista, y por
supuesto apoyados en sentimientos catalanistas reales, ya que toda coartada
necesita partes de verdad para ser realmente creíble. Una parte de los
privilegiados, una parte de las élites económicas y políticas catalanas, se
dicen ‘hasta aquí me sirvieron los
españoles, a partir de ahora, en un mundo globalizado de poco me valen los
mercados nacionales y menos en una Europa comunitaria’, en la que creen
poder estar por sí solos, además quieren pagar menos impuestos en un estado
nacional hecho a su medida, lo cual significará menor redistribución, menor
estado de bienestar catalán.
Anuncian la reducción del salario
social, reducir el estado de bienestar,
como forma de abaratar costes, ya me dirán cómo es posible con una deuda
superior a 40.000 millones de euros –en 2012-. Piensan en tener menos regulaciones
y mayor facilidad para saltárselas, consideran que es mejor que los capitales
sean globales, hoy más sencillo que antes, y las cortapisas para ellos, dicen
que siguen siendo españolas. El modelo de sociedad que se vislumbra no es
precisamente revolucionario, en el sentido que manejan las izquierdas, al
revés, parece un modelo social similar al americano, menores impuestos, menor
gasto social y mayores diferencias, alejándose de la sociedad europea que
conocemos.
El independentismo es una forma de
neoliberalismo apoyado en la libertad del
dejar hacer, dicen los poderosos, los ricos y corporaciones: dejarnos ser libres, aquello que me impida
hacer lo que quiero no es bueno, que nadie me obligue a pagar impuestos, lo
democrático es hacer lo que quiero. Están convencidos de que su importancia
económica en medio de mercados financieros globalizados, les posicionará con el
norte junto a los privilegiados de Europa, -interesante opinión norte sur de
Gil Calvo- y
encontrará mejor financiación e integración separada de los pobrecitos
españoles. Lo cual es una contradicción entre lo que piensan las élites, y lo
que escriben y difunden para sumar independentistas, el mensaje hacia fuera,
habla de una Cataluña rica y próspera, mientras que el difundido al pueblo es
el de una Cataluña empobrecida por la explotación española. Por supuesto nunca
aparecen culpables catalanes de corrupción y prebendas, nada sabemos de culpables
catalanes por la enorme deuda de Cataluña, ni su responsabilidad en las
políticas de recortes...
jueves, 4 de octubre de 2018
El secesionismo barre los movimientos sociales
El tsunami secesionista
barre los demás movimientos sociales
Las gentes se han apuntado a políticas
populistas, la indignación contra los ricos y poderosos, contra banqueros y especuladores,
contra corruptos y vividores, han logrado darle vuelta para eliminar los
sentimientos progresistas de millones de personas, que abandonan los partidos
de izquierdas y pretende barrer apoyos a la Constitución, hoy el único bastión
de solidaridad existente para trabajadores y categorías populares, ese bastión
lo quiere romper el soberanismo, no para crear una sociedad más progresista,
con mayores derechos, libertades y solidaridad para con los trabajadores y
necesitados, sino para ahorrarse pagar impuestos destinados a financiar el
estado de bienestar, la esencia de su propaganda, el expolio fiscal, proclama
romperlo para mejorar ellos. Acabar con la solidaridad, para instaurar el
individualismo, cada uno con lo suyo, los impuestos para cada cual. La libertad
individual del liberalismo entronizada, el yo por encima del nosotros, el
individuo sin sociedad.
Miguel-Felipe escribió lo siguiente: ‘’Y dicho esto, parece claro que el
repunte independentista tiene poco que ver con la pasión histórica y bastante
más con la actitud de cientos de miles de españolic@s jóvenes de cualquier
sitio que se "independizan" en Inglaterra, Alemania o donde pueden...
O con el desapego de la España existente que hace dos años lanzó el 15 M’’.
En el sentido global del párrafo
podríamos estar de acuerdo si éste pretende expresar que bastante del
movimiento secesionista de los dos últimos años está alimentado por la
desafección causada por la crisis económica, en cuanto a la incorporación de
número de personas y movilizaciones, influye en ese y otros procesos, sin duda.
Pero discreparíamos si pretende decir que el proceso de secesión de Catalunya
está dirigido u orientado por los indignados, 15-M o similares a los que
podemos ver en otros países. Nos encontramos ante uno de esos momentos
históricos en los que a una grave crisis económica, política y social, le
salen otras crisis que estaban larvadas, contenidas sin fuerza
suficiente, que dirigen la rabia en otra dirección diferente a la de
resolver los problemas que la despertaron.
No existe en los
movimientos cercanos al 15-M, una fuerza tan grande, un nivel de
centralización, organización coordinada y objetivos tan concretos y precisos de
secesión y construcción de otro país fuera del Estado español. En principio,
una cosa es la sensación de desprecio por todo lo que está pasando, basada en
la precariedad laboral, la pérdida de derechos sociales, la corrupción
imperante, etc. etc. y otra distinta es el proceso de independencia de
Catalunya, dirigido por las élites catalanistas que no pretende responder a las
desigualdades económicas y políticas, pérdida salarial, precariedad, paro,
desahucios y pérdida de derechos conquistados durante 35 años, esa ruptura de
la equidad provocada por la crisis, está en gran parte generada por las mismas
élites independentistas, que no pretenden aumentar impuestos, ni siquiera
nombrar el fraude y evasión fiscal, una de las consecuencia de los zarpazos de
la crisis en todas partes, los menores ingresos impositivos los compensan con
menores gastos sociales, reducen el estado de bienestar.
A
las élites económicas del movimiento independentista no se les pasó por la
cabeza ninguna revolución, a los líderes políticos tampoco, ni tan siquiera regenerar
la democracia, de hecho el movimiento ha ido alejándose cada vez más de
aquel 15-M que al menos decían pretenderlo; CiU aquel partido inundado de
corrupción se transmuta en otro y punto, los procesos se alargan y sus gentes
siguen por las calles y el dinero sin aparecer. Muchos de aquellos individuos
son protagonistas secundarios en el proceso actual. Comparen ustedes, varios
presidentes autonómicos madrileños están encarcelados, casi todos los ministros
de Aznar procesados o han pisado la cárcel, montones de políticos valencianos y
madrileños pasan desde hace año por juzgados… ninguna movilización, ningún
recuerdo exculpatorio, y algunos se atreven a hablar de que el proceso es una
revolución. El independentismo mueve las calles y colegios para expulsar lo
español, al Estado, para romper la Constitución, hoy a años luz de progresismo
de los proyectos de leyes catalanas conocidas, con ello pretenden lograr la
quimera del poder absoluto para la élite soberanista, en el mundo globalizado
del siglo XXI.
Al proceso secesionista se han sumado
los descontentos sociales del momento, eso parecen indicar los estudios de
opinión recogidos por la Generalitat que situaban los aspectos vinculados a la
crisis como principales problemas y no la cuestión del encaje Cataluña-España,
hasta hace unos meses, en los que el movimiento soberanista se apoya y recoge
todo lo que se mueve para dirigirlo hacia la independencia y no para dotar a
Cataluña de unas políticas diferentes al austericidio, comenzado por la
Generalitat antes que en el resto de España. El movimiento no se dirige a
conseguir mayor contribución fiscal de los pudientes, para consolidar y evitar
recortes, sino precisamente el objetivo es lo contrario, pretende lograr
menores contribuciones netas, bien porque paguen menos impuestos, o porque
obtengan retornos garantizados de los mismos.
El objetivo
independentista pretende ahorrar costes fiscales a los pudientes catalanes, lo
cual es un ataque directo contra parados y pensionistas catalanes,
extremeños o andaluces, que en estos momentos parte de sus apoyos sociales
están pagados con los excedentes contributivos de los ricos de otros lugares de
España, como en cualquier otro estado moderno. Cataluña, es junto con Madrid,
Valencia y Baleares, únicos contribuyentes netos a la caja común, ya que el
resto de CCAA, son receptoras. Apoyar que los pudientes que contribuyen no
aporten impuestos a la caja común es una postura reaccionaria, anti
progresista, profundamente anti izquierdista, o más claramente, es una política
neoliberal, que los ricos no paguen impuestos para los trabajadores es aquello
de ¡que se jodan!, su dinero para ellos que le sacarán mayor tajada. Esa
es la esencia de la ruptura que están apoyando cientos de miles de
personas.
El debate se soporta en las emociones,
porque se pretende más difícil de combatir argumentalmente, extender la
división social basada en la identidad nacional es un artificio que pretende
agrupar más personas en torno a un componente de odio irracional para enfrentar
al enemigo, a los otros, a los que culpa de las miserias reales o inventadas,
el artificio al mismo tiempo debe crear una identidad superior digna del poder
despreciar al otro, por tanto con mayor status sobre el resto. Llevado al
extremo se degradará tanto a los otros para aceptar su infrahumanidad, su miseria,
marginación y hasta... La identidad nacional se nutre de elementos xenófobos,
como la superioridad étnica, lingüística y económica, lo cual supone
minusvalorar a los otros, la supuesta mayor legitimidad nacionalista lograda
por historia, cultura y sufrimientos, implica despreciar la legitimidad
democrática igualitaria por inferior, la legitimidad constitucional
lograda por la ciudadanía es inferior por ser de los otros, que serán los
enemigos.
En el debate ningún aspecto debería hurtarse,
en su prensa y Parlament se debate poco, menos con argumentos racionales,
-a veces lo cierran y punto, no hay debate alguno- de cualquier informe de la
Generalitat difunden unos datos y ocultan otros, silencian las posibilidades de
mejora actuales, se esconden los costes de permanecer o romper con el Estado. Difunden
la creencia de que vivirán en un mundo feliz y todos los problemas se
resolverán en el paraíso de la independencia, lo cual es un insulto al sentido
común. Es la religión, si haces sacrificios ahora, el futuro será bueno,
entonces tendrás, allí será, pero ¿y ahora, cómo resolvemos los problemas
actuales? Si hay fuerza para llevar decenas de miles de personas a cogerse de
la mano y formar una cadena, ¿por qué no usar la fuerza para acabar con el
austericido y mejorar la sanidad? ¿Por qué no resolver el fraude y evasión
fiscal que acabaría con la deuda, por qué…?
Jordi Soler escribe en El País, ‘Los argumentos
independentistas no resisten el razonamiento: se basan en la ilusión’. Es cierto, la cuestión
es que van ganando, precisamente por la ilusión. Sin duda afecta al segmento de
población que apoya el soberanismo, pero es insuficiente mirar solo ese
segmento de gente que se suma al proceso con alegría visible, resulta
preocupante la ilusión de muchos trabajadores y sectores desfavorecidos
españoles que piensan que aquello de la separación no va con ellos, incluso lo
ven con simpatía, porque luchan contra el Estado español, que
ya es sabido su carácter derechoso, todavía más preocupante es que piensen
que no les influirá el proceso de ruptura. Los hay que más allá, en la
desconfianza, interpretan el proceso soberanista como una cortina de humo para
tapar las miserias de la crisis, ¡inventada por Rajoy!
Millones de españoles no son conscientes
de que los costes económicos de una separación perjudicarían a trabajadores y
jubilados. La secesión está íntimamente ligada con derechos laborales,
pensiones, condiciones de vida, posibilidad de crecimiento económico común…
además de con aspectos emocionales de ruptura fraternal y nadie sabe si con
otros episodios hoy no vislumbrados. La contribución neta a la caja
común la realizan fiscalmente los individuos que viven en las
comunidades ricas, contribuyentes netos son las CCAA de Madrid, Catalunya,
Baleares y Valencia, el resto son receptoras, salvo los casos de las ricas
Euskadi y Navarra que no contribuyen por el concierto-cupo particular
del que disfrutan. Si algunos españoles en territorios históricamente atrasados
han podido mejorar sus condiciones de vida en estos últimos 35 años, en parte
ha sido posible por la redistribución fiscal del Estado, la esencia
socialdemócrata, piedra angular del estado de bienestar, que se dotaba entre
otras, de las contribuciones fiscales de individuos pudientes y corporaciones
con altos beneficios, en mayor parte asentados en los territorios
contribuyentes netos citados arriba.
Si los ricos se van,
si los más pudientes no contribuyen al Estado y éste deja su labor
redistributiva, millones de ciudadanos empeorarán sus condiciones de vida. Si
los ricos dejan de pagar impuestos o consiguen que solo se gasten en su
territorio, -ese es el primer objetivo de la secesión-, las dificultades las
notarán, parados, dependientes, trabajadores y jubilados, será una de las
mayores agresiones que hayan vivido nunca estos grupos de personas. Este es uno
de los aspectos del problema, sin duda hay otros, culturales, sentimentales,...
A mediados de 2013, los principales problemas que perciben los catalanes, son precariedad
laboral, con tres veces más peso que las relaciones Catalunya-España, y
funcionamiento de la economía, lo cual muestra al nacionalismo barriendo todas
las emociones vinculadas a la crisis económica hacia sus intereses, sin duda un
éxito de propaganda populista, pero que podría arrojar resultados desastrosos
para las clases trabajadoras y medias.
Mientras transcurre el proceso otras cuestiones se ocultan, desaparecen de
escena ¿qué está pasando con lo público en Cataluña?, lo que era de todos se vende
a manos privadas a buenos precios. No es serio defender que hoy se esté
haciendo una revolución en Cataluña, salvo la neoliberal, dirigida/respaldada
por los dirigentes catalanistas. Un ejemplo lo tenemos en la sanidad catalana, Marta Carreras y Roger Bernat en ‘Mapa de la
privatización sanitaria en Cataluña’, Nueva Tribuna. Repasan la
situación y escriben: ‘’Desde
1990 la Ley de Ordenación
Sanitaria de Cataluña (LOSC) definió el modelo sanitario catalán
como un modelo mixto… Así, a partir de 1995, se crearon las entidades de base asociativa (EBA) modelo
de autogestión en la sanidad pública, por el que algunos profesionales se hacen
cargo de centros de atención primaria mediante sociedades limitadas
profesionales privadas con ánimo de lucro… Las EBAs han acabado por ser un gran
negocio para un reducido grupo de médicos... Estos beneficios crecieron incluso
durante los recortes, calculados en casi 11 millones en los últimos años. .. Los Consorcios son otro tipo de
organización entre varias empresas de los que no existe un registro público... La
mayor fragmentación se da en la atención hospitalaria. 57 hospitales integran
el Sistema Integral de Salut
(SISCAT) de los que los 8 pertenecientes al INSALUD durante la
transición pasaron a ser gestionados por el Instituto Catalán de la Salud
(ICS). Dependen de entidades locales públicas y privadas, consorcios y corporaciones religiosas que
gestionan también en muchos casos la atención primaria de su zona. .. El presupuesto del Departamento de Salud pasó
de 9.700 millones en 2010 a tocar fondo en 2014 con 8.200, después de sucesivas
rebajas. En cambio el grupo privado IDC pasó de recibir 71 millones en 2010 a
recibir 127 en 2012. En 2013 la reducción del presupuesto de Atención Primaria
respecto a 2010 fue del 22%’’.
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