martes, 26 de septiembre de 2017

Secesión: Esto NO es una revolución

        Una revolución es la toma del poder político de forma violenta y rápida, sin respetar las leyes vigentes que produce transformaciones profundas y duraderas en el orden jerárquico, la distribución de las riquezas y las instituciones de una sociedad… José Álvarez Junco, ‘’Las revoluciones entenderlas o adorarlas’’. Claves 254.

Muchos individuos que vivieron los estertores del franquismo, algunos desde cerca del activismo, otros que simplemente lo soñaron, apoyan la autodeterminación de Cataluña en la creencia de que están ante una revolución, imaginan aquellas sobre las que leían o les contaban sus amigos en los años sesenta y setenta; aunque, cosa rara ésta no tiene costes, ni aparente violencia, es festiva y cercana a una romería familiar.

Bajo el síndrome de Peter Pan, ensoñación de la eterna juventud, creen que el mundo actual sigue siendo el mismo que aquel que soñaban y ellos vuelven a ser protagonistas, otros actúan como si en España viviéramos en el franquismo permanente después de 40 años, lo cual es sencillamente de locos, de dementes seniles, o dementes políticos.

Soñadores revolucionarios hay variados, al menos de cuatro tipos: los hay  viejos antifranquistas con cierto grado de frustración, los hay maduritos de vida acomodada que nunca lucharon de forma que comprometieran su futuro, hay jóvenes que solo conocen esta sociedad democrática en la que vivimos pero han escuchado o leído sobre utopías, los grupos anteriores tendrían como referencias revoluciones comunistas/socialistas/marxistas y libertarias. Recordemos que también existen creyentes en sueños revolucionarios de tipo fascista.

Creen que las movilizaciones actuales en Cataluña les acercan aquel objetivo revolucionario que entonces no vivieron en España, -sí vivieron el antifranquismo, no la revolución-. Desde entonces, la ilusión revolucionaria fue destruida por la realidad en aquellos lugares del mundo donde se creyeron triunfantes, Rusia, China, Este de Europa, Sudeste asiático, Cuba, Venezuela… Hoy ese sentimiento difuso de utopías se envuelve en el concepto democracia, bastante alejado de revolución, y lo adhieren a las movilizaciones catalanas que están siendo utilizadas por mucha gente que vive fuera de Cataluña como bálsamo rejuvenecedor.

Lo que sucede en Cataluña se asemeja más a un golpe de Estado que no siempre son ejecutados de forma violenta, -Primo de Rivera- sobre todo cuando nadie opone resistencia como ha ocurrido hasta ahora. Lo que está ocurriendo NO es una revolución que producirá transformaciones profundas y duraderas en el sistema productivo, no pretendió ni por un momento modificar la propiedad de los medios de producción y distribución; todo lo contrario, los propietarios de riquezas y poderes catalanes iniciaron el proceso y crearon las bases. Después políticamente se han sumado otros protagonistas, pero nadie ha citado nunca como objetivo de la secesión realizar grandes modificaciones sociales, por ejemplo apartar a la iglesia de los principales lugares que tiene hoy asignados en el process…

Lo que está ocurriendo va en dirección contraria a una revolución, ha expulsado la lucha de clases del proceso independentista, al menos en el sentido tradicional de lucha de obrero-patrón. Siendo Cataluña una de los mayores enclaves industriales de España no se producen huelgas masivas fabriles ni en parte alguna del aparato productivo catalán, han desaparecido reivindicaciones sindicales, salario, precarización, paro, derechos laborales,… el movimiento independentista es transversal, el terreno de juego parece ocupado por las clases medias, ni derechas ni izquierdas, típico del fascismo. Transversal pero menos.

La dirección ideológica y política, y la económica, fue preparada concienzudamente por las élites nacionalistas durante los últimos 30 años, que siguen dirigiendo, las movilizaciones teatralizadas, controladas y uniformadas son típicas de estilo fascista y como tales apoyadas por los poderes catalanes, políticos, ideológicos y económicos, con profusión de medios logísticos. Naturalmente sus integrantes creen ser buena gente, respetables padres de familia, que nunca admitirán estar realizando nada malo, ya que solo construyen su patria. Igual que en el pasado, nadie de aquellos lejanos manifestantes creían estar haciendo otra cosa que engrandecer su nación.

Dichas movilizaciones secesionistas han sido fundamentalmente de clases medias, funcionarios públicos de oficinas institucionales, empleados de sectores como enseñanza y sanidad, periodistas y empleados de medios de comunicación, empleados de servicios culturales y sociales… muchos jóvenes mostrados en las fotos son de clase media alta, pijos, como diría Marsé, proceden de universidades y colegios religiosos que aportan parte de estos activistas, -la iglesia fue en el pasado factor determinante en la creación ideológica del nacionalismo, siendo hoy uno de los principales focos independentistas, agitando y respaldando movilizaciones, como lo fue en Euskadi-  los niños de escuelas infantiles son utilizados para hacer agitación y son adoctrinados con prácticas similares al fascismo. A estos grupos se suman los importantes haces fuertemente ideologizados procedentes de zonas rurales del interior, territorios coincidentes históricamente con los de implantación de tradicionalistas-carlistas. ¿Y los obreros donde están?

 ’pero las revoluciones, sobre todo para sus creyentes o entusiastas, son también mucho más que eso: son explosiones colectivas de protesta, con aspectos trágicos pero también festivos, que sustituyen el orden social y político existente por otro basado en principios como libertad, igualdad y justicia’. José Álvarez Junco, ’Las revoluciones entenderlas o adorarlas’.

No sueñen que el independentismo pretenda a cambiar el orden social y político existente por otro, el process nunca fue diseñado para modificar la jerarquización social catalana, al revés pretenden hacerla absoluta creando fronteras, y expulsar lo español del que consideran su territorio, su finca particular. Nadie dijo nada sobre sustituir a élites dominantes en las instituciones catalanas fueran deportivas, culturales, empresariales, mediáticas, productivas, comerciales… Nadie propone repartir riquezas, modificar la estructura económica, colectivizar los medios de producción privados, ni siquiera nacionalizar los servicios públicos, no es este el objetivo. Ni siquiera pretenden regenerar la democracia,  de hecho el movimiento ha ido alejándose cada vez más de aquel 15-M que al menos decían pretenderlo; el independentismo solo mueve las calles y colegios para expulsar al Estado, para romper la Constitución, -hoy a años luz de progresismo de las leyes catalanas conocidas- con ello pretenden lograr la quimera del poder absoluto para la élite catalanista.

La secesión no es revolucionaria, no es democrática, no es progresista. 

domingo, 24 de septiembre de 2017

De 'Metiendo Bulla'. Acto 21-09

No cabía ni un alfiler




Cotxeres de Sants. Lleno a rebosar. Una enorme aglomeración que no pudo entrar. Un gentío entregado a los objetivos generales del Manifiesto 21 de Septiembre: https://manifest21s.com/.


Sensación de que se está asistiendo a un encuentro importante. Es una parte de la sociedad catalana que todavía no se había encontrado para compartir su oposición al procés. Pedagogía por parte de los oradores.

Se canta La Internacional. Cierra el acto Els Segadors.

A la salida se repiten los ´ya era hora´ y otros similares. Efectivamente, ya era hora.

jueves, 21 de septiembre de 2017

Ellos no tienen miedo. Yo sí. Estoy asustado

Cuando los veo y escucho, o cuando leo lo que escribieron, me asustan. Por su viejo tradicionalismo y utópica religiosidad carlista, por su fe en el paraíso que vendrá tras el día 1, y resolverá todos los problemas de los catalanes; de los catalanes que quieren ser catalanes, no de los otros, por supuesto.

Me dan miedo cuando hacen valer como argumento, que ellos los indepes, son buenas personas, presupone que los demás no, cuando elevan su actividad política a cuestión moral, presuponen que la del resto sea inmoral. Ellos creen que Dios los ha ungido de un aceite especial de legitimidad y moralidad para mostrar al mundo las maravillas de la raza catalana, como los cristianos en las cruzadas, ahora contra los catalanes infieles, la mitad de la población y contra los españoles.

Asustado desde hace tiempo, cuando preparaban la ruptura con el Estado y ahora recientemente cuando dieron el pitido de salida al Golpe en el Parlament con la aprobación de Ley para la autodeterminación o de referéndum y la Ley de desconexión o transitoriedad. Sorprendido porque si lo que hicieron allí fuera realizado en el Parlamento español, los gritos de muchos que ahora callan, se oirían en todo el planeta.

¿En serio creen ustedes que algún país del mundo aceptaría una secesión, sin hacer nada? Claro que en la defensa hay errores y excesos, pero ¿de verdad creen que un Estado no debe defenderse ante una excepción como un golpe, una autodeterminación?

El Estado, después de muchos años dormido, comienza a responder y es imprevisible la cadena de acción/reacción que generará, ya que los indepes estaban acostumbrados hasta ahora a hacer lo que les venía en gana en toda Cataluña sin importarlos la otra mitad de catalanes. Todo era pacífico porque nadie se oponía a su violencia soterrada, pero esa mitad de catalanes o más, parecen despertar y no aceptan les expropien sus derechos. Así cada día veo subir la tensión en las calles y en las instituciones, en la prensa y tertulias, en las familias y en los partidos políticos. Las declaraciones de  representantes de partidos son inquietantes, por lo exageradas, por lo desconectadas de la realidad, parecen querer convencerme de que estoy viviendo en el franquismo. ¡Que locura! algo que probablemente ellos no vivieron, u olvidaron.

Quizás pretendan desgastar al gobierno esperando réditos futuros, pero ¿Y si no hubiera el futuro que esperan sin resolver la situación actual? Las ideas de los indepes están justificando la Operación Galaxia, el Golpe de Estado de Franco… Algunos creen que la URSS permitía el derecho de secesión, sin ver sus tanques para impedirlo en Hungría, Checoslovaquía, o sus Gulags. ¿Quieren decir que en una nueva Constitución incluirían el derecho de autodeterminación? Y ¿por qué no lo han hecho ya en el borrador de constitución catalana?

Tengo miedo porque a demasiada gente le importa un comino la ruptura de leyes y normas promoviendo un golpe a favor de la autodeterminación, una situación que no reconoce ninguna constitución del mundo, ni avala ninguna ley internacional, y da miedo cuando ello se iguala con la defensa del Estado contra un golpe.

Es un Golpe de Estado concreto, lo realizan élites nacionalistas que detentan el poder en Catalunya desde hace tiempo, apoyadas en movilizaciones populares –de los buenos catalanes dicen- y ruptura de leyes que enfrentan al Estado para expulsarlo de su territorio. El objetivo que dicen perseguir los golpistas es quedarse la totalidad del territorio y todos los derechos del poder político, expulsando al Estado español y a la UE y privando de sus derechos a la mitad de los catalanes.

La prevención aumentó cuando fueron capaces de apropiarse el grito de ¡no tengo miedo! consigna general y popular que se enfrentaba al terrorismo y que lo hacen suyo utilizándolo en su campaña secesionista, aquello olió muy mal, indicaba la entrada en otra fase de enfrentamiento.
El todo vale para lograr mis fines, asusta, porque todo está permitido cuando lo hago yo, pero no cuando lo haces tú, para Tejero NO, para la Operación Galaxia NO, para Franco… para los independentistas… La independencia obtenida como fuera se convirtió en el objetivo y todo estaba permitido para lograrlo, el fin justifica los medios, se hizo la verdad suprema, y eso siempre termina mal, con enfrentamientos en las calles. Alguien imagina elecciones españolas, sin censos, interventores de todos los partidos en todas las mesas electorales, sin propaganda de todos los partidos… pues la carencia se está defendiendo como valor democrático.

Estremece ver por las calles la defensa del derecho de autodeterminación de los pueblos coloniales, para un territorio rico y autónomo inserto en una democracia europea en el siglo XXI, Cataluña, cuya pretensión económica del independentismo es una forma de neoliberalismo, los ricos no quieren pagar impuestos y si los pagan que sean para sí mismos.

Asusta ver los apoyos que obtienen los nacionalistas entre muchos izquierdistas. Una ideología racista católica-catalanista, de tinte supremacista, que dice y escribe profusamente que la raza catalana es superior a cualquier otra española y actúa en consecuencia desde hace muchos años, reprimiendo a todo catalán que no se sienta independentista, expulsando socialmente, despidiendo de los medios de comunicación y de las instituciones catalanas, manipulando oposiciones en la enseñanza y mass medias, cobrando sobornos nacionalistas en la actividad económica, que repercuten sobre la totalidad del pueblo, señalando y amenazando a los no secesionistas, etc. etc.

Tengo miedo, porque parecen defender la democracia saltándose leyes y normas comunes, con buenos modales dicen, cuando nadie les lleva la contraria. Ellos dicen querer votar, pero no aceptan los resultados de las urnas, las votaciones celebradas anteriormente se manifiestan en leyes como el Estatut, o creación del Parlament, el cual se dota de normas y reglas pisoteadas. Las leyes también son políticas, de medio plazo, mediante el derecho a decidir ejercido, representan la elección realizada por las fuerzas políticas en cada momento de las reglas de juego.

Los resultados de las últimas votaciones celebradas en 2015 no indicaron que el pueblo catalán quisiera independizarse, por ello asusta que muchos individuos se empeñen en defender a la parte que levanta muros y no defiendan a los ciudadanos que sufren por creer que todos debemos ser iguales en derechos y obligaciones.


La declaración de independencia es apoyada por los diputados representantes de 1.628.714 de votantes a JuntxSí, mas los representantes de 337.794 votantes de la CUP, en total sumarían 1.966.508 votos de ciudadanos sobre un censo electoral de 5.510.853 de catalanes con derecho a votar. Los votos de las últimas elecciones que arroparían la declaración de independencia representan un 35.68% del cuerpo electoral catalán, lo cual es profundamente antidemocrático.

miércoles, 20 de septiembre de 2017

Va de independencia. Desde 'metiendo bulla'

Este es un artículo que transcribo íntegro, tomado del blog ''metiendo bulla'' de José Luis López Bulla, una visión del independentismo, desde la izquierda.


Jordi Casas Roca.  Doctor en Historia y militante de ICV

“La Federació Comunista Catalano-Balear declara que los obreros de toda la península no tienen nada que fundamentalmente los separe y sí, como clase y como hombres, infinidad de intereses que los juntan” (tesis sobre la cuestión nacional, abril de 1932; traducido del catalán, la cursiva en el original).

Este no es un artículo de coyuntura. Tampoco es un artículo de política en el sentido estricto. Es un artículo que previsiblemente pisará muchos callos ideológicos y políticos, porque pretende cuestionar conceptos (he estado a punto de poner verdades) que hemos considerado inamovibles. Su tesis central es que el Processisme nos ha colocado en una tesitura que hace necesaria una reflexión a fondo. Lo que sigue se puede leer como un conjunto de enunciados, cada uno de los cuales requiere cierto desarrollo.

1.   Seguimos dando vueltas al derecho a la autodeterminación (ahora y aquí reconvertido en derecho a decidir; expresión utilizada por primera vez en sede parlamentaria en la resolución 631 del Parlament de Catalunya del 3 de marzo de 2010), cuando las resoluciones de la ONU y el grueso de la jurisprudencia internacional son muy claros. Valga por todo la decisión consultiva de la Corte Suprema de Canadá del 20 de agosto de 1998: el derecho a la autodeterminación está reservado a situaciones coloniales (o de violación extrema de los derechos humanos), por tanto, no es de aplicación en Quebec (y en Escocia y en Catalunya); aunque abrió vías de solución (ClarityAct o Loi de clarification del 29 de junio de 2000). Es necesario recordar que, como nos explicó Eric J. Hobsbwam, los padres de la criatura, entonces denominada “principio de las nacionalidades”, no preveían una aplicación urbi et orbi, de hecho el mapa que dibujaron de nuevos estados-nación era muy reducido.

2.   El marxismo clásico nunca sacralizó la categoría histórica estado-nación,  jugaba un papel secundario en la lucha por el socialismo. Pero, como sabemos, la historia, por decirlo de alguna manera, les ha girado la espalda: hay más estados-nación y naciones que socialismo. Por lo que se refiere al marxismo de aquí (Catalunya), se limitó a copiar: a Stalin por lo que se refiere a la categorización de nación y Lenin por lo que hace a la estrategia, aunque que quizá debería decir táctica. El más fiel seguidor de Lenin en esta materia, Andreu Nin, nunca vio naciones y nuevos estados por todas partes, es más, siempre tuvo una concepción pragmática del derecho a la autodeterminación, revitalizado por su mentor político, lo resumía con esta frase: “Una cosa es defender este derecho y otra la cosa en si misma” (de hecho, no lo reconocía para Euskadi, ya que consideraba al PNV un partido reaccionario). Fue sobre todo el PSUC quien sintetizó la tradiciones marxista y nacionalista, por la influencia de dos partidos, Unió Socialista de Catalunya y Partit Català Proletari, que tenían más de nacionalistas que de marxistas (especialmente el segundo), sólo hay que leer la ponencia programa aprobada por sus comités ejecutivos, el 13 de noviembre de 1935, para llevarla al proceso de fusión. Joan Comorera, en sus escritos del periodo 1940-1944, remachó el clavo, aunque hizo algunas aportaciones muy sugerentes.  

3.-El PSUC hizo un notable esfuerzo teórico sobre el hecho nacional durante el franquismo, reflexión que se concretó en el opúsculo El problema nacional català,  elaborado entre 1961 y 1967, con aportaciones de un grupo nutrido de intelectuales. La mejor síntesis, que recoge las aportaciones de los años sesenta y setenta, es la del IV congreso del PSUC (29 de octubre-1 de noviembre de 1977), la claridad conceptual de la cual no ha sido superada hasta ahora. Describía los dos factores que han configurado la Catalunya moderna: “el choque de las diversas clases sociales catalanas con el Estado centralista y burocrático”, aspecto hoy elevado a deus ex machina; y “la lucha de clases en el interior de Catalunya, la cual se ha expresado históricamente como una lucha por la hegemonía política e ideológica”, aspecto hoy borrado del debate público. Esta reflexión, básicamente gramsciana, se cerraba con la siguiente propuesta: “Los comunistas defenderemos la creación de un Estado republicano y federal que reconozca el carácter plurinacional del Estado español y se base en la unión voluntaria de todos los pueblos de España”. A partir de entonces no hemos hecho otra cosa que simplificar el debate y, a la vez y no es contradictorio, complicar la cosa. Por una parte, nos hemos limitado a hacer sinónimos derecho a la autodeterminación y democracia, sin ir mucho más allá (una buena muestra en el número 142 de la revista Nous Horitzons); y, por otra, nos hemos embrollado con el galimatías de la soberanía (léanse los apartados 2.5 y 6 del Projecte Manifest Programa de IC de 1991; ininteligible). Es comprensible que en pleno franquismo, caracterizado por el intento de liquidar la realidad nacional catalana, se hiciera del derecho a la autodeterminación un elemento propulsor de la salida de la dictadura y que, en plena Transición, se siguiera manteniendo este principio para marcar terreno en un momento en que estábamos definiendo los límites de nuestro marco democrático; pero no es muy comprensible que desde entonces no se haya hecho una revisión a fondo de este concepto, partiendo de las nuevas realidades española y europea. Y bien que nos lo advirtió Jordi Solé Tura en un libro de 1985 (Nacionalidades y nacionalismos en España:  “La izquierda no puede plantear este problema crucial en abstracto ni lo puede reducir a mera proclama ideológica”). Evidentemente, no estoy reivindicando un recorrido meteórico como el que hicieron otros, que en pocos años pasaron del derecho a la autodeterminación a la LOAPA. Se trata de otra cosa. Resumiendo: la práctica del autogobierno, casi siempre en manos de la derecha, parece haber desalentado un debate a fondo; lo hemos resuelto todo casi siempre poniendo el turbo de la autodeterminación, otra cosa bien diferente es que lo hayamos sabido formular de forma razonable y actualizada. Que no.

4.   La reivindicación del derecho a la autodeterminación es el instrumento preferido para realizar la máxima del nacionalismo: a cada nación le corresponde un Estado propio. Enric Prat de la Riba lo sintetizó de forma magnífica, aunque su realismo político lo llevó a hacer propuestas de corte federal. Pero el nacionalismo tiene un corpus más amplio, no es necesario decirlo. Corpus que la izquierda, y en concreto la que me interesa, ha colaborado a ampliar o, como mínimo, a consolidar; asumiendo conceptos que, desde mi punto de vista, son estrictamente nacionalistas, alejándose de una lectura de la realidad y de una práctica política laicas (entendiendo por laico un comportamiento basado en los parámetros mentales de nuestra cotidianidad y, sobre todo, una reflexión alejada de cualquier tentación metafísica). Hablemos de algunos conceptos. No hay derechos nacionales, colectivos o históricos. La historia no concede derechos, los derechos son una convención humana (otra cosa es que, a veces, su invocación ayude a resolver algún problema; ejemplo: disposición adicional primera de la CE 1978). La historia condiciona el presente, pero no la formatea. No hay derechos nacionales o colectivos. El marxismo (o el materialismo histórico, si lo queréis así), es hijo de la Ilustración y del liberalismo, aunque sea para superarlo, al menos en términos sociales y económicos; por tanto, no puede renunciar al bagaje que nos dejó por lo que se refiere a la consideración del ser humano, el individuo, como el depositario, el sujeto, de derechos y deberes. Es el ser humano quien ejerce sus derechos, como es el derecho democrático de pedir más autogobierno, el que sea, para la nación de la que considera formar parte. Por otra parte, es difícil otorgar derechos colectivos a sociedades diversas y plurales sin asumir planteamientos organicistas. Por lo que se refiere a los conceptos de inalienable e imprescriptible que utilizamos para hacer referencia al derecho a la autodeterminación, sólo pueden mantenerse si entendemos la nación como un ente abstracto e intemporal que está por encima de la voluntad de quienes forman parte de ella; lo que nos aleja de un análisis riguroso de la realidad para transportarnos, como decía antes, a la metafísica.

5.   En 1887 el sociólogo alemán Ferdinand Tönnies publicaba  Gemeinschaft (Comunidad) und Gesellschaft (Asociación). La primera, de la que la nación sería un ejemplo, estaría hecha de lazos afectivos, personales, de clan, familiares, tribales o nacionales; la segunda, que identificaba con el Estado, estaría hecha de elementos instrumentales, racionales, estratégicos y tácticos. En definitiva, la Gemeinschaft sería el mundo de la sangre y de los a priori, mientras que la Gesellschaft correspondería al mundo de las convenciones, de las transacciones para organizar la convivencia. No es necesario decir que en el mundo en el cual no está tocando vivir se está imponiendo la Gemeinschaft, creo que no es necesario poner ejemplos, algunos de los cuales serían muy lamentables. Estaría bien que la izquierda, especialmente la que me interesa, reflexionase sobre estos dos conceptos, que evidentemente no son excluyentes, para establecer claramente donde ha de poner sus prioridades.

6.   Cinco años antes de publicarse el libro de Tönnies, Ernest Renan se preguntaba Qu’est-ce qu’une nation? Desde entonces los especialistas no se han puesto de acuerdo. Yo me quedo con la definición de XustoBeramendi: “La nación (…), existe en la medida, y sólo en la medida, en que un grupo de personas cree que existe y actúa políticamente en consecuencia”. Así, pues, la nación como constructo social, histórico. Si se quiere con otras palabras, como proyecto político. En este sentido, el autogobierno, su institucionalización, no es un artefacto que se superpone a la nación, forma parte de su proceso de configuración. Ya hemos hablado, al referirnos al IV Congreso del PSUC, del papel de la confrontación con el Estado por el autogobierno en la formación de la Catalunya contemporánea (vuelvo a Solé Tura, que hizo una excelente aportación al respecto: “La qüestió de l’Estat i el concepte de Nacionalitat”, Taula de canvi, 1, 1976). Por tanto, nada está predeterminado de entrada. Nadie puede pretender jugar con ventaja. Nadie tiene la verdad. Creo que se entiende lo que quiero decir. Acabo. 

Llegados aquí (quiero decir al 2017), uno tiene la impresión que hemos estado trabajando con una serie de conceptos que nos han sido útiles en tanto que simplificadores y, a veces, capaces de producir importantes manifestaciones, pero al precio de generar algunos mal entendidos y no, precisamente, menores. He comenzado con la tesis que justifica este artículo y acabo con dos premisas: a) Es necesario romper con el Processisme, una estrategia que está consiguiendo que sigan mandando los de siempre; esto implica elaborar un discurso alternativo en la cuestión nacional (para decirlo en términos clásicos), nada complaciente con el actual, para ir generando una nueva hegemonía; y b) Es preciso negarse a aceptar que la falta de debate teórico e ideológico (o mantenerlo bajo mínimos) sea el caldo de cultivo del cual deba surgir la Catalunya del futuro.

 (Este texto es la traducción por el autor del original en catalán, que se ha publicado en la revista Treball el 5 de septiembre).



lunes, 18 de septiembre de 2017

No se contentarán con ventajas

Ventajas nacionalistas; electorales, lingüísticas y económicas

No se contentarán con ventajas porque se consideran el pueblo elegido, al modo de Israel, y creían que este era su momento. La mayoría de los indepes creyó que había llegado la hora de la independencia que para ellos implica el poder absoluto, lo cual supone no compartir nada de soberanía. Irene Montero, Podemos, se equivoca cuando habla de la soberanía compartida con la que pretende aplacar el problema, supone no estar de acuerdo al PP. 

Pero la soberanía compartida es lo que existe ahora en el estado federal que es España, mejorable sin duda, la soberanía compartida está reconocida constitucionalmente, la soberanía compartida es la ejercitada por la Generalitat a diario desde hace muchos años en la enseñanza, sanidad, orden público, con gobierno y parlamento, etc. etc., por eso en los atentados de hace un mes aparecieron como un estado mientras el Estado quedaba tras el telón. 

Pero los indepes quieren la totalidad, la soberanía absoluta con la que sueñan como si estuviéramos en el siglo XVII. Soberanía compartida es la única posible en el siglo XXI, en un mundo globalizado y máxime en Europa. Un altísimo porcentaje de leyes y normas españolas son acuerdos compartidos con la UE, no son impuestos por Europa, puesto que formamos parte de su elaboración, pero nadie en su sano juicio hoy acepta otra forma de soberanía que no sea compartida, salvo los indepes. La ventaja que pretenden lograr ahora es la soberanía absoluta, así que Irene Montero, Podemos, quizás deberían hacer mayores esfuerzos en convencer a los indepes que gastar su tiempo en convencer al PP, C's y PSOE de este asunto.

La fórmula de café para todos, no hizo a todos iguales, se primaron algunas particularidades vascas y catalanas, para empezar, en el terreno electoral que configura el poder político en el Parlamento Español, les dotó de amplia influencia sobre el Ejecutivo y Legislativo, gozaron de sobre-representación en relación a los votos obtenidos. La idea de estado federal implica igualdad en los federados, y precisamente el café para todos, o la igualdad, casi pretendida, está en la base del problema actual. No aceptan ser iguales, así de claro.

Veamos un ejemplo de tres elecciones generales, extensible a cuantas se tomen como ejemplo, comparando CiU con IU, en número de votos y escaños de representación parlamentaria. En los tres casos, IU supera en mucho los votos de CiU, mientras que en todas ellas le asignan un número de escaños muy inferior, por lo que la representación política de izquierdas, su capacidad de influencia y poder institucional, es muy inferior al de la fuerza nacionalista de derechas. Igual sucede con las fuerzas vascas.


2000
2004
2008

votos
escaños
votos
escaños
votos
escaños 
I.U.
1.263.043
8
1.284.081
5
969.946
2
CiU
970.421
15
835.471
10
779.425
10

Los escritos secesionistas abundan sobre la represión política que padece Cataluña, también hay adecuadas críticas desde otros sectores a PP y PSOE por la sobre-ponderación de escaños que disfrutan, lo cual es cierto, pero de la misma manera es la nacionalista. Su participación en el Senado y en el Congreso siempre ha reiterado la frase de presentación ''los catalanes decimos...'' lo cual ha inducido a errores en mucha gente que fueron acostumbrados a identificar a los catalanes en su conjunto solo con la representación nacionalista. El resto de congresistas de otros partidos elegidos en Cataluña no tienen grupo parlamentario propio, ni empezaban sus parlamentos refiriéndose solo a una parte.

El sistema electoral les ha beneficiado desde el primer día, concentración de votos en pocas provincias pesan más que muchos votos dispersos, es conocido de sobra, beneficioso para ellos y perjudicial para aquellos otros partidos de ámbito nacional que no sean primero o segundo de lista. 

Las ventajas electorales nacionalistas son una de las causas y consecuencias de la asimetría de las relaciones España/Cataluña, -y País Vasco-en desarrollo económico, en financiación autonómica, etc. y destacable asimismo en la mayor permisividad general hacia los nacionalistas por sus acciones y opiniones reaccionarias.

El franquismo creó en diversos grupos sociales, anticuerpos españolistas, necesarios en la lucha contra la dictadura, pero que mantenidos hoy muestran una carencia de racionalidad muy poco progresista, dichos anticuerpos son alimentados permanente por la excluyente derecha, pero no solo es su responsabilidad, las izquierdas han regalado la Constitución a la derecha, las izquierdas han regalado España y su historia a la derecha españolista. Y se han echado en los brazos de nacionalistas periféricos, catolicístas, racistas y supremacistas, sin poner en cuestión los argumentos ideológicos de base que fundamentan la independencia, y eso es parte de la batalla política y forma parte de las soluciones políticas.

A pesar de todo no es justificable el diferente comportamiento hacia los nacionalismos periféricos, mayores simpatías cuando se trata del catalán y vasco que el mostrado ante los mismos hechos reaccionarios protagonizados por otros sectores, no se justifica la tolerancia hacia opiniones xenófobas y acciones opresoras y represivas realizadas por nacionalismos periféricos en sus territorios. 

Si reprimir por mostrar banderas cuatribarradas era condenable, también lo es cuando se persigue y queman otras banderas, si denunciable era la opresión hacia la lengua catalana, del mismo modo lo será cuando se trate de opresión a la lengua española, represión ampliamente ejercida en la sociedad y enseñanza en Cataluña.


Siempre cuidándolos, siempre cediendo, con la idea de buscar el mejor encaje... pero siempre olvidando a los otros catalanes, que ya no son solamente los charnegos, son todos los no independentistas, infra-representados en las instituciones catalanas, con una ley electoral que allí también favorece lo mas carca, los pueblos pequeños del interior sobre las grandes ciudades costeras. Pueblos del interior en los que precisamente era fuerte el tradicionalismo carlista, del que bebe en abundancia el secesionismo.

Los no soberanistas fueron apartados constantemente de la enseñanza, los medios de prensa, el asociacionismo, la política, el mundo empresarial, fueron perseguidos, amedrantados, zancadilleados, metódicamente desde hace muchos años con una política metódica, que los despedía de puestos de trabajo mediáticos, que los ponía zancadillas en las oposiciones, ...

El mito de un pueblo moderno y abierto, ha llegado a ser eso, un mito. Solo tienen que repasar apellidos en puestos de relieve de la sociedad catalana para comprobarlo, o empezar a escuchar a las voces que empiezan a extenderse hartos ya del clima de represión nacionalista. 

viernes, 15 de septiembre de 2017

Los indepes quieren ser detenidos

Estamos viviendo en directo un Golpe de Estado, del siglo XXI, pero sin duda tratan de sustituir poder y leyes, tomar el poder político en su totalidad y exclusividad, vulnerando la legitimidad y legalidad institucional establecida en este Estado, que representa la Constitución y el Estatuto, leyes nacidas del novedoso derecho a decidir, antes llamado sufragio universal. La toma de la totalidad del poder pretende hacerse oponiéndose, saltándose las normas legales aprobadas anteriormente por quienes ahora las han roto.

Es un Golpe de Estado concreto, de nueva elaboración, lo realizan las élites nacionalistas que detentan ya el poder en Catalunya desde hace tiempo, apoyadas en movilizaciones populares y ruptura de leyes que enfrentan al Estado para expulsarlo de su territorio. El objetivo que dicen perseguir los golpistas es quedarse la totalidad del territorio y todos los derechos del poder político, expulsando al Estado español y a la UE.

Los golpistas quieren independizarse de España, y por consiguiente de la Unión Europea, salirse del marco político, económico y jurídico de ambas realidades, ellos dicen querer la secesión de Rajoy para ganar indecisos, la realidad es que la ruptura lo es con los tratados de la UE, con la Constitución y el Estatuto y con las normas y reglas del Parlament, y con la mayoría de los catalanes.

En el golpe no aparecen heridos y muertos, por ahora, y cierto es que los indepes van en cabeza dirigiendo el proceso como si se tratara de una romería poniendo siempre delante las movilizaciones populares, proceso al que va respondiendo muy suavemente el Estado. Aunque esas respuestas, se imputan al PP más fácil de vencer, y no al Estado, el caso es que cualquier movimiento recibe múltiples críticas muevan el dedo meñique o el pulgar. Siguiendo un escrito de Félix Ovejero –Secesiones, fronteras y democracias- llego a la Constitución de Alemania y miren lo que dice para defenderse de situaciones similares:





¿En serio creen ustedes que algún país del mundo aceptaría una secesión, sin hacer nada? Claro que en la defensa hay errores y excesos, pero ¿de verdad creen que un Estado no debe defenderse ante una excepción como un golpe, una autodeterminación? Quizás pretendan desgastar al gobierno esperando réditos futuros, pero ¿Y si no hubiera el futuro que esperan sin resolver la situación actual? Las ideas de los indepes están justificando la Operación Galaxia, el Golpe de Estado de Franco… Algunos creen que la URSS permitía el derecho de secesión, sin ver sus tanques para impedirlo en Hungría, Praga, o sus Gulags. ¿Quieren decir que en una nueva Constitución incluirían el derecho de autodeterminación? Y ¿por qué no lo han hecho ya en el borrador de constitución catalana?

Todos saben que el Estado debe responder. Lo saben los líderes indepes y parece que en esta fase del process, en la que no han contado con ningún apoyo internacional, pretenden buscar un estado de excepción, montar el escándalo y ser detenidos, una salida airosa que presumen sumaría adeptos para el futuro. Porque no duden que el problema continuará, y habrá que votar, eso no lo discute nadie sensato. Lo que ahora se dilucida es si el Estado, y la UE, tienen que hincar la rodilla y desaparecen de Cataluña abandonando al menos a la mitad de catalanes, lo que ahora se discute es si prevalecen las leyes aprobadas en el Parlament, o la Constitución y el Estatut.

Y aquí aparece que el mayor problema no es lo catalán sino lo español, que no catalán, no demasiada gente defiende la Constitución, creen que es un invento de la derecha y se la ceden en propiedad. En sueños creen que podrían hacer una constitución revolucionaria, olvidan que la Constitución vigente fue producto de la Transición con mas y potentes movilizaciones contra el poder que las actuales romerías, en las que la gente se  jugaba la vida, el trabajo, el patrimonio, huelgas que afectaban la producción, al meollo de la sociedad, un régimen aislado y en descomposición,… ¿Acaso creen que ahora tienen fuerza para hacer una mejor? No piensan que podríamos retroceder en el envite?

Este es otro de los problemas con el nacionalismo, siempre van a más, creen que si pierden, al menos se mantendrán, pero ¿y si alguna vez sintieran que podrían perder lo logrado?, quizás el juego sería otro si piensas que puedes perder la situación de privilegio que tienes hoy. No duden, comparen, vivir en Europa es un privilegio, el estado de bienestar lo es, sanidad, educación, pensiones, los parámetros de permisividad y tolerancia lo son,… nunca Cataluña, los catalanes, llegaron a pensar que tendrían tantas libertades y capacidad de decisión sobre sus vidas y haciendas, nunca tuvieron tal nivel de vida y de democracia. Claro, ellos se merecen más, aunque en un mundo globalizado sea una falacia la total independencia.

miércoles, 13 de septiembre de 2017

El 11 de septiembre. Similitudes y diferencias

Chile fue una de las experiencias que formó parte del desarrollo de muchos jóvenes de mi generación. Las imágenes de aquel 11 de septiembre de 1973 sintetizadas en el asalto al Palacio de la Moneda atacado por el fascismo de Pinochet y la muerte de Salvador Allende, quedaron grabadas en la memoria de mucha gente. Allende murió defendiendo la Constitución.

El 1 de abril de 1939 finalizó la Guerra Civil española que comenzó el 18 de julio de 1936 con un Golpe de Estado ejecutado por militares nacionalistas arropado por la iglesia y los fascistas. La República fue derrotada, murió defendiendo la Constitución.

En Cataluña, una parte de la población, dirigida por la ANC, la Generalitat y parte del Parlament están poniendo en marcha un golpe contra la Constitución. Se apoyan en las movilizaciones populares que han organizado élites nacionalistas, movilizaciones que orientan y dirigen grupos de activistas secesionistas y cuyo objetivo es lograr la independencia atacando frontalmente la Constitución y el Estatuto.

Atacar la Constitución chilena, la republicana, o la española actual, supone enfrentarse al menos a la mitad de conciudadanos. Eso están haciendo unos catalanes secesionistas que en votos llegaron a menos del 36% del censo electoral, por el que lograron el apoyo parlamentario ligeramente superior al 50%,-ello fue gracias al sistema electoral catalán que privilegia las zonas rurales del interior sobre las urbanas y costeras, precisamente coinciden los territorios más secesionistas con los antiguos asentamientos carlistas-.

Romper una Constitución es imposible sin la fuerza, millones de ciudadanos se sienten protegidos bajo su manto de derechos iguales para todos, sin apoyarse en privilegios del pasado tomados de tradiciones inventadas. Las movilizaciones catalanas no aparentan violencia al ser promovidas desde el poder catalán, y también porque han sido pocos quienes se han opuesto a ellas, confiando en las leyes, en el Estado, pero los grados de violencia se intensificaron cuando se requirió, e irán en aumento, porque la oposición a una secesión unilateral crecerá. No obstante durante años la violencia en distintos grados la sufrieron en primera persona quienes simplemente no comulgaran con el secesionismo, acoso y marginación, amenazas e intimidación, linchamientos y despidos, marcaje y señalamiento,… Puestos a apoyar personas, ¿por qué no éstas?, las víctimas.

Los Peter Pan españoles, abrazan las movilizaciones de masas catalanas,  los ojos les hacen chiribitas al ver decenas de miles de individuos moviéndose, olvidan que en sí mismas, las movilizaciones no dan carácter democrático o progresista a los objetivos que pretenden. El fascismo, el nazismo, los comunistas, movilizaron cientos de miles de personas; madres, abuelos, niños, trabajadores, campesinos, comerciantes, guardias, funcionarios… bien organizados y vestidos y ornamentados con iguales colores, fueron sacados a las calles y mostrados al mundo en defensa de sus objetivos nada democráticos.

Se equivocan quienes creen que entonces aquellos individuos eran monstruos, eran niños y niñas disfrutando de la fiesta y el disfraz, jugando con su familia sintiendo protección rodeados de miles de individuos vestidos igual, cantando lo mismo, abuelos que soñaban el mejor de los futuros para hijos y nietos, eran padres y madres que tenían fe en un mundo nuevo en el que resolverían todos los problemas de la humanidad. La maldad se manifestó después amparada en ese clima tan emocional e irracional en el que se descalificaba a los no asistentes. Ahora llamados anti catalanes, como Franco utilizaba lo de antiespañoles, ahora fascistas, cuando Franco llamaba comunistas. Entonces el fascismo expulsaba a la mitad de la ciudadanía a los infiernos, igual que ahora hace el nacionalismo, los considera extranjeros, igual que hacía Franco, recuerden como los fascistas ganadores se llamaban a sí mismos los nacionales.

Entonces, igual que ahora, quienes participaban creían ser los buenos y el resto los malos, entonces como ahora los promotores de las movilizaciones eran una parte del poder, ponían a disposición de los movilizados autobuses y organización, lugares colocación, juegos… ellos, las élites políticas y económicas, marcaban consignas principales y decidían por sí mismos los objetivos finales. No creerán que les dejarán ejercer el derecho a decidir sobre la Diada, cómo, por donde, consignas, objetivos... Y por supuesto los promotores financiaban la movilización.

Supongo que algún día conoceremos las cifras del process, la financiación proveniente de entidades supuestamente de todos desviando de forma corrupta y antidemocrática fondos a solo una parte, la financiación de personas y empresas, no solo de independentistas tradicionales, será interesante conocer aquellos que financiaron y/o sobornaron porque pensaban que una ruptura beneficiaría sus fortunas y negocios, o su posición geoestratégica, aunque naturalmente muchos serán testaferros, porque está claro que una ruptura en España y Europa daría mayor poder relativo a algunos estados y corporaciones globales.

Salvando las distancias del clima de violencia en Chile y en la España republicana, también hubo cientos de miles de personas en las calles antes del golpe definitivo. En ambos casos los golpistas adujeron una nueva legitimidad y legalidad que oponer a la existente, igual que ahora. Aceptar que un grupo sin ser amplísima mayoría pueda soliviantar los derechos de todos, implica justificar otros golpes pasados o futuros, como el de Franco. Entonces reprimieron apartaron y fusilaron a los funcionarios republicanos que respetaban la legalidad constitucional y no la suya. ¿Si éticamente lo pueden hacer unos, por qué no otros?

En la Alemania hitleriana, tras las barbaridades históricas conocidas, muchos para defenderse se apoyaron en la obediencia debida hasta para ejecutar, por eso la Constitución española reconoce el derecho a desobedecer órdenes que atenten contra derechos constitucionales. Ahora vienen los nacionalistas y compañeros de viaje y con su regresión defienden la desobediencia para atacar derechos constitucionales de todos. Ningún demócrata, nadie de izquierdas puede defender esta barbaridad que abre puertas a todo futuro golpista y pesará como una losa al coincidir con la justificación franquista del golpe y guerra civil.