miércoles, 24 de mayo de 2017

A vueltas con las cifras de izquierda radical. 1965-1982. (4)

Contextualizando números por comparación: CCOO, PCE, UGT, PSOE

El objetivo a cuantificar son las opciones a la izquierda del PCE, PSOE, pero los datos de afiliación de estos partidos más grandes son más conocidos, lo cual permite cifrar las fuerzas de extrema izquierda por aproximación, considerando que éstas nunca lograron rebasarlos, salvo en contados lugares y momentos, de ahí la importancia de los datos de PCE-CCO, PSOE-UGT como referencia. 

Generalmente se acepta que la mayor fuerza que se enfrentó al franquismo fueron los comunistas. En los ’40, ’50 y ‘60, cualquiera que quisiera luchar contra la dictadura se daba de narices con la realidad de que necesitaba agrupar sus esfuerzos,  y encontraba en ‘‘el Partido’’, el PCE, la mejor estructura que lo permitía, era la mayor organización, mejor preparación y empuje para combatir la dictadura. A su lado coexistían con menor capacidad grupos anarquistas, que no son objeto de este trabajo.

A partir de la mitad de los sesenta las cosas cambian y la competencia de múltiples grupos, y movilizaciones ajenos al PCE aumentaron considerablemente. Existan más datos sobre el PCE lo cual sirve para contextualizar cifras de los grupos a su izquierda, su utilización mostrará alguna disparidad con los datos facilitados de la izquierda radical, y el control que en realidad éste realizaba de las luchas y organismos sindicales y políticos, lo cual solo era posible con una superior fuerza numérica. Un aspecto a considerar es la militancia residente fuera de España, en algunos grupos la militancia estaba formada en parte por españoles emigrantes, quienes buscaban apoyos políticos, diplomáticos y financiación en su demarcación exterior, lo cual aumentará los números al ser cuantificados militantes.

El PSOE en 1974 cuenta con 2.548 afiliados en España, según Eduardo Villaverde[1]. El PCE en 1975 cuenta con 15.000; José Ramón Montero, citando a Carlos Elordi en La Calle[2]. Santos Juliá escribirá:

‘’mientras la oposición creaba plataformas democráticas, muy pocos españoles corrieron a engrosar las filas de los partidos y sindicatos que presuntamente deberían dirigir esa ruptura. Los socialistas no contaban en 1975 probablemente con más de 5.000 afiliados en el interior y en el exterior y los comunistas mejor organizados y activos… no debían llegar a 15.000’’[3].

En julio de 1976, CCOO celebra su Iª Asamblea General en Barcelona; 6.501 delegados ‘’eligen el Secretariado General, las fuerzas del PCE, a pocos meses de morir Franco logran 20 puestos de 27. El resto se lo reparten PTE, ORT, MC,  2 cada y 1 el PSP’’, Wilhelmi [4]. Aunque la correlación  no fuera equivalente al 74% que reflejan los resultados, sí habrá que deducir que la mayoría eran apoyos al PCE, bastante superiores a lo sumado por el conjunto de fuerzas de extrema izquierda que peleaban dentro de CCOO, lo cual induce a pensar que su militancia conjunta sería muy inferior a la del PCE.

Otro ejemplo en la misma línea podemos observarlo poco después, en 1978, al ser elegida la Comisión Ejecutiva de la Comisión Obrera Nacional de Cataluña, de 50 miembros, son elegidos 42 del PCE-PSUC, que representan un 84%, 3 miembros del MC, 2 de LCR y 2 independientes,  según Joel Sans Molas[5]. Sería fácil aceptar que, en esas fechas, la militancia del conjunto de la izquierda radical presente en CCOO no llegara, probablemente, a la mitad que la del PCE-PSUC.

Enrique Aguilar Galán cifrará los afiliados a UGT para toda España en 1976, en 7.000, y los del PCE  en el momento de su legalización producida en 1977, en 15.000 los militantes de cuota[6].

Gonzalo Wilhelmi, en la obra citada, y para 1976 en Madrid, atribuye a ORT, 1.600 militantes, 500 al PTE, 200 al PC m-l, 300 al MC, + 300 simpatizantes, 100 a LCR Siguiendo con los sindicatos para CCOO-Madrid da la cifra de 4.500 y 600 para UGT-Madrid. Un año después, 1977 se legalizan los sindicatos aumentando las afiliaciones, CCOO-Madrid aumentará hasta 349.000 y UGT hasta 2.000. Sin embargo a este crecimiento ilusionante pronto le siguió una caída, para 1980 afiliados y simpatizantes fueron muy inferiores a los de las elecciones de 1978.[7] En datos de CCOO vemos caídas a la mitad, y a la mitad.

Mayores medios y apoyos de los reformadores permiten a PCE-CCOO y PSOE-UGT imponerse a los radicales, tanto en el ámbito institucional como en las luchas locales y sectoriales, las cuales frenan y encauzan, lo consiguen muchas veces porque numéricamente son superiores a las fuerzas radicales. Se extendió la práctica de romper carnets en las luchas, pero la extrema izquierda no consolidaba apoyos estables, como constató en las elecciones generales. Incluso las cifras del PCE en las elecciones demostraron que la gente se inclinaba por opciones más democrático burguesas.

Durante la Transición la velocidad a la que corrían los acontecimientos era enorme, la aceleración personal y social hacía estragos en las posturas individuales y colectivas, modificando comportamientos militantes, individuales y sociales, de relación, de gustos, de preferencias… La aceleración histórica y mayor conocimiento del exterior fueron influyendo en el abandono de ideas revolucionarias, marxistas, favoreciendo que se extendieran nuevas ideas y estructuras colectivas de encuadramiento político que permitieran militar sin el compromiso y las exigencias anteriores.

Desde los inicios de la transición fue normal el transvase de militantes de unas a otras agrupaciones, desde la izquierda radical en mayor medida hacia el destino del socialismo, y pocas veces al revés del socialismo hacia el comunismo. La estructura asociativa PSOE se adaptaba mejor a esta realidad de libertades individuales y demostró un buen trabajo de sus cuadros de organización que consiguen adecuar lo interno con la política externa, la capacidad de influir en la sociedad, en los deseos de cambio de millones de españoles. Ningún otro partido supo adecuar organización y política como los socialistas, ello incluyó sin duda la aceptación y utilización de las capacidades de militantes de la izquierda radical, el partido que pretendiera gobernar necesitaba miles de cuadros experimentados insertados en la sociedad y los necesitó desde 1977.



[1] Villaverde Marruedo, Eduardo, ‘PSOE en la Transición (1974-1979).Una aproximación histórica.’
[2] Montero Gibert, José Ramón, ‘Partidos y participación política: algunas notas sobre la afiliación política en la etapa inicial de la transición española’. Revista de Estudios Políticos, nueva época, num. 23 septbre-octbre 1981. En el mismo trabajo citando a José María Maravall cuantifica en 4.000 los militantes del PSOE para 1975.
[3] VVAA,Triunfo en su época.’. Alicia Alted y Paul Aubert, editores.  Ediciones Pléyades. 1995. Página 36.
[4] Wilhelmi Casanova, Gonzalo, ‘Izquierda revolucionaria y movimientos sociales en la transición’. Madrid 1975-1982. Tesis 2014. Universidad Autónoma de Madrid. Facultad Filosofía y Letras.
[5]  Sans Molas, Joel, 'Entre las instituciones y la movilización: La crisis de la izquierda radical durante la transición.'. Universitat Autónoma de Barcelona.
[6] Aguilar Gavilán, Enrique, ‘A propósito de un aniversario: La transición española en su perspectiva histórica'. Boletín de la Real Academia de Córdoba de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes, ISSN 0034-060X, Nº. 141, 2002, págs. 61-78

[7] Pérez Díaz, Víctor, ‘Los obreros españoles ante el sindicato y la acción colectiva en 1980’. Papeles de Economía Española num 6. 1981. Funcas.

viernes, 19 de mayo de 2017

El agotamiento del PSOE

Aquello que escribí hace años sigue teniendo validez en estos momentos en los que me parece que poco pueden hacer cualquiera de los tres, salvo reflejar una situación crítica que viven confusamente creyendo que uno de ellos pueda resolverla, lo cual es bastante improbable a medio plazo:

Nuevo librito, 'El agotamiento del PSOE', que publico en ‘Scribd’, portal del que puede descargarse gratuitamente. Como los otros trabajos lo conforman escritos publicados anteriormente en ‘Arian seis’, que tratan el asunto de la fatiga socialista a lo largo de estos tres últimos años, en los que aspectos aparentemente particulares, van dando pistas sobre el cúmulo de los errores generales.

El PSOE atraviesa una grave crisis, -que afecta a toda la sociedad española- puesta de manifiesto con extrema crudeza a raíz de la crisis económica, que tiró sobre la mesa, de golpe, todos los problemas acumulados en el país y en todas sus instituciones, abriendo la puerta a un cambio de era. Los hechos sociales no ocurren por la influencia de una sola variable, en el caso de la profunda crisis del socialismo español, influyen varios aspectos que no todos nacen en esta última etapa, algunos comienzan a ser visibles a mediados de los noventa cuando se empieza a detectar el agotamiento de la etapa Transición y la falta de un nuevo proyecto de largo plazo, que requeriría un nuevo empuje modernizador tanto para la sociedad, como hacia el partido, en vez de ello, para superarlo, los nuevos líderes creyeron que todo consistía en un cambio generacional lo cual provocó un paso en falso con equipos y políticas poco consistentes, erróneas y algunas poco progresistas. 

A pesar de las buenas intenciones, o clara visión que tuvieran algunos militantes expresada en buenas palabras, la realidad ha mostrado que el partido estaba enfermo. Escribía en El País el 23-05-2003 Diego López Garrido diputado y miembro de la Comisión Ejecutiva Federal del PSOE. Diputado y miembro de la Comisión Ejecutiva Federal del PSOE.

‘’Uno de los grandes objetivos estratégicos del socialismo, como eje de la izquierda y de los progresistas, es dirigir el cambio social de comienzos del siglo XXI mediante el discurso y la política de los derechos sociales (trabajo estable, educación ampliada a lo largo de la vida profesional, pensiones, sanidad pública eficaz, servicios públicos esenciales, compatibilidad entre trabajo y familia, derechos de los grupos vulnerables, derechos de los niños, derechos a la integridad moral de la mujer frente a los malos tratos y frente a la discriminación, seguridad ciudadana de proximidad, renta mínima de inserción). Se trata de garantizar jurídica y económicamente el disfrute de tales derechos sociales, al nivel de protección de los viejos derechos civiles.

El otro pilar estratégico de la socialdemocracia -y es verdaderamente una gran cuestión- está en una política económica y fiscal de dimensión europea, único modo de asegurar su carácter progresista y solidario, y con un crecimiento sostenible desde un punto de vista medioambiental.

Para todo ello hace falta desarrollar un concepto fuerte de ciudadanía. Para que los derechos sociales, económicos y de cuarta generación sean el baluarte de los derechos civiles -y viceversa- es necesario construir una democracia deliberativa y participativa. Ése es el avance cualitativo que debe dar la democracia constitucional representativa. Habrá así un muro de contención contra cualquier amenaza a lo que es el núcleo o esencia de toda democracia: la seguridad de que las voces de todos y todas van a ser escuchadas. ’’

Es en los momentos críticos cuando más resaltan las carencias y ahora han explotado con virulencia todos los errores: la crisis de la socialdemocracia europea; la mala gestión de la debacle económica, en sus dos vertientes, de crisis específica española y los aspectos internacionales; las desintonías y errores en el tratamiento de la organización del Estado y la cuestión nacional; el problema de la Iglesia, o la poca profundización en el laicismo del Estado: el cambio de modelo productivo y mejora del mercado laboral, redistribución fiscal… tanto por la globalización, cuanto por la integración europea u obsolescencia de nuestro aparato productivo; los defectos democráticos de representación, organización y participación, en el funcionamiento de Instituciones del Estado y partidos; etc. etc. unido a una falta alarmante de discurso y proyecto para el largo plazo, poquísima permeabilidad con la sociedad española, etc. -Es verdad que prestaron atención a los derechos civiles, impulsando avances significativos hacia mujeres, gais… y por supuesto la Ley de Dependencia, a pesar de sus carencias-

Muchos de los problemas del socialismo español los comparten con el resto de partidos y corrientes ideológicas, entre otras razones porque demasiados de sus defectos lo son del conjunto de la sociedad española. Resulta impensable que una parte de la misma, los políticos, tenga tantos defectos y el conjunto del pueblo no comparta rasgos comunes, tales como: la falta de racionalidad; el exceso de ilusión en dioses, ídolos y salvadores; la vaguería intelectual propensa a la simplificación y al abrazo de posiciones fundamentalistas; la corrupción –que de ninguna manera es solo política-; la extrema ideologización y abstracción en análisis, debates y búsqueda de soluciones contrapuesta al pragmatismo –a lo concreto- y menosprecio del uso de consensos necesarios para salidas que se pretendan estables; el gusto por los reinos de taifas, o preferencia por las verdades individuales en vez de las colectivas; la poca permeabilidad social, poca empatía hacia los otros; el ilusionismo de creer que con formular un deseo es suficiente para conseguir resultados positivos, olvidando que hay otros actores con diferentes intereses; el abandono del rigor y la didáctica en los debates, con profusión de adjetivos; el exceso de comodidad en la participación ciudadana y la delegación o búsqueda de otros que resuelvan los problemas, posteriormente culpables de todos los errores; la manía de meter todas las cuestiones en el mismo saco y mezclar, lo cual imposibilita debate y búsqueda de salidas concretas a cada una; el desprecio por la democracia en cuanto que no resuelve todos los problemas a gusto de cada individuo, junto a la envidia por sistemas ajenos; la viga y la paja, en ojo ajeno o propio, o la ley del embudo; el desconocimiento de que la ética, para ser tal, debe ser generalizable, etc. etc.

Este trabajo de hoy no trata sobre las derechas, ni sobre las fuerzas de izquierdas más allá del socialismo, a las que en otros momentos destiné similar atención. Es un trabajo dedicado al PSOE, un partido que ha sido fundamental en estos últimos 35 años para configurar la actual sociedad española actuando como representante y líder colectivo de los intereses de millones de españoles. La cuestión es que ha perdido casi la mitad de apoyos de los que tenía, no sabemos si para siempre o por cierto tiempo, lo cual indica que necesita una amplia transformación, un período de transición que parece más probable que pudieran acometer con Rubalcaba al frente hasta lograr un nuevo equilibrio, y que podría ser dudoso se llevara a efecto con otras personas en su liderazgo.

Un partido similar a lo que ha sido el PSOE parece necesario en España, hoy más que nunca -antiguamente no era posible- ya que en la sociedad democrática española una fuerza alternativa al gobierno debería influir en las reformas que marcarán nuestras vidas en los próximos 30 años. Las transformaciones necesarias para salir de este atolladero y comenzar la nueva era se están realizando dirigidas solo por un sector de la sociedad, la derecha, sin encontrar cortapisas con fuerza suficiente como para ‘torcer la rama’ del nuevo camino, ni para evitar que se elimine gran parte de las conquistas sociales que conocíamos hasta ahora. Otra vez encontramos la contradicción entre el corto y largo plazo, porque el problema es que lo nuevo requiere tiempo para madurar y una supuesta regeneración socialista precipitada parece que amén de imposible, no será suficiente para ganar nuevamente la confianza de la ciudadanía. 

Mientras, no parece que los numerosos grupos y alternativas a su izquierda puedan defender los intereses de varios millones de ciudadanos que configuran la base social progresista y de izquierdas de este país. De hecho, la pérdida de fuerza y de iniciativa socialista, y por consiguiente de su capacidad para ilusionar, además de la pérdida de representación institucional del PSOE, no se ha visto correspondida por un aumento de representación y fuerza institucional de los grupos favorecidos por la debacle PSOE, más bien al contrario, vemos una pérdida de influencia y fuerza global en la defensa de los intereses de casi la mitad de los españoles. –Y quizás lo peor esté por llegar, en Cataluña, donde puede hundirse más, mientras sube el PP, como consecuencia de la independencia catalana, y probablemente vasca, ya que millones de personas no verán en sus siglas suficiente defensa de la integridad española como a ellos les gustaría.-

Manuel Herranz Montero. Noviembre 2012

miércoles, 17 de mayo de 2017

Aproximando cifras de militancia radical 1965-1982. (3)

Considerando datos de prensa y revistas 1965-1982

El escaso consumo de prensa y revistas permite hacerse idea de que los interesados seriamente por transformaciones sociales radicales eran muy pocos. Las cifras de prensa y revistas aquí deben considerarse referidas a la generalidad amplia de antifranquistas, de la totalidad de los cuales, solo una parte militarían en la izquierda radical.

Por supuesto mucha gente que luchaba no leía, fueran activistas estables u ocasionales, pero es difícil considerar un cuadro militante organizado establemente, sin profusión de lecturas. Marx, Bakunin, Lenin, etc. dedicaron enorme esfuerzo al estudio ya que muchos desposeídos reducían toda explicación a una pelea y una frase, ‘‘los malos son los ricos, ellos nos explotan’’. Aquellos revolucionarios comprendieron que era imprescindible explicar la realidad y proyectar salidas para transformar voluntades.

 Triunfo a partir de 1962 fue referente de todas las izquierdas, su tirada era de 57.000 ejemplares, logrando un pico máximo, 160.000, en su reaparición enero 1976, tras secuestro anterior, a partir de entonces cayó imparable hasta su desaparición en 1982; en marzo de 1978 se escinde La Calle  vinculada al PCE, su tirada se situó entre 20/30.000[1]

Cuadernos para el Diálogo, 1963/1978 referente entre los demócratas, tiraba 40.000 ejemplares cuando cierra.  El País, referente del conjunto de sectores democráticos y de izquierdas, sale en mayo de 1976, con 100.000 ejemplares, pronto aumentará hasta 150.000. La Vanguardia 180.000 ejemplares. La prensa del Movimiento, en 1975, en sus 38 periódicos tiraba conjuntamente 452.000 ejemplares, según Miquel de Moragas[2].

Tras la muerte de Franco aparecieron muchas revistas,  ya no valen las tres grandes referencias, Cuadernos de Ruedo Ibérico 1965/1979, Triunfo 62/82 y Cuadernos para el Dialogo 63/78. Los partidos no satisfacen la necesidad de debate en la búsqueda de salidas y aparecen nuevas plataformas. El Viejo Topo, la de mayor éxito entre las rojas generalista, tiraba unos 24.000 ejemplares, bajando a partir de 1978 hasta los 17.000.  

El resto de revistas de entornos progresistas vendían menos de 10.000 ejemplares, tales como Vindicación Feminista; Monthly Review, Transición, Teoría y Práctica; Argumentos, La Calle, Materiales, Mientras Tanto, El Cárabo, Negaciones; Ozono, Alfalfa, Butifarra, Bicicleta, Star, El Papus, Saida; Ajoblanco salió en 1974, tiraba unos 26.000.

En 1981 habían desaparecido más de veinte semanarios y revistas, algunos habían iniciado su andadura después de 1975. Las revistas teórico-políticas tiraban en torno a 5.000 ejemplares, la mayoría cierran antes de 5 años; menos las de inspiración socialista, Sistema, Zona Abierta y Leviatán[3]. Los libros políticos  sacaban ediciones de 1.500 ejemplares como máximo, el interés por la lectura, la formación y la búsqueda de preguntas y respuestas, quedaba reducido a una pequeñísima parte de los antifranquistas cuando ya en la década de los setenta se publicaban muchos títulos marxistas, feministas, ecologistas…




[1]Triunfo en su época. VVAA’. Alicia Alted y Paul Aubert, editores.  Ediciones Pléyades. 1995
[2] Moragas Spa, Miquel de, Comunicación de masas y tránsito político en España (1975-1980)
Facultad de Ciencias de la Información. Universidad Autónoma de Barcelona.
[3] Fuentes Juan Francisco, ‘Prensa y política en el tardofranquismo (1962-1975). La rebelión de las élites’. Universidad Complutense de Madrid.
Pecourt, Juan, ‘Los intelectuales y la transición política. Estudio del campo de las revistas políticas en España’ Monografías CIS 253. 2008.
Mir, Jordi, ‘El Viejo Topo (1976-1982) Cuando la participación es la fuerza’. Rebelión; Mir, Jordi, ‘Análisis de las principales ideas sobre la noción de ruptura difundidas en España durante la transición’. Tesis. Universitat Pompeu Fabra. Barcelona.

sábado, 13 de mayo de 2017

Militancia de extrema izquierda 1965-1982. (2)

Desde mitad de los sesenta, contra el franquismo y durante la transición, lucharon cientos de miles de personas en uno u otro momento, por muchos lugares, fábricas, universidades y barrios, obreros y estudiantes, también gentes de teatro, cine, prensa; abogados, editores, libreros, colegios profesionales,… incluso en algunas instituciones hubo minorías activistas, como en la Iglesia, el ejército… Los movimientos estudiantil, vecinal y obrero desgastaron las opciones continuistas del régimen, siendo fundamental para evitarlo las luchas obreras que rompían la producción desestabilizando el orden y la legalidad vigente. De entre aquella multitud, hubo unas cuantas decenas de miles de activistas que lo hicieron de forma estable, continuada y organizada y que no solo tenían objetivos inmediatos, tenían proyectos políticos para sustituir al franquismo incluso algunos soñaban con construir una nueva sociedad, sin clases y sin explotación, a ese colectivo nos referimos como extrema izquierda o izquierda radical.

Antifranquistas hubo mucha gente sin adscripción partidista, entre los militantes que lucharon establemente no solo hubo comunistas e izquierdistas radicales, también hubo monárquicos, demócratas, republicanos, nacionalistas, liberales, demócrata cristianos, falangistas, sindicalistas autónomos, sectores de la Iglesia post conciliar,... la contribución de grupos cristianos en las luchas obreras fue numerosa, e importantísima en los años ’50 y ‘60, su participación fue clave en grandes huelgas, determinante en Asturias, Euskadi, Cataluña y Madrid, en la creación de las primeras CCOO, y en el desarrollo y organización de luchas sindicales y vecinales; a finales de los ’60 y ’70 muchos cristianos se mezclaron con el marxismo y formaron parte de la militancia comunista y de la izquierda radical en sus mismas agrupaciones, o reconvirtiendo directamente las suyas propias, caso de AST-ORT, 1970[1].  Otros muchos siguieron peleando solo desde su condición cristiana.

El PCE destaca en 1965 en ‘Nuestra Bandera’[2]:
‘’su ‘importante actividad, extensa e intensa, entre las que HOAC y JOC no son las únicas actividades bajo el apelativo cristiano, Los otros grupos católicos, éstos ya de tipo clandestino –Solidaridad de Obreros Vascos (SOV) y Unión Sindical Obrera (USO) en Euzkadi, Sindicatos Cristianos en Cataluña y Federación Sindical de Trabajadores (FST) en Madrid– difieren ya bastante de hoacistas y jocistas, aunque a veces estén nutridos por militantes de ambos orígenes. En realidad se trata de grupos abiertamente políticos, no ligados a ninguna labor de apostolado, portadores de una u otra línea política al movimiento obrero’’.

Sobre sociología política y religión resultan imprescindibles los numerosos trabajos de José Ramón Montero[3]. Interesante el documento aportado por Pere Ysás[4], sobre activismo político de los sacerdotes antes de morir Franco, cuantifica 2.558 individuos sobre 23.971, lo que permite relativizar su importancia militante. Otro colectivo no necesariamente coincidente con los anteriores son los curas obreros, unos pocos curas trabajan como obreros, algunos compaginando sus tareas parroquiales, otros comprometidos en organizaciones, en todo caso fenómenos diferentes y minoritarios respecto al de la militancia activista de católicos en organizaciones obreras y/o marxistas.

De entre las decenas de miles de antifranquistas, destacó la militancia comunista por su organización, capacidad de lucha y entrega, el PCE y los grupos de extrema izquierda, leninistas, trotskistas, maoístas; también unos pocos socialistas. Y por supuesto los anarquistas, que aun sin representar el protagonismo que tuvieron en la primera mitad de siglo XX, fueron importantes luchadores antifranquistas, que este trabajo deja al margen para mejor ocasión por falta de fuerzas para abordarlo. A partir de mediados de los años sesenta un conjunto de acontecimientos influye en los sueños de muchos españoles que se incorporarán al activismo político: la revolución del 68 en Europa y EEUU, París, Praga, la guerra de Vietnam,  las luchas por los derechos civiles-negros,  la revolución China, la ruptura Chino-Soviética, las luchas por la independencia en África, el Concilio Vaticano II… curas guerrilleros en América Latina; en España se empezarán a conocer los movimientos ecologistas, antimilitaristas-pacifistas, -que tomarán protagonismo en los ‘80-; y el feminismo. La lucha feminista generará una dinámica revolucionaria, en parte compartida duplicando militancia con la izquierda radical dentro de sus mismas siglas y en parte como movimiento feminista con fuerza y poder independiente.

A mediados de los sesenta en España, se incorporan nuevas hornadas de jóvenes militantes, estudiantes y obreros, y se generan nuevas posibilidades de potenciales encuadramientos que se traduce fundamentalmente en los grupos a la izquierda del PCE, aunque nunca llegaron a tener su potencial. El hecho es que la militancia comunista con su impronta de emoción transformadora de la sociedad ya era posible realizarla en variados partidos diferentes. La escuela de lucha, de estudio y relaciones de cada persona, tiene mucho que ver con los individuos que estuvieran cerca en la universidad o el trabajo. Naturalmente que podía elegirse la opción política, mejor en los setenta que en los sesenta, pero las relaciones de proximidad humana eran altamente influyentes en la adscripción partidista de cada persona, aún siendo determinantes la lucha contra la dictadura y los sueños de una sociedad sin clases, las relaciones personales influían poderosamente en las afinidades identitarias, como era visible en las constantes fracciones.

Un individuo se hacía trotskista porque sus amigos lo eran, o bien se arrimaba a un grupo pro-chino porque un compañero del trabajo en quien confiaba se lo pedía, etc. Después de tomada la decisión, una vez dentro, la identificación grupal funcionaba integrándolo, las relaciones humanas, las discusiones, las acciones, toda la actividad que se realizaba intentaba diferenciarse del resto de partidos y ello conducía a reafirmarse en la elección inicial. Hasta que llegaban otros momentos en los que el desarrollo interno de cada cual, iterando con las modificaciones del entorno, del propio grupo, y/o de la sociedad, empujaban en otra dirección y producía abandonos o cambios de grupo.

La incorporación de nuevos activistas junto con los escindidos procedentes del PCE, FLP, de grupos cristianos y de ETA, configuran nuevos grupos situados a su izquierda, según sus documentos y objetivos declarados, luchan contra el franquismo y contra el capitalismo, pretenden construir una nueva sociedad comunista mediante la revolución, sea socialista, democrático popular, antiimperialista... Son militantes comunistas, marxistas, leninistas, trotskistas, maoístas, anarquistas, cristianos… y feministas, éstas doblarán militancia en los grupos anteriores y serán pieza fundamental en la gran revolución española del siglo XX.

Durante aquellos años sesenta y setenta destruimos los pilares de la sociedad franquista e intentamos construir una nueva sociedad distinta a la que había. En la destrucción y construcción participaron millones de personas  sin un guión común, empujando no necesariamente en la misma dirección, ni con la misma fuerza e intensidad. La militancia de la izquierda radical sin tener objetivos compartidos, fue una de las fuerzas dentro del conjunto de luchas y movilizaciones en las que participaron muchas otras personas e identidades difíciles de homogeneizar, salvo en su antifranquismo y deseos de vivir mejor. La resultante de aquellas luchas fue la sociedad española en la que vivimos, hasta la crisis de 2008. Mucha de aquella gente renunció desde los ochenta al resultado y no aceptaron su protagonismo en la creación de la España democrática, no quisieron responsabilizarse de lo que habían logrado cambiar, no aceptaron el resultado porque no era el soñado, aunque contribuyeron al mismo con sus esfuerzos. Sin la izquierda radical, la sociedad hubiera sido más derechista y cercana al franquismo.



[1] Hermet, Guy ‘Los católicos en la España franquista’ editorial CIS+Siglo XXI. Tomos I, 1985 y II, 1986.
Babiano, José, ‘Los católicos en el origen de Comisiones Obreras’. Espacio, Tiempo y Forma, Serie V, H.' Contemporánea, t. 8, 1995, págs. 277-293.
Fernández Segura, José, La participación de los católicos en el movimiento obrero de Barcelona (1946-1978)’.Universidad de Barcelona. 2005.

[2]  ‘Nuestra Bandera. Revista teórica y política del PCE. Num 42-43, marzo-abril 1965, páginas 163-1972 http://www.filosofia.org/hem/dep/pce/nb042163.htm
[3] Un ejemplo de los trabajos de J.R. Montero entre muchos ‘Iglesia, secularización y comportamiento político en España’. José Ramón Montero. Reis 34 , 1986
[4] Ysás Pere. ‘Disidencia y subversión. La lucha del régimen franquista por su supervivencia, 1960-1975’. Crítica. 2004

jueves, 11 de mayo de 2017

Militancia radical 1965-82. Éramos muy pocos. (1)

MILITANCIA REVOLUCIONARIA 
LA IZQUIERDA DE LA IZQUIERDA
ÉRAMOS MUY POCOS
A VUELTAS CON LAS CIFRAS 1965-1982


Este trabajo es una aproximación a la militancia de izquierdas, poniendo el foco en las izquierdas de mas allá del PCE, pretende acercarse a cuantificar la extrema izquierda, la considerada por sí misma revolucionaria en sus documentos. Fue protagonista, en parte, de los cambios ocurridos en España desde mediados de los años sesenta, en los estertores del franquismo y transición, hasta 1982.

Los grandes troncos de los partidos que existieron en esa época fueron: VOJ-AST, FLP-FOC-ESBA[1], PCE-PSUC y ETA, mezclados en distintas proporciones cristianismo y marxismos, fueran leninismo, trotskismo o maoísmo, se encuentran en toda la militancia radical, añadiendo los anarquismos y unas gotas de nacionalismos. En ‘El proyecto radical’ de José M. Roca, se hace una buena descripción de las corrientes políticas.

Desde mediados de los sesenta, surgen por escisión partidos que se sitúan más a la izquierda que sus matrices, y salen militantes de los citados troncos hacia los nuevos, en ocasiones siguen manteniéndose los viejos, caso del PCE,  en otras provocando la disolución, caso del FLP. Será una constante del período que muchos individuos militen hora en un grupo, después en otro, produciendo como resultado cifras que inducen a errores de cuantificación por dúplica.

Alimentado por el enorme activismo que tuvieron los militantes de la izquierda radical se acrecienta su importancia, pero numéricamente fueron pocas decenas de miles coincidiendo al mismo tiempo. Roca los cifra en unos 50.000 en sus mejores momentos[2].

Existen dificultades para obtener cifras sobre militancia, mayores cuanto más a la izquierda o más pequeños fueran los grupos, las duras condiciones que rodeaban la actividad política fomentaba ocultar datos. Cifras diversas podrían explicarse porque describen realidades distintas, conjuntos de individuos representando conceptos diferentes de compromiso y militancia son sumados como iguales; a veces suman militantes de unos y otros tiempos, sin considerar los que abandonaron, que pueden estar en casa o en otros partidos, provocando dupla contable. La credibilidad también sufre por idealización y subjetividad, por no homogeneizar criterios, etc., lo cual invita a tener cierta prevención. Apoyado en la propia experiencia de militancia durante aquellos años, divido el trabajo en apartados que permitan acercarnos a las cifras y sostengo la tesis siguiente:

Éramos muy pocos en relación a la suma de antifranquistas y/o demócratas que pretendían reformas en la senda europea, incluso éramos pocos en relación al conjunto de las fuerzas de izquierdas que apoyaron la ruptura/reforma pactada en la senda democrática.





[1] García Alcalá, Julio Antonio, Tesis ‘Un modelo en la oposición al franquismo. Las organizaciones frente (FLP, FOC, ESBA) I y II’. Universidad Complutense de Madrid.

[2]Artículos de Roca, José Manuel, en  ‘El proyecto radical. Auge y declive de la izquierda revolucionaria en España (1964-1992)’. José Manuel Roca (ed.) Los Libros de la Catarata.1994.

jueves, 4 de mayo de 2017

En Cataluña se está fraguando un golpe de estado

El asunto que en estos momentos está sobre la mesa es: estamos a favor de un golpe de estado, o en contra. Discutir? luego lo que sea necesario, pero antes tomar postura ante la amenaza que ya ha sido anunciada una y otra vez y que parece aproxima su ejecución. Una proclamación de desconexión unilateral es lo que está sobre la mesa, la secesión anunciada lo ha sido con amenazas de represión a quienes no la secunden, esto sería un golpe de estado.
La izquierda reaccionaria abrazó la patraña del derecho a decidir, ¿a decidir qué?, la consigna pretende imponer el derecho de secesión, lo cual no reconoce ninguna constitución del mundo, ni siquiera la nueva de quienes proclaman la secesión, de hecho amenazan a quienes no se sumen. -Antiguamente la constitución de la URSS, pero si húngaros o checos, o polacos intentaban irse, mandaban los tanques-. Sería de todo punto impensable que hoy formaciones de izquierdas crearan una constitución incluyendo dicho derecho, que es unilateral, si estuvieran en un proceso de construcción de un estado.
La rémora que tienen los individuos de izquierda reaccionaria viene de aplicar el derecho de autodeterminación a la cuestión catalana, pero la autodeterminación se considera en el mundo colonial cuando una metrópoli subyuga a una colonia sin dejar opinar ni elegir, sin permitir ciudadanos, y además una élite externa expropia sus riquezas. En el caso de Cataluña todos los eslabones de poder están en manos de unos pocos apellidos catalanes, ya sea el poder político, económico, mediático, social, educativo, deportivo… siendo una de las regiones más ricas de Europa, es difícil aceptar sean una colonia.
El independentismo catalán es una forma de neoliberalismo con una maravillosa propaganda de rechazo que ha seducido a mucha gente cansada de las consecuencias de la crisis en las democracias occidentales, con aspectos cercanos a los votantes de Brexit, Trump, Le Pen... subyugados porque les llevarán a un nuevo paraíso. 
Mucho he escrito sobre el tema, hoy refresco un post del viernes 13 de noviembre de 2015:

La independencia en Cataluña tomará en cada momento una forma concreta, que habrá que dar respuesta a corto plazo, por supuesto habrá que considerar soluciones estables a largo plazo, pero cada momento requerirá un tratamiento concreto, plantearse ahora como salida inmediata cambiar la Constitución o similar, no resulta útil, el órdago de la independencia está proclamado, no quieren oír hablar de federalismo ni otras zarandajas. Quizás más adelante pueda resultar de utilidad.

La independencia, es un grave problema, pero resulta más preocupante todavía el problema de España, que realmente es el fondo importante de la cuestión. Se trata para los partidos y fuerzas sociales de construir un estado y eso entraña muchas dificultades, aparecen contradicciones entre las utopías y realidades, entre los sueños particulares en los que vale todo, y las realidades diferentes de millones de personas que no coinciden en esos sueños particulares que pierden su valor.

Y además aparece la debilidad de muchas argumentaciones actuales –particularmente me interesan las de izquierdas- que olvidaron durante años enfrentarse a los postulados nacionalistas, altamente reaccionarios y xenófobos, neoliberales y populistas, lo cual hace muy difícil ahora encajar el galimatías sin enfrentarse al nacionalismo periférico, con el que mostraron simpatías, apoyándolo con su inacción o abiertamente. En realidad muchos izquierdistas se han dejado seducir hasta por su lenguaje del que se apropiaron sin esfuerzo, una cesión más, todo ello porque muchos militantes necesitan demostrar que fundamentalmente están en contra de la derechona española, que ellos adjudican a todo lo español que es todo lo distinto a sí mismos. Una gran diferencia con la implicación de los comunistas del PCE en la construcción del estado tras la muerte de Franco, participando en la redacción y configuración de las leyes vigentes hoy día.

Recordemos la situación: la declaración de independencia realizada por la Presidenta del Parlament, está apoyada por 1.628.714 votantes a JuntxSí  mas los 337.794 votantes de la CUP, en total 1.966.508 de votos ciudadanos sobre un censo electoral de 5.510.853 de catalanes con derecho a voto. Los votos que arropan la declaración de independencia representan un 35.68 % del cuerpo electoral catalán.  No es razonable que un estado acepte como criterio decisorio esta proporción. El Estatut de Sau lo aprobó el 54% del censo electoral -un 88% de los que votaron con participación cercana al 60%-.

La primera cuestión a resaltar es que no es el pueblo catalán quien pide la independencia, hay una mayoría que no la pide Una cuestión problemática surge al identificar solo con el pueblo catalán a los independentistas, lo cual se extiende a reconocerlos a ellos como sujeto político, porque entonces ¿quienes son el otro 65%, no son catalanes, no tienen derechos ni opinión en esta decisión? Es como si alguien dijera ¡que se jodan! Enfrentada esta realidad concreta al armazón teórico de clichés inhabilita su validez, porque muchos giran en torno a la idea del pueblo catalán como unidad opuesta al pueblo español, no hay tal sujeto, un pueblo catalán unido como una piña enfrentado a España, ni en el pasado ni ahora. Tampoco Catalunya es un país colonizado, explotado, oprimido y sojuzgado, quien se quiere separar de España, más bien al contrario, porque son ricos y tienen poderes, pretenden alejarse para disfrutar de su riqueza, privilegios y poder.

Veamos otro argumento cliché, que utilizan miles de personas, ‘en un divorcio si uno de los dos se quiere separar, no debes impedirlo’, se entiende en el ejemplo, que de la pareja España/Cataluña, quien se quiere separar es Cataluña, pero hete aquí que en el ejemplo lo que eran dos personas, se convierten en realidad en millones y pretenden decir que todos los millones de catalanes se quieren separar de ese matrimonio, lo cual es mentira. La realidad es que una minoría pretende romper y obligar a una mayoría sometiéndola a sus intereses y leyes particulares, rompiendo para ello leyes aprobadas antes por amplias mayorías, incluidos muchos de los actuales secesionistas, ruptura de leyes generales y territoriales, tanto nacionales como internacionales.

‘Si las leyes lo impiden hay que incumplirlas’ ‘solo hay que obedecer las leyes justas’. La cuestión aquí es ¿quien determina en cada momento las leyes que sean justas e injustas? Mientras un individuo puede mantener los argumentos anteriores, un partido de izquierdas no debe hacerlo, no puede mantener una incoherencia tan grande, máxime si quiere ganar elecciones y participar en la construcción del Estado. Alguien cercano a gobernar no puede aceptar que quien quiera rompa las leyes cuando le plazca, porque lo harán fundamentalmente los poderosos, estaría aceptando que los ricos no pagaran impuestos; incluso justificaría el golpismo, Tejero o Franco, quienes en su día decidieron qué leyes vigentes les resultaban inadecuadas.


Vivimos una secesión, cercana a un golpe, hoy blando, y todo partido o cuadro militante que pretenda realizar actividad política en Europa, debería tener altísimo interés en lo que sucede, lo cual supone dotarse de elementos teóricos básicos necesarios en la construcción de un estado, porque ese es el problema que enfrentamos. Desde luego nunca será admisible por la ciudadanía la idea de ‘me importa tres cojones’. Probablemente las elecciones marcarán negativamente a los partidos que se desentiendan de esta cuestión, porque los problemas para quien quiera ganar o formar parcelas de gobierno, no solo son el paro y la corrupción, el sistema productivo y las pensiones, sino también la organización del Estado, que por supuesto itera sobre todos ellos. Entre otras razones resulta incoherente hablar de Ucrania, Siria, etc. etc. y no plantear salidas concretas a cada situación provocada en Cataluña, al margen de los mantras de largo plazo, federalismo, etc.

martes, 25 de abril de 2017

Informe OCDE España, marzo 2017. Charts II

España en la comparativa con el resto de la OCDE