sábado, 22 de noviembre de 2014

España en EEUU. Y la regularización de inmigrantes

Que acomplejados vivimos nuestra historia. Durante el proceso secesionista he escuchado a mucha gente maldecir por lo poco democráticos que éramos los españoles, en comparación con los británicos, ya que ellos fácilmente accedían a las peticiones de negociar un referéndum en Escocia. Hace una semana se lo volví a escuchar en TV a un líder de ERC.

Por supuesto resultaba ridículo tener que recordar que en el Reino Unido existe todavía una Cámara de los Lores que nadie elige, los cargos de sus señorías son hereditarios. Tan triste como constatar que la nueva autonomía que Cameron ofrece a Escocia en el final de la campaña para inclinar la balanza al unionismo, dicha promesa de autonomía se encuentra alejada de la que ya disfrutaba Cataluña muchos años atrás… sin olvidar tampoco que en el Reino Unido las desigualdades y clasismo dominante en todos los sectores públicos, Parlamento y Gobierno, Enseñanza… es superior al que puede visualizarse en España. Resulta esclarecedor leer ‘Chavs’ de Owen Jones, editorial Capitán Swing, y comparar situaciones.

El problema, con serlo, no es que ERC manipule lo que crea conveniente para realizar agitación y propaganda, el mayor problema es constatar la extensión entre españoles no azules de ese complejo de inferioridad al compararnos con otros países, en democracia, corrupción, desigualdad, libertades,… de los que habitualmente se destaca solamente un aspecto más favorable en los otros, sin pararse a comparar más ampliamente. Y siempre es posible encontrar en otros lugares una mejor condición de algo, pero a nada que rasquemos encontraremos otras peores.

Los mismos complejos se han producido al mirar nuestra historia, sea la reciente, -ilustración, fascismo- o la antigua, -colonización americana-. Muchos españoles creen que descubrimos América, pero solo en el Centro y Sur, mientras ingleses y franceses colonizaron el Norte. Todavía no saben que los descubridores de América pudieron ser los vikingos mucho tiempo antes, pero desconocen también que los primeros europeos que pisaron los actuales EEUU fueron españoles, ocupando el sur de los posteriormente llamados Estados Unidos, Florida, norte de México, California…

En las campañas de elecciones en EEUU cada vez tienen mayor importancia el peso de los hispanos. El Presidente Obama está a punto de modificar una legislación relativa a la regularización de mas de cinco millones de inmigrantes, en su gran mayoría hispanos; estos movimientos tienen mucho que ver con lo que se cuenta en este post y el anterior sobre el peso e importancia de lo español en EEUU. Como dicen esos inmigrantes, ‘’nosotros somos ilegales porque ustedes movieron la línea más abajo, pero estas eran nuestras tierras a las que llegaron ustedes muchos años después. ’’

No se trata de presumir que aquello fuera español, -para empezar sería de las Coronas y los Alba de turno- allí había nativos indios y población mexicana, además, los estados, aquella España, no eran lo que fueron después; aquellas tierras se las apropió la Corona Española, nada muy diferente a lo que hicieron ingleses, franceses, holandeses, alemanes, belgas, etc. por todo el mundo. Algunas diferencias fuimos descubriendo posteriormente, los indios americanos fueron más exterminados en las zonas dominadas por ingleses y tratados con mayor respeto en las zonas españolas, como prueba su existencia física en mayor número y porcentaje. Por supuesto los españoles llevaron enfermedades, virus, bacterias y represión a América, lo cual disminuyó brutalmente la población, de México por ejemplo.

Causa asombro que durante muchísimos años se hubiera extendido por todo el mundo que los ingleses, y franceses, fueran los fundadores y descubridores de EEUU para los europeos, -ya se supo que los vikingos y asiáticos entraron muchos años antes-. Los españoles parecía que habían limitado sus movimientos al Centro y Sur de América. Pocos libros, poco reconocimiento público, pocas películas… cuando la mitad de EEUU tiene señales españolas desde 1500, mucho antes que llegaran los ingleses. 




jueves, 20 de noviembre de 2014

El idioma español es un fenomenal activo

En esta época prestemos mayor atención y confianza a la posibilidad de globalización de nuestros activos, y el idioma español que ‘nos ha llovido del cielo’, es uno de los más importantes, tanto para el exterior como para el interior en sus aspectos económico, político, tecnológico, cultural… todos ellos atributos de poder blando.

Un activo muy importante que podría serlo más por su papel de cohesión interior, facilitando la construcción de un patriotismo democrático, del que estamos bastante necesitados si queremos construir una alternativa de futuro, lo cual sería el principal camino dadas sus posibilidades inclusivas, para resolver el encaje de separatismos.

La Fundación Telefónica presta atención al idioma español desde hace años y tiene un buen lote de estudios, en colaboración con Ariel, sobre su importancia en diferentes aspectos. Particularmente me sorprendió hace años el siguiente estudio genérico sobre ‘Valor económico del español’.

 El otro libro que destaco es ‘El español lengua de comunicación científica’, por la importancia que tiene en la sociedad del futuro, la educación, investigación, ciencia, su publicación y difusión como armas de penetración de la marca España… el mundo de las patentes y la selección de idiomas globalizadores de difusión mundial es una batalla encarnizada en la que el español ha perdido batallas importantes incluso dentro de la UE en donde el español está bastante atrás de su potencial. 

El cuadro siguiente sobre el peso de los hispanohablantes en el mundo procede de uno de sus trabajos cuya portada tienen al lado.









Sobre este asunto del idioma siempre hay que mirar al Instituto Cervantes y como para muchas otras cuestiones al Real Instituto Elcano. Su ‘Barómetro de la Marca España’ hay que tenerlo en cuenta, ahora BIE tras la cuarta oleada diciembre 2013. En 2014 el ‘Informe de presencia global’
   


Naturalmente no todo es Jauja, vean el siguiente artículo:

Este podría ser otro artículo laudatorio de la lengua española. Desde luego, es el activo más importante que tenemos, como así lo demuestra la desapasionada lectura de unas cifras que solo invitan al optimismo. De acuerdo con los informes que la Fundación Telefónica está realizando sobre el valor del español, la capacidad de compra que acumulan sus más de 450 millones de “usuarios” alcanza el 9% del PIB mundial; además, el idioma genera el 16% del PIB español y es un vehículo crucial de nuestra internacionalización: de este modo, compartir lengua multiplica por siete los flujos bilaterales de inversión directa exterior.
Sin embargo, la influencia del español en la comunidad internacional no hace justicia a estos números. Ciertamente, gracias ante todo a la presión iberoamericana —de donde procede el 90% de los hispanohablantes— es una de las lenguas oficiales en Naciones Unidas, pero es solo la tercera en uso y ni siquiera es idioma de trabajo de su Secretaría ni oficial en la Corte Internacional de La Haya, en beneficio de un francés claramente sobrevalorado. Por si fuese poco, el español ocupa el quinto lugar en la Unión Europa, desde donde —recordemos— en 1991 se intentó imponer sin éxito la comercialización de los teclados sin ñ.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

El idioma español en EEUU, como seña de identidad

Me permito publicar unos párrafos que he extractado del siguiente trabajo sobre el idioma español, por sí solos suficientemente optimistas y significativos. Una gran fuente de riqueza y poder blando que tenemos poco atendida en España. 

LA GLOBALIZACIÓN Y EL ESPAÑOL EN LOS ESTADOS UNIDOS COMO SEÑA DE IDENTIDAD AMERICANA
Doctora PURITY ADA UCHECHUKWU* bikere@hotmail.comUniversidad de Nnamdi Azikiwe, Awka, Nigeria. index l comunicación | nº 4 (2) | 2014

No sólo eso, el español paulatinamente se ha convertido en una parte integral de la identidad americana.

Este artículo explora el estatus del español en el mundo, su expansión en EE.UU. y cómo el español se ha convertido en una seña de la identidad americana. La desaparición de las fronteras entre los Estados Unidos y sus actuales vecinos hispanohablantes comenzó con la llegada y colonización de América por los españoles. En aquella época la mayor parte del sur de lo que hoy pertenece a los Estados Unidos eran regiones de la expansión española. La colonización española trajo la lengua del Atlántico y se hizo americana en detrimento de las lenguas autóctonas, que se calcula eran alrededor de trescientas.

Con las lenguas anglosajonas se señaló otra etapa en la globalización lingüística del continente americano. La convivencia de ambos idiomas –inglés y español– se reflejó no sólo en la primera constitución de California, escrita tanto en español como en inglés, sino también en el primer texto escrito en 1610 por Gaspar Pérez de Villagrá redactado en español según Lago (2008: 24).

Esa convivencia pacífica experimentó un cambio en 1885 por causas políticas. Es que casi cuarenta años después de la ocupación anglosajona de los estados del sur-oeste, la población hispana en esa región era de 100.000, frente a los 40.000 de la colonia inglesa.

Consiguientemente, y frente al incremento de la población hispana, los ingleses decidieron fortalecer la hegemonía del inglés y asegurar su poder en la región. Ésta tomó la forma de una ley, promulgada en 1894, que estipulaba que sólo las personas con conocimiento de inglés tenían derecho a voto (Espinosa, 1975; Azevedo, 2005). Resultó que las leyes y costumbres se adaptaron al inglés en desventaja del español.

Ya sabemos que se habla español en Europa, África, Centroamérica, Suramérica, el Caribe y, últimamente, en los Estados Unidos. Si añadimos el aumento global, en la cifra de personas no nativos que hablan la lengua, no es justificado incluirla en la misma categoría que el chino y el hindi.

Respecto a su rol internacional, el español no sólo es una de las cinco lenguas designadas oficiales de las Naciones Unidas, también es reconocido como uno de los idiomas que han logrado el estatus internacional por ser lengua franca en muchos países del mundo.

El español también justifica su ‘rol especial’ en el mundo, por ser lengua oficial en una totalidad de 21 países donde funciona como lengua comunicativa para todo tipo de intercambios.

El inglés ya no es la única lengua franca en la sociedad estadounidense, puesto que ya casi comparte con el español. Este cambio demográfico-lingüístico no implica el reemplazo de una lengua por otra, si bien “los Estados Unidos están casi en el límite de convertirse en un país hispánico” (Marcos Marín, 1994:10), según expresa un conjunto de factores emergentes.

Según Lipski (2010), el español es, en efecto, una lengua nacional de los Estados Unidos, aunque no goza de reconocimiento oficial (véase también Caffarel Serra, 2008: 19). No resulta sorprendente leer que hay “más ‘speak Spanish’ que en España” (Ruiz Mantilla, 2008) y eso no es sólo por el número de hispanohablantes, sino por el creciente interés en el aprendizaje de la lengua por parte de los no nativos.

Asimismo, Lago (2008) observa que la distribución geográfica de los hispanos ya no corresponde a la del Censo del 2002, ya que no se concentran exclusivamente en los estados del sudoeste como en el pasado. Últimamente se encuentran hispanohablantes en la totalidad del territorio nacional, hasta la frontera de Canadá. Por lo tanto, el cambio demográfico demanda la configuración de un nuevo mapa nacional (Lago, 2008: 25).

En el ámbito académico, las investigaciones de Furman, Goldberg y Lusin (2010), de las que provienen las estadísticas de la Modern Language Association of America sobre el aprendizaje de otras lenguas extranjeras (excepto el inglés) por estudiantes universitarios en EE.UU, subrayan el español como la lengua extranjera más estudiada en comparación con los principales idiomas europeos: alemán y francés. Abundando en el mismo asunto, el aumento de la promoción del español se refleja también en programas de español para el hablante de segunda generación: “Spanish as a Heritage Language” (SAHL), ofrecidos como seña de mantenimiento de origen e identidad

la fuerza económica, han sido descritos por Goldman Sachs Research Strategy (2007) como “the hispanization of the United States”. Lo que quiere decir que hay que contar con la población hispana en la sociedad estadounidense, como factor de crecimiento económico y a pesar de la voz escéptica de Huttington (2004a y b) y los esfuerzos de los movimientos anti-bilingües como US English.

Sin embargo, la situación lingüística actual es una “convivencia del español y el inglés […] las mismas consecuencias que observamos en todas las comunidades bilingües del mundo, sin que ni el español ni el inglés pierdan su integridad lingüística” (Lipski, 2010). Por lo tanto, la escena lingüística de convivencia de la época colonial se desarrolla de nuevo y pudiera acabar convirtiendo la sociedad estadounidense en el segundo país del mundo con más hablantes de español, si las proyecciones estadísticas se cumplieran, en el 2060 (véase Frey, 2012).

Pero como dice Vargas Llosa (2010), no sólo la lengua común unía a los hispanohablantes, sino que también hay denominadores comunes como creencias, valores, ideas, costumbres, mitos, formas artísticas e instituciones, y sentimientos que contribuyen a entrelazar a las personas con su lengua.

Y si consideramos lo dicho por Spolsky (1999: 181), que un idioma es un poderoso símbolo de la identidad, o Johnson (2000), que opina que si los latinos en los Estados Unidos independientemente de sus países de origen utilizan el español para identificarse, es que el idioma forma parte de su conciencia. Y renunciar al mismo, ya sea literal o simbólicamente, es renunciar a una dimensión importante y poderosa de su identidad personal y social (Johnson, 2000: 177). Claramente, el español actúa como el tejido vital que les enlaza lingüísticamente (Stavans citado en Saz, 2001: 225). Y este fenómeno de fusión de culturas distintas, incorporado en el español estadounidense, se aprecia también por logros en las formas artísticas como la literatura (Lago, 2013), lo que confirma que aun en tiempos de la globalización:

Así que por el efecto de la globalización y la desaparición de las barreras culturales, el español sigue ganando reconocimiento como lengua de identidad en EE.UU. y, en contraste con el inglés, ni provoca una segregación lingüística, ni impone su cultura de manera que resulte sometida la identidad de otras naciones (Gutiérrez Ramírez y Ariel Landeros, 2010: 96).

Al contrario, paulatinamente, el idioma pertenece al patrimonio del país, no sólo por el número de los hablantes, sino también por el entusiasmo con que los estadounidenses aprenden la lengua. Dicho entusiasmo se refleja también en las fiestas hispánicas, que ya constituyen una parte de la vida estadounidense, rompiendo las barreras culturales y demostrando que la lengua es vehículo de la cultura. Anualmente se rinde homenaje a esa seña de la identidad americana, tanto a niveles oficiales del gobierno federal, como del estatal. Las fiestas rinden homenaje especial a la tradición hispana.

Se celebra cada año la Semana Nacional de la Herencia Hispánica, del 15 de septiembre al 15 de octubre, que se inició en 1968 bajo el Presidente Lyndon Johnson. Poco a poco, la celebración ganó peso, tras su promulgación como ley en 1988. Los presidentes  entre los que se cuentan Nixon, Ford, Carter, Reagan, George H.W. Bush, Clinton, Bush, y Obama, emiten proclamas anuales en reconocimiento a las contribuciones de la población hispana. En EE.UU. se observan también los esfuerzos de algunos de ellos por emitir comunicados en español.

Añadimos las celebraciones del Cinco de Mayo, la fiesta del día de la Nacionalidad puertorriqueña en Nueva York, y la fiesta de la Calle Ocho en Miami; y se puede concluir que la identidad americana se entrelaza con el español, ya que todas las celebraciones demuestran la cultura de los países hispanohablantes y, por ende, de la lengua española.

Es importante también destacar la publicación de la Enciclopedia del Español en los Estados Unidos en 2008, por el Instituto Cervantes, que no sólo es un homenaje a esa mezcla de distintas variaciones regionales, sino que proyecta el orgullo de la herencia e identidad de los hispanohablantes en EE.UU.

La situación del español en EE.UU. nunca ha sido tan buena como en la actualidad. Y su reconocimiento como lengua global e internacional da un impulso a su difusión en Estados Unidos y en el resto del mundo.

La situación lingüística en la sociedad estadounidense ha acabado con el monolingüismo en este siglo. La lengua española ha logrado el puesto que


ninguna otra lengua de inmigrantes jamás ha alcanzado; ni siquiera el alemán, ni el francés ganaron tal difusión y aceptación, de tal manera que sus culturas y lenguas formen parte del patrimonio de la sociedad estadounidense, como ha conseguido el español.

El mapa no es del trabajo anterior,  procede de Laughing Squid,Edw Lynch


lunes, 17 de noviembre de 2014

Creció la desigualdad histórica. Diferencia EEUU y Europa. 3

Las conclusiones y gráficos se obtienen del siguiente trabajo:

TOP INCOMES IN THE LONG RUN OF HISTORY
Anthony B. Atkinson, Thomas Piketty, Emmanuel Saez
Working Paper 15408. http://www.nber.org/papers/w15408

El documento recoge conclusiones sobre estudios de la evolución de los ingresos más altos de porcentajes de población, en el largo plazo, puestos en relación comparativa temporal sobre 20 países, que suponen más de la mitad de la población mundial, aquellos que disponían de estadísticas sobre impuestos sobre la renta, por tanto de ingresos e impuestos, utilizando datos de  crecimiento económico, beneficios o ganancias empresariales, e índices Gini sobre desigualdad durante el siglo XX.

Los charts presentan en la mayoría de los países unas caídas pronunciadas en los ingresos más altos en la primera parte del siglo, debido a las revoluciones, guerras mundiales, y Gran Depresión. Las caídas no se recuperan durante una larga postguerra, en la que se desarrollan políticas socialdemócratas e instauran estados de bienestar. El estudio muestra que desde los años setenta se produce un nuevo cambio de tendencia consistente en aumentos continuados de los ingresos más altos, principalmente en los países de habla inglesa, India y China y en bastante menor medida en la Europa continental y Japón.

Desde finales de siglo, acelerando con la crisis, es cuando algunos países correspondientes a la Europa Continental, aumentan la velocidad de generación de las desigualdades, ingresos y rentas concentrados cada vez en mayor cantidad en menores manos, en España fundamentalmente, de la que insistiremos más adelante.


En el gráfico 2 llama la atención el diferente comportamiento del top 1%, con una profunda caída en la primera mitad de siglo y una fuerte escalada alcista en los últimos 40 años, son la gráfica correspondiente a los ingresos más elevados, por encima de unos 400.000 dólares de 2007, contrasta con la mayor estabilidad de los ingresos de clase media, top 5-1 ingresos entre 400.000 y 155.400 dólares y el top 10-5 con ingresos entre 155.400 y 110.000 dólares.

En el gráfico 4, correspondiente a los súper ricos a través del índice Gini global mundial, pone en relación la fracción de súper ricos de EEUU, definidos como el número de individuos con ingresos por encima de 20 veces la media mundial, dividido por el número de pobladores del mundo. La desigualdad mundial, según el índice global, parece que se reduce globalmente, mientras las desigualdades zonales y locales aumentan.

Muchas de las discusiones sobre desigualdad mantienen que globalmente, a escala mundial, se reducen fundamentalmente entendidas entre países. Lo cual siendo cierto, no puede tapar la realidad de que la desigualdad en muchos países, internamente, aumenta velozmente. Es lo que reflejan datos sobre la reducción de la pobreza mundial y los datos que aumentan de millones de personas que subsisten con salarios de uno o dos dólares por día.



En el gráfico 7A, datos sobre países de habla inglesa con un comportamiento similar que generan curvas en forma de U, gran caída, suelo y fuerte subida, en contraposición a la L que proyecta una gran caída y suelo sin un fuerte ascenso posterior, lo cual determina menor desigualdad: visible en gráfico 7B de países europeos cuyas curvas generan un dibujo en forma de L: en el gráfico 7C países cuyas curvas dibujan U y L,  incluida España que hasta 2005 dibujaba una forma de L estando en el grupo de países que habían logrado reducir la desigualdad. Hoy podemos aventurar que como consecuencia de la crisis la curva de la desigualdad ha subido velozmente marcando la U.

sábado, 15 de noviembre de 2014

Desigualdades históricas en Europa y EEUU. 2

Los siguientes gráficos son del trabajo de enero 2006, muestran en la primera mitad de siglo XX una fuerte caída de ingresos, de los más altos, y fuerte caída de retención de riquezas, como dice Piketty, probablemente por las guerras y Gran Depresión, incluyo luchas del movimiento obrero y comunismo como alternativa al capitalismo. Sin embargo en los últimos treinta años se invierte la tendencia y los ingresos de la parte más alta, en los que incluye gestores empresariales, crecen fuertemente, sobre todo en países de habla inglesa.

NBER WORKING PAPER SERIES 1195 THE EVOLUTION OF TOP INCOMES: A HISTORICAL AND INTERNATIONAL PERSPECTIVE. NATIONAL BUREAU OF ECONOMIC RESEARCH. Working Paper 11955.
Thomas Piketty, Emmanuel Saez. (http://www.nber.org/papers/w11955)



viernes, 14 de noviembre de 2014

Desigualdades históricas en Europa y EEUU

La realidad es diferente en unos países y otros. Y además cambia en el tiempo, aquella interpretación que tenía valor para ayer, hoy puede no tenerlo, lo que podría servir para interpretar la realidad de un país, puede no servir para otro, en ocasiones si encontramos tendencias válidas para gran número de países, a veces aparecen estudios que muestran rasgos generales que facilitan información válida para la sociedad global. En largos períodos históricos las cosas fluctuaron llegando a producir cambios de tendencia de largo plazo en la economía, y modificando las relaciones de poder político/económicas, que nunca fueron estables e inmutables, no es que en el pasado no se hiciera nada en la dirección correcta, es que los equilibrios de poder varían. 

Hoy atravesamos una época en la que el capital financiero se ha puesto al mando del conjunto del capital modificando las relaciones de poder existentes hasta hace pocos años en las que la democracia compartía el escenario con la economía de mercado, una de las formas del capitalismo. Estamos entrando en otra etapa diferente en la que parecen estar chocando ambos conceptos, democracia y capital financiero, exacerbando las desigualdades, que nunca serán exclusivamente económicas. (Sobre el capital financiero y cambios en las relaciones de poder en tiempos de crisis, escribí ‘El poder de los mercados. Y los españoles’)



 Vean movimientos de tendencias de largo plazo en charts tomados de trabajos sobre desigualdad de Thomas Piketty, autor de ‘El Capital del siglo XXI’ y uno de los más reputados investigadores del tema desde hace años, en colaboración bastante habitual con Emmanuel Sáez, y otros como F. Alvaredo y A.B. Atkinson. En los gráficos se observan algunas diferencias entre Estados Unidos y Europa, para ser más precisos entre algunos países europeos -y Japón- y los países de habla inglesa en los que se dan similitudes; existe una tendencia general de disminución de la desigualdad en el siglo XX que comenzó a cambiar fuertemente en los años setenta con distinta intensidad en unos u otros lugares, siendo más antigua y fuerte la creación de desigualdad en Estado Unidos y Reino Unido.

En las primeras figuras se aprecia un mayor descenso en las curvas correspondientes a países europeos, que en la de EEUU, crecientes desde 1810 con punto de inflexión en 1910 hasta 1970, la concentración económica redujo mayor poder en el conjunto de la población europea, por tanto refleja un aumento de la igualdad. En la figura 10.6, recoge comparándolas, las medias europeas y estadounidense, en ellas se aprecia el cambio de tendencia en los años setenta, con un ascenso más pronunciado de la desigualdad correspondiente a Estados Unidos, reflejado en el ascenso de las curvas por encima de las europeas. En ambos casos las tendencias fueron similares, pero más pronunciadas en EEUU y con un anterior comienzo de la nueva tendencia.


miércoles, 12 de noviembre de 2014

Cambios en la desigualdad, económica y política

A finales del siglo XIX el capitalismo se expande con fuerza en Occidente provocando oleadas de concentración de capital que acrecientan la desigualdad de aquellas sociedades. La pregunta que intentan responder todos los teóricos de la economía de entonces es, constatada la enorme producción que genera la industria, lo cual lleva aparejado gran concentración de riqueza, además ¿mejoran las condiciones de vida y trabajo de los obreros, en comparación con el mundo rural? ¿Mejoran con el transcurso del tiempo, por ejemplo como consecuencia de los avances en la productividad, en relación a cómo vivían hace cinco o diez años? ¿Mejoran en relación a los obreros y campesinos de otros países no industrializados?

Durante muchos años la descripción que hicieron Dickens y Engels sobre las condiciones de vida de los obreros industriales se impuso totalmente como generalización que aceptaban los economistas, llamemos socialistas, para determinar que la segunda mitad del siglo XIX serían años de miseria de la clase obrera. Sin embargo, un reciente y extraordinario gran libro por muchas razones, ‘’La gran búsqueda. Una historia de la economía’’ de Sylvia Nasar, editorial Debate, 1ª edición española de octubre de 2012, demuestra que en aquellos tiempos las preguntas anteriores tenían respuestas diferentes, en estadísticas y estudios era comprobable el aumento calidad de vida de sectores obreros, que algunos economistas no recogían.

Aceptada las mejoras, una posible explicación tendría relación con los aumentos de productividad que producía la revolución industrial, y la concentración obrera creadora de sindicatos y partidos cuyas luchas arrancaban mejoras. También ayudó la colonización y explotación imperialista de otras regiones del mundo, lo que permitió durante mucho tiempo trasladar a Occidente plusvalías y riquezas de otras regiones que permitieron vivir a los trabajadores occidentales mejor que los del resto del planeta, al estar situados en los primeros eslabones de la cadena imperialista.

En todo caso, en Occidente, la desigualdad cae desde 1910, son años de fuerte desarrollo del capitalismo europeo y norteamericano y de expansión comercial mundial e imperialista, cuya colonización del tercer mundo permitía obtener materias primas a bajos precios, al tiempo son años de luchas consolidación del movimiento obrero y sindical, de revoluciones y revueltas, incluida la Revolución Rusa en 1917, cuya influencia será notable en propulsar políticas de igualdad occidentales al aparecer siempre como sistema alternativo. Desde  la  finalización de la II Guerra Mundial hasta los años setenta se produce el mayor desarrollo social y menores desigualdades, tanto económicas como políticas, influenciado por la reconstrucción de guerra, por la movilización que supuso millones de personas combatiendo por defender patrias y patrimonios que no eran los suyos, por su regreso y exigencias, con el comunismo triunfante, al lado como ganador de la guerra. 























Thomas Piketty, ‘El Capital en el S XXI’, Ed. Seuil, del que procede el gráfico, sostiene que se está produciendo una redistribución de ingresos desde trabajadores y clases medias hacia los dueños del capital. En el chart se muestra que el total de los patrimonios privados de Alemania, Francia y Reino Unido cuyo valor estaba entre el 600 y 700 por ciento del ingreso nacional, entre seis y siete veces la renta nacional, en el período 1870/1910, cae a partir de entonces para situarse entre dos y tres veces la renta anual en los años 50 volviendo a crecer con fuerte velocidad a partir de los setenta, para estar en 2010 situados entre cuatro y seis veces. La tesis que mantiene Piketty es que la desigualdad aumenta porque la riqueza privada de los ricos, la acumulación de capital, crece más rápidamente que la riqueza país; entendido como el PIB, o la renta nacional. Dicho de otra forma, la parte de la riqueza que genera el trabajo, la productividad, la tecnología… se va más rápidamente y en mayor cantidad, a manos privilegiadas que distribuida al conjunto de la población.


En este sentido la crisis económica en Europa ofrece constantes pruebas en esa dirección, se está produciendo una redistribución de la riqueza desde los países del sur al norte, desde los sectores productivos a los financieros, y desde las llamadas clases medias y trabajadores, -obreros fabriles y trabajadores de servicios, autónomos, pymes, jubilados- hacia los dueños del capital.

lunes, 10 de noviembre de 2014

Pasó el 9-N. El camino a la secesión continúa

En un ambiente festivo, sin incidentes notables, y sin grandes impedimentos por parte del Estado, según datos de los organizadores de la consulta, un millón setecientos mil catalanes votaron a favor de la independencia. Un millón ochocientos mil, según otras fuentes.
Algunas primeras impresiones del día después.

    1)   Cataluña tiene un censo electoral de unos cinco millones y medio de personas, considerando los mayores de 16 años que han sido integrados en esta consulta, de los cuales algo menos de un tercio ha votado independencia.
   
    2)   La votación ha transcurrido sin represión manifiesta del Estado, se podría decir que ha existido una gran tolerancia –quizás pactada- para que fuera celebrada sin incidentes que hubieran podido provocar otra escalada en el conflicto. Contrasta demasiado lo festivo y las facilidades, con las marchas de las mareas ciudadanas que hemos visto por Madrid rodeadas de policías intimidatorios, o las celebradas en Barcelona por movimientos de indignados apaleados por la policía, - antes de que todo movimiento quedara subsumido en el proceso independentista-, o las movilizaciones antidesahucios siempre hostigadas policialmente, etc.

   3)   Un pequeño incidente protagonizado por fachas, claramente anecdótico no ayuda a los defensores de la continuidad unionista. Quizás haya que ir sacando a la luz la represión contraria que empieza a extenderse, sería ridículo ocultar o no querer verlas represiones de independentistas a unionistas, ataques a locales de partidos, socialistas y Ciudadanos, escraches por pensar distinto, marginación profesional y social de los no independentistas, señalamiento que empieza a existir por listas y encuestas…

   4)   La oposición del Estado se ha movido en el terreno legal, dejando puertas abiertas a los otros poderes catalanes maniobrar y seguir adelante con la consulta, entendida como acto sin consecuencias jurídicas, pero permitiendo que tuviera consecuencias políticas. La movilización del entramado independentista ha continuado funcionando con total normalidad, y en ese entorno ha encontrado una salida digna el presidente Mas y CiU.

    5)   La consecuencia política más clara ha sido visualizar que una gran cantidad de catalanes, en torno a un tercio, han votado a favor de la independencia, mostrando el proceso secesionista que una gran parte de ellos, ya se consideran fuera de España, imposible de reconducir su camino.

   6)   Otra consecuencia del proceso es visualizar que la sociedad catalana está partida; no es verdad que una gran mayoría quiera la independencia y solo una minoría la rechace. Contraponer las cifras de movilizaciones masivas en las Diadas, o consulta, a las movilizaciones visualizadas contrarias al proceso no determinan las proporciones de cada campo. La consulta, que era uno de los grandes objetivos por los que se ha trabajo a pleno rendimiento, ha movilizado menos síes de los esperados, un tercio de la población. Lo cual es mucho, pero no amplia mayoría.

   7)   Causa enorme asombro el silencio del Estado español, fundamentalmente Gobierno Rajoy e instituciones, no hayan realizado una campaña de pedagogía política favorable a la continuidad de la relación Cataluña-España, y se hayan limitado desde hace dos años a referirse casi exclusivamente al impedimento legal de la secesión dejando un vacío emocional y argumental que fue rellenado por el movimiento soberanista.

   8)   Desde el año 2012 la cifra de personas que apoyan la independencia de Cataluña se ha doblado, en un entorno español inmerso en las crisis económica, política, ética… en el que apenas se escuchaban o leían manifestaciones que discutieran los argumentos esgrimidos por el movimiento independentista en gran parte soportados en mentiras, en razones neoliberales, muchos de ellos xenófobos, y arropados por la creencia mágica de que la independencia resolvería todos los problemas, de todos los catalanes.

   9)   Mucho menos visible ha sido escuchar o leer argumentos que intentaran seducir a los catalanes y españoles para convencerlos de convivir como mejor solución de futuro y ello al margen de encajes legales, fueran federales o confederales. Realmente el problema de fondo, es la construcción del deseo, de una querencia de común de convivencia que fuera aceptado por amplias mayorías de ciudadanos que en muchas ocasiones se sienten excluidos socialmente.


La vida sigue y el proceso continúa, y sin duda en algún momento del mismo tendrá que haber una consulta, referéndum, legal. Las salidas hoy son difíciles de visualizar, entre otras razones porque se ha esperado demasiado tiempo y las posiciones se han consolidado en estos dos años entre cientos de miles de personas, lo cual provoca rupturas por todas partes. La cocina mental de cada individuo ha tomado postura durante el proceso y cuando esto ocurre, casi todo lo que un individuo lee, ve, entiende, escucha… se moverá solo en el entorno de su decisión y tomará y aceptará solamente aquello que sirva para defenderla y reafirmarla, tenderá a rechazar todo aquello que esté en otra dirección y le suponga cuestionar su postura. Modificar una decisión política-ideológica requiere un enorme esfuerzo prácticamente imposible de realizar a corto plazo.

viernes, 7 de noviembre de 2014

La desigualdad crece en España. 2

Hablar de desigualdad es hablar de riqueza y de pobreza. Y de exclusión social. Aunque los conceptos no tengan igual significado, en la vida real aumentar la desigualdad significa que gran parte del crecimiento social es apropiado por unos pocos que concentran en sus manos ingentes cantidades de riqueza que detraen del resto de población, así riqueza y pobreza son dos caras de la misma moneda. La pobreza es un concepto a usar de forma relativa, naturalmente no son iguales los pobres de un país que los de otro, ni los de épocas históricas comparados a los actuales.

Muchos pobres en las sociedades occidentales no viven con los mismos niveles de miseria que los africanos, la pobreza se puede medir en relación a mínimos vitales para vivir un ser humano, pero al hacerlo no solo en general sino en una sociedad determinada se tienen en cuenta unos estándares de vida del conjunto de la población. (Vean definiciones en el cuadro, tomado del informe citado antes, de la OCDE sobre España). Aparece el concepto de exclusión social cuando muchas personas son apartadas de la vida normal, excluidas por no poder llegar a mínimos estándar de millones de sus conciudadanos, como consecuencia de la pobreza, el paro, las enfermedades… y por los recortes sociales que apartan del camino a los más débiles, niños, ancianos, enfermos dependientes, por la precarización de salarios y pensiones,… y también por la falta de derechos. Todo ello suele generarse en una sociedad desigual.



Al tiempo de salir el informe de la OCDE, la OIT publicó otro sobre España -recomendando subidas salariales como forma de estimular demanda, crecimiento, y eliminar pobreza-. El gigantesco paro español, es una de las causas centrales del problema de exclusión social, seis millones de personas no encuentran trabajo y se hacen todo tipo de malabarismos con las cifras para reducirlas, pero no para crear trabajos dignos que no se encuentran. Cuando algunos consiguen un empleo, es inestable, parcial y precario, así las condiciones salariales no son suficientes para salir del camino que conduce a la pobreza. Sigue cayendo la cifra de horas totales trabajadas como consecuencia de abordar electoralmente el problema, cambiar un empleo de ocho horas, por varios de una, dos o tres horas, solo eleva momentáneamente la cifra de trabajadores, pero baja el número total de horas trabajadas. Se está produciendo la sudamericanización de España, que ha iniciado un camino de atraso considerable, siendo además la situación, generadora de inseguridad, tensiones y conflictos.

Desde comienzos de la crisis en España, hay más personas sin trabajo durante mayor tiempo y cada vez más familias sin coberturas sociales. El gasto público aumentó en el año 2009 para frenar posteriormente mientras las personas necesitadas aumentaban… El país sigue en paro, sin perspectivas de crecimiento, los brotes verdes están marchitos, agotados, sin ofrecer creación de empresas comparable a otros países, sin planes globales de empleo, -que solo serán posibles y efectivos con un gran pacto nacional, tipo Acuerdos de la Moncloa-, un país con una deuda del 100% un déficit anual de 60.000 millones de euros -46.000 millones hasta agosto- por insuficientes ingresos fiscales y sin contención de gasto corriente en las administraciones públicas en las que siguen coexistiendo miles de empresas públicas, pagos de intereses de la deuda de 35.000 millones, … un país así no permite vislumbrar salidas a la pobreza y desigualdades.




jueves, 6 de noviembre de 2014

La desigualdad crece en España

Hablaremos de desigualdades mientras esperamos la inminente publicación en español del libro de Pikkety, ‘Capitalismo en el siglo XXI’, creo que por el Fondo de Cultura Económica. Muchos estudios e investigadores sociales destacan con gran preocupación el retroceso que se está produciendo en los índices de igualdad y la tendencia generadora de grandes zonas internas de pobreza, como aspectos esenciales del cambio de época que estamos viviendo en España. 

Otros investigadores que se dedican desde hace muchos años a estudiar estos asuntos en el mundo sostienen que la crisis que comenzó por las hipotecas subprime –burbuja inmobiliaria y de crédito- y la contaminación mediante ingentes cantidades de derivados, realmente se cebó por las desigualdades que comenzaron a producirse en EEUU desde los años setenta.

La tesis que sostienen, es que millones de trabajadores estadounidenses fueron perdiendo poder adquisitivo desde los años setenta, mientras los ricos se apropiaban de mayor riqueza generada a consecuencia de los aumentos de productividad que producía la revolución tecnológica, como consecuencia aumentaron las desigualdades. Millones de trabajadores eran desplazados hacia abajo en los niveles de renta, y otros muchos expulsados del mercado laboral y de vivienda, por lo que millones de familias fueron inundadas de créditos para mantener los niveles sociales de consumo que permitieran la paz social.

La crisis está haciendo estragos entre los españoles y una de las cuestiones que más indigna, todavía en sectores minoritarios, es que está agravando aceleradamente la desigualdad. España había logrado reducir desigualdades en las últimas décadas, la etapa democrática consiguió avances exitosos en cultura, educación, sanidad, pensiones, prestaciones sociales… salario social en conjunto, que redujo los índices de desigualdad, un éxito que ahora se está lapidando con una regresión acelerada a tiempos pretéritos o lugares lejanos.

Del último informe de la OCDE sobre España destacan estos peligrosos datos: De las figuras 11, España es el país con mayor desigualdad en el año 2012, medida bajo el Coeficiente de Gini referido a renta disponible. En la figura B muestra que España ha sido el segundo país que mayor variación sufrió respecto a aumentar la desigualdad durante la crisis, 2007/2012.






martes, 4 de noviembre de 2014

Las desigualdades. Una pandemia recorre el mundo

La desigualdad económica se ha convertido en la enfermedad social de nuestro tiempo. Las diferencias en la distribución de la renta y de la riqueza dentro de nuestros países alcanzan niveles similares a los del periodo de entreguerras del siglo pasado. Estamos viviendo una segunda Gilded Age, una nueva época dorada en la que creación de riqueza y desigualdad van de la mano.
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Aunque el retorno de la desigualdad es común a todas las economías, la investigación de Piketty permite identificar diferencias significativas entre ellas. Por un lado, los anglosajones, con EE UU a la cabeza. Por otro, los países nórdicos y centroeuropeos en los que la desigualdad ha aumentado, pero de forma más moderada. En tercer lugar, los países del sur, como España, donde sin llegar a los niveles de los primeros es muy superior a los segundos. Todas son economías capitalistas, pero con diferencias tan significativas que permiten hablar de distintos sistemas capitalistas dentro del capitalismo.
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¿Nos debe preocupar la desigualdad? Quizá la señal más reveladora de su gravedad es ver cómo instituciones nada sospechosas de arrebatos anti sistema como el FMI, el Banco Mundial, la OCDE, Financial Times, The Economist, Mckinsey, Morgan Stanley, Standard & Poor's o Credit Suisse están alzando su voz para advertir a los gobiernos de las consecuencias de la desigualdad. Cuando, por así decirlo, los “intelectuales orgánicos” del capitalismo manifiestan este dramatismo es que algo va mal en el sistema.
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En todo caso, ¿por qué la democracia no frena el crecimiento de la desigualdad?
En principio, la democracia es el sistema político mejor dotado para que los ciudadanos puedan obligar a los gobiernos a tener en cuenta el interés general. La razón es que en democracia cada persona tiene un voto. Hay igualdad política. Y como los perjudicados por la desigualdad son mucho más numerosos que los que se benefician de ella, se podría pensar que sumarán sus votos para castigar a los gobiernos cuyas políticas incrementen la desigualdad.
Pero no es así. Al contrario, hay evidencia en estos años de que los gobiernos no sufren castigo electoral por este motivo. ¿Cómo explicar esta paradoja? Podemos plantear tres hipótesis.
Primera: porque la desigualdad económica produce desigualdad política. La desigualdad de renta y riqueza descapitaliza políticamente a los pobres. Hace que sus votos pierdan influencia. Si medimos la igualdad política en términos de capacidad de acceso al poder, vemos que los políticos son más sensibles a las preferencias de los ricos que a las de los pobres.
Segunda: los pobres, y en particular los excluidos, tienen poca propensión a votar, o no votan. Se autoexcluyen políticamente.
Tercera: las élites consiguen desviar la atención sobre la desigualdad. A lo largo de la historia vemos que cuando la desigualdad se agudiza, el discurso político introduce preocupaciones como el nacionalismo, el miedo a los inmigrantes o cuestiones religiosas de gran carga emocional para los pobres. La política populista sustituye a la política democrática.
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Llegados a este punto, ¿cómo reducir la desigualdad?
Podríamos pensar que los impulsos acabarán viniendo desde arriba. Las preocupaciones de las instituciones a las que hecho referencia acabarán surtiendo efecto. Surgirá un egoísmo inteligente, o un sentimiento compasivo de los ricos que favorecerá la reducción de la desigualdad. Es bonito, pero es improbable. …
Una alternativa más plausible es fortalecer la democracia. Pero, ¿cómo?
Volvamos la vista atrás. ¿Cómo se logró en los años de postguerra acabar con la Gilded Age? Fortaleciendo la igualdad política. Mecanismos como el sufragio universal, instituciones sociales de control, salarios mínimos, liberalización de mercados cartelizados, nuevas oportunidades para los de abajo crearon un nuevo contrato social que dio lugar a tres décadas de relativa igualdad. Los mejores años de nuestras vidas. El miedo a repetir los errores de la Gran Depresión y la II Guerra Mundial actuó como un facilitador de ese New Deal. La colaboración de conservadores y socialdemócratas le dio soporte político y estabilidad.
¿Puede ahora el miedo a las consecuencias de la desigualdad económica ser un acicate para un nuevo contrato social y político que fortalezca la democracia y reduzca la desigualdad? Esperemos que así sea.
Antón Costas es catedrático de Economía en la Universidad de Barcelona.