lunes, 24 de septiembre de 2018

La secesión nunca pretendió una revolución (2)


‘’…pero las revoluciones, sobre todo para sus creyentes o entusiastas, son también mucho más que eso: son explosiones colectivas de protesta, con aspectos trágicos pero también festivos, que sustituyen el orden social y político existente por otro basado en principios como libertad, igualdad y justicia’’. José Álvarez Junco, ’Las revoluciones entenderlas o adorarlas’.

El independentismo no pretende cambiar el orden social y político existente por otro, el process nunca fue diseñado para sustituir la jerarquización social catalana, ni la propiedad de los activos, el gran cambio pretendido es hacer absoluta su soberanía, manteniendo el sistema, pero gobernado en su totalidad por ellos, sin injerencia exterior, creando fronteras, y expulsando lo español del que consideran su territorio, su finca particular. Nadie dijo nada sobre sustituir a élites dominantes en las instituciones catalanas fueran deportivas, culturales, empresariales, mediáticas, productivas, comerciales… para dar paso a los manifestantes de las Diadas a dirigir esas instituciones. Nadie propone repartir riquezas, modificar la estructura productiva, colectivizar los medios de producción públicos y/o  privados, ni se pretende nacionalizar los servicios públicos, ni siquiera se habla de tomar el control de las autopistas cuya concesión ya caducó hace años, no es este el objetivo.

 Entre las más altas élites económicas hay diferencias por mitad, respecto al proceso secesionista, -la relación con la UE es fundamental- que encuentra su mayor apoyo en las clases medias altas, y de apellidos catalanes, disminuyendo a medida que bajan las rentas y aumentan los apellidos castellanos, lo cual es coincidente, élites, triunfadores, representantes sociales… son apellidos catalanes. Aunque más de la mitad de los catalanes, nacidos allí, tiene apellidos castellanos, las élites políticas se concentran en lo catalanista, con una extrema sobre-representación social, Alejandro Macarrón ofrece un dato: “Como anécdota (o categoría) a destacar, los cinco apellidos más comunes en Cataluña son García, Martínez, López, Sánchez y Rodríguez. Entre el 8% y el 9% de la población catalana desde 1980 tiene uno de estos cinco primeros apellidos. Pero ninguno de los 102 diferentes consellers del gobierno catalán desde 1980 ha tenido ninguno de ellos como primer apellido, y sólo dos tienen un segundo apellido de esta lista de cinco apellidos principales”

Algunos hijos de familias burguesas, tradicionalmente participan en puestos dirigentes, pero en general los nuevos militantes, modernos pijos protegidos por el dinero público, son abogados y economistas, arquitectos, ingenieros, nuevas profesiones tecnológicas, curas y cargos eclesiásticos y de colegios religiosos, añadan, cargos de la administración y empresas públicas, periodistas en radiotelevisión y prensa, industriales y comerciantes medianos, propietarios de tierras en mayor número que grandes industriales, comerciantes y financieros… En las experiencias fascistas europeas, tanto en Italia, como en Alemania y España, la capacidad de ejercer el poder político y represivo apoyado por movilizaciones masivas, incorporó nuevos protagonistas en las relaciones de poder, y entonces como ahora, piden su parte de poder económico constituyéndose como nuevo grupo de élite entre las clases medias altas. El ascenso de cuadros medios en la estructura de mando independentista es visible en ANC, Ómnium Cultural, en la multiplicidad de organismos y asociaciones vinculadas al proceso, o en instituciones como Generalitat, Parlament, Ayuntamientos, Congreso de los Diputados…

Las grandes corporaciones financieras, industriales y comerciales son más europeístas en sus intereses, por tanto más dependientes de los mercados internacionales, y estos hoy empujan hacia el apoyo a la UE, aunque es visible el interés de una parte de los poderes geopolíticos por debilitar Europa, -Rusia, Trump, ultranacionalistas europeos-, lo cual lograría la secesión. Aunque en grandes empresas haya ejecutivos independentistas, tradicionales o modernos, pueden mostrar simpatía a la causa para mantener el equilibrio, o bien se someten a las presiones políticas para apoyar en cuanto ven peligrar su posición por campañas mediáticas contra ellos. Pero, cuando la cosa se pone seria, son los grandes fondos de inversión, los gestores de las bolsas mundiales como Wall Strett, o los fondos europeos, quienes influyen en las grandes corporaciones, -Caixa Bank, Sabadell, Seat, etc.-

No existe una clara postura en torno a la independencia del conjunto de la patronal catalana. No parecen apostar por una secesión real, por un país independiente al margen de la Unión Europea, aunque sí contemplan obtener ventajas fiscales y de posicionamiento en nuevas situaciones negociadoras que facilita el proceso, por lo que el juego de apoyos puede estar abierto. El proceso no nació como revolución, no se construyó con tal objetivo, el principal interés explicitado de la autodeterminación, desde el inicio y con  mayor intensidad que cualquier otro, en mayor número de documentos y por el mayor número de colectivos, fue el que puede sintetizar la idea de ‘el dinero de Cataluña que se quede en Cataluña’. Esta idea se difundió con consignas como ‘España nos roba’, ‘Somos una colonia’ ‘Cataluña paga demasiados impuestos’, etc.

       
Los trabajos de Kiko Llaneras en los tres cuadros aquí presentados son expresivos de que los mayores independentistas tienen rentas más altas, que coincide que son obtenidas, en mayor proporción, por nativos catalanes con abuelos catalanes, -menos de la mitad de la población catalana-. Dicho de otra forma el catalanismo que defiende la independencia, tiene gran parte de sus élites entre los viejos apellidos catalanes que al mismo tiempo son los ricos del territorio. Otros estudios dan resultados similares, con la salvedad de que subiendo hasta arriba de la escala económica, entre los más ricos, no existe apoyo mayoritario.

miércoles, 19 de septiembre de 2018

El proceso de secesión no es una revolución. (1)


        ‘’Una revolución es la toma del poder político de forma violenta y rápida, sin respetar las leyes vigentes que produce transformaciones profundas y duraderas en el orden jerárquico, la distribución de las riquezas y las instituciones de una sociedad… ‘’
José Álvarez Junco, ‘’Las revoluciones entenderlas o adorarlas’’. Claves 254.


Muchos individuos que vivieron los estertores del franquismo, algunos desde el activismo de la extrema izquierda, otros que simplemente lo soñaron, apoyan la autodeterminación de Cataluña en la creencia de que están ante una revolución, imaginan aquellas sobre las que leían o les contaban sus amigos en los años sesenta y setenta; aunque, extrañamente ésta no tiene costes, ni aparente violencia, es festiva y cercana a una romería familiar en su representación externa, no en su organización represiva, y dirigida desde los poderes fácticos catalanes, que incluye la burguesía catalana, aquella que formó parte del bloque de poder golpista, guerra-civilista y franquista hasta hace poco.

Bajo el síndrome de Peter Pan, ensoñación de la eterna juventud, aquellos viejos activistas de izquierda radical creen que el mundo actual continúa siendo el mismo que aquel en que vivieron y soñaron, y ahora imaginan que ellos vuelven a ser protagonistas de la historia. Otros actúan como si en España viviéramos en el franquismo permanente después de 40 años, lo cual es sencillamente de locos, de dementes seniles, políticamente hablando.

Soñadores revolucionarios hay variados, al menos de cuatro tipos: los hay  viejos antifranquistas con cierto grado de frustración, los hay maduritos de vida acomodada que nunca lucharon de forma que comprometiera su futuro, pero que se quejan de todo resultado, hay jóvenes que solo conocen esta sociedad democrática en la que vivimos pero han escuchado o leído sobre utopías y sueñan con aventuras triunfantes, los grupos anteriores tendrían como referencias libertarias y revoluciones comunistas,  socialistas/marxistas algunas de corte anticolonial. También existen creyentes en revoluciones que traerían el hombre nuevo, fascista, son un cuarto grupo. Creen que las movilizaciones en Cataluña les acercan a un soñado objetivo revolucionario que entonces no vivieron, -sí vivieron el anti franquismo, no la revolución-. 

Desde entonces, la ilusión revolucionaria fue destruida por la realidad en aquellos lugares del mundo donde se creyeron triunfantes, Rusia, China, Este de Europa, Sudeste asiático, Cuba, Venezuela… Hoy ese sentimiento difuso de utopías se envuelve en el concepto democracia, bastante alejado de aquellas teorías de la revolución, y lo adhieren a las movilizaciones catalanas que están siendo utilizadas por mucha gente, dentro y fuera de Cataluña como bálsamo rejuvenecedor.

Lo que sucede en Cataluña, cambiar una parte en la estructura de poder, se asemeja más a un golpe de Estado, que no siempre son ejecutados de forma violenta, sobre todo cuando nadie opone resistencia como ha ocurrido hasta ahora. –Sucedía en el pasado, por ejemplo: Primo de Rivera, no necesitó prácticas violentas ya que no encontró resistencia en septiembre de 1923-. Lo que está ocurriendo no es una revolución, no producirá transformaciones profundas y duraderas en el sistema productivo, ni en las relaciones de desigualdad, la autodeterminación no pretendió ni por un momento modificar la propiedad de los medios de producción, tampoco provocará nueva distribución de las riquezas; los propietarios de activos, tierras, inmuebles, fábricas, medios de transporte… seguirán siendo los mismos.

En cuanto a producir transformaciones profundas y duraderas en el orden jerárquico, tampoco serán visibles para los trabajadores, estudiantes, jubilados, pequeñas empresas, autónomos, o los poderes económicos… Sin embargo es en este apartado en el que se pueden producir mayores cambios, incluso algunos no deseados por quienes iniciaron el proceso, aquellos individuos y grupos independentistas que no recibían apoyo superior a un 20% durante muchos años podrían ser desplazados. Hasta que llegó la crisis y un conjunto de factores empezó a sumar adeptos a la lucha por una posible autodeterminación pintada como solución a todos los problemas de todos los catalanes.

La élite política que se está constituyendo durante el proceso de secesión de los últimos años, no coincide con la del pasado histórico, no solo hay nombres nuevos, también hay intereses nuevos, y no aparece ligada tanto como antaño a las élites económicas catalanas. Es verdad que sin financiación adecuada este proceso no hubiera podido mantenerse en el tiempo, ni crecido hasta representar casi la mitad de la población, el baño de dinero inicial ha sido determinante para darle impulso, aunque puede estar abriéndose una etapa en la que los dirigente políticos cobren autonomía momentánea respecto al poder económico.

Aquello sí fue una revolución. Entre la mitad del siglo XVI y el siglo XVIII, una revolución hizo su aparición en Europa, grupos de ilustrados, recogiendo tradiciones filosóficas y avances anteriores eclosionaron en doscientos años y rompieron con la historia anterior abriendo múltiples campos a un pensamiento laico, enfrentado a los poderes religiosos y políticos, gentes con conocimientos científicos, humanistas y filósofos, comenzaron a explicar el mundo, la naturaleza y el ser humano dentro de ella, sin necesidad de utilizar dioses ni recurrir a poderes mágicos. La búsqueda y explicación de la naturaleza y del ser humano fuera del corsé que imponían las religiones, permitieron avances enormes en las fuentes de producción de alimentos y de elementos materiales, el pensamiento científico permitió reducir enfermedades y atemperar el dolor, se produjo un gran salto adelante que remedió grandes miserias humanas, una revolución cambió la vida de la humanidad, la Ilustración.

Un elemento fundamental guiaba la filosofía y los estudios, el pensamiento laico y humanista, buscaba explicaciones y soluciones a los problemas entronizando al ser humano como soberano. La Revolución americana –declaración de independencia en 1776- y posteriormente la Revolución francesa –declaración de derechos del hombre y ciudadano en 1789- convirtieron el pensamiento ilustrado en pensamiento político y social situando desde entonces en el frontispicio del pensamiento de los progresistas ideales de libertad, igualdad y fraternidad, -o solidaridad- como patrones que guiaran la actuación de los individuos en su camino hacia una revolución.

viernes, 14 de septiembre de 2018

Gasto público: Una medida del estado federal


El grado de gasto público de un estado y su distribución territorial, puede considerarse una medida de descentralización que en cierto sentido mide la cualidad federal de ese estado,  entendida como la atribución de soberanía que comparten diferentes territorios con distintas administraciones públicas gobernando en ellos.  A pesar de los cabreos que se originan diariamente, que para algunos justifican la conveniencia de una desmembración del estado para dirigirlo hacia una federación, la realidad concreta que ofrecen los estudios es que España es un estado federal, comparable con otros estados federales en cuanto atribuciones cedidas a los territorios, las CCAA,  tiene una estructura particular con algunas deficiencias, como la financiación, etc. y el Senado que habrá que reconvertir ya, en Cámara Territorial donde diriman sus diferencias los territorios y no siempre en peleas bilaterales con el Gobierno Central, mas propio de una confederación que de federación. 

Los dos cuadros proceden de: ‘El gasto público en España en perspectiva comparada: ¿Gastamos lo suficiente? ¿Gastamos bien? publicado por Santiago Lago peñas y Jorge Martínez-Vázquez en la revista Papeles de Economía Española núm. 147 del año 2016. En el primer cuadro, (Gráfico 10) la comparación se realiza para el período 1995-2012, entre España y los países europeos de la OCDE, que prácticamente son la UE, entre ellos hay algunos federales como Alemania, Bélgica, Austria. El gasto público total como porcentaje del PIB imputable a gobiernos subcentrales –territoriales- españoles se encuentra sobre el 25%, mientras en el caso de gobiernos subcentrales europeos representa un 15%. El segundo cuadro (Gráfico11) compara gastos de los gobiernos subnacionales, territoriales, por funcionalidad y como porcentaje del PIB. Para hacerlo sencillo pueden mirar solo la cifra expresada para 2011, barra azul completa, pero merece detenerse en los componentes de gasto, testimonian un catálogo de atribuciones que tienen los territorios tales como: educación, sanidad, orden público, cultura, protección social, medio ambiente, vivienda, lo cual es una muestra de soberanía cedida/compartida.

En España a comienzos del siglo XXI por encima del 40% del gasto público total lo gestionaban los territorios, que pasaría a ser un porcentaje superior al 50%, si excluyéramos la Seguridad Social del cómputo Central, supone un 27% del total, la Administración Central gasta un 23%, sin S.S. El componente mayor del gasto público son las pensiones que paga el Estado central.  Las CCAA concentraban en 2001 la mitad del empleo público,  el 70% si se excluye la Seguridad Social. ‘Mediterráneo Económico, núm. 10, Cajamar.  ‘Un análisis comparado del gasto público autonómico’. J.M. Domínguez, R. López del Paso y N. Rueda. Y ante esto, ¿qué hacemos, destruimos todo lo realizado, autodeterminamos todos los territorios y comenzamos como si estuviéramos en la Edad Media a crear una república federal? ¿No parece un poco estúpida la idea?

Lo progresista es luchar contra la reacción que representa el nacionalismo, contra políticas y objetivos que hunden sus raíces en la xenofobia, en el tribalismo; lo progresista es no apoyar poner fronteras, contra políticas lingüísticas que condenan a los catalanes de segunda fila, antes emigrantes constructores de Cataluña, a ser marginados de los puestos de representación y responsabilidad. Lo progresista es luchar contra las injusticias cometidas a diario, contra gente que ocultan, por el mero hecho de no apoyar la independencia y son desterrados socialmente. Progresista es luchar contra la credibilidad generada por los independentistas, contra los dogmas que difunden los poderes soberanistas y defender la igualdad de derechos para toda la ciudadanía. Progresista es luchar antes de que sea tarde contra el tradicionalismo, el nacionalismo y el fascismo que se está instalando tras la cortina de la independencia.

Canta Raimon, ‘D’un temps, d’un país’:

Lejos de recuerdos inútiles
Y de viejas pasiones
No iremos a la zaga
De antiguos tambores.

jueves, 30 de agosto de 2018

Los independentistas solo quieren independencia

Los independentistas no quieren compartir, ni autonómico ni federal, solo pretenden la soberanía absoluta, con la que sueñan como si estuviéramos en el siglo XVII, hoy la soberanía compartida es la única posible, en el siglo XXI en un mundo globalizado, intercomunicado, interdependiente, y máxime en Europa, nadie tiene soberanía absoluta, los indepes llegaron tarde en sus pretensiones. Un altísimo porcentaje de leyes y normas españolas son acuerdos compartidos con la UE, no son imposiciones de Europa, puesto que formamos parte de su elaboración, nadie en su sano juicio acepta hoy otra forma de soberanía que no sea compartida, salvo ellos.

Dice el 30-08-2018  'La Vanguardia'

No se contentarán con ventajas porque se consideran el pueblo elegido, al modo de Israel, y creen, tienen fe, en que este es su momento. La mayoría independentista creyó que había llegado la hora de la independencia, por fin tendrían el poder absoluto, lo cual supone no compartir nada de soberanía. Los podemitas se equivocan cuando hablan de proponer la soberanía compartida con la que pretenden aplacar la fiera nacionalista. La soberanía compartida es lo que existe ahora en el estado federal que es España, mejorable sin duda, pero no desdeñable como federal. La soberanía compartida está reconocida constitucionalmente y en las leyes europeas, con la UE y la eurozona compartimos soberanía nacional. La soberanía compartida también es la ejercitada por la Generalitat y Parlament, a diario desde hace muchos años, la ejercitan en la enseñanza, sanidad, orden público, etc. etc., por eso en los atentados de agosto 2017 aparecieron ante el mundo como un estado, mientras el Estado quedaba tras el telón. -Incluso fabricando una nueva teoría de la conspiración muy similar a la que puso en marcha la extrema derecha tras los atentados de Madrid-.

El franquismo creó anticuerpos españolistas, necesarios en la lucha contra la dictadura, pero que mantenidos hoy muestran una carencia de racionalidad muy poco progresista, dichos anticuerpos son alimentados permanente por la excluyente derecha, pero no solo es su responsabilidad, las izquierdas han regalado la Constitución a la derecha, las izquierdas han regalado España y su historia a la derecha españolista. Y se han echado en los brazos de nacionalistas periféricos, católicos, racistas y supremacistas, sin poner en cuestión los argumentos ideológicos que fundamentan la independencia, y eso es parte de la batalla política y forma parte de las soluciones políticas.

No es justificable, no puede ser progresista, el diferente comportamiento hacia los nacionalismos periféricos, mayor simpatía cuando se trata del catalán y vasco que el mostrado ante los mismos hechos reaccionarios protagonizados por otros sectores, no tiene justificación la tolerancia hacia opiniones xenófobas y acciones opresoras y represivas realizadas por nacionalismos periféricos en sus territorios. Si reprimir por mostrar banderas cuatribarradas era condenable, también lo es cuando se persigue y queman otras banderas, si denunciable era la opresión hacia la lengua catalana, del mismo modo será cuando se trate de represión a la lengua española. Y no lo duden existe en la sociedad y enseñanza en Cataluña.

Últimamente parece que todo se mueve, el Estado se defiende, pero solo es la superficie. Lo fundamental es convencer a decenas de miles de jóvenes de que la secesión no es revolucionaria, ni más democrática, ni más progresista, que una España constitucional a la que hay mucho que mejorar, pero no destruir. Convencer implica razonar, escuchar y leer viejos teóricos de uno y otro lado, no dar por buenas las consignas y clichés a favor de la independencia, no se puede apoyar el nacionalismo y la xenofobia del independentismo basado profundamente en una búsqueda constante de diferencias raciales, por múltiples intelectuales y políticos, del pasado y actuales. Nunca debió considerarse progresista el apoyo a políticas basadas en la xenofobia, ni antes, ni mucho menos ahora, precisamente hoy que los científicos se cuestionan hasta la existencia de las mismas razas como concepto.

Cualquier política a desarrollar debe contener como básico convencer a mucha gente de que España no solo son los individuos y tópicos que los indepes manejan, también somos usted y yo, sus amigos y colegas, y centenares de miles de ciudadanos progresistas actuales, y la clase obrera catalana, que no se ve por ninguna movilización indepe, -además de secuestrada su palabra por algunos caudillitos-; la huelga general catalana de noviembre 2017, como de costumbre, las movilizaciones en las calles y carreteras son mayoritariamente de jovencitos y funcionarios, pocos obreros industriales en uno de los territorios más industrializados de España.  Lo principal será convencer de que los españoles no solo fueron Franco y Mola, también Azaña y  Giner de los Ríos, Tuñón de Lara, y los ilustrados y los republicanos del XIX y del XX, y la Institución Libre de Enseñanza, y el enorme movimiento anarquista y los socialistas y comunistas y los luchadores antifranquistas y los demócratas  de antaño y los actuales; jóvenes no solo hay en las calles de Cataluña, también están en las universidades y en el paro y trabajando y otros muchos  están por el mundo, o por Badajoz o Zamora…

lunes, 20 de agosto de 2018

Vuelta y revuelta. Lo fundamental es convencer

‘’Podemos aventurar como regla general que cuando un uso o una creencia no tienen mejor argumento a su favor que sus raíces tradicionales, su antigüedad real o supuesta, pertenece al orden del capricho o del fanatismo, pero nunca de la cordura. Las buenas leyes y los sentimientos de utilidad pública siempre pueden justificarse racionalmente, sea nuestro interlocutor blanco, amarillo o negro’’. Fernando Savater. ‘El jardín de las dudas’, Editorial Planeta 1993.

Alguna vez deberían pensar ¿qué hubiera ocurrido si la Seat se hubiera instalado en Valencia, o Almería? ¿Y si la petroquímica tarraconense, se hubiera instalado en el Sur en 1966?  No hubiera habido necesidad de tantas migraciones masivas y otro país menos desigual hubiera sido España. Los grandes dictadores del siglo XX fueron apoyados principalmente por catalanes y vascos, sin los cuales no hubieran triunfado, ellos pagaron sus servicios. Dirigían el crédito hacía Cataluña al igual que sus 'recomendaciones' de inversión, además de apoyos directos por aranceles y desgravaciones, por suministro de mano de obra barata, y creación de carreteras y redes ferroviarias, marítimas y aéreas, creación de infraestructuras de comunicaciones, agua, electricidad… si era preciso construidas en las fronteras aragonesas para servicio catalán. Ahora me cuentan élites soberanistas –alimentadas por sueldos públicos- que Franco mandó andaluces a colonizar Cataluña, ¡¡¡qué vergüenza!!! Y más vergonzoso que muchos individuos progresistas permanecieran callados.

Puedo entender lo nacionalista, pero mi confusión aumenta si me dicen que apoyar a independentistas es de izquierdas, (Asquerosa traición la proclama del líder de UGT poniendo la prioridad de la actuación del sindicato en la defensa de golpistas) nunca creí que fuera progresista la idea de lo de cada uno para sí y ¡a los demás que los den por saco! Siempre consideré la solidaridad como un principio progresista, redistribuir era una de las formas de reducir desigualdades; en los estados federales suele realizarse a través de los impuestos y transferencias inter-regionales, como aquí. Además las desigualdades se reducen favoreciendo inversiones y créditos para desarrollar infraestructuras en las zonas más desfavorecidas y realizando políticas económicas de interconexión territorial. El movimiento por la independencia quiere dejar de compartir y poner fronteras. Lo suyo para ellos. Me confunden, y ¿Qué es lo suyo?, sus impuestos. Y sus riquezas y las tierras y caminos, ¿de quienes serán en particular?, ¿la mitad de los catalanes no indepes tienen derechos en el reparto? ¿en una república catalana sus propietarios las repartirán entre todos?, ¿Contribuirán con sus impuestos para reducir desigualdades? Creerlo es una broma que hundirá más a quienes hoy lo creen.

Lo triste, desde la óptica de izquierdas, es ver los apoyos que recibe el procés por parte de antiguos colegas de la izquierda radical antifranquista seducidos por el independentismo, que abrazan su propaganda sin pestañear, mudos ante la corrupción del partido gobernante durante años en Cataluña, ante las injusticias que cometen los independentistas a diario sobre la mitad de la población, ante comportamientos fascistoides, separación y señalamientos a quien no sigue los dictados, silencio ante las bases teóricas supremacistas que conforman el movimiento independentista, mudos ante la colaboración de las élites catalanas nacionalistas con el franquismo, muchos de cuyos hijos y nietos conforman los cuadros del secesionismo, mudos ante la tradición carlista una de las bases del movimiento, hoy incorporada en el independentismo, el ‘España nos roba’, ‘Cataluña una colonia’, o ‘los impuestos para quien los genera’

Resulta patético comprobar cómo el nacionalismo ha logrado abducir a tantos emigrantes y viejos activistas por la libertad, la igualdad y fraternidad, hasta incorporarlos a su narración y propaganda y acercarlos a la ideología fascista sin percatarse de ello. Con muy poquito derrumbaron su endeble andamiaje ideológico, sustentado en letanías y clichés de antiguas lecturas que los impidieron hacer análisis concreto de la realidad concreta, lograron su apoyo simplemente porque luchaban contra el PP y un imaginario franquismo.

Las políticas proteccionistas a la industria catalana fueron habituales desde Carlos III,  generaron riqueza para sus burgueses, por caros contratos exclusivos para vestir a los ejércitos y haciendo pagar altos precios al resto de españoles, castellanos y andaluces, extremeños y murcianos, pagaban mayor importe por los paños catalanes porque los gobiernos de entonces dejaban, con altos aranceles, fuera de España la competencia extranjera que tenía precios más baratos. Se beneficiaba a unos en perjuicio de otros, dicho de otra forma, parte de los recursos de aquellos españoles se desviaban para que los acumulara la burguesía catalana. –Según Jesús Laínez, Gabriel Tortella en su libro ‘Cataluña en España. Historia y mito’ cifra en el equivalente a 500.000 millones de euros actuales, lo pagado de más por los españoles, solo en el siglo XIX a la industria catalana, suponiendo que las compras se hubieran realizado a los ingleses.

Los impuestos en España, en Madrid y Cataluña, gravan a las personas, no a los territorios, su recaudación señala que la concentración de ricos que viven en Madrid y Barcelona es muy grande, accionistas y empresarios residentes allí, cobran rentas de empresas que en gran parte obtienen sus beneficios en el resto de territorios, desde bancos a fábricas de coches. La pregunta debe ser ¿está bien o mal que paguen impuestos? porque ya dudo de casi todo. Y si está bien que paguen impuestos, no me hagan creer que lo correcto es que los invierta el estado en su barrio. Eso es lo que piden los teóricos del independentismo, no una, ni dos, sino miles de veces...

Desde luego cualquier solución pasa por mantener una acción constante por los valores ilustrados, la libertad, igualdad y solidaridad, sin emprender esta lucha cualquier solución no será tal, sino remiendo por un día. Se trata de convencer sobre la superioridad de unos valores laicos, ilustrados sobre otros basados en la magia y los privilegios de unos, sobre falsos pasados idealizados o presentes en los que Cataluña es más libre, igualitaria que nunca en la historia. 

El estado federal no les place, prefieren la independencia. No atienden órganos comunes, típico del federalismo, para resolver problemas, todos unidos voluntariamente en un común. Ellos practican ya la confederación, tratar de tú a tú al estado, se olvidan del resto de autonomías o estados federales españoles. Los independentistas ya se han ido de España, solo aceptan negociar entre estados iguales, Cataluña y España. 

Extractos de 'El proceso de secesión no es progresista'
La primera parte: 'El proceso de secesión no es democrático'