El 2 de mayo escribía el crítico de cine Carlos Boyero, una columna en El País de la que extracto el comienzo.
‘Música’ de CARLOS BOYERO 02/05/2010
''Hace unos días me convocaron ante la gran pantalla de un cine para ver el primer capítulo de una serie concebida para la televisión, en una pantalla adecuada a las condiciones de tu casa y de tu economía. Voy a ese preestreno con la misma ilusión que me acercaría a la segunda parte de El Padrino, después de haber constatado el genio de Coppola en la primera. Se titula Treme, la produce HBO y lleva la firma de un tipo llamado David Simon. O sea, palabras mayores. ¿Qué quién es este hombre? El creador de la serie The wire, la mejor película que he visto en esta década. Cine complejo y grandioso, que además dura 60 horas, sumando las cinco temporadas, un antídoto infalible contra el aburrimiento, la soledad o la desventura.''
Mostrando entradas con la etiqueta The wire. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta The wire. Mostrar todas las entradas
martes, 11 de mayo de 2010
miércoles, 28 de abril de 2010
Hiyab y David Trueba
No se a ustedes pero a mi los Trueba, me aportan ‘gasolina para la vida’, imágenes, música, textos, ideas. David Trueba, que escribe desde cerca, (igual sensación tengo con Elvira Lindo), tocaba una buena tecla en su columna de El País para cuando se tratara de opinar sobre asuntos complejos y enrevesados, (y el hiyab lo es), citaba a un maestro, Rafael Azcona.
'Hiyab'DAVID TRUEBA 27/04/2010
Tuve un maestro que me abrió la cabeza cuando más falta me hacía. Se llamaba Rafael Azcona e impartía su magisterio entre risas de sobremesa con la humildad de quien se sabía muchas más veces en el error que en el acierto. Un día me dijo: "Cuando tengas dudas, cuando sobre un asunto no sepas a ciencia cierta qué opinar ni qué pensar, espera a saber lo que dice la Conferencia Episcopal y haz lo contrario". Pero claro, cuando llega el momento de tener opiniones contundentes sobre todo lo divino y lo humano, como demanda esta sociedad histérica y poblada de jueces vocacionales, por más columna que te sostenga, uno tiene dudas.
Los noticiarios de televisión tratan el caso de la joven Najwa Malha y la prohibición de dejarla asistir al instituto con hiyab y por una vez hay que felicitarlos, porque contribuyen a la pluralidad y el enriquecimiento del debate. He ahí un asunto que tiene la importancia de los grandes asuntos, porque provoca sensaciones diversas y cualquier opinión puede ser razonable.
Me pareció maravilloso que algunas de sus compañeras de clase acudieran en los días siguientes con pañuelo, porque de jóvenes solidarios es sumarse siempre al más débil. Y en el fondo me encanta que en el debate participen los chavales, porque es hora de que se les exponga a la complejidad de la vida futura. Hasta que llegó Martínez Camino, portavoz de la Conferencia Episcopal, y terció en el debate para bendecir que los símbolos religiosos ocupen la esfera pública.
Entonces supe que era preciso respaldar al consejo escolar del instituto de Pozuelo, que tiene derecho a regir sus aulas y tomar decisiones por feas que sean. Y aunque la vicepresidenta De la Vega considera que el asunto no constituye ningún problema social, no estaría de más tener presente que muchos problemas sociales nacen de la manía de lavarse las manos cuando toca afrontarlos. No hay que cambiar leyes ni ampliar prohibiciones, pero la escuela es un ámbito de autoridad razonada, que educa a los niños en límites. Y esos límites no harán peor su vida futura, sino que reafirmarán su libertad personal de adulto, cuando decidir sea una tarea diaria sin papá ni Estado ni cole por medio.
Ya que estamos, además en dia de futbol del que también es muy aficionado, no me resisto a volcar otra columna con su opinión sobre un placer que compartimos, ‘The wire’.
'Literatura'. DAVID TRUEBA 18/02/2010
En los últimos días han presentado novela en España dos autores norteamericanos: Dennis Lehane y Richard Price. A la hora de popularizar su obra las adaptaciones al cine han jugado un papel fundamental. El primero es el autor de las novelas en que se basan Mystic river, la película de Clint Eastwood, o la última de Scorsese, que se estrena mañana. El segundo ha sido adaptado por el mismo Scorsese o Spike Lee. Pero ambos en los últimos tiempos son reconocidos por haber participado en los guiones de la serie de HBO, emitida aquí por TNT, The Wire. El creador del monumento televisivo fue el periodista David Simon, un tipo que logró hacer creíble la peripecia de traficantes de drogas, políticos y policías en la ciudad de Baltimore. The wire, aunque no fue un éxito de audiencia en casi ningún país, significa una cumbre entre las series de ficción televisivas. Sus 60 episodios en cinco temporadas se guardan y se consumen como un tesoro que para muchos alcanza la calidad de un Balzac, con la narración certera y poderosa del mundo actual.
En el consumo audiovisual casi frenético, con opciones para disfrutar de casi todo el producto norteamericano, se nos olvida que detrás de la mejor ficción casi siempre emerge la calidad literaria. Algo tan desprestigiado como la palabra escrita es el fundamento de la mejor apuesta visual. Para escribir una serie de altísima calidad, David Simon recurrió a historias reales, investigación periodística y profesionales de la escritura como Price, Lehane o George Pelecanos, acostumbrados a alquilar su teclado al cine o la televisión. Esa letra bien escrita es la que le da a la música de The wire una categoría especial. Por encima de apuestas más consumidas y premiadas, como Perdidos, que acaba de empezar a emitir su última temporada para placer de adictos, y que explota los recursos del entretenimiento, la tensión y la capacidad de sorpresa, aprendidos más entre palomitas que en la experiencia vital. No roza la altura literaria, el poso y la increíble verosimilitud de ejemplos como The wire.
'Hiyab'DAVID TRUEBA 27/04/2010
Tuve un maestro que me abrió la cabeza cuando más falta me hacía. Se llamaba Rafael Azcona e impartía su magisterio entre risas de sobremesa con la humildad de quien se sabía muchas más veces en el error que en el acierto. Un día me dijo: "Cuando tengas dudas, cuando sobre un asunto no sepas a ciencia cierta qué opinar ni qué pensar, espera a saber lo que dice la Conferencia Episcopal y haz lo contrario". Pero claro, cuando llega el momento de tener opiniones contundentes sobre todo lo divino y lo humano, como demanda esta sociedad histérica y poblada de jueces vocacionales, por más columna que te sostenga, uno tiene dudas.
Los noticiarios de televisión tratan el caso de la joven Najwa Malha y la prohibición de dejarla asistir al instituto con hiyab y por una vez hay que felicitarlos, porque contribuyen a la pluralidad y el enriquecimiento del debate. He ahí un asunto que tiene la importancia de los grandes asuntos, porque provoca sensaciones diversas y cualquier opinión puede ser razonable.
Me pareció maravilloso que algunas de sus compañeras de clase acudieran en los días siguientes con pañuelo, porque de jóvenes solidarios es sumarse siempre al más débil. Y en el fondo me encanta que en el debate participen los chavales, porque es hora de que se les exponga a la complejidad de la vida futura. Hasta que llegó Martínez Camino, portavoz de la Conferencia Episcopal, y terció en el debate para bendecir que los símbolos religiosos ocupen la esfera pública.
Entonces supe que era preciso respaldar al consejo escolar del instituto de Pozuelo, que tiene derecho a regir sus aulas y tomar decisiones por feas que sean. Y aunque la vicepresidenta De la Vega considera que el asunto no constituye ningún problema social, no estaría de más tener presente que muchos problemas sociales nacen de la manía de lavarse las manos cuando toca afrontarlos. No hay que cambiar leyes ni ampliar prohibiciones, pero la escuela es un ámbito de autoridad razonada, que educa a los niños en límites. Y esos límites no harán peor su vida futura, sino que reafirmarán su libertad personal de adulto, cuando decidir sea una tarea diaria sin papá ni Estado ni cole por medio.
Ya que estamos, además en dia de futbol del que también es muy aficionado, no me resisto a volcar otra columna con su opinión sobre un placer que compartimos, ‘The wire’.
'Literatura'. DAVID TRUEBA 18/02/2010
En los últimos días han presentado novela en España dos autores norteamericanos: Dennis Lehane y Richard Price. A la hora de popularizar su obra las adaptaciones al cine han jugado un papel fundamental. El primero es el autor de las novelas en que se basan Mystic river, la película de Clint Eastwood, o la última de Scorsese, que se estrena mañana. El segundo ha sido adaptado por el mismo Scorsese o Spike Lee. Pero ambos en los últimos tiempos son reconocidos por haber participado en los guiones de la serie de HBO, emitida aquí por TNT, The Wire. El creador del monumento televisivo fue el periodista David Simon, un tipo que logró hacer creíble la peripecia de traficantes de drogas, políticos y policías en la ciudad de Baltimore. The wire, aunque no fue un éxito de audiencia en casi ningún país, significa una cumbre entre las series de ficción televisivas. Sus 60 episodios en cinco temporadas se guardan y se consumen como un tesoro que para muchos alcanza la calidad de un Balzac, con la narración certera y poderosa del mundo actual.
En el consumo audiovisual casi frenético, con opciones para disfrutar de casi todo el producto norteamericano, se nos olvida que detrás de la mejor ficción casi siempre emerge la calidad literaria. Algo tan desprestigiado como la palabra escrita es el fundamento de la mejor apuesta visual. Para escribir una serie de altísima calidad, David Simon recurrió a historias reales, investigación periodística y profesionales de la escritura como Price, Lehane o George Pelecanos, acostumbrados a alquilar su teclado al cine o la televisión. Esa letra bien escrita es la que le da a la música de The wire una categoría especial. Por encima de apuestas más consumidas y premiadas, como Perdidos, que acaba de empezar a emitir su última temporada para placer de adictos, y que explota los recursos del entretenimiento, la tensión y la capacidad de sorpresa, aprendidos más entre palomitas que en la experiencia vital. No roza la altura literaria, el poso y la increíble verosimilitud de ejemplos como The wire.
Labels:
ARTE,
Personajes,
REVISTA D PRENSA,
The wire,
tv-cine
domingo, 10 de enero de 2010
Se terminaron las fiestas.
Que largas son y que pesadas resultan a veces. Pero bueno, hablemos de regalos. Imagen y sonido. En mi caso, coinciden en este tramo anual, el cumple, santo y las fiestas.
Me gustan las series americanas, recuerdo muy gratamente algunas cortas de hace tiempo, pero de pocos años a esta parte son diferentes, han dado un salto de calidad, seriedad, cantidad y artístico. Hay un plantel extraordinario de series que sustituyen al gran cine americano de hace décadas. Los guionistas son la clave, trabajan en equipos, han perdido peso los autores individuales, tipo directores, (aunque en el cine americano las películas estaban realizadas por equipos mas que por individuos, salvo excepciones y en algunos casos los autores eran mas productores que directores), ahora en las series cambian y mezclan directores y guionistas cada varios capítulos.
Las historias resultan creíbles a pesar de lo increíbles de algunas pero en su desarrollo y diálogos consiguen la magia de que el espectador se identifique, metiendo sentimientos y emociones universales y mezclando vida cotidiana y aventura. Su calidad de imagen, interpretación, dirección, guión, decorados, vestuario, etc. es en numerosas ocasiones superior a la cinematográfica.
En muchas de ellas, corales, aparecen personajes típicos de este tiempo que vivimos en occidente, personajes minoritarios y plenamente instalados en la sociedad para bien y para mal, altamente creíbles. Me refiero a gays, lesbianas, mujeres empresarias, policías, separadas, adoptados, huérfanos, trabajos raritos, pero reales, problemas sociales, políticos, problemas emocionales de toda la vida, la variedad de tipos y situaciones es enorme, muy superior a lo que reflejan otras series o pelis de otros países.
Las series al ser corales aprovechan para meter diversidad de personajes e historias, de tal forma que consiguen sumar espectadores diferentes que se acoplan o apuntan a unos u otros personajes, que prefieren unas historias a otras, pero que encuentran diversidad y posibilidad de elección e interiorización de personajes.
Todas estas series tienen una rapidez endiablada en la sucesión de acontecimientos y diálogos. Ocurren muchas cosas en poco tiempo, pero con el sistema de mezclar historias de personajes distintos, consiguen que el tempo se frene por momentos, porque entre cada historia hay paréntesis, para el espectador que se ha identificado y preferido una de las vías propuestas, así tendrá momentos de descanso de reflexión, mas propio del público europeo, mientras salen otras historias.
Me gusta ver un apartamento y que lo sea de verdad, que sea habitable, no que se vea falso, decorado, me gustan las calles o bares, oficinas o dependencias policiales que sean reales. Si alguien cruza al fondo, o hay gente que comen al lado, me encanta ver que realmente hacen eso, que no se vean impostados. Esta es una tradición del cine norteamericano, de sacar las cámaras a la calle. Aspectos que suelen fallar en las series de otros países.
Polis y políticos corruptos era una tradición del cine norteamericano, son los primeros que yo veía de niño, (luego los vi al natural, estaban cerca de todos nosotros) y eran malos, en las versiones actuales son perversos pero mezclados con buen corazón familiar, o con bestialidad y amorosos. Los gays los hay como no podía ser de otra manera, buenos, malos y regulares, asesinos y normales, con cualquier profesión y comportamiento, triunfadores o perdedores.
En The wire, la mejor, aparecen algunos de estos personajes, ladrones, drogadictos, hampones, negros, violentos y con sexualidad preferente masculina. Yo me he cogido otra temporada. Tardaron tiempo en traer una nueva y hace dos meses entraron la 3ª y 4ª. Como ya he dicho, me parece genial, los problemas de la sociedad actual, los muelles en Baltimore, la ciudad, la corrupción y la necesidad de vivir, los sindicatos y la especulación inmobiliaria, el paro y la facilidad de la droga para vivir.
Tambien he cogido otra temporada de ‘El ala oeste de la Casa Blanca’. Gran serie, que muestra los entresijos de la política. Todo se negocia con todos, los presupuestos, las inversiones, los capítulos de las leyes, las declaraciones, las acciones militares…Hay liderazgo que arrastra y toma decisiones, pero siempre basadas en trabajos de equipos, que existen a todos los niveles, tienen sus tareas y sus responsabilidades Todos los individuos y grupos tienen intereses en la sociedad actual, por tanto todos opinan y defienden sus intereses, en cualquier sitio sobre cualquier tema.
Para mi la serie es un canto al trabajo político de colectivos y a la negociación al diálogo. Siempre hay que negociar con los tuyos o con los otros, hay que encontrar elementos comunes a ambas posturas, en ocasiones vencer pero no recuerdo aplastar al adversario, supongo que la serie acabaría.
Otra cosa ha sido la música. Mientras en las imágenes hay un claro avance que puede estar al mismo nivel que mis antiguas películas, en las voces no opino lo mismo. Este año me decanté por las nuevas jazzwoman, Diana Krall, Esperanza, Madeleine Peyroux, Lizz Wright. Por supuesto cantan bien, pero todo es muy acaramelado, las voces y estilos me suenan parecidas entre sí, con mucha importancia de las músicas. No creo ocupen el lugar de mis antiguas Billie, Ella, Sarah, Nina, Lena Horne, Carmen Mc Rae, Dinah Wahington.
He descubierto una voz que no conocía, italiana, Pietra Montecorvino, buena, pero tampoco me hace olvidar otras voces, como Mina, aunque intentaré seguirla. Sí acerté repitiendo una voz antigua, muy particular, Tom Waits. No me defraudó el último directo.
Me gustan las series americanas, recuerdo muy gratamente algunas cortas de hace tiempo, pero de pocos años a esta parte son diferentes, han dado un salto de calidad, seriedad, cantidad y artístico. Hay un plantel extraordinario de series que sustituyen al gran cine americano de hace décadas. Los guionistas son la clave, trabajan en equipos, han perdido peso los autores individuales, tipo directores, (aunque en el cine americano las películas estaban realizadas por equipos mas que por individuos, salvo excepciones y en algunos casos los autores eran mas productores que directores), ahora en las series cambian y mezclan directores y guionistas cada varios capítulos.
Las historias resultan creíbles a pesar de lo increíbles de algunas pero en su desarrollo y diálogos consiguen la magia de que el espectador se identifique, metiendo sentimientos y emociones universales y mezclando vida cotidiana y aventura. Su calidad de imagen, interpretación, dirección, guión, decorados, vestuario, etc. es en numerosas ocasiones superior a la cinematográfica.
En muchas de ellas, corales, aparecen personajes típicos de este tiempo que vivimos en occidente, personajes minoritarios y plenamente instalados en la sociedad para bien y para mal, altamente creíbles. Me refiero a gays, lesbianas, mujeres empresarias, policías, separadas, adoptados, huérfanos, trabajos raritos, pero reales, problemas sociales, políticos, problemas emocionales de toda la vida, la variedad de tipos y situaciones es enorme, muy superior a lo que reflejan otras series o pelis de otros países.
Las series al ser corales aprovechan para meter diversidad de personajes e historias, de tal forma que consiguen sumar espectadores diferentes que se acoplan o apuntan a unos u otros personajes, que prefieren unas historias a otras, pero que encuentran diversidad y posibilidad de elección e interiorización de personajes.
Todas estas series tienen una rapidez endiablada en la sucesión de acontecimientos y diálogos. Ocurren muchas cosas en poco tiempo, pero con el sistema de mezclar historias de personajes distintos, consiguen que el tempo se frene por momentos, porque entre cada historia hay paréntesis, para el espectador que se ha identificado y preferido una de las vías propuestas, así tendrá momentos de descanso de reflexión, mas propio del público europeo, mientras salen otras historias.
Me gusta ver un apartamento y que lo sea de verdad, que sea habitable, no que se vea falso, decorado, me gustan las calles o bares, oficinas o dependencias policiales que sean reales. Si alguien cruza al fondo, o hay gente que comen al lado, me encanta ver que realmente hacen eso, que no se vean impostados. Esta es una tradición del cine norteamericano, de sacar las cámaras a la calle. Aspectos que suelen fallar en las series de otros países.
Polis y políticos corruptos era una tradición del cine norteamericano, son los primeros que yo veía de niño, (luego los vi al natural, estaban cerca de todos nosotros) y eran malos, en las versiones actuales son perversos pero mezclados con buen corazón familiar, o con bestialidad y amorosos. Los gays los hay como no podía ser de otra manera, buenos, malos y regulares, asesinos y normales, con cualquier profesión y comportamiento, triunfadores o perdedores.
En The wire, la mejor, aparecen algunos de estos personajes, ladrones, drogadictos, hampones, negros, violentos y con sexualidad preferente masculina. Yo me he cogido otra temporada. Tardaron tiempo en traer una nueva y hace dos meses entraron la 3ª y 4ª. Como ya he dicho, me parece genial, los problemas de la sociedad actual, los muelles en Baltimore, la ciudad, la corrupción y la necesidad de vivir, los sindicatos y la especulación inmobiliaria, el paro y la facilidad de la droga para vivir.
Tambien he cogido otra temporada de ‘El ala oeste de la Casa Blanca’. Gran serie, que muestra los entresijos de la política. Todo se negocia con todos, los presupuestos, las inversiones, los capítulos de las leyes, las declaraciones, las acciones militares…Hay liderazgo que arrastra y toma decisiones, pero siempre basadas en trabajos de equipos, que existen a todos los niveles, tienen sus tareas y sus responsabilidades Todos los individuos y grupos tienen intereses en la sociedad actual, por tanto todos opinan y defienden sus intereses, en cualquier sitio sobre cualquier tema.
Para mi la serie es un canto al trabajo político de colectivos y a la negociación al diálogo. Siempre hay que negociar con los tuyos o con los otros, hay que encontrar elementos comunes a ambas posturas, en ocasiones vencer pero no recuerdo aplastar al adversario, supongo que la serie acabaría.
Otra cosa ha sido la música. Mientras en las imágenes hay un claro avance que puede estar al mismo nivel que mis antiguas películas, en las voces no opino lo mismo. Este año me decanté por las nuevas jazzwoman, Diana Krall, Esperanza, Madeleine Peyroux, Lizz Wright. Por supuesto cantan bien, pero todo es muy acaramelado, las voces y estilos me suenan parecidas entre sí, con mucha importancia de las músicas. No creo ocupen el lugar de mis antiguas Billie, Ella, Sarah, Nina, Lena Horne, Carmen Mc Rae, Dinah Wahington.
He descubierto una voz que no conocía, italiana, Pietra Montecorvino, buena, pero tampoco me hace olvidar otras voces, como Mina, aunque intentaré seguirla. Sí acerté repitiendo una voz antigua, muy particular, Tom Waits. No me defraudó el último directo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)