domingo, 26 de octubre de 2014

Cataluña independiente. Relaciones con Europa

Una primera mirada basada en datos nos servirá para ver de dónde venimos y donde estábamos al comienzo del siglo. En el cuadro de Convergencia de las CCAA con la UE, 1980-2001, se muestra para los años 1980 y 2001, período democrático anterior a la crisis actual, el nivel relativo de riqueza PIB per cápita de las CCAA en relación con la Unión Europea, reducida, antes de la ampliación a 27 –hoy 28-. La comparación pues será con  UE-12 en 1980 y UE-15 en el año 2000, estableciendo la media de la UE en 100. En el año 1980 ninguna Comunidad española de las 17 llegaba en PIB per cápita a la media europea, lo que sí hacen en el 2001  cinco de ellas entre las cuales está Cataluña y otras cinco más crecen y se aproximan a los valores que tenían las avanzadas de 1980. Quedan rezagadas en la cola, Extremadura y Andalucía, seguidas de Castilla-La Mancha y Galicia. Entre medias en la zona fría algo más templadas, Canarias, Castilla, Asturias y Murcia.

                       
 ‘Lecciones de economía española’ VVAA. Directores, José L. García Delgado y Rafael Myro. Thomson, Civitas. 7ª ed. 2005





La mayor operación de solidaridad de la historia Crónica de la política regional de la UE en España. José Luis Gonzalez Vallvé Miguel Ángel Benedicto Solsona. Comunidades Europeas, 2006

La UE no puede despojar a los ciudadanos de sus derechos de forma unilateral. Por lo tanto, Cataluña y España seguirán siendo miembros de pleno derecho de la UE.
Asamblea Nacional Catalana. Razón núm. 14

Lo dijo Blas, punto redondo, los independentistas determinan y deciden, no les cabe pensar que quizás las leyes que conforman la Unión Europea -500 millones de habitantes la UE, de los cuales 300 millones son la eurozona- no les permitan tener razón. Europa no despoja a los ciudadanos catalanes de sus derechos, en el caso de una secesión, son los independentistas quienes lo hacen, son ellos quienes toman la decisión unilateral de salirse de España, por tanto despojan a los ciudadanos catalanes de los derechos eurocomunitarios. España es el estado firmante de los tratados de la UE, la eurozona, Schengen… los catalanes son europeos, políticamente hablando, en tanto son españoles, ciudadanos del estado firmante, no existen territorios miembros, sino Estados firmantes de los tratados. La idea de salirse de España, comporta salir de Europa, para luego volver a solicitar la entrada negociando los acuerdos de asociación que decidan, es como poco, estrambótica. Salir para luego volver a entrar, romper una situación queriéndola reconstruir poco después, ¿Y si la nueva situación encontrara dificultades que retrasaran varios años la solución ideal? Y si no fuera posible ¿quien se responsabilizaría y en qué manera?

La adhesión de un nuevo socio representaría modificar los tratados existentes por lo que requeriría la aprobación por unanimidad de los estados firmantes, por lo tanto no cabe la ilusión de salir Cataluña de España y por tanto de la UE y eurozona y seguir, una vez fuera como nuevo estado dentro, perteneciendo de pleno derecho a la UE. Es un absurdo. En un trabajo del año 2000, Andrés Ortega y José M. Areilza,  ‘Excisión y Permanencia en la Unión Europea’, ‘Prospectia’, realizaron una prospectiva sobre el asunto, a partir de la experiencia y leyes comunitarias llegando a la conclusión de imposibilidad de salida y entrada, poniendo el acento en la pretensión europea de integración como fuente básica de la creación de la UE y citan los casos producidos en la CEE/UE: Groenlandia, salida sin secesión, a petición propia; Argelia, declaración de independencia y constitución como nuevo estado, implicó su salida; la integración de la RFA por Alemania, supuso la inclusión automática.

El proceso soberanista parece estar repleto de ocurrencias aprovechando la coyuntura que presentaba la sentencia del Estatut, la crisis económica y el tricentenario de 1714. Las decisiones que se conocen están sustentadas en castillos de naipes, pero arrastrarían a millones de personas sin estar soportadas en acuerdos que permitan conocer con claridad los riesgos y costes para ser tomadas. El eje de agitación y propaganda ha sido un éxito para el independentismo, no así la seriedad y rigor que debería acompañar un proceso plagado de incertidumbres que permitiera tomar decisiones soportadas en evidencias o cuanto menos contar con supuestos lo más ciertos posibles como consecuencia de algunos acuerdos o pactos con las partes, en este caso el Parlamento español.

Desconocemos una propuesta concreta realizada por la Generalitat al Gobierno y Parlamento español sobre la pretendida independencia, solo unas frases que marcaban deseos no ajustados a la realidad, como el de Catalunya independiente que nacería como estado en la UE, por el simple hecho de desearlo, desmentido ampliamente por la legalidad vigente. La cantidad de cribas legales que debería pasar una asociación o acuerdo de un nuevo estado, imprescindibles gran parte de ellos con la aprobación de España lo explica muy bien un experto – ‘1.960 escalones’ de José Ignacio Torreblanca- también conocemos variadas declaraciones de autoridades de la UE que poco a poco se manifiestan en el sentido de que una secesión de una parte de un estado miembro quedaría fuera de la UE y para entrar como nuevo estado miembro tendría que solicitarlo siendo necesaria la aprobación de todos los países, de forma unánime, tal como se toman las decisiones en la UE.

Quieren convencer a la población de que la separación es posible, sencilla y sin costes aparentes. Una vez más en la propaganda por la independencia parece que establecieron las conclusiones a priori, a partir de las cuales elaboran supuestos que sin duda conducen al objetivo deseado. La cuestión es que parten de entrada de hipótesis improbables, al menos en el corto plazo, pertenencia de pleno derecho a la UE, proceso pacífico sin violencia, con traspaso de derechos y obligaciones ecuánimes… ¿planteado sin negociación y con una declaración de forma unilateral? suena un poco raro que obtuviera los resultados que predicen. Pertenencia a la UE de pleno derecho, implica aceptar la política de solidaridad europea, uno de sus pilares básicos, los que tienen rentas altas contribuyen hacia los que tienen rentas bajas, si la negativa a contribuir en España es lo que les fuerza a irse, ¿como pretenden entrar fácilmente en un club que tiene como una de sus principales señas de identidad la solidaridad interregional? ¿Cómo explicar esta contradicción? En los presupuestos comunitarios 2004-2010 tienen un ejemplo que choca frontalmente con un principio básico que defiende el independentismo en su propaganda, su objetivo dicen, es conseguir que su contribución revierta íntegramente a ellos, por el contrario los presupuestos de la UE citados muestran una contribución de España del 9%, mientras que en la distribución de fondos nos toca un 13%, los ricos como Alemania, -DE-, contribuyen con un 20% y recibirán un 12%, Francia da un 17% y recibe un 13%, Italia da un 13% y recibe 10%, el Reino Unido da un 11% y recibe 7%.


Evaluation of benefits to the EU-15 countries resulting from the implementation of Cohesion Policy in the Visegrad Group countries. Warsaw, December 2011. 

Al independentismo tradicional le importa un carajo la integración en la UE, ellos quieren irse de España y ser un estado independiente por encima de todo y cueste lo que cueste, lo cual es muy respetable, pero no las triquiñuelas y manipulación. El problema les surge cuando los adeptos por la independencia no aumentan durante años y entonces recurren a una panoplia de argumentos para sumar descontentos que crecen con la crisis, así los argumentos para la  independencia tienen el objetivo de sumar por encima de cualquier otro y  dará igual que sean contradictorios entre sí, ahora la integración en Europa se convierte en algo muy importante para aquellas personas que sin ser independentistas se pueden sumar a la independencia. Es entonces cuando la política europea empieza a tener importancia para los independentistas, les resulta secundaria, pero necesaria para conseguir sus objetivos.

Catalunya sería miembro de pleno derecho de la UE; El proceso seria pacífico y sin violencia; Los traspasos de derechos y obligaciones entre los dos Estados
serian ecuánimes y se harían generando las mínimas incertidumbres; No habría cambios radicales en el marco legal; El sistema financiero operaría como ahora; El sistema fiscal sería similar al actual; El boicot sobre los productos de consumo final y de consumo intermedio afectaría al 40% y el 20% de las ventas actuales en el mercado español; Los gastos generados por el hecho de ser un estado en lugar de una región española seguirían una estructura similar a la actual en proporción a la población. 
CCN.2011. Boicot comercial de España.

El Circle Catalá de Negocis, establece en su propaganda independentista que un boicot comercial de España fracasaría, o tendría pobres resultados, en el caso de una secesión.  A pesar de lo que escriben, no sería extraño que el proceso redujera los flujos económicos interpeninsulares, de los que ahora se benefician ampliamente las empresas catalanas –en comercio de bienes cerca de 50.000 millones de euros en 2010 de los 250.000 millones que se intercambian entre todas las regiones, un 25% del total- aplicando campañas directas de boicot a productos catalanes, pasando por desinversiones y deslocalización de empresas, como consecuencia de la salida de la UE, instalación de fábricas de productos competitivos en otros lugares de España, batallas diplomático comerciales, expulsión de los mercados de la UE en las condiciones que tienen ahora, lo cual supondría aranceles para los productos catalanes una vez que se hubiera negociado convenios comerciales que tardarían años en fructificar… todo repercutiría lógicamente rebajando el PIB a ambos, seguramente en mayor medida que el famoso déficit fiscal.

Resultan contradictorios algunos puntos, como el del sistema fiscal similar al actual. ¿Mantenerlo similar cuando es uno de los ejes feroces del enfrentamiento?, ¿pretenden decir que recaudaría lo mismo y que la ventaja estaría en que no repartiría a nadie, por lo que todo se quedaría allí? Eso resulta incongruente con solicitar el ingreso en la UE, una de cuyas bases contempla la solidaridad interregional. Puesto que es una de las regiones ricas, como no se cansan de repetir los soberanistas, tendrían que contribuir al conjunto, de tal forma que el resultado sería muy similar al actual. Pero entonces ¿por qué separarse? Y encima utilizando esa argumentación. Durante años España ha recibido ayudas de la UE, han sido gigantescas, -doblan sobradamente nuestras contribuciones, saldo financiero de unos 118.000 millones de €, muchas ayudas fueron a Cataluña –para situar el volumen comparen el Plan Marshall americano sobre Europa después de la II Guerra Mundial, 1948-52 fueron 13.000 millones de dólares, equivalentes a unos 95.000 millones actuales-. Ayudas que podrían acabar ya que el crecimiento económico ha permitido igualar los territorios europeos y quedaremos fuera de las mismas con la entrada de otros países del Este más pobres. Ahora tocará dejar de recibir y empezar a contribuir si estamos por encima de la mayoría de los 28, ya que en la UE se contribuye solidariamente, dependiendo de la riqueza, a lo cual debemos entender que se negaría el nuevo estado catalán, para ser coherente con su discurso soberanista actual, ya que dejar de contribuir en un sitio para hacerlo en otro no parece congruente.

Respecto a los costes de la Administración del estado propio, si fueran calculados como suele hacerlo la Generalitat en sus balanzas fiscales, evidentemente sería imposible la apreciación que hacen, puesto que ahora evalúa costes paupérrimos respecto a la aportación del Estado en Cataluña por la administración de Justicia, Exteriores, Defensa, Servicios Sociales… En relación al asunto del sistema financiero afirman, operaría como hasta ahora, y se quedan tan panchos. No parece que esa sea la opinión de expertos, del Banco de España, del BCE, de los mercados, bancos de inversión, brokers,… la escisión de Cataluña, representaría para ellos la salida del euro, este sería uno de los temas de mayor nerviosismo, porque nadie sabe sobre qué moneda actuaría el nuevo estado, ni si esa moneda les serviría para financiarse y a qué costes, soportables o insoportables, o cuanto modificaría los parámetros de competitividad que ahora consideran una de sus fortalezas, la moneda que utilizaran y sus costes, que también afectarían al crecimiento y austeridad, a la deuda. Sin definir la moneda resulta ridículo afirmar que sería como hasta ahora, ¿pretenden decir que seguirían utilizando el euro sin representación en el sistema europeo de bancos centrales, en el BCE, sin intervenir en sus políticas? Y como financiarían sus bancos con el BCE que probablemente no aceptaría sus garantías de aval, puesto que no forman parte de la eurozona.

12 Una de las incertidumbres asociadas a una posible independencia de Catalunya es su relación con Europa. Esta incertidumbre ha sido creada por el gobierno español que, a diferencia del gobierno británico, ha amenazado con vetar la pertenencia de Catalunya a la Unión Europea. Al Col·lectiu Wilson se nos hace difícil pensar que la actual Europa democrática se avenga a castigar a los ciudadanos de Catalunya (que, recordémoslo, llevan casi 27 años siendo ciudadanos de la Comunidad Europea) quitándoles la libertad que ahora tienen de circular, comerciar y hacer negocios en Europa. Col·lectiu Wilson

El Colectivo Wilson, son un pequeño grupo de intelectuales independentistas, que tiene enorme influencia y prestigio dentro del movimiento. Más serio y riguroso que el CCN, en el punto anterior, aceptan la incertidumbre que supondría la relación con Europa por una posible independencia de Catalunya, lo cual sería una de las claves de la aceptación popular. Se equivocan respecto a la postura que dicen mantendrá el Gobierno británico respecto a Escocia, porque no parece que estén dispuestos a votar a favor o dar facilidades a los escoceses para su separación, de hecho la campaña del gobierno Cameron es clara y tajante por el no;  y se equivocan también en que la incertidumbre sobre el proceso catalán haya sido generada por el gobierno español, puesto que quienes inician el proceso y quieren imponer sus condiciones al margen de la legalidad actual son los soberanistas. La responsabilidad de los actos es de quien los ejecuta inicialmente, no del resto que responderá. El sentido del párrafo vuelve a utilizar el esquema victimista, presentarse como agredidos por un ataque procedente del exterior, cuando son ellos quienes inician el camino.

Supuesto que Cataluña se independizara unilateralmente, que es lo que sugieren sectores independentistas, probablemente dejaría durante un tiempo, -¿años, lustros, decenios?- a ese nuevo estado fuera de las instituciones comunitarias europeas, al margen de la eurozona y con las ‘relaciones peninsulares’ emponzoñadas lo cual agravaría sus problemas económicos y políticos, dudo mucho, entonces pudieran obtener tantas supuestas ventajas competitivas como dicen los defensores de la secesión. Por descontado los mayores agraviados por el empeoramiento de sus condiciones de vida serían las clases populares, los desfavorecidos, trabajadores, los vinculados con el estado de bienestar, dependientes, parados, jubilados,… y no la burguesía catalana, precisamente máximos impulsores soberanistas.

13 La hipotética decisión del gobierno español de impedir la participación de Catalunya en las instituciones europeas no impediría a Catalunya integrarse plenamente en el orden económico internacional.

El Colectivo Wilson, acepta como posibilidad quedarse fuera de las instituciones europeas, reconocerlo al menos es un avance respecto a otros sectores que luchan por la independencia, a pesar de que dicha postura sea desconocida por decenas de miles de personas que están en el movimiento. Ahora bien, siguiendo con su independentismo, afirman a continuación que, nada impediría a Catalunya integrarse plenamente en el orden económico internacional. Esta aseveración tiene un contenido si prescindimos de plenamente, que podríamos considerar cierto, pero tiene otra interpretación política que está relacionada con la fuerza necesaria hoy para poder influir en el orden económico internacional que no podrá realizar nunca un pequeño estado. En el coctel que nos movemos de la globalización, los mercados financieros y el ascenso de los países emergentes nos encontramos que Alemania, siendo el mayor país de la eurozona queda muy lejos por tamaño y potencia de poder influir en el mundo, así que cualquiera del resto de estados europeos quedamos lejos; podemos intervenir en cuanto Europa, integrados en un conjunto que nos dota de mayor fuerza y capacidad, pero muy poquito como países independientes.


La construcción europea ha supuesto una nueva relación entre regiones europeas, marco en el que se ha desarrollado y crecido el nuevo soberanismo catalán. La integración implicaba una cadena de cesión de soberanía en la UE, comercio, política exterior, medio ambiente, energía, … la posterior ampliación al Este, el tratado de Lisboa, creación del euro y la eurozona, el BCE, y ahora se dará otro paso adelante con la panoplia de instrumentos apenas en embrión surgidos de la actual crisis que obligarán a ceder mayor soberanía, bancaria, fiscal, monetaria, presupuestaria, etc. por lo que amplias zonas de la política de cualquier estado de la eurozona se desarrollan en distintas instancias europeas. Esta nueva realidad reduce bastante el poder del Gobierno de España, muy alejado de aquella idea de centralismo que existió en el pasado y en esta dinámica Cataluña quiere la separación, entendible desde la óptica del espíritu independentista clásico, pero no presentada como solución para todos los problemas ni para tener mayor soberanía. El independentista dice: que me dejen hacer lo que quiera en paz, como si ello fuera posible, hoy nadie puede hacerlo, pero en todo caso, ¿y qué hacemos con la otra mitad que en el mismo territorio quiere otra cosa? 

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