jueves, 1 de agosto de 2013

Sindicatos ferroviarios os necesitamos

El pueblo necesita a los sindicatos. Tras el accidente del tren en Santiago necesitamos que los sindicatos hablen, que intervengan, y critiquen decisiones empresariales y controlen en las empresas las ansias de beneficios económicos sin consideración a los aspectos sociales. 

Necesitamos que con sus críticas e intervenciones controlen los personalismos que tienden a llevar a los directivos, ejecutivos y gerentes hacia cúspides en las que se olvidan de la ciudadanía, necesitamos que con su empuje colectivo impulsen y defiendan el espíritu crítico de los trabajadores y de los especialistas técnicos, normalmente sometidos a imperativos por su característica individualidad…

En el accidente, volvemos a ver cosas un poco extrañas: Por qué hay una curva tan cerrada, diseñada en los años 40 para trenes convencionales de aquella época, o sea para trenes lentos y sigue vigente hoy día para todo tipo de trenes incluidos los de alta velocidad. Por qué esa curva está en una ruta de alta velocidad que pretende reducir de 200 a 80 km/h, por medios exclusivamente humanos, en un instante. Por qué, con un tren supermoderno, superveloz, la seguridad depende exclusivamente de un individuo, de que no tenga un mareo, de que no sufra una distracción.

Cómo es posible que los sistemas de seguridad adecuados, incluso parcialmente instalados, no estén adaptados para los trenes que circulan a grandes velocidades con cientos de pasajeros. Por el accidente nos enteramos de que en otras líneas, como la de Alicante, ocurre lo mismo.

Por qué desde el mismo día, tanta insistencia y rapidez de autoridades políticas, directivos empresariales y prensa, en cargar la catástrofe a un trabajador. La respuesta la dan ellos mismos, son los intereses económicos, los jugosos contratos de miles de millones de euros que se encuentran relacionados. Núñez Feijoo es capaz de criticar los oscuros intereses económicos que habrá detrás, lo cual implica también los habrá delante, supone reconocer que en las respuestas se contiene casi exclusivamente la preocupación de los contratos.

Parece que el conductor cometió un error, pero la seguridad colectiva de todas las líneas ferroviarias no puede quedar sometida al ahorro de un poco de pasta, a las reducciones de plantillas y medios, centrándola exclusivamente en la perpetua efectividad de una persona en trenes de alta velocidad, en donde un segundo a esas velocidades supone recorrer una distancia igual a un campo de futbol, olvidando otros factores de seguridad como son los errores de trazado y de construcción de esas líneas, la concreta de trazados como el gallego, plagado de túneles y acueductos que lógicamente perturba la concentración humana y aumenta riesgos de todo tipo, -a qué insensato se le ocurre gastarse miles de millones en alta velocidad para dejar un tramo de vía que obliga a ir a velocidad de carro-, olvidan la seguridad específica de sistemas para altas velocidades que seguro tendrá componentes automatizados.


Sindicatos, la sociedad os necesita, vuestras voces son imprescindibles, sois la punta de lanza contra muchas injusticias, contra los excesos patronales, contra las ansias de enriquecimiento que pisotean a la ciudadanía. Muchos nos sentiríamos más cómodos y protegidos con vuestra existencia.

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