Ustedes se han dado cuenta de lo violenta que es la poli contra manifestantes pacíficos cuando éstos son obreros, estudiantes, pobres, inmigrantes... Han observado la diferencia de como tratan a las manis de ultras, fachas y agresores derechosos? Para muchos es muy evidente el distinto comportamiento en el uso de la violencia contra unos u otros. Por supuesto tiene que ver la inquina personal, la ideología personal de los agentes, por lo visto parece ser que dentro de los polis hay mas machitos, pegones y derechosos que gente normal que entienda la policia como un servicio a la comunidad y apoyo a los débiles. Recuerden el trato a los jóvenes estudiantes, acampados, huelguistas y cuantas veces ven pegar salvajamente a la poli a los narcos, en Galicia o en Huelva, a los contrabandistas y secuestradores de mujeres, a las bandas mafiosas que se asientan en Levante o el Sur de España. En el 2011 escribí lo siguiente. Por desgracia seguimos en las mismas.
CASTIGO PARA POLIS MATONES Y
PENDENCIEROS (24 agosto 2011)
Basta ya de
agresiones salvajes sin castigo para los culpables, (los que dan los palos),
cuando son provocadas por policías matones.
El tema tiene muchas vertientes, como todos, hoy destaco la de la
responsabilidad individual, me interesa el infractor, el agresor, el bestia,
que suele salir airoso escondido tras lo colectivo, incluyendo a sus compañeros
que le tapan con la manta y echan balones fuera responsabilizando a otros. El
que da el palo no puede irse impune. Será muy duro cambiar la sociedad, pero
algo menos costará conseguir acciones concretas, los sueños, la utopía, no
deben tapar la vida cotidiana. Castigo para los culpables.
Basta ya de dar la misma medicina a todos, culpar a uno y otros, al mando
policial y al poder político. Cada palo que aguante su vela. Si un policía se
convierte en agresor, castigo al culpable. Expediente y publicidad. No
deberíamos tener que remover el sistema entero cada vez que se produce un
delito de agresión, las cosas tienen que ser más fáciles, de oficio que actúen
fiscales, o departamentos internos, o jueces. O los mandos políticos deben
dimitir inmediatamente. Si no hubiera leyes suficientes para actuar, de
urgencia el Gobierno, o el Parlamento, deben ponerse a trabajar.
No se puede consentir más tiempo policías agrediendo a ciudadanos y obligar a
mirar para otro lado, nadie en su sano juicio puede decir que los agredidos de
los últimos meses eran un peligro para la sociedad, para los viandantes, para
la poli, para los ciudadanos. Una policía que no esté al servicio de la
ciudadanía, que respete y cuide a los individuos que les pagan, no sirve nada
más que para generar violencia. La desconfianza en las fuerzas de orden público
aumenta muy rápidamente y se extiende por todas las edades y barrios.
Si los mandos y compañeros le quieren tapar, el castigo debe caer además a los
mandos y encubridores de la agresión.
Si los políticos que tengan a su servicio los cuerpos de seguridad no son
capaces de ordenar expedientes, castigos y depuración y explicaciones públicas suficientes,
asumirán su responsabilidad de encubrir agresiones al pueblo y deben dimitir.
Cada cual debe ser responsable de sus actos y ya está bien de esconderse tras
las órdenes dadas por los superiores, como todos los cobardes. No se pueden
justificar actos de agresión contra la ciudadanía escondidos tras las órdenes,
porque estaríamos justificando los golpes de estado.
Si un servidor público agrede a un ciudadano sin mediar violencia, como estamos
hartos de ver en videos sobre consecuencias del movimiento 15-M o de la visita
del Papa, debe pagar por ello, debe hacerse pública su penalización, debe
estudiarse separación del servicio, despido y penas que marque la ley por
agresión injustificada, por violencia contra ciudadanos.
Si los poderes públicos, si los partidos políticos no se percatan de la
gravedad del asunto, están cavando una fosa de la que será muy difícil salir,
porque estarán justificando y apoyando la actuación violenta de cada individuo
en cada situación.
https://es.scribd.com/document/64012157/La-Justicia-de-Las-Porras-Violencia-Uniformada