viernes, 31 de julio de 2026

Incendios. Canción triste del verano

 Verás Pepe, lo de los incendios, como todo lo que sucede ahora en este país, es penoso. No solo por la quema de los montes, también por toda la parafernalia que rodea actuaciones, comentarios y la imputación urgente de culpables por parte de la gente.

Los incendios ocurridos en el centro de la Península provocaron la declaración de emergencia nacional, muchos montes y campos de Ávila, Madrid, Toledo ardían sin control de las comunidades autónomas y ayuntamientos. El gobierno de la Nación se hizo cargo de la dirección y coordinación de su extinción, también del movimiento de gentes, confinamientos evacuaciones y traslados de miles de personas.

Las Comunidades Autónomas, junto con sus ayuntamientos, tienen las responsabilidades, recogidas en la Constitución, leyes y normas, de limpieza, conservación y tratamiento de sus territorios, incluidos sus montes. La prevención y extinción de incendios está legalmente en sus manos. Pero como en otros muchos asuntos de las autonomías, éstas dedican muy pocos recursos a la prevención/extinción aduciendo falta de recursos, al mismo tiempo que bajan impuestos a los ricos, así muestran a la gente lo buenos que son en comparación con lo malo que es el Gobierno de la Nación. Si luego vienen mal dadas, ya vendrá el Gobierno Central a resolver el grave problema, al mismo tiempo, le responsabilizarán de todos los males que ocurran. Solo hay que acercarse a los bares de cualquiera de los pueblos afectados para escuchar.

Dicen que los incendios, en su mayoría son provocados por humanos. En los bares y círculos derechistas se extiende la leyenda de que son los pirómanos. La realidad es que los humanos somos responsables, pero no todos los incendios son provocados por pirómanos. Barbacoas, fuegos artificiales, quemas de rastrojos, trabajos de soldaduras, etc. etc. provocan incendios. Además de unos pocos pirómanos.

Me llama la atención que los montes españoles en gran parte son propiedad privada, pequeños propietarios de fincas y casas y sobre todo medianos y grandes empresarios agrícolas y asociaciones ganaderas, controlan muchos de los montes incendiados, que pasan años sin limpiar, acumulando enormes restos de todo tipo de combustible sin que los ayuntamientos ni los voceros les exijan o denuncien, los protestones de la derecha solo acusan a los pobres, despotrican contra desvalidos, nunca critican ni responsabilizan la pasta. El incendio en la parte de Ávila, comenzó con unos trabajos, no autorizados, prohibidos, de una gran máquina excavadora que estaba abriendo el terreno, haciendo un ancho camino de una parte a otra del territorio, para el paso del ganado de una asociación ganadera. La máquina intenta romper una enorme roca, y al granito cuando le golpean con el brazo metálico saltan chispas, que fueron las creadoras del desastre que asoló Burgohondo, Valle de Iruelas, Tiemblo, ...

Desde luego el cambio climático influye, pero Pepe, me cansa estar a todas horas con el eslogan. Mejor nombrarlo menos y concretar mucho más los detalles. Los mega-incendios actuales no se parecen a los de hace muchos años cuando éramos niños, veíamos apagarlos con cubos de agua pasados en una cadena humana y pequeñas mangueras de riego. La cosa fue subiendo de intensidad hasta que desde hace unos años es prácticamente imposible apagarlos con agua. Las causas son muy diversas, despoblación rural entre otras, la gente huye de los montes y pueblos pequeños hacia las ciudades, hay menos pastoreo, menor aprovechamiento de monte para leña, etc. el caso es que hay mucho más combustible en el bosque, ramajes, retamas…la sequedad ambiental es altísima, llevamos años con mucho más calor que cuando éramos niños, temperaturas más altas y durante mas días han convertido España en un secarral. La humedad ambiente por la zona quemada de Madrid/Ávila/Toledo era inferior al 10%, siendo ya peligroso un 30% de humedad -aquella regla del 30 se ha venido abajo-. Los vientos muy por encima de 30 km dificultan muchísimo la extinción, llevando las llamas de un lado a otro sin posible control, parte de esos vientos los produce la intensidad del mismo fuego al formar una burbuja de combustión que cambia el microclima de la zona.

No ha sido el alcalde X o los cinco chavales del pueblo quienes han apagado los fuegos. Naturalmente siempre es encomiable la labor de mucha gente, pero no hasta el punto de creer que ‘el pueblo salva al pueblo’ olvidando la labor del Estado. Han sido miles de individuos, bomberos, militares UME, protección civil, guardias civiles, policías, concejales, alcaldes, ministros… movilizar esos recursos, coordinarlos, camiones, maquinaria pesada, aviones nacionales, aviones europeos, son muchos recursos movilizados por la maquinaria del Estado.

El pueblo, los voluntarios, son valiosas ayudas, si están coordinados, dirigidos por los profesionales coordinados a su vez con otros equipos. Muchos lugareños han sido imprescindibles, pero 10 personas o 100 no podrían haber realizado lo que se ha visto de extinción, confinamiento, protección…Pepe, yo destacaría fundamentalmente la importancia de la movilización del Estado, su dirección. El Estado es, la unión de miles de esfuerzos individuales y grupales, la coordinación de múltiples instituciones, el Estado es la puesta en marcha de la diversidad y los recursos nacionales, el Estado es la posibilidad de organización global de todo el territorio, es la visión del gran conjunto y no solo del vecino de la calle de al lado, que tiene razón al quejarse in situ de desesperación, pero que debe comprender que son miles de hectáreas ardiendo, decenas de miles de personas a las que hay que atender, decenas de pueblos y carreteras que evacuar, que despejar, montones de polideportivos u otros lugares que acondicionar, y abastecer para miles de personas… Sí los voluntarios son necesarios, imprescindibles, pero con el Estado dirigiendo.

Pepe he visto con los incendios, algo que nació en otros desastres, una querencia por volver a la edad antigua, un embellecimiento del tribalismo, una glorificación de actitudes individuales, que solo ven lo inmediato de su calle pepitos que tiraron unos cubos de agua, o que indicaban ir por aquí o por allí. Siempre rodeados de aguerridos insultadores que declaran culpables a los gobernantes, ojo, pero no a los suyos, su alcalde sus consejeros de comunidad, por descontado tampoco culparan nunca a los caciques, a los ricos propietarios de terrenos sin limpiar. Lamentable que en esos corros se resalta la individualidad de un vecino, para esconder la labor de bomberos o protección civil, de los pilotos de helicópteros o aviones, por supuesto nadie destaca la labor de los comités de coordinación en los que, durante muchas horas y varios días, deciden si tirar el agua por el flanco derecho o cortar el bosque con maquinaria pesada por la vaguada, o evacuar tal pueblo y donde llevarlo.

Los incendios del centro peninsular pueden haber sido los mayores de la historia, y hasta hoy finales de julio no han provocado muertes, lo cual sería suficiente para considerar un éxito la gestión de la emergencia nacional. Y no, no siempre ocurrió lo mismo en los incendios de España. Pero la buena gestión es algo, que, en este país en estos tiempos, no tiene buena prensa. Pepe la ristra de críticas ha sido, es enorme, una de ellas comentada en todas las tertulias y bares, culpa a los ecologistas porque no dejan limpiar los montes. El bulo crece porque la gente cree lo que quiere creer, pero realmente las leyes obligan a Comunidades y Ayuntamientos a lo contrario. La responsabilidad de la suciedad y no limpieza de montes es de las Comunidades autónomas y Ayuntamientos, principalmente gobernadas por el PP y VOX, y ellos se van de rositas, esas campañas desatadas por la extrema derecha tratan de tapar su culpa directa en tanto desastre.

 

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