miércoles, 27 de noviembre de 2019

Ausencia de un patriotismo democrático. Las izquierdas

I.- Responsabilidad de las izquierdas

Es tradición de izquierdas mencionar el internacionalismo como una de sus bases filosóficas, pero sorprenden algunos activistas sociales por su querencia hacia el nacionalismo de las patrias ajenas, muchos de cuyos iconos rebosan nacionalismo por los cuatro costados, al tiempo que en los conflictos sobre la cuestión nacional peninsular se dicen no nacionalistas, a pesar de lo cual sus posturas anti españolistas les llevan a posicionarse con los nacionalismos periféricos, a simpatizar con ellos y apoyarlos. Esto ocurre en el conflicto por la independencia catalana, una de cuyas respuestas básicas al mismo, debería ser proyectar un marco común de mayor integridad, equidad, justicia, fraternidad o solidaridad y libertad que las otras propuestas que circulan carentes de los valores ilustrados.

El patriotismo democrático español, constituye un terreno de amplio consenso alrededor de valores cívico-políticos de la Constitución, y con ingredientes de carácter cultural e historicista. El patriotismo democrático, entendido como una concepción de la identidad nacional compatible con los principios democráticos, y neutral desde un punto de vista ideológico, religioso, lingüístico-cultural y territorial. ‘La construcción política de la identidad española: ¿del nacionalcatolicismo al patriotismo democrático?’ Jordi Muñoz Mendoza. CIS. 2012.

El patriotismo democrático queda lejos de tener un significado progresista en muchos sectores de izquierdas, grupos, que, al estar compuestos por activistas, su importancia cualitativa, es decir, su proyección social es superior a la representada por su número. Para que esto ocurra, sin duda influye poderosamente la carcunda, grupos de franquismo sociológico y nacionalcatólicos que niegan y expulsan a la mitad de los españoles de su identidad, a pesar de lo cual no cabe eludir la responsabilidad de las izquierdas en su contribución a la construcción de una identidad inclusiva con la que pudieran sentirse cómodos millones de españoles. Es un defecto, un error, que no tengamos construido un relato histórico nacional progresista, más allá de dos o tres iconos. En la falta de construcción de una identidad progresista española se encuentran parte de los males del conflicto independentista catalán y vasco, es obvio que la derecha española nunca quiso construirlo con amplia dimensión inclusiva, no está en su ADN.

Las izquierdas en general y la intelectualidad post transición en particular, no forjaron una identidad progresista española contrapuesta al franquismo, con suficiente ancho común como para sentirse cómodos en ella amplias mayorías de españoles. Demasiadas veces aparece el rechazo a identificar las partes condenables de nuestra historia, sin destacar nunca aspectos positivos, cuanto menos, comparables con otras naciones europeas. Nos cuesta sentirnos españoles porque siempre han querido expulsarnos de nuestro país, porque la historiografía española en la mente de mucha gente sigue siendo la franquista que se apropió de nombres, situaciones, episodios y hasta conceptos como patria, español, nación, país, España. Que lejos, y desconocidas, quedan las llamadas a la defensa de la patria, que hacían altavoces y proclamas republicanas, comunistas y socialistas en el Madrid del golpe y la guerra.

La historia de las élites dominantes españolistas ha sido excluyente y volcada históricamente a la defensa de un pasado de privilegios para minorías y justificativa de explotación y represión para las amplias mayorías. Ante el desgaste histórico de tanta batalla librada por regeneracionistas, los españoles que intentaban modernizar este país no tuvieron fuerzas suficientes para situar en lugar central otro relato, pero existieron dichos individuos. Al fin y al cabo, la existencia de tantas luchas y guerras, solo fueron posibles por la existencia de bandos de españoles diferentes. Aunque los progresistas de cada momento no fueron capaces de ganar la batalla de construir historias queridas, difundidas y aceptadas masivamente por millones de españoles, los de abajo, trabajadores, campesinos, laicos, intelectuales, profesionales, republicanos… historias con las que pudieran sentirse cómodos unos y otros, que incorporaran a lo español, no solo la carcunda, que existió, también existieron otros hombres y mujeres que construyeron este país, en tantas cosas equiparable a lo más avanzado de cualquier país europeo.

En el relato, y de forma poco mayoritaria, aparece apenas un poco de ilusión republicana, un poco del movimiento anarquista y socialista español, pero faltan estudios y difusión de los ilustrados españoles y de los humanistas del pasado más lejano que existieron entre las élites de cada momento, cuyos resultados, muy probablemente, harían sentirnos orgullosos a amplias mayorías. Y ahora, que, ante la globalización, mola la identidad local, que aquí ha sido muy trabajada en la periferia y muy poco o nada en el conjunto de país, vemos como España no seduce lo suficiente para muchos millones de españoles, llegando a la paradoja de ver la identidad nacional periférica como la moderna, ven todo lo relacionado con ella como festivo, y sus representantes como avanzados, mientras la identidad española se ve solo su lado carca, todo lo relacionado con lo español se reduce a sus componentes oscuros, atrasados, reaccionarios, ultra religiosos, tradicionalistas…

En los años de democracia la crítica al nacionalismo periférico quedó fundamentalmente en manos de otro nacionalismo, ambos sectores en muchos momentos de la historia y en la democracia fueron aliados, lo cual dejó muchos frentes sin cubrir. La izquierda no construyó una crítica propia, no es que fuera muda, pero en algunos sectores, su voz a veces sumaba a los nacionalismos periféricos, y en otras ocasiones era insuficiente para realizar una crítica a los nacionalismos, porque se reducía a la crítica diaria de posiciones puntuales y no a elaborar cuerpos teóricos diferenciadores, de mayor calado que defendieran la universalidad de los principios de la Ilustración de solidaridad y libertad igual para todos, eliminación de privilegios, por lugar de nacimiento, por apellidos, religión, raza, o status anterior. Asistimos demasiado tiempo a espectáculos de individuos que se auto-consideran de izquierdas simpatizando con posturas retrógradas nacionalistas, en ocasiones cercanas al fascismo, posturas que apoyan exclusivamente porque son contrarias al gobierno central o a los español, que identifican como el franquismo, izquierdistas reaccionarios que desarrollan anticuerpos diferenciados del franquismo español, colmo si todos lo fuéramos, y creen que ello les salva para justificar sus posturas anti ilustradas.

El resultado es que tenemos partidos, militantes y simpatizantes sin referentes de patriotismo democrático de izquierdas o progesista, pero sienten emoción por los patriotismos de lugares muy alejados, o por los periféricos españoles. Dice Savater,[1] ‘En este país se puede ser vasco, catalán, andaluz, sin problemas, pero difícilmente español. Los españoles son en realidad, españolistas.’ La frase recoge mucho del problema, ante la falta de una historia y sentimiento colectivo aceptado masivamente, las emociones nacionales se arriman a las periféricas en tanto se alejaban del centralismo franquista, manifestación de la postura de jugar a la contra, tan rica a las izquierdas españolas.

La izquierda catalana, y española, puede desaparecer si no ofrece rápidamente respuestas diferenciadas de las nacionalistas para el conjunto de la ciudadanía, bien entendido que para ser consideradas respuestas deberían ser abrazadas por muchos millones de personas, lo cual descarta tanta profusión de taifas locales. La gente no encuentra razón de ser a una opción política si las ideas que facilita sobre la concepción del mundo y las relaciones humanas no son diferentes a las nacionalistas. Las izquierdas, partidos, sindicatos, movimientos, militantes, simpatizantes, no se rebelan contra la filosofía nacionalista plasmada en campañas que denigran a los otros y alimentan el odio al español, existe desprecio por la cultura y el mundo del trabajo español –vagos, subsidiados-, desprecian lo que aportaron a Cataluña, y extienden su ojeriza a los desfavorecidos, a los trabajadores españoles, por el mero hecho de no ser catalanes, la xenofobia está dando réditos de muchos independentistas de variada procedencia social. La salida al conflicto será difícil, pero antes de encontrar encajes federalistas o no, -sin olvidar que España es ya un estado federal, con algunas piezas pendientes de ajuste- hay mucho camino que debería andarse, antes de soluciones constitucionales, deben encontrarse salidas políticas, Pérez Royo ‘no tenemos respuesta constitucional’[2].

En el tránsito político que vivimos el catalanismo tiene andado mucho ante los excesivos silencios de todo el mundo, -ahora toca hablar de las izquierdas-, los nacionalistas se han aplicado a ello durante años, mientras al otro lado se callaba en muchos temas, durante mucho tiempo, al margen de la circulación de clichés antiguos sobre autodeterminación y anticolonialismo que algunos aplican tanto a pasado como a presente en cualquier país sea colonia o libre, en cualquier época, en situaciones muy diferentes entre sí.  

Pérez Royo ‘En la dirección equivocada’ [3], mantiene que 'La separación de Cataluña de España parece estar produciéndose ya, y a una velocidad extraordinaria al menos en el terreno de la opinión pública' su andadura de construcción nacional está desarrollada a pleno rendimiento desde hace muchos años, la pretensión de un patriotismo democrático español tímidamente esbozado desde la transición sufrió un frenazo brusco con los gobiernos del PP de Aznar. Que los españoles no estén seducidos por España es un problema considerable, si con la crisis aumentan los desafectos, y en País Vasco y Cataluña mucho más, el coctel puede resultar explosivo.

¿Qué hacen las izquierdas si no defienden ideas propias? Ceder el sitio a los nacionalismos periféricos que ocupan un lugar diferenciado al de la derecha españolista, lo cual por desgracia para mucha gente es suficiente. Si las izquierdas no defienden a los trabajadores españoles, catalanes –y vascos- y a los más débiles del engaño de la pócima mágica de la secesión que dicen mejorará sus condiciones de vida y trabajo quedará la interpretación del mundo, sus problemas y soluciones en manos de corrientes ideológicas que llevan a compartimentar el mundo en conjuntos de personas separadas por privilegios en trocitos marcados por más fronteras. Si las izquierdas no construyen una identidad y sentimiento nacional democrático, otros lo harán. Hay que abrazar una historia lo más común posible, que integre valores y experiencias compartidas por muchos millones de españoles, porque con ellos compartimos nuestra existencia, que podemos hacer positiva o llena de trampas y altercados. Y con los mimbres que tenemos es posible. La falta desde hace muchos años de una Educación para la ciudadanía, está pesando en el poderío de los nacionalismos que encuentran una falta de patriotismo democrático en el conjunto de la ciudadanía española, del que sin duda tiene gran responsabilidad la derecha y su ánimo excluyente, pero las izquierdas deben plantearse la tarea de construir una historia democrática española de la que puedan sentirse orgullosos la mayoría de españoles, y mimbres para ello existen de sobra.

Se puede entender el agotamiento del PSOE [4] y del PSC, pero no hasta el punto de no elaborar una mínima respuesta al gobierno de CiU a tanto desvarío como difunde su propaganda. Vean el ejemplo del déficit fiscal, argumento importante de la Generalitat desde hace años, aquellos 16.000 millones de € de déficit, un año, que algunos elevaban a 20.000 anualmente y que en el Congreso de Historia llevan a 300.000 millones durante los últimos 25 años, lo cual muestra el rango de importancia que le concedieron y como no pudo ser de otra forma caló profundamente, ni el gobierno central, ni PP, PSOE, PSC, ICV… fueron capaces de desmentir rápida y eficazmente de forma masiva, se limitaron a una pequeña y perdida protesta. La solución era sencilla, en el mismo informe de la Generalitat sobre balanzas fiscales, aparecían otros tres modelos, dos de los cuales daban cifras considerablemente menores de supuesto déficit y otro mostraba superávit.

No tiene explicación tanto silencio, salvo que la lucha interna por decidir si apoyar o no el proceso paralizara toda expresión crítica. Los nacionalismos atraen como la miel a las moscas, parecería como si en este lado estuviéramos carentes de una identidad de la que sentirnos orgullosos que pudiéramos contraponer, ¿incapaces de ofertar una realidad constitucional atractiva que supere aquellas ofertas?, ¿inseguridad en su potencial?

Estamos dejando la defensa de un modelo de sociedad en manos de la derecha, la solidaridad ciudadana, e interregional construida en estos años pasados no es una broma social, debería sentirse dicho peso en la construcción de identidad democrática española, parece que somos incapaces de entender que es imprescindible sumar para ganar, lo cual lleva aparejado ceder alguna particularidad, ceder algún sueño para tener mejores realidades. Mucha gente se rebela solo a la contra, mareas ciudadanas para defender el estado de bienestar que pocos días antes hemos sido incapaces de reconocer con orgullo como signo de identidad nacional española, icono democrático construido en los ochenta con ideas y esfuerzos de millones de españoles que en otros tiempos fueron derrotados. No podemos ensañarnos con quienes lo construyeron e igualarlos a sus destructores sin pasar por el psiquiatra. Los españoles, este país, España, construyeron un estado de bienestar comparable a los países más avanzados del mundo.

Si no es posible defender a los que sufren opresión nacionalista en Cataluña, ni denunciar abiertamente la tremenda corrupción catalana, ni responder a tanta exageración propagandista, ¿para qué queremos la izquierda?, si no logran frenar a la derecha, si tampoco resuelven la tremenda crisis, el paro, precariedad, recortes, desahucios, desigualdades, problemas de crédito, etc. si no es posible ofrecer una visión de sociedad diferente, ¿para qué la izquierda? No basta con elaborar argumentos del tipo: ‘el PP es muy malo y por eso crece el independentismo’, lo cual, aunque tuviera una parte de veracidad, no toca nuestra responsabilidad. Ni la principal de los independentistas. La argumentación anterior cargada contra el gobierno central de turno, es secundaria para mantener una postura política progresista que defienda nítidamente una democracia contrapuesta a una decisión de independencia defendida a raíz de un referéndum con 51% de participación y un 51% de voto afirmativo, ¡un 27% del cuerpo electoral puede decidir la autodeterminación según criterio independentista! Es dictatorial y se viste con ropajes de alta democracia. Si la izquierda es incapaz de contraponer otra democracia a este planteamiento, el futuro de la izquierda aquí se convierte en una incógnita.

La izquierda desaparecerá transmutada en nacionalismo, y entonces las supuestas ventajas económicas nacionales lo serán a costa de la solidaridad ciudadana en el conjunto del Estado, dicen los indepes que lo que quitan a unos españoles lo darán a otros, a los catalanes, pero ¿quién asegura que, una vez ahorrado el pago de impuestos a los unos, las mejoras llegarán a los otros, obreros y pensionistas catalanes? Quizás ERC o la CUP estén haciendo la revolución socialista y este servidor no se haya dado cuenta de que los medios de producción y las finanzas hayan pasado a manos trabajadoras, o por el contrario la propiedad y el poder económico siguen en las mismas manos.

El PSC e ICV, la extrema izquierda, partidos intelectuales y militantes, han orillado críticas básicas al nacionalismo, filosóficas y políticas, olvidaron el contenido ilustrado de las izquierdas, por razones de oportunidad para combatir a la derechona, también porque sus élites directivas estaban sobre representadas de catalanistas en relación al conjunto de la población catalana, la mayoría de la cual está reprimida por ellos. La alta población emigrante de décadas anteriores, los trabajadores, no encuentran representantes, ni orientación ni aclaración y la crisis los está machacando, por lo que se agarran a la salida que otros ofrecen con gran música y colorido, salida populista que promete mejoras jugando con discursos encendidos, con proposiciones de alternativas fáciles de desarrollar, y que remueva las vísceras. ‘El independentismo es, la forma que ha adoptado en Cataluña la denuncia y la desesperación…El relato catalán, ha alcanzado la perfección del círculo político. Ha aliado a la derecha en el poder, y a buena parte de la contestación radical de izquierdas’. El Estado de la izquierda. Jordi Gracia. [5] . 
El problema explotará cuando las soluciones no lleguen, a pesar de la secesión, luego será tarde, el mal ya estará hecho. El independentismo era antiguamente un reducto mayoritariamente elitista con puro ADN catalán, racista, xenófobo, supremacista, que se fortalecía mostrándose unidos ante la amenaza, según ellos, de los españoles y la clase obrera inmigrante, hoy al independentismo tradicional se suma el sobrevenido del catalanismo antes unionista, también racista, nacionalcatólico, xenófobo. Otro sector numeroso que suma son los perjudicados por la crisis, aquellos que se sienten abandonados y sin esperanzas de futuro mejor que sus padres, lo agrava la debilidad de las izquierdas sin fuerzas para imponer un relato ilustrado coherente sobre lo ocurrido y por qué, y lo más importante, que contenga salidas creíbles que consigan ilusionar.

La crisis acabará con las izquierdas, [6] escribí hace tiempo, en los comienzos de este tsunami, ahora en uno de sus episodios, el secesionismo contribuirá a enterrarlas en Cataluña y en el resto de España, porque millones de personas sentirán que han sido abandonadas y se preguntarán sobre su utilidad. Las regiones y personas ricas pretenden separarse, destruyen la solidaridad con las menos favorecidas, cada cual, a su aire, es el proceso neoliberal que se extiende por el mundo y aquí los catalanistas quieren camuflarlo con el olor nacional. Las grandes corporaciones y los ricos se quieren separar del resto de la sociedad, dejar de pagar impuestos con los mismos argumentos, cada palo que aguante su vela, su dinero es suyo y valdrá más a su familia, a su clan. Los ricos se niegan a contribuir al salario social, el resto de la sociedad les importa un pimiento. Es triste ver que muchos defensores o luchadores por la independencia sean grupos de trabajadores, les apoyan en su pretensión de no pagar impuestos que sostenían parte del estado de bienestar de los menos favorecidos, quieren acabar con la idea de que el Estado redistribuya una parte de la riqueza y son apoyados por individuos que consideran progresista estar luchando por una futura nación, hoy dicen que colonia, contra un país fascista, dicen, como España.

España y Cataluña en su relato son dos entes diferentes, con pueblos homogéneos a cada lado, cuando la historia demostró ser compartida durante cientos de años, tan carca o progre en un lado como en otro y dentro de cada lado, o pueblo, con gran diversidad de posturas y alianzas cambiantes en cada época. En esta España federal son territorios contribuyentes netos, Madrid, -la mayor contribución-, también Catalunya, Baleares y en menor medida Valencia, y con su particular estatus privilegiado, País Vasco y Navarra, regiones altamente ricas que no contribuyen como el resto. ¿Hasta cuándo?, la solidaridad y el pensamiento progresista debería denunciar esos privilegios.

Se paga un coste muy alto al aceptar que el movimiento sindical, y los partidos de izquierdas, queden arrastrados por el catalanismo o cualquier nacionalismo, mientras discuten estas cosas no se generan movilizaciones contra el paro, de largo nuestro mayor problema.[7] Algunos factores que influyen en la actitud de partidos, movimientos e individuos son la comodidad que brindan las mayorías, estar en minoría es muy duro, pocos vecinos atienden, casi nadie presta atención en los medios… también influye la movilización nacionalista y su carácter festivo, la facilidad de dejarse llevar por la riada contribuye a sentirse integrado, y querido, y da un cierto sentido de utilidad a cuanto se hace

El independentismo presume de que la segunda generación emigrante ganará la independencia, así creen que pasó en las Américas. Como si esta segunda generación, aquí en Cataluña, tuviera importancia en la configuración de los grupos de poder, allí esa generación formaba parte de la élite americana, aquí los poderes son catalanistas tradicionales.  Los grupos de poder catalán y vasco tienen amplia representación política, económica y cultural no solo en sus territorios, sino en el conjunto de España y sus instituciones, formando parte de la élite gobernante junto con las españolas. El grupo de poder dominante durante el franquismo no puede entenderse sin la oligarquía financiera vasca y la burguesía catalana.

La magia de una ilusión arrastra individuos, creen que resolverá al día siguiente los problemas ciudadanos, será mentira, pero entonces fomentarán el olvido para los de abajo, habrá desaparecido la apuesta nacionalista entre los desposeídos, se habrá evaporado durante el proceso la fraternidad, esa que tiene apoyo en la ideología de cada individuo, las condiciones materiales no mejorarán, ni la equidad en los factores políticos de representación, de mayores libertades que para más de la mitad de población se reducirán. ¿Que impedirá a los pudientes dejar de pagar impuestos? al fin y al cabo uno de los argumentos centrales de las movilizaciones secesionistas es que los impuestos vayan al bolsillo de quien los genera. ¿Acaso creen que aumente la solidaridad que hoy contempla la Constitución? Su lucha es anti-ilustrada, conceden prioridad a lo emocional sobre lo racional, pretende reducir la idea de igualdad para todo ciudadano del territorio, quiere aumentar privilegios de cuna, por lengua, sangre y apellidos, reducir derechos a más de la mitad de la población, los no independentistas… no crean que vaya a mejorar la vida de los menos favorecidos, a tener menos horas de trabajo con mayores salarios, vacaciones, mejores barrios, mayores pensiones, mejor y mayor sanidad y escuelas… la secesión es la forma catalana de la rebelión de los ricos contra los pobres. Preguntados ¿en qué mejoran derechos sus nuevos textos que configurarán su Constitución respecto de la actual? La respuesta que suelen dar en sus argumentarios es, ‘no te dejes dominar por el miedo’.

El PSC ha ido perdiendo apoyos populares y de militancia catalanista, ICV ha ido recogiendo votos de izquierda perdidos por los socialistas a consecuencia de la crisis, igual en toda España, inicialmente sin consideraciones soberanistas, dicen estar siendo empujado hacia esas posiciones, que para no perder pie, justifican, por lo que no será extraño que pierda fuerza a medio plazo, vía CUP y ERC, porque la gente elige secesión sin costes y prefiere los originales a los tibios; no es que los partidos fallen, que lo hacen, es que la fuerza de la corriente está rompiendo los embalses ¿Por qué eligen  hoy independencia? Sueñan hacer nacer un nuevo país, inmaculado sin arañazos pasados, todo lo que hubiera de malo se adjudica a los españoles, sueñan un futuro paraíso dorado, sin costes, a la magia del movimiento independentista, nadie opone otra cosa, ni crítica a los nacionalismos, ni respuestas.
Una historia similar de base parecida se aprecia en los guetos obreristas que votan extrema derecha en Europa. Y el que venga detrás que se joda. La cuestión es que una salida como la independencia no tiene vuelta atrás en los destrozos que provoca, no valdrá arrepentirse luego, las rupturas no podrían resolverse a medio plazo, es por ello que la Ley de Claridad canadiense habla de mayorías suficientemente amplias, sostenidas en el tiempo, de procesos negociados, etc. y no de impulsos unilaterales. Se echa en falta una responsabilidad de defender principios, sean seguidos por muchos o pocos, al margen de corrientes momentáneas.
No existe la responsabilidad partidista sin responsabilidad individual, aquí siempre muy cómoda para desviar las culpas a partidos y líderes y salvar el pellejo individual, los militantes y simpatizantes izquierdistas hartos de tanta corrupción y crisis deberán decidir y tomar posiciones ante lo que representará la pérdida de apoyos al sentimiento ilustrado de izquierdas, no solo en cuanto reducción de fuerzas electorales que dejarán los parlamentos listos para enormes cambios derechistas, como estamos viendo con la coartada de la crisis, sino para las ideas básicas que asumirá la conciencia individual de una generación. Es en los momentos de tensión cuando se enfrentan las ideas personales con el imaginario colectivo que las soportan. No es progresista apoyar el independentismo, la fragmentación, las fronteras, la consideración de extranjeros a otros que piensan diferente. Históricamente existieron en España reinos diversos, León, Aragón, Murcia, Granada, Castilla, Valencia… en serio ¿alguien puede defender hoy como progresista apoyar la autodeterminación de estas antiguas realidades? Siempre habrá causas pendientes, ¿volvemos al mundo de la Edad Media, de aldeas, clanes y tribus al grito de adelante la modernidad? Los poderes económicos se frotan las manos cada vez que oyen hablar de desmembrar el poder político.

Son frecuentes las muestras de simpatías por los nacionalismos periféricos, en personas que no sienten algo parecido por la unión, con la sola explicación de que en el otro lado están las derechas. Pero, las derechas están a ambos lados. Ha calado con el aurea de más democrático el derecho a decidir la autodeterminación en un país libre y democrático, cuando como poco existe el derecho equivalente a la integridad. Para alguno supone una rebelión, - ¡que se jodan! pero a la inversa-. Abrazaron erróneamente que la ideología de izquierdas se limita a protestar, a estar en contra, por principio, les resulta más sencillo aceptar la oposición a un gobierno que la defensa de principios que debe hacerse en positivo, racionalidad, solidaridad, libertad, igualdad... obnubilados por grandes movilizaciones de masas creen estar en una revolución, cuando se trata de una involución.

Apoyan acciones y argumentos por el mero hecho de que van contra lo español, por desafección con la historia de España. Como los tradicionalistas, los nacionalismos periféricos fueron contra la modernidad ilustrada, pero muchos no se sienten concernidos, escudarse en que el PP es malísimo y ‘La Razón’ una máquina de hacer secesionistas esconde lo fundamental, la inexistencia de criterio propio sobre los nacionalismos ¿Por qué aceptar que una secesión es democrática cuando ninguna constitución del mundo lo contempla? Solo una enorme falta de conocimiento cegada por la religión puede creer que Cataluña sea una colonia con derecho a la autodeterminación.

Si el secesionismo fuera un plus democrático, ¿por qué no lo incluyen en sus textos quienes lo consiguen? ¿Acaso Barcelona o Tarrasa no tienen derecho a la secesión, de Cataluña? En los supuestos de Ley de Claridad canadiense se contempla el mismo derecho del todo y también de una parte del territorio escindido. Y puestos ya, los barrios ricos de los barrios pobres ¿Por qué aceptar la independencia creyendo que todo un pueblo lo pide, sin comprobar a cuántos afecta y de qué forma?

Los votos no mostraron nunca mayoría independentista, CiU fue unionista hasta las últimas elecciones, encuestas de la Generalitat daban minorías independentistas hasta hace poco. Desde la Transición el independentismo se mantuvo por debajo del 15%. ¿Qué o quiénes son los catalanes? el pueblo catalán que ha construido Cataluña no es un bloque de hormigón catalanista, sino conjuntos variados de gente, en gran parte emigrante, en los años 20 y en los 50/70 con tradiciones e intereses muy diversos fuera de la órbita nacionalista. Apoyar intereses independentistas supone estar en contra de los no independentistas, que hasta ahora fueron mayoría. ¿Por qué no aceptar que esta democracia española es tan buena como cualquier otra?, nuestra historia no es peor que la de otros europeos, simplemente nadie la contó incluyendo a todos.

La independencia no es un recurso al margen de las fuerzas que la dirigen, de sus documentos y propaganda. El proceso en Cataluña no es progresista, sus proclamas quedan atrás de la Constitución en cuanto a libertades, derechos y conceptos solidarios, defiende a poderes económicos, propone el individualismo como forma de vida, los impuestos para quien los paga, crea barreras sociales soportadas en antiguas tradiciones, historias, lugar de nacimiento, idioma, pertenencia a clanes, a colectivos culturales…declara enemigos y extranjeros a los otros, … Su esquema básico es el principio neoliberal, de ‘a cada uno lo suyo’, su proyecto de agitación y propaganda difunde la xenofobia, lo anti español, ‘los españoles roban, expolian’, su práctica es antidemocrática, sus leyes no son generalizables, las aceptan si les sirven, lo que les sea diferente a la independencia no tiene valor para salir en los medios o ser discutido, airean el valor democrático del ejemplo escocés y canadiense, sin aceptar que dichos modelos tienen un respeto escrupuloso a la legalidad, en ningún caso se producen declaraciones unilaterales de independencia. Parece dar vergüenza considerar de mayor talla democrática la defensa de principios que debería contener todo patriotismo ciudadano, equidad, libertad, justicia, fraternidad, entendida como solidaridad independientemente de orígenes, lenguas, color de la piel...

El impulsor de la Ley de Claridad canadiense, Stephane Dion, opinaba que: ‘En una democracia no hay argumento moral posible que justifique convertir a nuestros conciudadanos en extranjeros’… ‘Mis aliados son la claridad y la franqueza, y mis adversarios, la confusión y la ambigüedad’... Todos somos los unos y los otros… Uno puede estar en contra de un Estado que atenta contra los derechos humanos elementales…’
’En el mundo hay al menos 3.000 grupos diferentes identificados y sólo 196 Estados en las Naciones Unidas. La mayor parte de esos Estados no son Estados étnicos homogéneos ni tienen una sola lengua, una única religión, una sola cultura’…’Si todas las provincias canadienses y todas las regiones europeas quieren estar presentes en los foros internacionales, el planeta se haría ingobernable’

‘Porque en una democracia se trata de ser solidario con todos tus conciudadanos. Aceptas a todos sin atender a sus orígenes, su idioma o su religión. Y el secesionismo es lo contrario. Con el secesionismo eliges a quiénes quieres mantener como conciudadanos y a quiénes quieres convertir en extranjeros.’

jueves, 21 de noviembre de 2019

Una de las dos Españas,...


Corría mayo de 1937 y Azaña acabó de decidir el nombre de quién sería el último presidente del Gobierno republicano… El hasta entonces ministro de Hacienda se había formado principalmente en medicina, aunque posteriormente había estudiado química y economía… Negrín, perteneciente a una familia de comerciantes de Las Palmas, era un hombre ilustrado que hablaba seis idiomas. Se había formado en Alemania y era catedrático desde los 30 años. Aunque era un socialista moderado, un simpatizante del SPD alemán favorable al mercado (fue el primer suscriptor en España de The Economist), a las libertades individuales y contrario al comunismo, su relación con el PCE no era hostil…

El peso creciente de sus competencias políticas obligó al doctor a abandonar su carrera científica, decisión que lamentarían sus alumnos, pues Negrín, además de científico, fue un profesor muy querido por sus estudiantes, entre ellos el futuro Nobel Severo Ochoa…

Lograron hacer creer que España era solo Franco y Mola, y el fascismo y la dictadura, lograron revivir la leyenda negra del imperio español, oponiéndolo a las democracias europeas, para ello ocultaron los fascismos inglés y francés, amén del alemán e italiano, el fascismo de los países nórdicos y el de los países del Este. Ocultaron la explotación atroz y esclavista, y los campos de concentración franceses, alemanes, belgas, holandeses en África, y el imperio inglés en el mundo o la reciente y repetida intervención militar británica durante años en Irlanda.

Lo peor de todo es que muchos españoles se lo tragaron. La secesión en Cataluña ha hecho aflorar la crisis en España, los nacionalistas periféricos han conseguido que muchos españoles desafectos sigan sus postulados secesionistas, ello a pesar de las teorías catalanistas, supremacistas, de su ideología nacional-católica y tradicionalista-carlista, de su extendida práctica fascista.

Llama la atención que amplios sectores de población apoyaran objetivos neoliberales y siguieran considerándose de izquierdas, ¿cómo fue posible que durante años asumieran la creación de desigualdades primando a los catalanistas? Un gran salto de progreso se produjo en la historia cuando el futuro de una persona no se vinculó a su apellido, daba lo mismo donde naciera, todos los individuos tendrían iguales derechos, eso defendieron los progresistas desde hace 300 años. Ahora en Cataluña hay quienes ayudan a que los apellidos catalanes tengan el monopolio exclusivo del poder ¿Qué pasó para que el racismo y el tradicionalismo carlista, cimientos de la ideología de los independentistas se extendiera con tanta facilidad?

Llama la atención que quienes apoyan estas ideologías, objetivos y métodos se consideren progresistas. Mucha de esta gente, conforman la izquierda reaccionaria. Nada es lo que fue, la realidad vivida recientemente descubre aspectos que dieron contenido al concepto -definido por Félix Ovejero-. Difícilmente puede considerarse progresista al que defiende practicar desigualdades, por no hablar catalán, por haber nacido en otra parte, por no apoyar mi religión… por crear fronteras, por apartar, despedir, despreciar, odiar, por violentar a los otros, por asumir totalitariamente como propia la representación del pueblo entero. No es tan difícil comprobar estos aspectos, mirando los apellidos de las élites políticas, económicas y sociales, se comprueba el inmenso peso catalanista y la ausencia de la mayoría de apellidos de los que nacieron y viven en Cataluña.

Un aspecto que explica la amplitud de la postura anterior, es el desapego que existe por España y lo español en muchos sectores de población, data de la época franquista, pero los españoles y los catalanes, como todos los demás en todas partes y todas las épocas, son gente diversa, y cambiante, solo existe la idea de pueblo homogéneo en el ideario populista, nacionalista, en el fascismo. Igual que en Norteamérica existieron los indios sioux y Toro Sentado, también existió el General Cúster y el 7º de Caballería, o el jefe apache Gerónimo vinculado a las Españas; En España todo fue siempre muy diverso, el fascismo y también los anarquistas, la tradición carca y los liberales y republicanos, los vettones y los íberos, y árabes y francos, y cristianos y judíos, y ateos, …

Encuentran argumentos para justificar el rechazo, les cuesta hasta decir que han nacido en España, por no sentirse como otros españoles ultras, evitan el uso del nombre con la idea de que no le asimilen a la España franquista, porque para ellos no existe otra, ni siquiera quieren ser rozados con símbolos que ven utilizados patrimonialmente por el PP, ni con ideas rancias de la patria fascista o imperial… Esto manifiesta altas dosis de complejos y desconocimiento de España y lo español, a lo que nos hemos ido acostumbrando como si fuera normal. Aquí hubo franquistas y republicanos, anarquistas y socialistas, nacional-católicos y laicos y ateos, tradicionalistas e ilustrados… todos españoles, los unos no se entienden sin los otros, pero mucha gente quiere creer que solo existieron los unos. Falta reivindicar a los otros españoles y no aceptar que se los silencie.

El secesionismo catalanista ha captado enormes simpatías de no catalanes, lo acompaña el desprecio por el nacionalismo español, nunca hubo similar desprecio para los nacionalismos periféricos, pero los cabrones, fachas, explotadores, mea pilas, aristócratas, explotadores de esclavos negros, etc. etc. fueron los mismos, españoles o catalanes, formaban legión en toda la piel de toro y en Europa. Olvidaron los fascismos francés e inglés, o el carlismo catalán y vasco navarro… fueron embellecidos por relatos inventados de resistencia y nunca puestos en duda ni criticados en la España democrática, en la que lo español podía ser escupido, o quemado, pero nunca lo catalán, o lo vasco.

Por extrañas razones se ha considerado más democrático y progresista lo catalanista y lo vasquista, siendo como son y fueron, partes inherentes del pensamiento mas carca de las élites españolas gobernantes en el pasado, en el franquismo, o en la democracia… un complejo de inferioridad se extendió entre la población española considerando que aquellos periféricos eran modernos, más listos y productivos que el resto. Una gran mentira, tan falsa como los duros de madera.

Durante el siglo XIX y XX múltiples intelectuales catalanistas han escrito cientos de páginas justificando diferencias, reales o inventadas, comparándose con un español fabricado por ellos con imagen despreciable, que les situara, a ellos, siempre en lo alto de la escala del resto de españoles, -catalanistas preocupados por la raza catalana-. Esas razones supremacistas afloran desde hace 30 años acompañando el process, el fomento del odio y el desprecio y la violencia al otro, al español, que como todo despreciado y enemigo no se le reconocía conciencia de sufrimiento.

Volvamos al comienzo del artículo. Cuando hablen de España y los españoles, incluyan al último jefe del Gobierno durante la II República, Sr. Negrín, y al presidente de la II República, Sr. Azaña, y a todos los españoles que lucharon por la igualdad, la libertad y solidaridad. Y para comparar con la lista de catalanistas del XIX, citada anteriormente, facilito una serie de nombres de españoles que convendría conocer, atrévanse a estudiar sobre otros españoles, éstos son progresistas, regeneracionistas, ilustrados, … científicos, catedráticos, pensadores, escritores, colaboradores de publicaciones liberales, republicanas, socialistas, anarquistas, …

Leopoldo Alas Clarín, Rafael Altamira, Álvaro Alvarez-Buylla, Josefa de Amar y Borbón, Leon de Arroyal, Felix de Azara, José Nicolás de Azara, Gumersindo de Azcárate, Pío Baroja, Eduardo Benot, Julián Besteiro, Vicente Blasco Ibáñez, Ignacio  Bolívar, Odón de Buen, Padre Burriel, Juan Cabanilles, Francisco de Cabarrús, José Cadalso, José Campillo y Cossío, Manuel Bartolomé Cossío, Joaquín Costa, Valentín de Foronda, Tomás de Iriarte, Rafael María de Labra, Joaquín Dicenta, Pedro Dorado, Pedro Estasén, Benito Jerónimo Feijoo, José Fernández Nonidez, Leandro Fernández Moratín, Juan Pablo Forner, Francisco Giner de los Rios, Augusto González Linares, Gaspar de Jovellanos, Anselmo Lorenzo, Ignacio de Luzán, Antonio Machado, Lucas Mallada, José Marchena, Fray Martín Sarmiento, José Martínez Ruiz, Francisco J. Martínez Marina, Gregorio Mayans y Siscar , Juan Meléndez Valdés, Diego Muñoz-Torrero, José Celestino Mutis, Pablo de Olavide, Benito Pérez Galdós, José de Perojo, Antonio Ponz Piquer, Adolfo Posada, Manuel José Quintana, Santiago Ramón y Cajal, Manuel Revilla, Pedro Rodríguez Campomanes, José de Rodríguez Carracido, Calvo de Rozas, Rafael Salillas, Nicolás Salmerón, Aniceto Sela, Luis Simarro, González Solás y Saavedra, Federico Urales, José Ustáriz, Jaime Vera, José Viera y Clavijo, Antonio Zulueta… son unos pocos españoles, no son santos, no son  perfectos, pero chocan con la idea rancia de lo español fabricada por algunos para intentar justificar su placentera supremacía moral e intelectual.


(Primavera 2018)

miércoles, 6 de noviembre de 2019

Karl y Groucho Marx en Cataluña. Daniel Gascón.



El procés fue una revuelta de los ricos contra los pobres, de sesgo etnolingüístico y teatralizada en el terreno de lo simbólico. Los análisis marxistas —como los de Luis Abenza en Politikon— explicaban muchas claves. Buena parte de las clases educadas se alinearon con la secesión. Se sumaron una estrategia de construcción nacional, pánico y competencia entre los partidos nacionalistas, creatividad publicitaria, supremacismo camuflado a duras penas, cursilería apabullante, imaginario kitsch y el dinero. No sorprende que un sector de la izquierda española e internacional se pusiera del lado de los poderosos. Las clases intelectuales y académicas están separadas de las clases productivas. Ya señaló Orwell que hay cosas tan estúpidas que solo las puede creer un miembro de la intelligentsia y que a uno le enseñan de pequeño que la clase baja huele.

La falta de violencia explícita era, por un lado, parte del argumentario central: pretendían que la violencia fuera del Estado y que eso socavara su legitimidad. Por otro, no era necesaria: si la espiral del silencio funciona, no hace falta usarla. Las justificaciones de la violencia señalan el fracaso del independentismo, pero también son la reacción a la quiebra de una hegemonía.

En la huelga universitaria, como en otras actuaciones del independentismo, destaca el espíritu antidemocrático, la pulsión autoritaria con que se pretende imponer una visión. Un efecto es la degradación de instituciones que son de todos los catalanes. Otro aspecto llamativo es la negativa a afrontar las consecuencias. Los líderes condenados no solo apelaban a una desobediencia civil que corresponde a personas y no a instituciones, sino que, a diferencia de quienes realmente han ejercido la desobediencia civil, sostienen que sus acciones no merecen reproche legal. Todo castigo se considera injusto; todo obstáculo, una persecución; todo coste, un exceso. Ahora, a veces con la complicidad de las universidades, quienes reclaman la autodeterminación y la amnistía, quienes intimidan a profesores y compañeros, quienes impiden que otros alumnos asistan a clase y lanzan consignas épicas quieren que el sistema garantice que ellos no sufrirán ningún inconveniente. Una cosa es hacer la revolución y otra sacar peor nota, suspender o pagar una segunda matrícula: pertenecen a esa clase de personas que, como decía Groucho Marx, siempre toman bebidas caras, excepto cuando pagan ellas. 

martes, 5 de noviembre de 2019

Cataluña: 'Deseo y delirio'


…Esa distorsión de lo real permite comparar con pasmosa normalidad a Cataluña con Hong Kong, a los independentistas con los esclavos negros, o no ver, por ejemplo, que la Universidad, templo del conocimiento y control ético del poder, se subordina a él orgánicamente, aunque sus rectores, despreciando su función pública y rompiendo el principio de igualdad, proclamen que no, que solo ofrecen a sus estudiantes “facilidades” para militar en el más viejo de los objetivos: la movilización simplista y maniquea contra un enemigo, el Estado, elevado a rango de absoluto.

Es muy difícil negociar con una vivencia, porque no es un proyecto político: por eso la respuesta siempre suele ser un condescendiente “tú no lo entiendes”, como si mirar desde los márgenes no procurase perspectiva y conocimiento. Ese “no lo entiendes” significa en realidad que no lo sientes igual, lo que destierra de un plumazo cualquier posibilidad de espacio compartido, pues se está impidiendo objetivamente una salida. Cada acontecimiento nuevo se convierte ya en un argumento al servicio del aparato que has creado, del inevitable delirio que surge del camino que va entre tu vivencia y una realidad que no se pliega a tus deseos. Desde ahí, todo lo que sucede te va dando una y otra vez la razón.

La excepcionalidad del momento es el MacGuffin que lo justifica todo, desde dar prebendas a los estudiantes hasta crear una asamblea de cargos independentistas paralela al Parlament, el viejo camino de la Udalbiltza de Ibarretxe. Ya no vale con “decidir”: se quiere decidir solo con los nuestros. ¿Qué concepción democrática es esa que, vulnerando el respeto a la pluralidad social, pretende prevalecer sobre las estructuras estatales o confundirse con ellas?...

lunes, 4 de noviembre de 2019

En Cataluña puedes tenerlo todo. Muñoz Molina

…/…

El único sitio del mundo donde el edén virtual se ha cumplido, aparte de en los anuncios, es en Cataluña. Solo allí es posible disfrutar al mismo tiempo de una cosa y de su contraria, elegir algo y seguir teniendo algo más. Se puede presidir el Gobierno establecido y al mismo tiempo ponerse a la cabeza de una sublevación, todo eso cobrando un sueldo que es el doble del que cobra el presidente del Gobierno opresor. Se puede participar en una huelga de estudiantes universitarios y al mismo tiempo no perder el curso, dado que las autoridades académicas, con paternal y maternal indulgencia, suprimen el estorbo de los exámenes parciales, a fin de que esos jóvenes puedan ejercer su rebelión sin llevarse sinsabor alguno. Puedes imaginarte que participas en una especie de temeraria intifada, emboscado bajo la capucha de una sudadera de marca, tirando piedras y bengalas contra la policía, y al día siguiente tus padres se manifestarán quejándose de que los guardias invasores no te trataron con el mimo que mereces. Se puede repetir esa consigna escalofriante, “Las calles serán siempre nuestras”, y al mismo tiempo considerarse víctima de unas “fuerzas de ocupación”, uniendo así la jactancia del que manda con la dignidad moral del oprimido. Solo en la Cataluña de ahora está permitido hacer gala de un pacifismo entre evangélico y gandhiano y al mismo tiempo celebrar las oportunidades de “visibilización” que ofrece la violencia vandálica. Por la noche se puede uno dar el gusto de quemar autobuses y contenedores de basura y a la mañana siguiente encontrará que unos operarios diligentes han remediado los destrozos, y que junto a esa misma marquesina que derribó o incendió anoche volverá a detenerse a su hora otro autobús intacto que no solo lo llevará a su destino, con gran comodidad y a un precio conveniente, sino que además podrá ser incendiado a su vez esta noche.

Puedes tenerlo todo. Puedes viajar en el tren y puedes cortar las vías. En lugares menos avanzados, los trabajadores que van a la huelga pierden días de salario y corren el peligro de perder también el trabajo. Tú puedes declararte en huelga y como los activistas que la convocan son también tus superiores recibirás felicitaciones en vez de sufrir represalias. Puedes declararte víctima y mártir de la represión y lanzar a un policía una piedra o un objeto metálico que le atraviese el casco y le rompa el cráneo y dé con él, entre la vida y la muerte, en la UVI de un hospital. Si se da el caso de que te guste la ópera, puedes disfrutar de una función de gala en el Liceu, y además de beneficiarte de los muchos millones que puso el Estado para financiar su rápida reconstrucción después del incendio, tendrás el privilegio añadido de gritar consignas contra la opresión que dicho Estado te hace padecer. Puedes llamar perros, simios, hienas con forma humana a los que consideras tus adversarios, y a la vez sostener, con la conciencia perfectamente limpia, que los xenófobos son ellos. Puedes quedarte ronco exigiendo libertad de expresión y al mismo tiempo sumarte a un grupo amotinado para suprimir la libertad de expresión de otros más débiles que tú. Puedes hacerte selfis joviales delante de la hoguera que amenaza una casa de vecinos o una gasolinera, y luego compartirla en las redes sociales, y a la vez sentir que formas parte de uno de esos pueblos avasallados durante siglos, judíos o negros sudafricanos o kurdos. Puedes tener un yate imponente y una mansión en la Costa Brava y caldearte por dentro con la seguridad moral de los perseguidos y la adrenalina ardiente de los revolucionarios con solo plantar una bandera estelada sobre el tejado de la mansión o el mástil del yate; y cenar langosta en cubierta y a la vez imaginarte que formas parte de la tripulación del Granma y vas a empezar una sublevación como la de Fidel Castro contra Fulgencio Batista.

Siempre habrá quien acabe pagando: quien recoja los cristales rotos y las bolsas de basura reventadas, ataje el fuego, procure restablecer a su alrededor algo de cordura. Asombrosamente, son los más responsables los que mejor saben ponerse a salvo de cualquier consecuencia de lo que ellos mismos desataron. Vivir como en el interior de un anuncio en el que puede tenerse al mismo tiempo todo ha sido siempre un privilegio de clase.

jueves, 31 de octubre de 2019

Violencia indepe con intensidad variable en Cataluña

Increíble, politólogos, políticos y charlatanes televisivos se extrañan por la violencia de los últimos días en Cataluña, tras la publicación de la sentencia del Tribunal Supremo por el juicio a los líderes del procéss. A muchos les ha pillado por sorpresa el grado de violenta lucha callejera ¿Qué pensaban que era el nacionalismo metido en un proceso secesionista?, aquí y en todas partes, ahora y hace muchos años, el nacionalismo, cargado de xenofobia y supremacismo, utilizaron, utilizan, ingredientes básicos del fascismo, entre ellos está la violencia. Y el movimiento independentista mostró hace tiempo sus rasgos catalano fascistas. Si se les deja hacer, aparentemente no pasa nada, salvo para los afectados directamente, una violencia de baja intensidad domina la situación, pero si se les enfrenta e impide algo, la violencia sube de grado y se hace visible públicamente.

La fuerte base ideológica que suministran las teorías de los catalanistas, desde hace 150 años, ha sido asumida por los viejos y nuevos independentistas, a dichos autores, y a sus ideas, se los venera en Cataluña, pueblos y ciudades ponen sus nombres a calles y plazas, a universidades y centros sociales, a parques y estaciones de metro, lo mas granado del racismo catalán se puede encontrar adorado por el independentismo en cualquier ciudad.

Las condiciones que posibilitaron aumentar el grado de violencia estaban dadas, tienen una ideología que los hace creerse los elegidos, un odio sembrado contra lo español, y todo lo que signifique el estado, viven una identificación con sus héroes pasados, tienen organización y capacidad de movilización, que junto a la enorme frustración por no conseguir la independencia, -muchos creyeron estar ya en una república-, y el hartazgo entre sus filas. generado por la diferencia entre lo que los dijeron y lo conseguido, convenientemente azuzado por sus líderes, aumentó las posibilidades para que de forma generalizada estallaran violentamente contra todo lo que se pusiera por delante.

En las innumerables páginas webs independentistas, desde hace años, se celebran y homenajean antiguas organizaciones y líderes fascistas catalanes, a los que también aplaudió y homenajea el presidente de la Generalitat Sr. Torra y sus altos cargos políticos, por supuesto también los aplauden los líderes de las principales organizaciones indepes como ANC y Ómnium, y todas las sociedades u organizaciones civiles, culturales, deportivas o religiosas que están promocionando la secesión. Así que entenderán mejor el secesionismo si aceptan que dentro del movimiento independentista existen varias corrientes, algunas de las cuales cultivan y practican la violencia, con mayor o menor intensidad, dependiendo del momento y de la resistencia encontrada enfrente.

La violencia es una constante en el movimiento independentista, la utiliza como recurso de cambio social en múltiples situaciones y ambientes diferentes, lo que hace el movimiento es aplicar diversos grados en función de la necesidad, naturalmente también depende de cómo avance el proceso de fascistización que se está desarrollando en Cataluña, lo cual marcará el nivel de aceptación social de la violencia, o la percepción de normalidad sobre ella. Ellos recuerdan a Daniel Cardona y amigos, a los que se homenajea como héroes, que escribieron ‘’ ¿No vale más que caigan tendidos por un tiro de browing que no que caigan por siempre más en este surmenage moral y físico?… La causa de Cataluña requiere una browning (pistola brownin) en cada bolsillo para que se respete nuestro derecho...’’

Los indepes, como hicieron antes los fachas italianos o los franquistas, amparados en la supremacía moral que pretenden ostentar, oprimen a la mitad de los catalanes y utilizan la fuerza necesaria para lograr sus fines, fuerza que puede ser variada en formas y grados de aplicación. Si con fuerza de grado 1 consiguen resultados, no subirán otros grados. Por ejemplo, si aplicando la violencia administrativa de negar una licencia de apertura a un negocio, un alcalde en un municipio impide que un establecimiento comercial abra, no será necesario subir de grado, forzando así la migración del constitucionalista. Si el establecimiento ya estuviera abierto y se quiere bloquear, se atacará con pintura, rompiendo sus cristales, boicoteando proveedores y suministros, obstaculizando la entrada de clientes, dañando los cierres del establecimiento, atentando contra las conexiones eléctricas o de agua, presionando a los profesionales de oficios para impedir sus arreglos...

Los resultados que obtienen consecuencia de la opresión deberán ser los deseados, si no obtienen sumisión, aumentarán la violencia. Su aversión a la democracia, entendida como libertad en igualdad para todos, y el desprecio a las leyes democráticas, que solo aceptan las que les benefician, los lleva a plantearse objetivos muy diferentes. Por ejemplo, dificultar que voten en las elecciones celebradas en el pueblo, para lo que apartan y esconden papeletas que no sean las de partidarios de la secesión, ‘el que las quiera que las pida’, y el posible votante aguante el tipo ante la milicia indepe que controla el local electoral, lógicamente en esos pueblos del interior hay mayorías indepes. Posteriormente presumirán en sus medios y redes de ganar todas las elecciones, de ser mayoría, lo cual es otra mentira, en general siempre sacaron menos votos independentistas, pero lograron más representantes en un sistema electoral que prima el interior de Cataluña y los pueblos pequeños, y ello favorece sus formaciones.

Intentarán que los ciudadanos no protesten por la ocupación de calles, iglesias rotondas, colegios y todos los edificios públicos con símbolos, pintadas y banderas independentistas, incluso los espacios electorales en días de votación, intentarán que se acepten en silencio las consignas y letanías sonoras periódicas emitidas mediante altavoces desde torres de iglesias y ayuntamientos, que acepten como normal entrar a bares y comercios bajo las cortinas/banderas independentistas, que acepten no los sirvan en un bar, o ser expulsados del mismo, que aíslen y no hablen a los niños en el colegio si usan su lengua materna, el castellano, que no sean recibidas las madres por el profesorado,… así hasta la asfixia de cualquier comportamiento distinto basado en pensamientos igualitarios, democráticos y tolerantes con los diferentes.

El proceso de fascistización en Cataluña avanza, está más consolidado hoy que hace cinco años, cada día más parecido a los fascistas italianos y a los franquistas de la postguerra, con sus chivatos por pueblos, los vigilantes de barriada que decían a los vencidos, qué hacer y cómo comportarse, marcaban a los que no asistían a las procesiones y actos colectivos, hoy a los que no van a homenajear a los Hermanos Badia, a Daniel Cardona, a los que no asisten a las fiestas tradicionales donde es fácil encontrar un stand con ambiente familiar para perseguir al español, o a las procesiones nocturnas con antorchas, iguales a las que hacían los nazis, o a eventos culturales y tradicionales… en el pasado informaban para que nadie les contratara, extendían informes de buen español, igual que ahora, los informes de catalanes traidores sirven para negar permisos, trabajos o poner zancadillas de vida cotidiana… Eso también es violencia fascista.

Otras veces la violencia y opresión se ejerce desde las instituciones, consiste en no aplicar las leyes del Estado, no prestar ayuda policial en determinadas situaciones, no recoger denuncias o tirarlas a la papelera, no permitir empleos en condiciones de igualdad, no facilitar colegios o guarderías para hijos pequeños, no conceder permisos de obras, mandar a los municipales a presionar con multas por comportamientos en temas cotidianos como basuras, coches, obras, denuncias falsas… toda una violencia de baja intensidad ocurre a diario justificado en su concepción de ser una raza superior.

 ‘’Cuando una raza es fuerte y victoriosa escribe su grandeza y la transmite a las siguientes generaciones en sus monumentos de piedra: cada sillar arrancado del corazón de sus montañas constituye una letra; el conjunto del edificio el poema de sus glorias. Cuando una raza es floja y cobarde, cuando cae degradada a los pies del vencedor, es que reniega de su pasado y, ella misma, más destructora que el tiempo borra el poema de su grandeza arrancando una a una las piedras del edificio para devolverlo a la nada de donde surgió un día. Mas cuando la raza agonizante, dormida bajo la corrupción de sus vicios, vuelve a darse cuenta de su grandeza pasada y se avergüenza de su presente de humillaciones, recoge piadosa los sillares hechos migajas que las manos amorosas de sus abuelos trabajaran y con fuerzas nuevas, arrancadas del espíritu y del cuerpo, vuelve a levantar el monumento insigne, tablas de piedra donde Dios mismo escribió un día sus leyes y las glorias de su pueblo.

La raza que vence y que se hace noble y poderosa; que cae y que se ensucia hasta el alma; que se vuelve a levantar esperanzada despolvando su vestido, es la raza catalana; Santa María de Ripoll el símbolo de su gloria, que hoy a todos nos acoge bajo sus alas.

La primera vez en su edad de gloria y de conquista, sintiéndose resonar todavía en la lejanía los alaridos de los califas moros, mientras estos valles se estremecían de alegría bajo el caballo de nuestro conde Guifré, el tronco poderoso de nuestro linaje, el fundador de la nacionalidad catalana, y mientras los cielos se abrían para recibir el incienso y las plegarias de los sacerdotes que este monumento a Dios consagraba.
Àngel Guimerà i Jorge. “Ángel Guimerá en la sessió catalanista de Ripoll”. Lo Catalanista, VII/313. 16 de julio de 1893.