viernes, 13 de marzo de 2026

Petróleo. Precios. Inflación. La Guerra

 

(Precio gasolina en EEUU)

La guerra sigue su curso, como era de esperar por casi todo el mundo. Nadie sabe cuándo terminará, ni cuanto se extenderá en el medio plazo. Nadie sabe cuándo ni cómo terminará, incluye a Trump y su cuadrilla de matones desalmados. Pandilla de monstruos descerebrados los llama de vez en cuando Paul Krugman.

El bloqueo de Ormuz puede ampliar brutalmente todo. Unos 20 millones de barriles diarios pasaban por allí. Para hacernos idea de su peso actual debemos tener en cuenta que el volumen del comercio que cruza por allí es más de cinco veces superior al que pasaba en anteriores guerras y crisis del petróleo conocidas.  A pesar de que ahora las economías son más eficientes y consumen menos petróleo por unidad de producto que antes, su dependencia del estrecho de Ormuz es mayor.

Los precios, son uno de los factores que influyen en su continuación. El petróleo en el mercado global está en el entorno de 100 $ barril -tanto el Brent como el West Texas- que son los indicadores o referencias mundiales para todos los mercados. Este precio es el que está impulsando las subidas de multitud de productos vinculados, como gasolinas, gasoil, plásticos, químicos, urea, fertilizantes, ácido sulfúrico -para el cobre-, helio -para chips-, ello repercutirá en transportes, alimentos, fabricación industrial, en la energía eléctrica, por tanto, la inflación -subidas constantes de precios- comienza a asomar. Y la cara dura de los aprovechados, chantajistas que se enriquecerán, por ejemplo, las gasolineras vendiendo petróleo que ya tenían almacenado comprado a 60/70$, como si fuera comprado hoy a 100$. Y los ultras calladitos sin denunciarlo.

Hace días un empresario modelo de los actuales, Roig/Mercadona, pide al gobierno que quite impuestos del IVA a los alimentos, para abaratarlos. Coño¡, más fácil sería que no subieran ellos los precios. Sus enormes beneficios de los últimos años se lo permitirían sin que sus bolsillos lo notaran. Volvemos a oír el silencio de los ultras. Bajadas de impuestos piden las derechas, pero no podremos montar un escudo social para los más necesitados si bajamos recaudación. Pocos impuestos significa debilitar el Estado, quitar poder al Estado pretende dejar nuestras vidas en manos de los ricos, retroceder cientos de años.

Los precios suben en EEUU desde que llegó Trump. La asequibilidad -así llaman allí a la problemática capacidad de compra- está explotando. Los aranceles, sirvieron fundamentalmente para subir precios a los norteamericanos y aumentar gastos en las empresas estadounidenses, que ahora pueden reclamar tras el fallo del Tribunal Supremo. Se han perdido miles de puestos de trabajos industriales, el paro de larga duración aumenta, el mercado de trabajo se reduce por la IA. Ahora los precios internacionales del petróleo también suponen allí aumentos de precios. La derivada económica de la guerra le está quitando muchos apoyos populares a Trump.

 Expliquemos un poco su lio petrolero. EEUU es uno de los mayores productores de petróleo del mundo, -23 millones de barriles diarios, Arabia Saudí y Rusia 11 millones cada uno- con su fracking defendido a capa y espada por Trump – gritaba drill, baby, drill- han conseguido no importar petróleo. Pero, con precios por debajo de 70$ barril no suele ser rentable el fracking, ahora bien, si el precio sube, la rentabilidad de perforar aumentaría. Eso para las empresas petroleras. No pierdan de vista un objetivo colateral de la guerra del que hoy no se habla, el petróleo venezolano, que en su gran mayoría es muy sucio y pesado, siendo hoy muy poco rentable -unos 900.000 barriles diarios- con precios por debajo de 70$. Sus grandes reservas necesitan de enormes inversiones previas para equipos e instalaciones obsoletas, y con precios por encima de 100$ entonces ya sería interesante rentabilizar.

Los precios de combustible en gasolineras, abonos agrícolas, productos intermedios y alimentos en general son tomados en función del precio internacional del petróleo. Es decir, los ricos petroleros estadounidenses se benefician de las subidas, pero la población en general sufrirá la inflación -gasolina en EEUU hoy a 3.54$  frente a 2.92$ hace un mes-  y amplios sectores de los MAGA sufrirán la asequibilidad, los sueños de millones por los suelos, abandonados, sin trabajo, sin recursos sociales rebajados o eliminados por Trump con sus gigantescas bajadas de impuestos para los super ricos, con guerras que les dijeron evitarían y con aumentos de la represión general en las ciudades, además la persecución a inmigrantes roza a millones de americanos. Mientras tanto los documentos del caso Epstein muestran muchas alusiones y fotos de la depravación de aquellos poderosos.

Estos problemas económicos son un factor que puede torcer la mano de Trump, dando valor una vez más a su nominación como TACO. Mientras tanto las petroleras estadounidenses, las industrias de armamento de EEUU y las tecnológicas, se están forrando. Como diría Mao, uno se divide en dos, hacer grande América para los ultras ricos, lleva aparejado otro problema, destroza las vidas de millones de pobres y trabajadores muchos de los cuales son votantes de MAGA, lo cual hace temblar por las elecciones próximas.

lunes, 9 de marzo de 2026

Petróleo por encima de 100$

 


Petróleo a más de 100 $ barril es una señal de alto peligro de generalización y duración de la guerra. Al margen de que implica una probable crisis económica global, con generalizada inflación, subidas de precios en múltiples productos que triturarán las rentas de millones de trabajadores. La guerra comienza a extender su manto global.

Las señales de los 100/120/150 $ barril son importantes, significa que miles de analistas económicos y políticos, de miles de empresas, de centros de estudios y gobiernos, han dejado como resultante de esos montones de análisis una cifra plasmada en un precio. Para ello han tenido en cuenta cientos de factores, tiempo e intensidad de los ataques, capacidad militar y económica de resistencia en ambos bandos, resistencia a presiones sociales y políticas tanto internas como externas, destrozos locales a países de la región o daños globales a infraestructuras suministradoras de petróleo y gas y capacidad futura de sustitución y reparación, tiempo de bloqueo de Ormuz, cantidad de petróleo que pasaba por el estrecho, posibilidades de extensión del conflicto tanto regional como global, posible incorporación a la guerra de nuevos actores, resistencia al destrozo de negocios actuales provocando pérdidas millonarias, posibles negocios futuros con beneficios escandalosos, etc. etc.

Un factor de análisis que consideran en esta guerra es su carácter religioso. Los tres principales protagonistas han introducido en sus esquemas de decisiones el concepto de guerra religiosa. Los tres dicen, y lo dicen públicamente en todos los medios de comunicación, que su dios les guía y les protegerá hasta destruir a sus enemigos. Los altos mandos de los tres y sus comandantes intermedios son guerreros religiosos que nos están llevando a las cruzadas. Los tres gobiernos tienen un gran carácter ultra religioso, dominados/apoyados por las ultra derechas de sus países, y sociológicamente por las ultraderechas mundiales. Sus dirigentes son super machos, anti normas y contra leyes tanto internacionales como nacionales, son defensores del brutalismo, la ley del más fuerte.

Y sí. La guerra armada, militar, podría extenderse más allá de Oriente Medio. Las consecuencias económicas y políticas se están sufriendo ya en cada país, las penurias aumentarán. Los bandos ultras culparán a sus enemigos internos, al diablo, que son los otros, ya están realizando sus campañas locales contra la tolerancia y la etapa de modernidad surgida hace doscientos cincuenta años tras la Ilustración, buscan aplastar toda idea de diversidad, de libertad, de convivencia, de compartir el planeta.

A los países árabes del Golfo -tan ultras sociológicamente como los otros- los está haciendo polvo sus planes de modernización económica, sus campañas de adaptación al turismo y cambios en sus modelos económicos. A Rusia los elevados precios del crudo le pueden venir bien porque aumentará sus ingresos, aunque estén golpeando a sus aliados directos. A China le están cortando sus canales de suministro de petróleo, ayer Venezuela, hoy Irán, lo cual frenará algo su crecimiento. En todo caso se está mandando el mensaje de que pueden actuar salvajemente donde quieran en su área de influencia. A otros países se les está empujando para que construyan rápidamente sus bombas atómicas, único freno para impedir agresiones de matones despiadados.

miércoles, 4 de marzo de 2026

La guerra de Trump contra Irán es ilegal

Transcribo extractado el artículo tomado del blog estadounidense

 ‘The Contrarian’

La guerra de Trump contra Irán es ilegal. 2 de marzo de 2026

Por John Danforth, Norman Eisen, Eugene Fidell, Richard Gephardt, J. Michael Luttig Richard W. Painter

El presidente Donald Trump ha involucrado a Estados Unidos en otra guerra ilegal. Menos de dos meses después de una operación militar estadounidense inconstitucional y no autorizada en Venezuela , Trump ha lanzado una campaña de bombardeos a gran escala contra Irán. Lo hizo con la intención manifiesta de lograr un cambio de régimen (entre otros supuestos propósitos).

Irán ha sido gobernado durante décadas por dictadores crueles que oprimen a su propio pueblo y representan una amenaza a largo plazo para la seguridad de Estados Unidos y nuestros aliados. No derramamos lágrimas por el ayatolá Jamenei , pero eso no significa que hubiera una justificación legal para llevar a nuestro país a la guerra.

 El ataque a Irán es claramente ilegal según la legislación estadounidense. El Artículo I, Sección 8 de la Constitución estadounidense otorga al Congreso la facultad exclusiva de declarar la guerra. Como declaró el Segundo Circuito en Berk v. Laird , «la facultad del Congreso para declarar la guerra, conferida por el Artículo I, Sección 8 de la Constitución, pretendía ser una restricción explícita a la facultad del Ejecutivo para iniciar una guerra por su propia cuenta».

A diferencia de las hostilidades con Irán, entre los casos anteriores en los que los presidentes han empleado la fuerza militar se incluyen varios que fueron claramente —o al menos posiblemente— autorizados por el Congreso. Por ejemplo, la Resolución del Congreso sobre el Golfo de Tonkín de 1964 autorizó la trágica participación de Estados Unidos en la guerra de Vietnam, aunque la expansión de esa guerra por parte del presidente Richard Nixon a Laos y Camboya no contó con la autorización del Congreso. Una resolución del Congreso de 1991 autorizó la primera Guerra del Golfo contra Irak tras la invasión de Kuwait. Una Autorización para el Uso de la Fuerza Militar (AUMF) de 2001 allanó el camino para la guerra contra Al Qaeda, los talibanes y organizaciones terroristas aliadas en todo el mundo. Esta AUMF ha sido interpretada de forma expansiva, quizás demasiado, por cuatro presidentes (George W. Bush, Barack Obama, Trump y Joe Biden) para autorizar ataques contra otras organizaciones terroristas y sus partidarios.

Una AUMF de 2002 autorizó la invasión de Irak en 2003. Esta autorización, si bien se basó en información errónea sobre armas de destrucción masiva, al menos se obtuvo del Congreso antes de que Bush procediera. La AUMF de 2002 también ha sido invocada por presidentes posteriores para operaciones militares relacionadas con la situación de seguridad en Irak.

Incluso ese bajo listón ha sido en ocasiones incumplido por presidentes de ambos partidos. Por ejemplo, el bombardeo de Yugoslavia, liderado por la OTAN, por el presidente Bill Clinton se llevó a cabo sin el consentimiento del Congreso ni la autorización del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas . Varios presidentes han invocado las AUMF de 2001 y 2002 para justificar ataques que solo guardan una relación tangencial con los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 o con la situación de seguridad en Irak, que era el propósito previsto por el Congreso para las AUMF.

El bombardeo de Obama en Libia en 2011 se basó en un razonamiento jurídico endeble, incluyendo una referencia a una resolución del Consejo de Seguridad que autorizaba, pero no exigía, la intervención militar para evitar la masacre de civiles a manos del dictador libio Muamar el Gadafi. Dicha operación debería haberse llevado a cabo con una autorización del Congreso, que Obama no obtuvo. Parte del fundamento jurídico fue que no hubo guerra porque las tropas estadounidenses no se pusieron en peligro. El bombardeo de Trump a Irán ya ha causado cuatro muertes de militares estadounidenses y alrededor de una docena de heridos, al momento de escribir este artículo, y el presidente ha dicho que espera más.

En múltiples dimensiones, la guerra contra Irán va mucho más allá de estos casos previos de uso de la fuerza militar e incluso del bombardeo de Irán por parte de Trump en junio. Quienes consideran las violaciones presidenciales previas a la ley como precedentes válidos, en cualquier caso, no comprenden la cuestión. No es posible combinar una serie de violaciones legales pasadas para crear una nueva norma que contradiga el texto de la Constitución. El argumento de que "otros presidentes lo hicieron" no justifica apartarse de los límites constitucionales. De hecho, este argumento es una de las razones por las que los abusos del poder presidencial han alcanzado proporciones críticas.

El ataque no solo incumple la Constitución, sino que también plantea profundas dudas en virtud de la Resolución de Poderes de Guerra de 1973. Dicha ley refleja en la Sección 2 que el presidente puede entrar constitucionalmente en hostilidades solo cuando el Congreso lo ha autorizado o existe una "emergencia nacional creada por un ataque a los Estados Unidos, sus territorios o posesiones, o sus fuerzas armadas". No existía ninguna declaración de guerra del Congreso ni otra autorización legal específica para atacar a Irán, y no hubo ningún ataque contra los Estados Unidos, sus territorios ni las fuerzas armadas estadounidenses. El hecho de que los presidentes hayan eludido esta ley durante mucho tiempo y el Congreso se lo haya permitido no debería restarle valor a su lenguaje claro y su intención.

El ataque a Irán también contraviene el Artículo 2(4) de la Carta de las Naciones Unidas , que prohíbe la amenaza o el uso de la fuerza contra la integridad territorial de cualquier Estado miembro. La Carta de las Naciones Unidas fue ratificada por el Senado de los Estados Unidos en 1945 (con 89 votos a favor y 2 en contra) y es la ley vigente en el país, al mismo nivel que la legislación aprobada por el Congreso. Según la Constitución, el presidente debe velar por que las leyes, incluidos los tratados ratificados por el Senado, se cumplan fielmente, no se ignoren.

La Carta de las Naciones Unidas impone restricciones significativas al recurso a la fuerza militar, lo que incluye la guerra. Sin la aprobación del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, el uso de la fuerza militar solo se permite en legítima defensa, según el Artículo 51. La excepción de legítima defensa permite a las naciones usar la fuerza en legítima defensa, individual o colectiva, solo si se produce o es inminente un ataque armado. Una "guerra preventiva" contra una posible amenaza futura no constituye un acto de legítima defensa anticipada ante un ataque inminente y constituiría una clara violación del derecho internacional.

El objetivo, expresado abiertamente por Trump, de iniciar un cambio de régimen no se enmarca en la estricta excepción de legítima defensa del Artículo 51 y, por lo tanto, constituye un uso ilegal de la fuerza. Además, atacar deliberadamente a un jefe de Estado, incluso a un dictador como el Líder Supremo de Irán, constituye un acto ilegal de agresión según el derecho internacional. Y lanzar ataques durante las negociaciones diplomáticas activas, que se desarrollaban durante febrero, viola posiblemente el principio de "buena fe" consagrado en el Artículo 2(2) de la Carta de las Naciones Unidas.

La decisión de Trump de actuar por su cuenta, violando este vasto corpus de obligaciones constitucionales, estatutarias, convencionales y de otro tipo, no solo ha causado la muerte de al menos cuatro militares estadounidenses, sino que también ha causado numerosas muertes y lesiones entre la población civil en todo Oriente Medio. El bombardeo de una escuela primaria femenina en Irán , con cerca de 150 víctimas , es una señal ominosa de lo que podría ocurrir si esta guerra continúa.

Con demasiada frecuencia, dictadores y aspirantes a dictadores inician guerras en el extranjero para distraer la atención o generar apoyo para su subversión de la democracia en el país. Estados Unidos sigue siendo una democracia. No se debe permitir que nuestro presidente use la guerra para subvertir el Estado de derecho, ni en el país ni en el extranjero.

John Danforth , republicano, fue senador de los Estados Unidos por Missouri de 1976 a 1995 y embajador de los Estados Unidos ante las Naciones Unidas de 2004 a 2005. Norman Eisen , editor de The Contrarian, fue el zar de la ética en la Casa Blanca de Obama. Eugene Fidell es profesor visitante de Derecho en la Facultad de Derecho de Yale. Richard Gephardt , demócrata, representó al tercer distrito de Missouri en la Cámara de Representantes de los Estados Unidos de 1977 a 2005. J. Michael Luttig fue juez del Tribunal de Apelaciones de los Estados Unidos para el Cuarto Circuito de 1991 a 2006. Richard W. Painter es profesor de Derecho Corporativo S. Walter Richey en la Facultad de Derecho de la Universidad de Minnesota y ex asesor asociado del presidente y abogado jefe de ética de la Casa Blanca para el presidente George W. Bush. Es coautor, junto con E. Thomas Sullivan, de “ The US Presidency: Power, Responsibility, and Accountability ”.