Me dirigí a los despachos de las centrales sindicales del hospital, para pedirles un e-mail donde pudiera remitirles un escrito con mis opiniones sobre un incidente surgido en urgencias, indicándoles que me parecía lógico que los sindicatos conocieran una opinión relativa al mismo. A los que pedí, me dieron su e-mail, amablemente. Salvo el representante de CCOO que me contestó que ‘el correo no se daba a particulares’ ¡!!!.
La respuesta me dejó descolocado unos segundos, y volví a explicar que pretendía mandarlos un escrito con opiniones sobre la actuación de una trabajadora de urgencias. La siguiente retahíla ya me puso en guardia, ‘que le llevara el escrito en mano y ya verían, que su correo no lo daban a nadie ajeno…’ como le debió parecer una insensatez lo que estaba diciendome intentó justificarlo, pero salí pitando asustado de comportamiento tan burocrático y antigüo en la izquierda, ‘mira no tengo tiempo, si no me das un email para que te mande un escrito pues no pasa nada, adiós'.
Tengo familiares, amigos y ex colegas que pertenecen a CCOO, muchos como dirigentes, como los tengo de UGT y otras siglas sindicales y políticas), además de por mi propia experiencia, entiendo de sobra que no todo el mundo en una organización o colectivo se comporta igual, que los puntos negros o blancos de unos no son extensivos a todos, ni por tanto se debe generalizar el comportamiento de un militante, ni de un grupo de ellos.
Tuve un problema de atención informativa (la sanitaria fue excelente) en el Hospital de Getafe y me pareció que debía hacer una reclamación, pero entendí que mejor que encerrarla en la forma habitual, era más provechoso hacerla por este medio y desarrollar ampliamente mi opinión, ya que otras personas no pueden hacerlo y callan a veces, por miedo o no tener posibilidades. Volqué mis opiniones en el post de ese mismo día 28 de diciembre y en otro posterior.
Bueno, y cuál es el problema? Pues que es una pena que en un despacho de CCOO la persona que allí está como representante del sindicato niegue una dirección de contacto a alguien interesado en comunicar con ellos. Es muy difícil tener que explicarle a alguien que representa a una entidad que se supone abierta a la ciudadanía, que la red, internet, en los tiempos que vivimos facilita enormemente las comunicaciones, informaciones, relaciones, de forma gratuita y sin compromiso.
En mis tiempos, a cualquiera que nos dijera algo, automáticamente le dábamos teléfonos, tomábamos los suyos, intentábamos mantener un contacto con cualquier persona interesada en algo. Hombre, yo entiendo que las sucesivas oleadas de militantes que han sido cribados en las purgas de izquierda política o sindical, han apartado a unos cuantos miles de activistas de las primeras filas, dando paso a los afines a la opción ganadora de turno, que no siempre todos ellos son militantes abiertos y preparados para abrir los brazos a los trabajadores, comportándose algunos mas como porteros de disco que como sindicalistas, pero no puedo olvidar que estaba en un despacho representando a CCOO.
No creía necesario defender aquí y ahora, entre militantes, la necesidad de relación de los políticos y sindicalistas con la ciudadanía, que hoy resulta sencilla a través de internet, porque daba por supuesto que estaba asumido en el mundo rojiverde, pero me equivocaba. Hay mucho joven antiguo por la vida, (el susodicho tiene menos edad que yo) y no se ha enterado que la red forma parte de la base imprescindible de funcionamiento social y si no utilizamos internet con las ventajas de comunicación que ofrece, mejor nos reciclamos porque somos una rémora para nuestra organización.
El mejor favor que podría hacer a este hombre y a otros izquierdistas parecidos, es recomendarles que lean urgentemente el libro de Ramón Cotarelo, ‘La política en la era de internet’, que ya glosara aquí. Y quizás que le den un cursillo de actualización de relaciones sociales en el cual muestren que CCOO a través de la red se mueve, difunde y relaciona con el resto del mundo.
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martes, 11 de enero de 2011
domingo, 2 de enero de 2011
Rara forma de entender la solidaridad
Decíamos ayer ‘’ PD.2. Al final de la discusión una persona de bata blanca, personal sanitario, se acercó a la ventanilla increpando al cliente, ‘pero no quiero discutir con usted’, pues si no quiere discutir conmigo por qué se mete en medio de una conversación entre dos adultos. ¡Porco corporativismo! Metedura de pata que estuvo a punto de incendiar el asunto, no de apagarlo, que ya lo estaba. Merece una reflexión aparte. ’’
Cuando yo era joven la solidaridad se entendía siempre como un acto de apoyo hacia el débil, desgraciado o desafortunado, el que estaba bañado de miseria y/o represión, o sufría una injusticia provocada por el poder. En aquellos tiempos era solidario quien se acercaba al menos favorecido para arroparle y apoyarle en los problemas que no tenía entre sus manos resolver. La solidaridad la entendía como ponerse a favor de algo, o alguien, apoyar una acción, campaña o persona, pero siempre ejecutada del lado más débil.
Los poderes, no son solamente aquellos globales en los que piensa uno, gobierno, personal armado, etc. también los podemos ver en cada situación de la vida diaria, son aquellos estamentos o individuos que ejercen o pueden ejercer la dirección o modificación de sucesos, los que están respaldados por el statu quo, los que tienen las riendas para hacer las cosas y resolverlas, los que tienen capacidad para llamar a un teléfono y conocimiento del número de que se trata para obtener una respuesta.
Nunca entendí que la solidaridad solo pudiera ejercitarse en contra del gobierno como parece ser la interpretación que se ha asentado en parte de la sociedad, aquella que no contempla más que responsabilidades colectivas pero no quiere aceptar las individuales.
Así que cuando alguien interviene en una situación apoyando al fuerte, al que tiene las de ganar, porque le apoyan las fuerzas del orden, en este caso la seguridad privada, cuando una persona entiende que debe apoyar a la injusticia me pregunto qué está pasando y por qué. ¿Se dará cuenta de ello esa persona que apoya? O su corporativismo, que implica ser e identificarse como del mismo equipo de quien apoya le cegará toda capacidad de reflexión de lo que está ocurriendo.
Como a cualquier ultra de futbol, las faltas, el juego sucio, el penalti, los empujones, todo es visto desde la óptica de un equipo, de unos colores y contra los colores que estén enfrente, sean los que sean. Pero claro eso no es solidaridad, ya lo sé. Pero, ¿lo saben quienes lo hacen?
Se imaginan ustedes un pintor que les pinta la casa, y usted al ver lo mal que lo ha hecho, se notan los brochazos, le discute y afea su trabajo y que por ello los albañiles, pintores, fontaneros que están haciendo reformas en otros pisos de su bloque fueran a regañarle a usted por decirle eso al pintor y sin mirar siquiera el mal trabajo realizado. Suena raro, verdad.
Pues eso es lo que sucede cuando una profesional de bata blanca con quien no se está discutiendo viene a ‘regañar’ en alta voz (provocando?) a un familiar que está pidiendo a un trabajador que ejerza su responsabilidad profesional con una llamada telefónica, que minimice la angustia de la espera.
Cuando yo era joven la solidaridad se entendía siempre como un acto de apoyo hacia el débil, desgraciado o desafortunado, el que estaba bañado de miseria y/o represión, o sufría una injusticia provocada por el poder. En aquellos tiempos era solidario quien se acercaba al menos favorecido para arroparle y apoyarle en los problemas que no tenía entre sus manos resolver. La solidaridad la entendía como ponerse a favor de algo, o alguien, apoyar una acción, campaña o persona, pero siempre ejecutada del lado más débil.
Los poderes, no son solamente aquellos globales en los que piensa uno, gobierno, personal armado, etc. también los podemos ver en cada situación de la vida diaria, son aquellos estamentos o individuos que ejercen o pueden ejercer la dirección o modificación de sucesos, los que están respaldados por el statu quo, los que tienen las riendas para hacer las cosas y resolverlas, los que tienen capacidad para llamar a un teléfono y conocimiento del número de que se trata para obtener una respuesta.
Nunca entendí que la solidaridad solo pudiera ejercitarse en contra del gobierno como parece ser la interpretación que se ha asentado en parte de la sociedad, aquella que no contempla más que responsabilidades colectivas pero no quiere aceptar las individuales.
Así que cuando alguien interviene en una situación apoyando al fuerte, al que tiene las de ganar, porque le apoyan las fuerzas del orden, en este caso la seguridad privada, cuando una persona entiende que debe apoyar a la injusticia me pregunto qué está pasando y por qué. ¿Se dará cuenta de ello esa persona que apoya? O su corporativismo, que implica ser e identificarse como del mismo equipo de quien apoya le cegará toda capacidad de reflexión de lo que está ocurriendo.
Como a cualquier ultra de futbol, las faltas, el juego sucio, el penalti, los empujones, todo es visto desde la óptica de un equipo, de unos colores y contra los colores que estén enfrente, sean los que sean. Pero claro eso no es solidaridad, ya lo sé. Pero, ¿lo saben quienes lo hacen?
Se imaginan ustedes un pintor que les pinta la casa, y usted al ver lo mal que lo ha hecho, se notan los brochazos, le discute y afea su trabajo y que por ello los albañiles, pintores, fontaneros que están haciendo reformas en otros pisos de su bloque fueran a regañarle a usted por decirle eso al pintor y sin mirar siquiera el mal trabajo realizado. Suena raro, verdad.
Pues eso es lo que sucede cuando una profesional de bata blanca con quien no se está discutiendo viene a ‘regañar’ en alta voz (provocando?) a un familiar que está pidiendo a un trabajador que ejerza su responsabilidad profesional con una llamada telefónica, que minimice la angustia de la espera.
martes, 28 de diciembre de 2010
Mi sueldo me lo pago yo. No todo es política en la vida
Encuentras frases repetidas muchas veces por individuos distintos y en variados lugares y no dejas de preguntarte como se corren y extienden las malas yerbas.
Las 19 horas de un día prenavideño (20), síntomas de dificultad en el habla, lateralidad…urgencias de hospital de Alcorcón, pruebas y diagnóstico, derrame cerebral, al poco tiempo traslado interhospitalario en ambulancia al hospital de Getafe, que tiene unidad de neurocirugía.
Entrada en urgencias de Getafe. Atención al paciente en boxes y primera entrevista médica en la que indican que hospitalizarán asignando habitación. Pasan las horas. Cada cierto tiempo, permiten visita de veinte minutos a los boxes de urgencias. En segunda entrevista con el médico 17 horas después, a media mañana, éste indica que la enferma ya tiene asignada cama y sacan al pasillo de boxes porque en breve subirá a la habitación, el tiempo que tarden en prepararla puesto que el otro paciente ha sido dado ya de alta.
Pasa el tiempo. A las 4 de la tarde, veintiuna horas después del primer ingreso, solicitud de información por un familiar a la ‘chaqueta verde’ del punto de información de urgencias sobre la situación de la habitación.
Sigue pasando el tiempo, a las 7 de la tarde, 24 horas después de la primera entrada a urgencias, me dirijo a la ‘chaqueta verde’ del punto de información. Por extraño que parezca, firme pero sin pegar voces, ella en su despacho, yo fuera, en el pasillo al otro lado de un grueso cristal.
Inquiero información sobre qué ocurre, puesto que nos fue anunciada una habitación ya asignada en la mañana y todavía estamos sin noticias. La primera respuesta es cortante, entramos en un terreno desgraciado, ‘’ya informé a un hijo hace un rato’’, con el tono típico de dar por concluida la conversación. Mi respuesta es inmediata, ‘efectivamente, a las 16 horas se nos dijo que estaban preparando la habitación, ahora son las 19 y quiero información de cuál es la situación’.
Y aquí continúa una batalla dialéctica en la que se entrecruzan opiniones que como poco parecen desafortunadas y llamadas a reclamar una reflexión. ¿Qué nos está pasando?, como hemos conseguido llegar a este nivel de insensibilidad, mala educación y baja calidad laboral, en este caso de una persona cuya misión es atender a personas, familiares de pacientes, en una especie de departamento entre cuyos nombres aparece el de información y atención. ¿Es tan raro preguntar si tienes dudas o preocupaciones? ¿tanto esfuerzo representan 2 minutos de llamada telefónica para hacer de intermediaria entre la información familiar y de planta?
En mi postura ante la señora que me atendió, (no hubo insultos por ambas partes, aunque sí insistencia en las dos posturas) intento aclarar que quiero una información como cliente que soy, pido por favor que llame por teléfono a la planta para indagar la situación. Según ella esa información la dio hace 3 horas, habiendo cumplido sobradamente con su obligación, y como los retrasos no son imputables a ella, no tiene ninguna responsabilidad y airadamente ofendida indica que allí no atienden clientes, sino pacientes. ‘Mire usted señora, los de aquí fuera somos clientes que pagamos por un servicio, que ahora demando, pido información a alguien a quien pagamos un sueldo, y quiero que llame por teléfono a planta’.
Su respuesta ‘mi sueldo lo pago yo, con mis impuestos’, es similar a las que he escuchado en otros departamentos, comercios, establecimientos, tanto públicos como privados, normalmente utilizada por aquellas personas que trabajan de cara al público y no aceptan atenderle, escucharle.
Inútil tratar de convencer a estos individuos que es irrelevante para el asunto planteado que paguen o no impuestos, (insistió una y otra vez en que ella pagaba sus impuestos y con ellos su sueldo). Lo fundamental de su trabajo, y por consiguiente de su salario, es que cobran por atender al público, a los clientes, (pacientes o impacientes) que son los que pagan, hasta el punto que su existencia, la de clientes necesitados de atención, de información, es la que influye directamente en la creación de ese puesto de trabajo.
En este caso concreto en un hospital, nadie ha contratado específicamente a médicos o enfermeros para atender a familiares de pacientes, sino que esa función sale fuera de la atención médica directa, para tratar de dar un mejor servicio que minore el suplicio de esperas largas sin información, que reduzca nervios, y por tanto mejore el servicio globalmente, y ese es el servicio que yo demando, ¡una llamada telefónica a planta para inquirir información directa en ese momento!.
La atención médica no era el asunto en discusión y pretender esconderse tras las responsabilidades globales de reducción de personal sanitario, como hizo aquella trabajadora, al terreno global de si hay o no personal suficiente (terreno político) no era el tema. Sucede con frecuencia que algunas personas pretendan escaquear su responsabilidad individual diluyendo el asunto en los problemas políticos colectivos. En este caso concreto la responsabilidad de una llamada telefónica está establecida en el terreno personal de alguien que está a un lado del mostrador y cobra por un trabajo que consiste en atender a los del otro lado.
El rol que debería asumir el trabajador que realiza ese trabajo, incluye escuchar a clientes más o menos nerviosos que demandan información, respuestas, amabilidad, empatía, intermediación y estas cuestiones son las que deben asimilar e incluirse en la formación de todas aquellas personas que atienden al público máxime en departamentos cercanos a atención al cliente, reclamaciones, información, o similares.
Casi todos conocemos que estas personas no son los directamente responsables de la atención sanitaria, ninguno confundimos funciones como sí parecen hacer ellas pero les demandamos por su función no por la de otros. ‘No se preocupe llamo enseguida’ y la respuesta, son 2 minutos, amablemente atendidos con profesionalidad y resolutivamente, con menos tiempo, menos esfuerzo, menos malas formas y menores meteduras de pata.
Es una lástima que haya tan pocos cursos de formación, de atención y de educación general, o respeto a la ciudadanía, en tantos lugares públicos (sean empresas privadas o públicas) en los que se trata en ocasiones, a los que estamos a un lado del mostrador con demasiada suficiencia y prepotencia, por los que están dentro de él.
Y regresamos finalmente al argumento de ‘mi sueldo me lo pago yo’. Si yo fuera responsable de una institución en donde uno de los trabajadores creyera que el sueldo se lo paga a sí mismo al pagar impuestos, inmediatamente le daría un curso de ciudadanía. Si el sueldo lo paga cada uno con sus impuestos, quiere decir que el resto de ciudadanos pagamos las carreteras, colegios, pensiones, hospitales etc. y esa persona no paga nada de ello porque destina sus impuestos a llevarlos a su bolsillo, (cobrará más importe que lo que paga) por tanto, en correspondencia esa persona no exigirá atención o uso de ningún otro aspecto que no ha pagado. No lo hará, verdad?
La primera condición para ser útil socialmente es considerar a los demás al resto de la sociedad, nuestro sueldo lo pagan los demás y nos lo ganamos si asumimos las responsabilidades de un trabajo bien hecho, que debemos a los demás y a nosotros mismos. Pues menudo tipo de sociedad estamos construyendo si políticos y resto de individuos no debieran explicaciones a nadie, si creyeran que el sueldo se lo pagan a sí mismos al pagar impuestos.
Si cree que el salario se lo paga uno mismo no asumirá tareas cuando no le plazca, ante superiores, clientes o resto de ciudadanía, y si está a un lado del mostrador créanme, será dificilísimo que pueda cumplir sus obligaciones de atender a los del otro lado, por qué lo va a hacer si el sueldo y por tanto los parámetros de merecimiento y utilidad los fija su criterio único. Para qué diablos necesitamos a los demás si criterios y salario los decido yo, para qué mostrar profesionalidad ante ellos. El atroz individualismo nos lleva a malvivir socialmente.
PD.1 A los 15 minutos la última paciente del pasillo de urgencias subía a su habitación.
PD.2 Al final de la discusión una persona de bata blanca, personal sanitario, se acercó a la ventanilla increpando al cliente, ‘pero no quiero discutir con usted’, pues si no quiere discutir conmigo por qué se mete en medio de una conversación entre dos adultos. ¡Porco corporativismo! Metedura de pata que estuvo a punto de incendiar el asunto, no de apagarlo, que ya lo estaba. Merece una reflexión aparte.
Las 19 horas de un día prenavideño (20), síntomas de dificultad en el habla, lateralidad…urgencias de hospital de Alcorcón, pruebas y diagnóstico, derrame cerebral, al poco tiempo traslado interhospitalario en ambulancia al hospital de Getafe, que tiene unidad de neurocirugía.
Entrada en urgencias de Getafe. Atención al paciente en boxes y primera entrevista médica en la que indican que hospitalizarán asignando habitación. Pasan las horas. Cada cierto tiempo, permiten visita de veinte minutos a los boxes de urgencias. En segunda entrevista con el médico 17 horas después, a media mañana, éste indica que la enferma ya tiene asignada cama y sacan al pasillo de boxes porque en breve subirá a la habitación, el tiempo que tarden en prepararla puesto que el otro paciente ha sido dado ya de alta.
Pasa el tiempo. A las 4 de la tarde, veintiuna horas después del primer ingreso, solicitud de información por un familiar a la ‘chaqueta verde’ del punto de información de urgencias sobre la situación de la habitación.
Sigue pasando el tiempo, a las 7 de la tarde, 24 horas después de la primera entrada a urgencias, me dirijo a la ‘chaqueta verde’ del punto de información. Por extraño que parezca, firme pero sin pegar voces, ella en su despacho, yo fuera, en el pasillo al otro lado de un grueso cristal.
Inquiero información sobre qué ocurre, puesto que nos fue anunciada una habitación ya asignada en la mañana y todavía estamos sin noticias. La primera respuesta es cortante, entramos en un terreno desgraciado, ‘’ya informé a un hijo hace un rato’’, con el tono típico de dar por concluida la conversación. Mi respuesta es inmediata, ‘efectivamente, a las 16 horas se nos dijo que estaban preparando la habitación, ahora son las 19 y quiero información de cuál es la situación’.
Y aquí continúa una batalla dialéctica en la que se entrecruzan opiniones que como poco parecen desafortunadas y llamadas a reclamar una reflexión. ¿Qué nos está pasando?, como hemos conseguido llegar a este nivel de insensibilidad, mala educación y baja calidad laboral, en este caso de una persona cuya misión es atender a personas, familiares de pacientes, en una especie de departamento entre cuyos nombres aparece el de información y atención. ¿Es tan raro preguntar si tienes dudas o preocupaciones? ¿tanto esfuerzo representan 2 minutos de llamada telefónica para hacer de intermediaria entre la información familiar y de planta?
En mi postura ante la señora que me atendió, (no hubo insultos por ambas partes, aunque sí insistencia en las dos posturas) intento aclarar que quiero una información como cliente que soy, pido por favor que llame por teléfono a la planta para indagar la situación. Según ella esa información la dio hace 3 horas, habiendo cumplido sobradamente con su obligación, y como los retrasos no son imputables a ella, no tiene ninguna responsabilidad y airadamente ofendida indica que allí no atienden clientes, sino pacientes. ‘Mire usted señora, los de aquí fuera somos clientes que pagamos por un servicio, que ahora demando, pido información a alguien a quien pagamos un sueldo, y quiero que llame por teléfono a planta’.
Su respuesta ‘mi sueldo lo pago yo, con mis impuestos’, es similar a las que he escuchado en otros departamentos, comercios, establecimientos, tanto públicos como privados, normalmente utilizada por aquellas personas que trabajan de cara al público y no aceptan atenderle, escucharle.
Inútil tratar de convencer a estos individuos que es irrelevante para el asunto planteado que paguen o no impuestos, (insistió una y otra vez en que ella pagaba sus impuestos y con ellos su sueldo). Lo fundamental de su trabajo, y por consiguiente de su salario, es que cobran por atender al público, a los clientes, (pacientes o impacientes) que son los que pagan, hasta el punto que su existencia, la de clientes necesitados de atención, de información, es la que influye directamente en la creación de ese puesto de trabajo.
En este caso concreto en un hospital, nadie ha contratado específicamente a médicos o enfermeros para atender a familiares de pacientes, sino que esa función sale fuera de la atención médica directa, para tratar de dar un mejor servicio que minore el suplicio de esperas largas sin información, que reduzca nervios, y por tanto mejore el servicio globalmente, y ese es el servicio que yo demando, ¡una llamada telefónica a planta para inquirir información directa en ese momento!.
La atención médica no era el asunto en discusión y pretender esconderse tras las responsabilidades globales de reducción de personal sanitario, como hizo aquella trabajadora, al terreno global de si hay o no personal suficiente (terreno político) no era el tema. Sucede con frecuencia que algunas personas pretendan escaquear su responsabilidad individual diluyendo el asunto en los problemas políticos colectivos. En este caso concreto la responsabilidad de una llamada telefónica está establecida en el terreno personal de alguien que está a un lado del mostrador y cobra por un trabajo que consiste en atender a los del otro lado.
El rol que debería asumir el trabajador que realiza ese trabajo, incluye escuchar a clientes más o menos nerviosos que demandan información, respuestas, amabilidad, empatía, intermediación y estas cuestiones son las que deben asimilar e incluirse en la formación de todas aquellas personas que atienden al público máxime en departamentos cercanos a atención al cliente, reclamaciones, información, o similares.
Casi todos conocemos que estas personas no son los directamente responsables de la atención sanitaria, ninguno confundimos funciones como sí parecen hacer ellas pero les demandamos por su función no por la de otros. ‘No se preocupe llamo enseguida’ y la respuesta, son 2 minutos, amablemente atendidos con profesionalidad y resolutivamente, con menos tiempo, menos esfuerzo, menos malas formas y menores meteduras de pata.
Es una lástima que haya tan pocos cursos de formación, de atención y de educación general, o respeto a la ciudadanía, en tantos lugares públicos (sean empresas privadas o públicas) en los que se trata en ocasiones, a los que estamos a un lado del mostrador con demasiada suficiencia y prepotencia, por los que están dentro de él.
Y regresamos finalmente al argumento de ‘mi sueldo me lo pago yo’. Si yo fuera responsable de una institución en donde uno de los trabajadores creyera que el sueldo se lo paga a sí mismo al pagar impuestos, inmediatamente le daría un curso de ciudadanía. Si el sueldo lo paga cada uno con sus impuestos, quiere decir que el resto de ciudadanos pagamos las carreteras, colegios, pensiones, hospitales etc. y esa persona no paga nada de ello porque destina sus impuestos a llevarlos a su bolsillo, (cobrará más importe que lo que paga) por tanto, en correspondencia esa persona no exigirá atención o uso de ningún otro aspecto que no ha pagado. No lo hará, verdad?
La primera condición para ser útil socialmente es considerar a los demás al resto de la sociedad, nuestro sueldo lo pagan los demás y nos lo ganamos si asumimos las responsabilidades de un trabajo bien hecho, que debemos a los demás y a nosotros mismos. Pues menudo tipo de sociedad estamos construyendo si políticos y resto de individuos no debieran explicaciones a nadie, si creyeran que el sueldo se lo pagan a sí mismos al pagar impuestos.
Si cree que el salario se lo paga uno mismo no asumirá tareas cuando no le plazca, ante superiores, clientes o resto de ciudadanía, y si está a un lado del mostrador créanme, será dificilísimo que pueda cumplir sus obligaciones de atender a los del otro lado, por qué lo va a hacer si el sueldo y por tanto los parámetros de merecimiento y utilidad los fija su criterio único. Para qué diablos necesitamos a los demás si criterios y salario los decido yo, para qué mostrar profesionalidad ante ellos. El atroz individualismo nos lleva a malvivir socialmente.
PD.1 A los 15 minutos la última paciente del pasillo de urgencias subía a su habitación.
PD.2 Al final de la discusión una persona de bata blanca, personal sanitario, se acercó a la ventanilla increpando al cliente, ‘pero no quiero discutir con usted’, pues si no quiere discutir conmigo por qué se mete en medio de una conversación entre dos adultos. ¡Porco corporativismo! Metedura de pata que estuvo a punto de incendiar el asunto, no de apagarlo, que ya lo estaba. Merece una reflexión aparte.
domingo, 26 de diciembre de 2010
Que frágiles somos
La vida es muy frágil. Mejor dicho la vida humana, no la VIDA. Para ser más preciso, los seres humanos somos frágiles y a un golpe, ¡zas!, nacemos, morimos, o nos da un vuelco. Un descuido, una fracción de segundo y se acabó, un instante y la diferencia entre ser o no ser. Un accidente, un paso mal dado, una maniobra mal ejecutada, un disparo perdido, una bronca absurda y una navaja, un mecanismo interno que se rompe y deja de funcionar normalmente…Sin considerar las veces que se ve venir, por enfermedad, miseria, hambre, por transcurso de tiempo.
La VIDA es más fuerte y dura, la vida interestelar, 18.000 millones de años, la vida en la Tierra, 5.000 millones de años. Somos los seres humanos, 150.000 años, 70.000 años, los que tenemos corta función, antes de los humanos todos los intermedios 500.000 años, un lío de dataciones. Por cierto ahora somos tres posibles especies orígenes, con el nuevo encontrado en Siberia. Nuestra última historia conocida data de unos 20.000 años.
Unos vienen y otros van. Nos empeñamos en juzgar la vida desde nuestros cortos parámetros temporales, humanos, y en ese terreno resulta imposible de atrapar. ¿Y si los genes fueran el centro de la vida de los que llamamos animales-humanos? Esas cadenas de ADN, (gran Severo Ochoa) ácido desoxiribonucleico que forman parte pequeñísima de las células y forman la información genética son la materia de estudio actual para el origen de la VIDA.
Richard Dawkins mantiene la teoría de que los genes nos utilizan a nosotros como vehículo para caminar por el tiempo, para transmitir vida desde miles y miles de años a través de múltiples cuerpos de seres humanos. ¿Eso ayudaría a explicar la percepción de continuidad de vida de bisabuelas a nietas?
El asunto de los genes tiene su miga, porque resulta que encuentran protección en los parecidos que sean más fuertes, y ello influye en el comportamiento cultural de hombres y mujeres en sus preferencias, como influyen las afinidades biológicas, o las complementarias, en ser más queridos, o esas cuestiones descubiertas hace no muchos años de amor por olores y sensaciones emitidas al ver al otro que quizás sean manifestaciones de afinidad entre genes.
Resulta que además de los patrones culturales, existen comportamientos que anclan sus raíces en lo biológico que justifican y aclaran la VIDA en esos comportamientos que a veces pensamos que solo son patrones culturales. La cultura sin duda, influye poderosamente en nuestro comportamiento animal, pero también sin duda, en el reino animal influyen comportamientos biológicos.
Pero en definitiva, tanto da, la vida, la nuestra, que frágil es y que poco control tenemos sobre ella.
La VIDA es más fuerte y dura, la vida interestelar, 18.000 millones de años, la vida en la Tierra, 5.000 millones de años. Somos los seres humanos, 150.000 años, 70.000 años, los que tenemos corta función, antes de los humanos todos los intermedios 500.000 años, un lío de dataciones. Por cierto ahora somos tres posibles especies orígenes, con el nuevo encontrado en Siberia. Nuestra última historia conocida data de unos 20.000 años.
Unos vienen y otros van. Nos empeñamos en juzgar la vida desde nuestros cortos parámetros temporales, humanos, y en ese terreno resulta imposible de atrapar. ¿Y si los genes fueran el centro de la vida de los que llamamos animales-humanos? Esas cadenas de ADN, (gran Severo Ochoa) ácido desoxiribonucleico que forman parte pequeñísima de las células y forman la información genética son la materia de estudio actual para el origen de la VIDA.
Richard Dawkins mantiene la teoría de que los genes nos utilizan a nosotros como vehículo para caminar por el tiempo, para transmitir vida desde miles y miles de años a través de múltiples cuerpos de seres humanos. ¿Eso ayudaría a explicar la percepción de continuidad de vida de bisabuelas a nietas?
El asunto de los genes tiene su miga, porque resulta que encuentran protección en los parecidos que sean más fuertes, y ello influye en el comportamiento cultural de hombres y mujeres en sus preferencias, como influyen las afinidades biológicas, o las complementarias, en ser más queridos, o esas cuestiones descubiertas hace no muchos años de amor por olores y sensaciones emitidas al ver al otro que quizás sean manifestaciones de afinidad entre genes.
Resulta que además de los patrones culturales, existen comportamientos que anclan sus raíces en lo biológico que justifican y aclaran la VIDA en esos comportamientos que a veces pensamos que solo son patrones culturales. La cultura sin duda, influye poderosamente en nuestro comportamiento animal, pero también sin duda, en el reino animal influyen comportamientos biológicos.
Pero en definitiva, tanto da, la vida, la nuestra, que frágil es y que poco control tenemos sobre ella.
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