martes, 8 de marzo de 2022
miércoles, 9 de febrero de 2022
El procés, no fue, no es progresista. 1
EL PROCESO DE SECESIÓN. NO ES PROGRESISTA
La secesión unilateral de parte del territorio en un Estado democrático que
respeta los derechos fundamentales de su población (incluyendo los derechos
culturales o lingüísticos de las minorías en su seno) es contraria al ideal
democrático pues priva de los derechos políticos a gran parte de la ciudadanía
a la que se impide participar en dicho proceso.
En este sentido, el conjunto de decisiones que se han ido adoptando por
parte de las instituciones de Cataluña — señaladamente las leyes de
referéndum y de transitoriedad aprobadas los días 6 y 7 de septiembre por el
Parlamento de Cataluña vulnerando la normativa parlamentaria que garantiza una
deliberación y tramitación pulcra— son profundamente antidemocráticas además de
groseramente inconstitucionales. Su aplicación en la forma de una declaración
unilateral de independencia (DUI) constituye un golpe de Estado. Manifiesto Profesores Filosofía del Derecho-El País
No es progresista un comportamiento que pretende conducir a miles de seguidores al futuro haciéndoles creer en la magia, engañar con que un conjuro de brujería, o como se llama ahora, la independencia, puedan resolver los problemas de paro, desigualdades, precarización, migraciones… de esta sociedad catalana del siglo XXI, inserta en España y Europa, es lo más parecido a la difusión de emociones religiosas anteriores a la Ilustración como cura para todas las miserias humanas en el lejano paraíso. Antiguamente, hasta el XVI toda la población, y posteriormente una gran parte de ella, se apoyaban en la existencia de dioses, magia y brujería, como elementos con los que explicar, enfermedades y muertes, los desastres de las guerras, el hambre y todas las miserias humanas, … con esos elementos miraban al futuro elaborando predicciones y conjuros.
Los movimientos obreros del XIX y XX, anarquismo, comunismo, marxismo, utilizarán los avances de la Ilustración e incorporarán sus criterios laicos, científicos y humanistas, valores ilustrados, a sus fundamentos teóricos y prácticas políticas, aplicarán la nueva ciencia del hombre y el cosmopolitismo adaptándolo a situaciones y objetivos concretos. A esa amalgama de movimientos sociales, de luchas, objetivos y prácticas distintas, se la denominará como las izquierdas, en plural, por distintas. - ‘Un mito: la unidad de las izquierdas-. Izquierdas y progresismo fueron conceptos que pudieron ir hermanados en muchos momentos en diferentes lugares, pero hoy se han separado en Cataluña. Gentes de izquierdas dan soporte a la reacción nacionalista, aceptan tranquilamente sus postulados teóricos racistas y xenófobos, abrazan ideas que pretenden diferenciar y separar a ciudadanos iguales, defienden el nacionalismo que premia linajes, apellidos, tradiciones y símbolos basados en viejos pasados inventados, mientras castiga a otros ciudadanos que quieren igualdad de derechos, o simplemente no siguen la corriente soberanista, están sosteniendo comportamientos supremacistas. Esas gentes dan soporte a estrategias y comportamientos que han dado a luz el concepto de izquierda reaccionaria al abandonar la razón y el ‘’humanismo que privilegia el bienestar de hombres, mujeres y niños, individuales por encima de la gloria de la tribu, la raza, la nación o la religión. Son los individuos, no los grupos, los que son ‘sintientes’. Steven Pinker, ‘En defensa de la Ilustración.’ Paidós, 2018.
No puedo considerar progresistas a viejos colegas, antiguos activistas antifranquistas, que abandonan el racionalismo para identificar problemas sociales y buscar soluciones concretas. Viejos antifranquistas creyeron al nacionalismo, tuvieron fe en sus leyendas de pasados idealmente prefabricados, olvidando que cientos de años atrás, hasta donde se quieran remontar, todo era miseria, represión y muerte, única forma de vida para la amplia mayoría de pobladores que carentes de techo y sin poder llevarse un mendrugo de pan a la boca, morían presa de innumerables enfermedades, por asaltantes y bandoleros, por las guerras y represión de amos y señores, obligados y callados por curas y guerreros que los mantenían en la ignorancia y el sufrimiento, que decían, resolverían en el Paraíso. Pueden encontrar cientos de datos y fuentes documentales sobre mejoras de la humanidad en el libro de Pinker. Aquel tiempo al que se abrazan los independentistas, nunca permitió decidir a los pobladores de Cataluña sobre sus vidas, ni sobre los detentadores de poder, ni sobre nada…
La capacidad de
votar de toda la población, sin cortapisas tales como censos de propiedad,
sexo, edad u otras, la facultad de decidir de hombres y mujeres catalanes, es
muy reciente, plenamente con la democracia de 1978, como lo es su posibilidad
de vivir bajo techo, disfrutando de enseñanza para todos desde la niñez y ser
asistidos en enfermedades y vejez. Comparar aquellas instituciones de hace
siglos con las actuales es un insulto a la inteligencia.
lunes, 31 de enero de 2022
El procéss nunca fue democrático. (10)
miércoles, 26 de enero de 2022
El procéss nunca fue democratico (9)
viernes, 14 de enero de 2022
Macrogranjas. Garzón no se equivocaba
¿La pocilga de Europa?. Manuel Delgado Cabeza. 1 de febrero de 2020
El sector cárnico es hoy un complejo entramado del que forman parte la producción de granos y elaboración de piensos, la ganadería industrial y la fabricación de productos cárnicos, pero también son nudos de la trama los agroquímicos -fertilizantes y biocidas-, necesarios para producir esa mitad de la producción mundial de granos que se dedica a la fabricación de piensos para animales, y la industria farmacéutica animal. De modo que cuando nos referimos a las “industrias cárnicas” no aludimos a empresas locales que elaboran productos de charcutería, sino a la fabricación masiva de carne y sus derivados por parte de actores corporativos globales, -imperios alimentarios-, que gobiernan o condicionan de manera importante no sólo consumos sino también imaginarios y políticas públicas.
Como a nivel global, en el Estado español desde finales de los años 50 del siglo pasado y de la mano de los gigantes norteamericanos de los agronegocios se han ido poniendo las bases para desplazar la dieta mediterránea por el modelo alimentario del Norte, “enriquecido” por su alto consumo de carne, que aquí pasó de ser residual a convertirse también en la base de la dieta. Desde entonces la producción cárnica se ha multiplicado por 20, siendo hoy la industria cárnica la cuarta en importancia dentro del Estado, detrás de la automovilística, la del petróleo y la de la energía eléctrica. Es también la primera actividad dentro de la alimentaria.
El consumo de carnes y sus elaborados es hoy el primer apartado dentro de la cesta de la compra alimentaria en el Estado español, con un 22% del gasto total y está cuatro veces por encima de la cantidad recomendada por la Organización Mundial de la Salud como saludable. Diez veces por encima en el caso de las carnes rojas (ternera y cerdo básicamente) y ocho para la carne procesada.
La hipertrofia de esta parte del sistema agroalimentario globalizado, que funciona para alimentar los procesos de expansión y acumulación de capital y la concentración de riqueza y poder de los grandes imperios alimentarios, tiene unos costes ecológicos y sociales que han sobrepasado con mucho los límites de lo sostenible y de lo tolerable. Según los Informes de la FAO, la ganadería industrial es responsable del 15% de la emisión de gases efecto invernadero, la mayor fuente de contaminación de agua del planeta, el mayor utilizador de suelo (la tercera parte del suelo agrícola) y factor clave en los procesos de deforestación y de pérdida de biodiversidad. Sus grandes requerimientos de bienes comunes como agua y suelo han llevado a nuevos episodios de conquista, captación y depredación de riqueza a gran escala. Como es el caso de la expansión del monocultivo de soja, (más del 80% para elaboración de piensos) que ocupa hoy una superficie equivalente al tamaño de la península ibérica en el corazón de América Latina.
Dentro de las cárnicas, la producción y elaboración de carne de cerdo ocupa un lugar muy por encima del resto; en Europa, casi la mitad. Como otras mercancías generadoras de daños ambientales y sociales, la producción industrial de carne de cerdo se viene trasladando del Norte al Sur, de países como Alemania y Dinamarca a otros más permisivos y más dispuestos a que su población asuma esos daños, de modo que hoy el Estado español es ya el primer productor de carne de cerdo en Europa y el número tres en el mundo, ocupando también el tercer lugar como exportadores. Con cuatro empresas controlando el mundo del porcino: como productoras de carne, El Pozo, Nutreco y Vall Company, que están entre los conglomerados cárnicos más grandes de Europa, y en el procesado Campofrío, grupo líder europeo de elaborados cárnicos. En este mundo, los ganaderos pasan a ser peones a sueldo o “asalariados autónomos” de estas corporaciones alimentarias, poniendo sus instalaciones y su trabajo al servicio del grupo corporativo que les “facilita” los animales, piensos, medicamentos y otros “servicios” a cambio de una remuneración por animal engordado.
En principio fueron Cataluña y Aragón los territorios dentro del Estado donde se localizaron las macrogranjas de cerdos; pero pronto empezaron a advertirse y a hacerse visibles los costes. En 2016 un Informe del Defensor del Pueblo de Cataluña (SINDIC) denunciaba que el 40% de las masas de agua catalanas estaban contaminadas por nitratos. El aumento de la resistencia y la presión social empujaron la localización más al Sur en busca de condiciones más permisivas y costes monetarios más bajos. Hacia Castilla-La Mancha primero y más recientemente a Andalucía.
Las grandes empresas cárnicas han puesto sus ojos en el norte de la provincia de Granada, en el Altiplano Granadino, donde ya hay más de 200.000 plazas, que a una rotación de 2,5 cerdos por año significa el paso de más de medio millón de cerdos anualmente por estos macrocebaderos. Muy cerca de allí, ya estas megagranjas han dado lugar a altercados como el de septiembre último en un municipio de la provincia de Almería, Huércal Olvera, calificado de “desastre ambiental” por Ecologistas en Acción. Con la última gota fría se rompieron seis balsas de grandes dimensiones de purines, con el derrame de miles de metros cúbicos y la consiguiente contaminación de tierras y aguas superficiales y subterráneas, además de la muerte de centenares de animales de la propia granja.
En Dehesas de Guadix, un municipio de 400 habitantes de la Comarca de Los Montes, se puso en marcha en 2018 un proyecto para instalar la que sería la macrogranja más grande dentro del Estado español. El proyecto comprende la construcción de ocho unidades de siete naves cada una para el engorde de unos 150.000 cerdos al año, nacidos en dos municipios: Castilléjar, también en el Altiplano, con una macrogranja de Cefusa-El Pozo ya en funcionamiento para la cría de 600.000 lechones y, La Puebla de D. Fadrique (Sierra de Cazorla, Segura y Las Villas), con una megagranja proyectada también por Cefusa-El Pozo donde nacerán 550.000 lechones cada año que después de 28 días (con 6-7 kilos) pasarían a otra granja en María (Almería) y 40-45 días más tarde (con 20 kilos) una parte irían a los macrocebaderos de Dehesas de Guadix, donde permanecerían alrededor de cuatro meses. En la mitad de tiempo que en la ganadería extensiva habrán pasado de O a 100 kilos. Con el macroproyecto se crearían 11 empleos. ¿Cuántos se destruirían en la ganadería tradicional?
Pronto se levantó la protesta, empezando por el núcleo de población más próximo a la macrogranja proyectada en Dehesas de Guadix, a 3 km, Cuevas del Campo. Allí se creó en 2018, propiciada por Ecologistas en Acción, la Plataforma Protección Ribera del Guadiana Menor. Con eje central en uno de los afluentes más importantes del Guadalquivir, del que los cebaderos estarían a 200-300 metros, aunque también se verían afectadas las aguas del río Fardes y las de la Rambla Matanza, además de las aguas subterráneas. Integran la Plataforma trece municipios más del entorno también afectados: Zújar, Freila, Bacor, Gorace, Villanueva de las Torres, Alicún de Ortega, Cuevas del Campo, Pozo Alcón, Hinojares y Hueza, Cuéllas, Castrill y Baza.
La Plataforma ha generado un movimiento muy activo en el que las mujeres, como en otros lugares del mundo, vienen desempeñando un papel fundamental en defensa del territorio y del cuidado de la vida de la comarca. Desde su condición de mujeres andaluzas, subalternizadas también como tales, y con una mirada que podría calificarse de ecofeminista, están expresando, como señala Eva Pérez Manzano, portavoz de la Plataforma, el vínculo entre explotación de la naturaleza y ejercicio del poder patriarcal como dos caras del sometimiento de la vida a la lógica de la acumulación.
Multitud de reuniones informativas, entrevistas, artículos, videos y difusión en redes y medios, manifestaciones, concentraciones, reuniones e intervenciones con políticos e instituciones, mesas de trabajo y otras acciones han dado como resultados, entre otros, la paralización del proyecto de la macrogranja en Dehesas de Guadix y de proyectos similares en Zújar y Baza. En el caso del primero, la presión social alimentada desde la Plataforma ha conseguido que los trece ayuntamientos que se reseñaban se hayan declarado en contra, con la excepción, que no es casual, del ayuntamiento de Dehesas de Guadix, el municipio donde se localiza el macroproyecto. Ni el alcalde anterior, del PP ni el actual del PSOE han querido pronunciarse, “limitándose” a “seguir los trámites”. Sobre el posicionamiento “oficial” ante este tipo de proyectos, es interesante señalar que el alcalde de Zújar, miembro del PSOE liderando una corporación gobernada por un tripartito, PP, PSOE e IU, al mismo tiempo que se manifestaba en contra del proyecto de Dehesas del Guadix firmaba una licencia de obras para la construcción de una macrogranja en su propio municipio. Descubierta la maniobra y después de una fuerte presión social, se han paralizado las obras.
Este asalto a los bienes comunes, que forma parte de la ofensiva del extractivismo que el Sur está sufriendo a escala global y que recrudece el papel de Andalucía como área de extracción y de vertidos, está generando como respuesta nuevas formas de resistencia, de movilización y de participación social. Respuestas que ojalá generen espacios de comunidad y formas de sociabilidad con fuerza no sólo para hacer frente a las agresiones crecientes del capitalismo global, sino que permitan también transitar hacia formas más sostenibles y humanas de organizar la vida y de vivir.
jueves, 6 de enero de 2022
Las redes sociales enmierdan el ambiente
La mierda vuela rápida por las redes, con la coartada de crítica, con la absurda tontería de adjetivarla como política. Pero solo es mierda, la política es otra cosa, requiere sensatez, estudio, hablar, escuchar, leer, pensar, organizar, proyectar, convencer.
Hace
ya muchos meses me aparté de escribir en mis blogs sobre lo cotidiano, trataba
de evitar el mal cuerpo que produce la falta de debate de contrastar ideas y
proyectos, de buscar en el tema de que se trate lo importante y lo secundario, de
cómo partes de utilidad se encuentran en diferentes caminos… pero el espacio cada
vez está más lleno de insultos, proferidos por quienes tienen necesidad de
practicarlos para hacerse escuchar, precisamente por carecer de ideas. Aunque a
veces surgen ganas de hablar, no porque sea especialmente importante el asunto
del momento, sino, simplemente porque hay días que rompes con tus propios deseos.
La
carrera acelerada por lo corto avanza sin freno, esa frase supuestamente
graciosa que de forma grosera y sucia, casi siempre lanzan los iletrados, y
muchas veces los conocidos y amigos. La cosa se agrava cuando quienes lo hacen,
son personajes públicos que ostentan cargos institucionales, como senador,
presidente de la comisión de Transición Ecológica, secretario de RTVE, vocal en
las comisiones de Educación, Adicciones, Seguridad Social y Migraciones. El gusto
por la frasecita, y no por las ideas y el trabajo, el vicio del adjetivo para descalificar
al otro, a cualquier idea del otro que sea diferente a la de su tribu,
diferente a si mismo, aunque lo sea solo en parte, ese vicio de vaguería de
pobreza moral de incapacidad para actuar en política debería ser condenado por
toda la ciudadanía, claro está que incluida la gente de su grupo. Todos somos
muchas personas distintas a la vez, y muchas más a lo largo de la vida. Pero
algunos individuos solo enmierdan la política y todo lo que los rodea.
Me lo sugirió el artículo ‘Garzón y el mequetrefe’ de Pablo Ordaz, del que entresaco algunas frases.
‘’Encima va y lo empeora.’ Tienes que irte a tu casa, no sirves para nada. Deja a los ganaderos en paz, mequetrefe. https://t.co/G5hH1OykCu.La sorpresa es que se trata de un senador. Pero no solo. Según su perfil, es senador del Partido Popular por Gran Canaria y vicepresidente de la Comisión de Transición Ecológica, secretario de la de RTVE y vocal en las de Educación, Adicciones, Seguridad Social y Migraciones. Casi nada. Alguien así se supone que debe ser de carácter tranquilo y mesurado, un padre de la patria a la antigua usanza, casi un devoto del manual de Carreño, aquel célebre compendio de normas de urbanidad y buenas maneras escrito en el siglo XIX. La primera pista viene del tuit fijado en su perfil. Se trata de un vídeo en el que aparece dirigiéndose durante seis minutos al ministro Fernando Grande-Marlaska. Lo pone de vuelta y media: “Se lo voy a decir claro. Usted no tiene ni puñetera idea de lo que está pasando en Canarias. ¡Míreme a la cara...!”.
Llama la atención el tono, el braceo, esa forma de buscarle la cara... Tal vez solo fue un mal día. Veamos algo más reciente, a cuenta por ejemplo de las declaraciones de Alberto Garzón. La sorpresa es aún mayor. Sergio Ramos parece no haber hecho otra cosa en los dos últimos días que arremeter contra el ministro de Consumo por esa habilidad tan suya de meterse en charcos, pero sobre todo la imagen que proyecta de sí mismo. Un senador del Reino de España buceando en la cuenta de un ministro para ver qué comió en su boda en 2017 o rescatando un tuit de 2015 en el que Garzón celebra algo con sus amigos frente a un plato de croquetas y otro de jamón.
Twitter es una máquina muy eficaz para atacar al contrario, y casi perfecta para arruinar la imagen de uno mismo.’’
martes, 21 de diciembre de 2021
La racionalidad va desapareciendo
Cuando razonar resulta ofensivo. Javier Marías. 19-12-2021
Pero 18 años son muchos, y ya se ha dado
el siguiente y previsible paso. Ha llegado el momento en que los argumentos y
los razonamientos, por bien construidos que estén y sólidos que sean, se
reciben con la misma indiferencia que lo que tan sólo es cháchara. Esto es, no
se atiende a ellos, motivo por el cual han desaparecido las expresiones “entrar
en razón” o “prestarse a razones”, que venían a significar “darse cuenta de lo
que es razonable”. Esto es un pequeño drama para quienes, como dinosaurios aún
no extinguidos, todavía intentamos explicar, razonar y argüir, y, mediante eso,
convencer a alguien de algo. Esta ya vieja costumbre ha acompañado a los
hombres y a las mujeres durante unos 25 siglos, por lo menos desde Sócrates en
adelante. Es decir, ha sido el instrumento principal del que la humanidad se ha
valido desde que tenemos verdadera memoria, y por tanto deberíamos alarmarnos
ante la rápida abolición de su uso, más que nada porque para él no se ofrecen
otros sustitutos que las volubles “emociones” y la sentimentalidad más
ramplona. Estamos en un punto en el que da lo mismo que alguien demuestre algo
—un delito, una teoría científica, una verdad filosófica, una mera discusión de
sobremesa—: lo frecuente es que a los oyentes o lectores o interlocutores les
resbale, o que aun lo nieguen; no con argumentos mejores y más persuasivos,
ojalá, sino cerrándose en banda, haciendo oídos sordos, incluso cabreándose
puerilmente con el razonador porque éste se sale del juego cerril de ellos.
Razonar, a veces, resulta hoy ofensivo: “¿Me tomas por inferior o tonto? ¿Te
crees que por tener razón yo voy a dártela? Ni lo sueñes” es una reacción común
en nuestros días.
Y si uno se encuentra de pronto en un
mundo en el que tener razón no importa, ¿qué nos queda? ¿Qué podemos hacer para
intentar sacar a nadie de lo que vemos como error mayúsculo? ¿Qué nos cabe
decirles a los votantes que apoyan a individuos criminaloides como Trump,
Bolsonaro, Johnson, Maduro o Putin? Por mucho que nos afanemos, descubrimos que
argumentar con consistencia no vale de nada o sólo de poco, y que el
intercambio de pareceres ha sido desterrado por lo que en su día llamé
“locuacidades ensimismadas”, que son imposibles de interrumpir, imparables. Es
como si buena parte de la población mundial se hubiera entregado a la fe ciega
de las religiones o de las malignas y bobas sectas, cada individuo de la que
elige. La fe, si mal no recuerdo, consistía en creer sin pruebas, y aún es más,
en desdeñar y negar las que hubiera en contra. “La existencia de Dios no está
demostrada, pero yo creo en Él firmemente, y nadie me convencerá de que estoy
equivocado, porque la fe está por encima de las equivocaciones y las razones,
de hecho no tiene nada que ver con ellas, pertenece a una esfera superior y por
eso es una creencia ciega y sorda”. Esta actitud se impuso durante siglos, y
costó gran esfuerzo que las luces, la ciencia, la medicina, sacaran a la
humanidad de sus voluntarias ceguera y sordera, eso sí, alentadas por los
sacerdotes que tan cómodamente vivían sin verse obligados a demostrar nunca
nada. En lo poco recorrido del siglo XXI, el retroceso de la razón es de tal
magnitud que, sin ella, uno ya no sabe a qué recurrir, sobre todo si no es un
miserable dispuesto a pasarse al bando de los “emocionales” y sentimentales, o
de los nuevos y supersticiosos creyentes en lo que sea: en que las vacunas matan, en que la tierra es plana, en que Podemos y
Vox son democráticos, en que Elvis y John John Kennedy están vivos, en
que Cataluña está oprimida o en que Irene Montero es feminista. Ruego a los
filósofos y a mis colegas novelistas que vayan imaginando, pensando; que vayan
dándonos ideas para seguir combatiendo los disparates, las estupideces y las
falacias con alguna otra arma dialéctica digna, antes de que nos extingamos.