lunes, 30 de noviembre de 2015

Faltan 20 días para las elecciones. Los apoyos de Podemos

Parecería sencillo coincidir sobre quienes apoyaban a Podemos, pero mi experiencia en conversaciones con amigos y colegas indica lo contrario. No es habitual ponerse  de acuerdo en los datos, menos aún en las estrategias y tácticas que influyen en esos datos, resulta complicado compartir la idea de quienes son los apoyos, situados en el esquema del eje izquierda derecha, sobre todo sin precisar en qué espacio tiempo nos movemos.

Naturalmente las dificultades tienen que ver con los movimientos de la realidad, no es lo mismo hablar de quienes lo apoyaban hace un año, que de los que apoyaban hace dos meses, o de los datos actuales, en los que parece volver a remontar después de la caída. A mediados de 2014 sus apoyos eran más amplios y heterogéneos que los de hace dos meses, llegaban desde la extrema izquierda, pasaban por la izquierda y el centro y llegaban a votantes de la derecha que abandonaban al PP; -según Jorge Galindo, Politikón, en julio 2014, un 10% de voto que abandonaba al PP apoyaba a Podemos-

En la disparidad de ideas sobre los apoyos, tampoco es igual manejar datos que deseos; por un lado, los objetivos manifestados reiteradamente por Bescansa, Iglesias y Errejón consistían en juntar a todos los de abajo contra los de arriba, lo cual implicaba aceptar entre los de abajo a muchos votantes del PP y otros partidos derechistas regionales, los deseos que expresaban eran llegar a sectores sociales, instituciones, individuos y grupos de centro y derecha, dando por sentado, según su esquema, que ya contaban con la izquierda. Es cierto que en la dinámica regeneracionista, votantes desencantados del PP apoyaron a Podemos, (6.7.8), trabajadores, autónomos, pymes, burgueses, clases medias altas, funcionarios, profesiones liberales, estudiantes… al igual que grandes contingentes de votantes socialistas, que incluyen electores de izquierdas y centristas (3.4.5.6), en todo caso siempre más electores hombres que mujeres y más electores jóvenes que mayores. La realidad en otoño de 2015 queda alejada de los objetivos deseados, porque los apoyos de muchos de esos sectores en 2014, han ido abandonando Podemos y volviendo al PSOE y engrosando Ciudadanos, partidos que cuentan con menor rechazo global del electorado que Podemos y PP, e IU, lo que facilitaría su crecimiento.

Considerando números globales, es difícil sostener que Podemos en 2014 fuera el representante del voto de izquierdas, aunque sí podría afirmarse que contaba con grandes apoyos de ese entorno. EL voto de la gente que se autodenomina de extrema izquierda, 1,2 e izquierda, 3,4, también se lo repartían IU y PSOE, además de otros diversos grupos territoriales de menor entidad. Al margen que usted considere al PSOE de izquierda, centro, o derecha, muchos de los electores que lo votan se autodenominan de izquierdas.

Tomando el ejemplo de las elecciones Europeas de mayo 2014: Sobre un total cercano a 16 millones de votantes, al PSOE le votaron 3.596.324, a la Izquierda Plural 1.562.567, que son menos de la mitad, y a Podemos 1.245.948, que representan un tercio de los votos socialistas, sumados suponen un total de 6.404.839 votos, esa cifra representa 1.300.000 menos que la totalidad de electores potenciales comprendidos en 1.2.3.4. Reflejados abajo, trasladando los datos de la encuesta del CIS de dos meses antes, la cual daba los referentes señalados abajo a los espacios de autoubicación ideológica considerando la población electoral en 34.731.569 de individuos, de los que se manifestaron con opinión 25.041.461.


Actualmente, desde otoño de 2015, sus votantes están concentrados más en las izquierdas que antaño, (1.2.3.4 del CIS) han perdido considerables votantes potenciales del centro y derecha, muchos de los cuales han ido a Ciudadanos. Observando las dos curvas de las encuestas, se puede comprobar la horquilla que forma el decrecimiento de Podemos coincidente temporalmente con el crecimiento de Ciudadanos, muestra que se ha producido un fuerte trasvase de votos de centro y derecha que antes apoyaban a Podemos. Esos votantes que han perdido, en las encuestas, estaban situados en el 5.6.7 del eje izquierda derecha, lo cual inclina hoy a Podemos mas sesgado a la izquierda, volviendo a necesitar robar votos a IU que parecía sostenerse y todo parece indicar que volverá a sufrir una fuerte corrección por la tendencia al voto útil.



El hecho es que la estrategia de crear un gran conglomerado popular entre los de abajo (90/10) parece fracasada y desviada al objetivo más razonable de consolidarse como un aglutinador socialdemócrata, que tendrá que pelearlo contra el PSOE y ambos arrinconando al máximo a IU y sus posibles alianzas territoriales. Un elemento nuevo, aunque previsible, ha aparecido en el entorno de Podemos, es la sangría que experimenta en sus apoyos por la izquierda en diversos territorios, difícil hoy de cuantificar en potencial de votantes izquierdistas, desde luego menor en número de los posibles a obtener por el centro. Veremos cómo queda finalmente el lío de las posibles coaliciones periféricas, gallegas, vascas, valencianas, catalanas, andaluzas… en las que parece que la pretensión teórica inicial de Podemos de nuclear todo se ha desvanecido bastante. 

sábado, 28 de noviembre de 2015

jueves, 26 de noviembre de 2015

El Papa se equivoca. Quizás por ser parte interesada

Las declaraciones del Papa sobre el terrorismo, ponen el foco sobre la pobreza. Y tapan la responsabilidad de la religión, cuna y respaldo de un fanatismo atroz que justifica para el yihadista la muerte y tortura de los no creyentes. El Papa habla así, desviando el foco de la atención religiosa, como parte interesada que es en la religión.

Cuidado con poner a la pobreza como cuna de todos los males, basta ya de criminalizar la situación social de miseria como cuna de todo mal, bastante tienen los pobres con resistir el día a día, como para que les pongan más losas encima que generen mayor rechazo y represión. El Papa actúa como un trilero poniendo el foco sobre la pobreza, cuando en todo caso son las desigualdades las causantes de múltiples problemas y estallidos de violencia. Conocemos montones de países y pueblos pobres, actualmente e históricamente, que no generaron terrorismo alguno

Por otra parte la historia no aporta pruebas de esa vinculación que sugiere Francisco. El historiador David Rapoport describe cuatro tipos y fases de terrorismo; el anarquista, el anticolonial, cuyo objetivo está claro, la autodeterminación de la colonia, el izquierdista y el religioso, que luchan por mundo nuevos idealizados. Aunque algunos militantes terroristas fueran de extracción obrera, otros, mayoritarios eran de clase media o alta, -como está ocurriendo en el yihadismo- Los diferentes grupos terroristas han estado soportados en una base ideológica con suficientes dosis de fanatismo teórico como para actuar sin necesidad de vivir individualmente situaciones de pobreza, ni se encontraba la lucha contra la pobreza como base teórica justificativa de sus movimientos. Como referencia recordemos los grupos cercanos europeos, el IRA, la Baader Meinhof, ETA o Brigadas Rojas, o los más lejanos anarquistas, quizás los más cercanos a las tesis papales, que lucharon por un mundo mejor, incluida la lucha contra la desigualdad, por libertad, derechos…

Situándonos en la época presente, y sobre el terrorismo yihadista, estigmatizar a los pobres vinculándolos al terrorismo, supone echar una cortina de humo sobre las casusas del yihadismo, entre las cuales aparece en primer término la religión. El mundo musulmán se encuentra en la Edad media del cristianismo, que en el pasado bañó Europa de sangre por sus constantes guerras de religión, católicos-protestantes, cruzadas o guerras santas contra los infieles, persecución a herejes,… las torturas, muertes, y represiones varias encontraban amplia justificación en la religión y sus textos sagrados y sobre todo en los altos cargos religioso-políticos intérpretes de los mandatos divinos.
El Papa no debería olvidar este componente del terrorismo actual, al cual se suman otros aspectos, sin duda. Como cualquier otro fenómeno sociológico no hay una única causa que fácilmente lo pueda explicar, al contrario la complejidad del mundo actual ofrece múltiples aspectos que iteran hasta conformar la realidad del yihadista que atenta gritando componentes religiosos de la yihad y se inmola invocando a Alá.

Sin alejarnos demasiado de la cultura española y sus fuentes de información/documentación, como Elorza, Reinares, Napoleoni, Torreblanca, Álvarez-Osorio, Gilles Kepel, Sami Nair, Naím, Bernard Godard, … destacan como magma esencial en el conglomerado del yihadismo, la religión musulmana y los choques entre los sectores más puros e impuros, los poseedores de la verdad y los infieles, o entre islam y cristianismo, sin ese magma fundamental que silencia el Papa, no se entendería el terrorismo actual. Después habrá que preguntarse por los apoyos, la financiación, la implantación, difusión, captación, entrenamiento… y las causas inmediatas y concretas que influyan en el salto del fanatismo ideológico a la yihad, etc. pero todas ellas son preguntas posteriores, que tienen sentido porque se realizan tras la existencia de la yihad. Dice J.A. Moliner en http://www.seguridadinternacional.es/revista/ que ‘el terrorismo yihadista, tiene como finalidad la ordenación política de la sociedad sobre una interpretación fundamentalista del Islam.’

Son importantísimos los apoyos logísticos e ideológicos y la financiación de ricos países petro-árabes para extender su influencia, religiosa y política por Oriente Medio, vinculado a ISIS, así como el mundo talibán en el área de Pakistán y Afganistán, vinculado a Al Qaeda. Por descontado en ISIS influyen los graves errores geopolíticos occidentales, la última guerra de Irak, destrozando el estado y todas las estructuras que mantenían estable el área, Saddam Hussein, era un brutal dictador, pero laico, su desaparición como la de otros dictadores durante la primavera árabe del norte de África, dejó un rosario de países por el que se extendieron los grupos que estaban más organizados, aquellos de ideología islamista muy alejados del laicismo occidental.

Seguro que influirán en la captación de militantes yihadistas, la base religiosa, el odio a la vida occidental, la libertad e igualdad de las mujeres, niños, de las costumbres, la separación del poder político y legislativo entre iglesia y estado, la marginación y desprecio que sienten en Europa muchos individuos de origen mayoritario árabe, la influencia de las penurias relativas y la cárcel, la existencia de guetos… seguro que también influyen el atraso del mundo árabe en aspectos económicos y políticos, las enormes desigualdades del mundo árabe, -aunque no parece que dirijan su furor hacia los petro-países, los elementos históricos de dominio occidental serán justificación apropiada a sus desdichas, y los bombardeos indiscriminados para quienes reciben las bombas en ocasiones sometidos por abajo a los yihadistas y por arriba a los aviones occidentales, etc. etc. en definitiva un conglomerado de causas distintas a la pobreza que marca el Papa.



domingo, 22 de noviembre de 2015

Sobre el terrorismo yihadísta y riesgos que afrontamos

‘No se puede culpar a los musulmanes de los atentados terroristas’, ‘esto no es una guerra de religión’, gritan desde una acera. Es cierto, pero tan cierto como que el yihadismo existe, vemos y sentimos la guerra, o esfuerzo, militar, violento, terrorista, para castigar y doblegar a los infieles que son los no musulmanes. No son los musulmanes, pero tan cierto como que los luchadores yihadistas encuentran protección en amplios sectores de población afín a sus comportamientos religiosos/culturales, identitarios, dentro del islam.
Tan cierto como que desde el mundo musulmán no hay un combate frontal contra el terrorismo yihadista, sí algunas condenas, faltaría más, pero siguen sin implicarse abiertamente, no se dan cuenta masivamente del tremendo error de no oponerse frontalmente con todas las consecuencias, necesario si pretenden desmarcarse y que el resto del planeta tenga la percepción de que fueran cuestiones diferentes.

Los terroristas yihadistas invocan al islam para realizar sus actos, se apoyan en sus textos sagrados, en su profeta Mahoma, siguen o interpretan la sharia… naturalmente 1.500 millones de musulmanes no son terroristas, todo el mundo lo sabe, pero los musulmanes en su generalidad más amplia aceptan/defienden/practican formas de vida que chocan frontalmente con el mundo laico occidental, en el cual las mujeres, niños y adultos, mantienen derechos y libertades en igualdad, logrando autonomía respecto a dictados de los libros sagrados y sus intérpretes; también las relaciones sexuales y relaciones políticas, se someten a normas y leyes civiles fuera de los patrones de los libros e imanes de la religión.

Los musulmanes aúnan la autoridad política y religiosa, normas religiosas y legislación civil, comportamientos civiles son juzgados y reprimidos bajo patrones religiosos, que llevan a la antigüedad y Edad Media… ese es uno de los basamentos del yihadismo, la autoridad político religiosa del califa del ISIS, el Estado Islámico. Estado porque tiene territorio con criterios comunes en sus leyes o normas, porque patrimonializa la violencia centralizada en la autoridad del califa y sus fuerzas para hacer respetar sus normas, estado porque tiene recursos económicos, militares, religiosos, políticos, educativos, con los que apoya, ayuda, difunde e interviene en la preparación y organización de comandos terroristas. Al tiempo, la existencia de un espacio territorial con ese contenido, actúa como efecto llamada para individuos y suma de grupos yihadistas autónomos desconectados hasta ahora.

Dentro de ese territorio se entrenan y forman los militantes yihadistas que posteriormente difunden por Europa y resto del mundo, dentro de ese territorio tienen pozos de petróleo, que son enormes fuentes de financiación, como lo son los secuestros y el tráfico de personas, refugiados sirios, y los tráficos de armas y drogas que expanden en países limítrofes, dentro de ese territorio se investigan y elaboran nuevas armas químicas y bacteriológicas altamente terroríficas, muy baratas y sencillas de utilizar en Occidente –se han encontrado ordenadores en Siria con suficiente información al respecto-. Y surge el problema, ¿es creíble o no?, para un individuo en las redes sociales puede no serlo, de acuerdo con los antecedentes, y criticar apoyándose en su creencia, pero un gobierno o partido político no pueden asumir el coste de no considerarlo y responsabilizarse por omisión de un atentado químico en cualquier población europea.

La existencia de ese estado explica el por qué la intención de bombardear, una de cuyas finalidades es minar sus finanzas destruyendo campos petroleros, flotas de camiones de transporte, de petróleo y otros mercancías, campos de entrenamiento… Sin duda eso solo no resolverá el problema, sin duda habrá que aplicar una ristra de medidas diversas, políticas, económicas, ideológicas, culturales, de espionaje, policiales, etc. etc. durante largo, largo tiempo, pero sin duda los partidos políticos tendrán que aceptar que la amenaza existe y es real.

Claro, claro, la realidad es compleja y todo influye, las guerras son focos de extremismos y destrucción, por tanto de generación de odios y fanatismos, el comercio de armas entre países y el tráfico ilegal de armas, así como el tráfico de drogas y personas, el petróleo, etc. ayudan a la financiación del terrorismo y ahora del ISIS y AlQaeda, también ayudan a dar el salto de muchos inadaptados, la marginación y penurias y la creación de guetos en barrios occidentales, etc. pero dicen los entendidos que una gran proporción de los actuales yihadistas en ISIS, son clase media y no solo marginados. Está claro que los atentados de París han abierto la ventana a una realidad que se percibe altamente insegura en Europa y alrededor del Mediterráneo, Oriente y el Sahel, que hasta ahora millones de europeos desconocían.


El problema es altamente complejo, y combatirlo es un verdadero lío, porque uno se divide en dos, tras cada decisión de combate aparecerán dos caras una romperá/detendrá la amenaza, otra, generará más odio y activismo en el mundo musulmán, ante cada registro masivo, cada detención, cada control, cada acción represiva sobre el terreno, cada bomba, cada muerte, generará reacciones... Amén de las contradicciones que experimentará la forma de vida occidental, el debate libertad/seguridad dará como resultados, cambios en el mundo que conocemos. Por ejemplo detener individuos antes de que se produzcan atentados no fue norma occidental, pero sabemos que muchos activistas están fichados y seguidos, y la gente se pregunta ¿por qué no los cogieron antes? La respuesta hasta ahora es porque antes no habían cometido el delito, aunque todo parecía indicar que su camino conducía a ese objetivo. Schengen, o la libre circulación de personas por las fronteras interiores de Europa ha mostrado que algunos terroristas entraron desde Siria por Grecia y atravesaron toda Europa por donde quisieron… no será sencillo tomar decisiones que sean eficaces medidas antiterroristas y al tiempo carezcan de contraindicaciones sociales.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Terrorismo. París. Y alguna simpleza

Todo tiene su tiempo para manifestarse, el llanto y la alegría, también la protesta, y la política. Una cuestión, una argumentación, una acción política fuera de su momento, pierde eficacia, no vale, emponzoña la realidad y vuelve todo más difícil de comprender.

El comercio de armas es una actividad denigrante, asesina por cuanto facilita instrumentos de muerte en cualquier conflicto que exista, a cambio de dinero, y si no hay conflicto al negocio le viene bien montarlo o trabajar para impulsarlo, seguro que es una actividad junto con el tráfico de armas, parecido pero no exactamente igual, a denunciar y perseguir y sobre todo a debatir en el marco y momento adecuados, porque de lo contrario confunde y oscurece la realidad del terrorismo yihadista. Y todo lo que confunde se aleja del pensamiento progresista.

¿Acaso un comentario como el de la foto pretende aclarar el terrorismo yihadista? O peor aún justificar y/o redirigir responsabilidades atribuyéndole al imperialismo, al capitalismo, etc. la responsabilidad concreta y real de los terroristas que algo habrán bebido del islamismo, que a su vez, sin que sea lo mismo, algo estará relacionado con el islam más que con el mundo occidental ¿Qué sentido tiene el cartel de arriba, difundido en Facebook como respuesta a los atentados terroristas de París? ¿Rebajar o diluir la responsabilidad de la yihad?

Los yihadistas para realizar su actividad terrorista NO necesitan comprar armamento a través del comercio de armas con responsabilidad de empresas españolas. No se dan cuenta de que los yihadistas para actuar en Europa –otra cuestión es para combatir en Siria- no necesitan recurrir demasiado al comercio mundial de armas que destina preferentemente su armamento a las guerras locales, regionales, globales, etc. y también por supuesto a los grupos narcos, fuerzas de seguridad privadas, ejércitos privados, etc.

Veamos. En la masacre cometida en el Metro de Madrid en 2004, -en el que asesinaron a 200 trabajadores que se dirigían a sus trabajos- los terroristas yihadistas utilizaron explosivo robado en una mina, lo cual estaba sin ninguna duda fuera de los circuitos del comercio de armas.

En relación a los atentados terroristas de París, los fusiles de asalto utilizados, al igual que en muchos lugares del planeta son los Kalashnikov, automáticos y durísimos, de fabricación rusa, no española, suelen proceder de países del Este, dicen que los compran en origen por pocas decenas de euros, y que llegan a venderlos por 2.000 € en el mercado negro, en Bélgica por ejemplo. Los explosivos no parece que fueran militares.

Tampoco las referencias españolas que conocemos en los últimos 40 años utilizaron demasiado el comercio de armas; ETA, GRAPO, FRAP, utilizaban armas robadas a policías y militares, asaltaban almacenes de empresas fabricantes, o polvorines militares y policiales. Los explosivos que utilizaban parece que eran robados en minas y canteras, en empresas constructoras, o fabricados con componentes de uso industrial y/o agrario.

Tanto si actuaran como lobos solitarios, como si lo hicieran como células organizadas o grupos de comandos, los terroristas cuando actúan en Europa, o Norte de África, o países musulmanes asiáticos, no precisan entrar en el comercio internacional de armas previamente, no son necesarios demasiados recursos para sembrar el pánico entre la población occidental agrupada en transportes, estadios, etc. Su mayor arma son ellos mismos, los individuos fanatizados cargados de odio hacia lo laico y occidental, de ahí la necesidad de otras formas de lucha distinta a la militar, para incidir en lo social, cultural, económico, individual, policial...  

En algunos sectores parece que no aceptan la realidad de la yihad, pero existe autónomamente, con independencia del capitalismo, que sin duda influye, pero no determina su existencia, no es lo esencial para plantear como objetivo destruir occidente, o conquistar Al Andalus. Tomo de Felix Ovejero los siguientes párrafos colgados en su Facebook:


Durante su sermón en Montepellier, el imam Mohamed Khattabi, incitó a su público sugiriendo que "los occidentales no ven a los musulmanes como seres humanos", mientras les urgió que rechacen cualquier afiliación o lealtad hacia la república francesa.
Acusó al gobierno de Francia de querer imponer una bandera francesa en la mezquita para "controlar a los musulmanes franceses".
"Francia y otras naciones occidentales buscan controlar a los musulmanes porque somos los gigantes dormidos, que se despertarán para restaurar la gloria a la humanidad", dijo y remarcó de nuevo como "los sistemas legales de occidente son confabulaciones sionistas".
"De acuerdo con las estadísticas científicas todas las instituciones a cargo de los derechos humanos son sionistas", informó a su audiencia.

Para terminar su discurso, Khattabi habló del deseo de los musulmanes de controlar Europa, de acuerdo con la ley islámica. "Queremos que nuestros hijos penetren la esfera política de occidente", concluyó. Reuters

martes, 17 de noviembre de 2015

Escribir después del terror se hace muy difícil

Uno queda paralizado, por el impacto del terror, decenas de muertos que podríamos ser usted y yo, nuestros hijos y nietas, nuestros amigos y vecinos… cualquier día, en cualquier país, en cualquier momento, yendo a trabajar, como sucedió en Madrid, o disfrutando de un concierto, copa, cena, paseo…

No es que el cerebro duerma, al contrario, como un volcán en erupción saltan ideas, recuerdos, preguntas, posibles respuestas… todo se agolpa por salir, pero al mismo tiempo me corto al escribir. Escucho y leo cosas muy diferentes, no solo noticias de prensa, me interesan las de gente con mente contrastada y abierta, opiniones de expertos en terrorismo, en política internacional, en globalización y en el mundo árabe, en religiones, etc.

La cabeza gira y gira, pero abandonas la escritura y te refugias en otras cosas. Quizás más adelante. Son tantas cuestiones, de tan gran importancia como para configurar una época de mayor inseguridad y crisis políticas en Oriente y al sur del Mediterráneo, en España, en Europa. El miedo es casi gratis, por tanto no es raro que se extienda, -Schengen y su libertad de circulación intereuropea probablemente será una de las pérdidas inmediatas- Son muy frágiles las vidas de las personas en las sociedades democráticas, con una cultura y estilo de vida asentado, fácilmente expuesto a riesgos provocados por individuos y grupos fanáticos que aceptan morir en cada acción, esos no necesitan de tanta organización como dan a entender algunos cronistas, ni son necesarias tantas armas, ni tantos recursos materiales ni económicos, ni son necesarias muchas personas para difundir el terror entre la población civil.

También leo opiniones de políticos y activistas españoles, éstas me aclaran poco y deprimen, ‘el y tú más llevado al terreno del terror, atroz pero… fotos de caídos en Siria, que pretenden justificar, ¿contrapuestas? … veo que las expectativas de buenos resultados electorales en IU y Podemos se van esfumando poco a poco, la elección de representantes no solo estarán marcadas por la crisis económica, todo afecta, influye y mucho Cataluña y la seguridad/libertad/terrorismo. 

Mientras tanto se consolidan PP, PSOE y Ciudadanos, la gente percibe que son más ágiles en dar respuesta, les hace aparecer preparados para dirigir el estado, las primeras reacciones con un pacto antiyihadista; días más adelante se discutirán las medidas del documento de Podemos, en una semana tendrían mejor encaje y posibilidades de aplicación, pero hoy, los sentimientos de millones de personas no es la búsqueda de soluciones de largo plazo, que seguro deben ser variadas y tocar muchos palillos mas allá de lo militar, desde luego no se resolverá con unas frases, seguro serán complicadas de implementar. Ellos también existen, su ideología también existe, su odio al modelo de sociedad laica, republicana… también existe, su desprecio por la vida, existe...

PD. El PP no perdió las elecciones en el 2004 por los atentados, sino por la gestión que hizo de los mismos, las perdió por no dar respuestas satisfactorias a la ciudadanía.

viernes, 13 de noviembre de 2015

La independencia catalana aflora el problema de España


La independencia en Cataluña tomará en cada momento una forma concreta, que habrá que dar respuesta a corto plazo, por supuesto habrá que considerar soluciones estables a largo plazo, pero cada momento requerirá un tratamiento concreto, plantearse ahora como salida inmediata cambiar la Constitución o similar, no resulta útil, el órdago de la independencia está proclamado, no quieren oír hablar de federalismo ni otras zarandajas. Quizás más adelante pueda resultar de utilidad.

La independencia, es un grave problema, pero resulta más preocupante todavía el problema de España, que realmente es el fondo importante de la cuestión. Se trata para los partidos y fuerzas sociales de construir un estado y eso entraña muchas dificultades, aparecen contradicciones entre las utopías y realidades, entre los sueños particulares en los que vale todo, y las realidades diferentes de millones de personas que no coinciden en esos sueños particulares que pierden su valor.

Y además aparece la debilidad de muchas argumentaciones actuales –particularmente me interesan las de izquierdas- que olvidaron durante años enfrentarse a los postulados nacionalistas, altamente reaccionarios y xenófobos, neoliberales y populistas, lo cual hace muy difícil ahora encajar el galimatías sin enfrentarse al nacionalismo periférico, con el que mostraron simpatías, apoyándolo con su inacción o abiertamente. En realidad muchos izquierdistas se han dejado seducir hasta por su lenguaje del que se apropiaron sin esfuerzo, una cesión más, todo ello porque muchos militantes necesitan demostrar que fundamentalmente están en contra de la derechona española, que ellos adjudican a todo lo español que es todo lo distinto a sí mismos. Una gran diferencia con la implicación de los comunistas del PCE en la construcción del estado tras la muerte de Franco, participando en la redacción y configuración de las leyes vigentes hoy día.

Recordemos la situación: la declaración de independencia realizada por la Presidenta del Parlament, está apoyada por 1.628.714 votantes a JuntxSí  mas los 337.794 votantes de la CUP, en total 1.966.508 de votos ciudadanos sobre un censo electoral de 5.510.853 de catalanes con derecho a voto. Los votos que arropan la declaración de independencia representan un 35.68 % del cuerpo electoral catalán.  No es razonable que un estado acepte como criterio decisorio esta proporción. El Estatut de Sau lo aprobó el 54% del censo electoral -un 88% de los que votaron con participación cercana al 60%-.

La primera cuestión a resaltar es que no es el pueblo catalán quien pide la independencia, al contrario, hay una mayoría que no la pide Una cuestión surge al identificar solo con el pueblo catalán a los independentistas, lo cual se extiende a reconocerlos a ellos como sujeto político, porque entonces ¿quienes son el otro 65%, no son catalanes, no tienen derechos ni opinión en esta decisión? Es como si alguien dijera ¡que se jodan! Enfrentada esta realidad concreta al armazón teórico de clichés inhabilita su validez, porque muchos giran en torno a la idea del pueblo catalán como unidad opuesta al pueblo español, no hay tal sujeto, un pueblo catalán unido como una piña enfrentado a España, ni en el pasado ni ahora. Tampoco Catalunya es un país colonizado, explotado, oprimido y sojuzgado, quien se quiere separar de España, más bien al contrario, porque son ricos y tienen poderes, pretenden alejarse para disfrutar de su riqueza, privilegios y poder.

Veamos otro argumento cliché, que utilizan miles de personas, ‘en un divorcio si uno de los dos se quiere separar, no debes impedirlo’, se entiende en el ejemplo, que de la pareja España/Cataluña, quien se quiere separar es Cataluña, pero hete aquí que en el ejemplo lo que eran dos personas, se convierten en realidad en millones y pretenden decir que todos, los millones de catalanes se quieren separar de ese matrimonio, lo cual es mentira. La realidad actual es que una minoría pretende romper y obligar a una mayoría sometiéndola a sus intereses y leyes particulares, rompiendo para ello leyes aprobadas antes por amplias mayorías, incluidos muchos de los actuales secesionistas, ruptura de leyes generales y territoriales, tanto nacionales como internacionales.

‘Si las leyes lo impiden hay que incumplirlas’ solo hay que obedecer las leyes justas’. La cuestión aquí es ¿quien determina en cada momento las leyes que sean justas e injustas? Mientras un individuo puede mantener los argumentos anteriores, un partido de izquierdas no debe hacerlo, no puede mantener una incoherencia tan grande, máxime si quiere ganar elecciones y participar en la construcción del Estado. Alguien cercano a gobernar no puede aceptar que quien quiera rompa las leyes cuando le plazca, porque lo harán fundamentalmente los poderosos, estaría aceptando que los ricos no pagaran impuestos; incluso justificaría el golpismo, Tejero o Franco, quienes en su día decidieron qué leyes vigentes les resultaban inadecuadas.

Vivimos una secesión, cercana a un golpe, hoy blando, y todo partido o cuadro militante que pretenda realizar actividad política en Europa, debería tener altísimo interés en lo que sucede, lo cual supone dotarse de elementos teóricos básicos necesarios en la construcción de un estado, porque ese es el problema que enfrentamos. Desde luego nunca será admisible por la ciudadanía la idea de ‘me importa tres cojones’. Probablemente las elecciones marcarán negativamente a los partidos que se desentiendan de esta cuestión, porque los problemas para quien quiera ganar o formar parcelas de gobierno, no solo son el paro y la corrupción, el sistema productivo y las pensiones, sino también la organización del Estado, que por supuesto itera sobre todos ellos. Entre otras razones resulta incoherente hablar de Ucrania, Siria, etc. etc. y no plantear salidas concretas a cada situación provocada en Cataluña, al margen de los mantras de largo plazo, federalismo, etc.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Independencia. La ley es un aspecto de la política

Una ley es un contrato universal entre los distintos miembros de una sociedad que fija sus reglas de juego internas. Las reglas son trascendentales, porque sin ellas solo yace el vacío, la ausencia de cauces, la anomia, el caos.
Efectos litigiosos aparte, quien rompe un contrato viene a legitimar a las otras partes contratantes a hacer lo mismo. Las libera moralmente de su obligación contractual. Por eso la ilegalidad —cuando la regla no es dictado unilateral, sino que viene escrita desde el consenso democrático— corroe la convivencia. Porque destruye los cauces que la posibilitan, desborda el terreno de juego, desata el conflicto. Este es el abc del Estado de derecho, de la rule of law, de la comunidad jurídica, de toda civilización digna de tal nombre.
Si la ley se queda vieja, hay que cambiarla. Desde el mecanismo que identifica la propia ley. No tirarla a la basura. No desafiarla. No desacatarla. El Parlament ofreció ayer retazos gloriosos de este empeño, legalista, reformista, democrático.
Alguien recordó que el mismo día en que los grupos secesionistas presentaban su resolución rupturista propugnando el desacato al Constitucional, el Gobierno separatista (por mitades) de Artur Mas anunciaba dos recursos ante el mismo tribunal por invasión de competencias desde el Gobierno central: “fariseísmo”. Alguien recordó que el Gobierno de Mas comunicará su ruptura a España y a Europa “para negociarla”... sobre la base de hacer caso omiso a toda legislación y jurisprudencia españolas y europeas: “esperpento”.
Alguien preguntó cómo un Parlament que se autoexpulsa de la legalidad podrá exigir respeto a las normas que dicte; cómo el desobediente puede pedir obediencia; cómo impedir que los ciudadanos acaten unas leyes y no otras; o a la inversa, según su propio gusto; quién decidirá cuáles son las normas a cumplir y cuáles no; qué seguridad jurídica ofrecen quienes hozan en el desacato.
¿Quiénes fueron esos alguien? Joan Coscubiela, el veterano sindicalista y jefe parlamentario de Sí que es pot. Y Miquel Iceta, el resistente, respetuoso líder del PSC. Devolvieron a la Cámara el honor que ya ha pisoteado su flamante presidenta.

Luego vino el Desobediente. El Astuto, el Jefe del 3%, el CEO de los rescates, se disfrazó de ideólogo de la CUP. Enternecedor.

sábado, 7 de noviembre de 2015

Cosas sobre el secesionismo que no conté. 2

Los secesionistas han logrado el apoyo moral de mucha gente que defiende su derecho pero penaliza a los que criticamos con argumentos. Evidentemente no me dirijo a los independentistas históricos, quienes llevan toda la vida haciendo su trabajo de raca, raca; el problema se plantea pensando en gente de izquierdas que prestan su apoyo emocional a la secesión, como si se tratara de una postura progresista. ¿Ustedes recuerdan huelgas obreras, en las fábricas o tajos que fueran financiadas por la Generalitat, o los gobiernos de turno en cualquier país? Recuerdan durante la transición las luchas callejeras por la democracia, amnistía y Estatut de autonomía, siempre recibiendo cargas brutalmente la poli, coces de los caballos, porrazos, chorros de agua, carreras, detenciones, despidos, pelotazos de goma y a veces balas de verdad…

Recientemente veíamos manifestaciones de movimientos sociales, de las mareas, la indignación allí en Barcelona, recibiendo palos por parte de la policía catalana, dirigida por la actual élite independentista, que poca permisividad existe para según qué cuestiones.

Mientras unos, los secesionistas, se organizaban y movilizaban, los otros miraban, consentían y callaban; en ese otro grupo, al menos la mitad de los catalanes, el gobierno español, millones de españoles, entre ellos miles de intelectuales, escritores, filósofos, sociólogos, catedráticos, profesores, miles de empresas, decenas de partidos y sindicatos, fundaciones, etc. etc. Muy poca gente en este país ha contra-argumentado a los argumentos secesionistas en los últimos años, no conviene enredar, mejor no provocar, decían, mientras tanto las mentiras se extendían y sumaban gente no independentista al proceso, así engordaba el movimiento a favor de la independencia recogiendo todo lo contra, lo antisistema, la indignación y desesperación anticrisis, los movimientos sociales catalanes fueron engullidos y desaparecidos,… Naturalmente que los independentistas tienen todo el derecho del mundo a decir lo que quieran y a manifestarse, ¡estaría bueno que alguien opinara lo contrario! Pero, el resto también tendría el mismo derecho.

Rajoy se reúne con algunos líderes políticos, resulta que ahora la amenaza de crisis independentista les parece creíble, lo cual hace todavía más clamoroso el vacío de años anteriores la falta de debates parlamentarios no celebrados estos años de atrás que hubieran sido imprescindibles; como lo hubiera sido desarrollar estudios de contra argumentación económica, política e ideológica, hablar, escribir, por todos los medios… expandir cifras y datos en Cataluña y resto de España… planes diplomáticos hacia el exterior, estudio de posibilidades legales de encajar sus pretensiones. Mientras los independentistas hacían su trabajo. Tras la sentencia sobre el Estatut se empiezan a conocer estudios, posteriormente se van haciendo públicos minuciosos planes de construcción de un estado independiente, sin que gobiernos central y autonómicos, parlamentos central y autonómicos, partidos, sindicatos… dijeran algo de similar calidad y cantidad.

Y lo más importante, puesto que se trata de una desafección visible en el conjunto de España, al margen de la utilización electoral que todos harán de las reuniones actuales para lograr votos, lo que está poniendo en evidencia la situación que vivimos, es la carencia que ha existido de planes, intenciones y acciones políticas de largo plazo en la generación de un patriotismo democrático, lo cual evidentemente supondría luchar contra la corrupción, contra la crisis institucional, contra las desigualdades, por salidas a la crisis económica diferentes, por implementar planes urgentes contra el paro, etc. etc.

El problema fundamental que tenemos es España y no Cataluña, evidentemente el pacto social y el fondo estaba pintado en la Constitución, pero pocos se preocuparon de darle suficiente contenido mas allá de las leyes, los partidos políticos, sindicatos, instituciones, intelectualidad… no supieron o no creyeron necesario impulsar desde ese momento un relato común colectivo, ilusionante e integrador de amplias mayorías y no excluyente de media España. A partir de esa vaguería y falta de preocupación, los nacionalismos periféricos durante años han ido creando en su territorio, un relato colectivo nacional, que para ser eficaz oponían a lo español.

Es imposible considerarse patriota mientras los símbolos son propiedad de los fachas, todavía hay gente que toma a broma los vínculos de la bandera y Tejero, o de forma similar con grupos fascistas, ello rompe toda posibilidad de integración colectiva; hay gente que quiere imponer y obligar, a amar los símbolos, como los machistas, lo cual destroza la posibilidad de convivencia. Imposible considerarse patriota mientras en las cunetas siguen los muertos y en las calles y plazas los nombres de golpistas; es necesaria una educación para la ciudadanía en las escuelas que extienda un sentimiento común vinculado al laicismo, la democracia, la libertad, igualdad, fraternidad, nadie quiere sumarse a un proyecto plagado de personajes de élite corruptos, la impunidad y el capitalismo de amiguetes son armas antipatrióticas (salvo en Cataluña). Todo país que se precie de querer construir un futuro colectivo nunca cederá la enseñanza, lo paradójico es que algunos defienden a capa y espada esta máxima, pero solo para ellos. La enseñanza en manos del gobierno catalán es una fábrica de infantes independentistas amantes de esteladas que irán en aumento a cada generación inoculados con el virus de xenofobia y el odio a lo español. Y no, esto no es más progresista.


¿Alguien imagina hoy en la puerta del Congreso una foto de altos cargos del PP y PSOE arropados por cientos de alcaldes enarbolando sus bastones de mando alrededor de Rato para apoyarle por sus problemas con la justicia? La foto la vimos en Barcelona hace pocos días, por cierto publicada en los medios de prensa habituales, poco comentada en los medios y redes progresistas, ¿para no provocar? La entrevista de Rato con el Ministro de Interior llenó las redes sociales de comentarios, la de Mas con Pujol en estos días antes de la última inspección a la familia y a las sedes de CiU, solo ha recogido la negativa de Mas a informar de ella por, ‘carecer de interés’. Serán unos cabrones, pero los catalanes sienten que son sus cabrones, eso puede explicar la tradicional permisividad soberanista con las mafias catalanas. 

jueves, 5 de noviembre de 2015

Cosas sobre el secesionismo que no conté. 1

La situación que estamos viviendo es gravísima, y lo que nos falta, a pesar de la percepción de calma, sin algaradas aparentes, conduce directamente a una colisión cuyos resultados desconocemos todos; probablemente es lo que está buscando el secesionismo como una de las salidas más factible a esta etapa del proceso, tras saltarse las leyes españolas, Constitución, las leyes catalanas, el Estatut, y ahora las leyes internas del Parlament de Catalunya. Efectivamente, son leyes, lo cual implica que son un aspecto de la política, no son el bálsamo de Fierabras, pero tampoco algo ajeno a la política como parecen dar a entender algunos individuos. Toda sociedad se dota de normas y pone en uso comportamientos para convivir,  son esenciales en toda colectividad, forman parte del pacto social que suscribe la ciudadanía en su conjunto, formulado, apoyado y refrendado por sus votos en las democracias, al fin y al cabo las leyes son resultante de la correlación de fuerzas en toda sociedad, aquí en una etapa en que la ciudadanía ejerció su derecho a decidir.

Si la correlación de fuerzas cambia en una sociedad democrática lo suyo es cambiar las leyes, pero no saltárselas para adaptarlas a su preferencia particular, a la de su grupo, o para crearlas a su imagen y estricto beneficio, que ni siquiera es compartido por una mayoría de población, eso no solo no es democrático es un comportamiento autoritario, dictatorial, si además se hace apoyado en leyes proclamadas por uno mismo, y/o arropado en el privilegio que le dan las que les suponen legitimidad ante el conjunto de la ciudadanía, supone implícitamente actuar muy cerca de un golpe de mano. Quienes lo apoyan deben saber que están aceptando como norma de práctica política, que cualquiera, en cualquier momento, puede hacer lo mismo, en cualquier parte. Vieja tradición española de lo más perniciosa para clases populares y los más débiles de cualquier sociedad.

Ya no es posible marear la perdiz ni dormitar, -en el caso de algunos-,  tampoco sirve para nada positivo esconderse tras las palabras, en el caso de otros, ‘esto lo tiene que resolver la política’, ‘hay que modificar la Constitución’ ‘tenemos que lograr hacer un país federal’. Pues claro que lo tiene que resolver la política, pero hoy, con la declaración unilateral de independencia de Cataluña realizada por Forcadell, apoyada en una mayoría simple parlamentaria, ni siquiera mayoría absoluta, ni por supuesto una mayoría cualificada parlamentaria, ¡ni tan siquiera mayoría de votos de la ciudadanía! Lo cual debería servir para presuponer que hay más ciudadanos en contra que a favor de esa decisión allí, en Cataluña ¡Qué lejos queda eso de la recomendación de mayoría clara de la población y mayoría amplia realizada por la Claridad Canadiense!

Hoy no vale esconderse tras cuestiones que quizás habría que discutir en el futuro, si ese futuro existe, hoy cada cual tenemos que decidir si aceptamos que una mayoría simple parlamentaria pueda secesionar Cataluña, ¡¡ mayoría menor que para reformar su propia ley, el Estatut, que requiere 2/3 !! Ahora cada cual tiene que decidir si una mayoría simple parlamentaria, con minoría de votos del pueblo, puede independizar un país, la respuesta hoy debe ser a la decisión inmediata, al problema planteado ahora, hay que decir alto y claro si esa actitud se considera democrática, o no. Porque esa decisión supone enfrentar gravemente una parte del pueblo catalán contra la otra mitad y contra la mayoría de españoles. Debería quedar muy clara la postura y argumentación de cada líder, de cada partido y organización, sobre si aceptan como forma válida de contrato social el que cada vez que se celebren elecciones, una mayoría simple pueda cambiar la Constitución, la forma del Estado, o la pertenencia de un territorio al conjunto de Europa y de España. Por cierto, si nos atenemos a la realidad, España hoy está dentro de los países federales, solo que el miedo a las palabras y su uso electoral, no lo reconocen así. En todo caso habrá que discutir el grado y si hay que desarrollarlo más o menos. Y otra cuestión distinta es si Cataluña quiere reformar la Constitución, para qué, o si el sistema federal es lo que pretenden, o quieren el confederal, o nada.

No es una anécdota más en nuestras vidas de la que mañana podamos olvidarnos y punto. De producirse, una secesión será un punto de ruptura para millones de personas, lo cual significará violencia dentro de amplias capas populares, luchas entre iguales, entre familiares, amigos,… ciudadanos con múltiples identidades comunes, sean culturales, idiomáticas, históricas, económicas, democráticas, europeas,… romperán sus relaciones enfrentándose a lo desconocido en pos de una fantasía, porque nada asegura que un nuevo estado republicano, resuelva los problemas de mayor libertad, igualdad, solidaridad, o los concretos de paro, deuda, competitividad, posicionándose ante la globalización de forma más favorable para la inmensa mayoría de la ciudadanía,… y lo harán en base a una ilusión identitaria, la nacionalista, que consideran de muy superior rango, al resto de identidades que los une, por tanto la reconocen derechos decisorios de expulsión, ruptura y frontera.

Hasta ahora, por diversas circunstancias, no imputables solo a un campo, los individuos participantes en las movilizaciones secesionistas han vivido el proceso como si de una fiesta se tratara, salían a las calles a un acto, reivindicativo, alegremente, una actividad de ocio, al igual que fueran a una carrera de bicis, un paseo, maratón o concierto; como si de una romería se tratara familias enteras, niños, jóvenes, mayores y ancianos, salían a divertirse reclamando partir y separar una parte de un país del conjunto, querían la secesión. Como si lograr la independencia de un país, de cualquier país, se hubiera podido realizar con fiestas, o con golpes de clik en el ordenata, lo cual, que yo recuerde, no tiene muchas referencias históricas mundiales.

A pesar de todo por parte del Sr. Mas y Cía, hemos tenido que aguantar la asquerosa mentira de que esa lucha por la independencia catalana, esas manifestaciones en las que nunca ocurrió ningún percance, eran similares a las luchas por los derechos civiles en EEUU. Un enorme insulto a la inteligencia y sobre todo hacia aquellos luchadores negros, que apoyados por blancos, pelearon en el pasado –y siguen peleando- para lograr asientos de autobús, o mesas en locales públicos, el derecho al voto, poder entrar a espectáculos por la puerta principal, jugar deportes profesionales, cantar, escribir, representar, tener trabajo, posibilidad de poder estudiar, elegir vivir… Lo curioso es que a los asistentes y a los que apoyaban románticamente el movimiento no les chirriaban las neuronas, recordando otras situaciones, otros momentos.

Que el movimiento no haya tenido accidentes dignos de mención, tiene que ver con varias razones:

1) Por descontado el movimiento es amplio, numeroso, porque había gente independentista, tradicionalmente un 15% hacia 2010, al que se han sumado todos los descontentos con la crisis y la corrupción española, no la catalana, lo cual puede haber doblado el número de los secesionistas, a los que se agregan los nuevos conversos ante una ventana de oportunidad de cambios que abrió la debilidad institucional, tanto europea y española, como catalana.

2) Los organizadores de movilizaciones masivas se han cuidado muy mucho de practicar la violencia, entre otras razones porque hubiera recortado considerablemente sus apoyos. Pero al mismo tiempo habría que destacar, la otra cara de la moneda, los otros no incordiaron ni se opusieron de ningún modo, las fuerzas contrarias a la secesión, al menos la mitad de los catalanes, o el Estado español, no puso en marcha medios represivos violentos, ni de ningún otro tipo. Cuando se critica por tantas cosas la democracia española, habría que reconocer que al mismo tiempo las altas dosis sociales e institucionales de tolerancia, no existen muchas experiencias actuales de este calibre permisivo en el resto de países del mundo.


3) Su carácter festivo también lo explica que este movimiento es a favor de la corriente, está impulsado y protegido por los gobernantes, apoyado, organizado y financiado por la Generalitat y los poderes catalanes, que lograron convencer de que el objetivo de la independencia resolvería SU corrupción, y todos los problemas que tuviera cualquier individuo catalán. Evidentemente el movimiento está arropado por una pléyade de funcionarios y responsables situados en altos niveles de instituciones y organizaciones de la sociedad civil catalanista, -con buenos sueldos oficiales u oficiosos, alto prestigio publicitado y difundido y cotas de poder permeables hacia arriba y abajo-, ni que decir tiene que la mayoría de estos individuos forman parte de élites minoritarias respecto al conjunto de la población, son abrumadoramente apellidos catalanes, aunque la población en su inmensa mayoría cuenta con apellidos castellanos, los marginados. 

martes, 3 de noviembre de 2015

Secesionismo catalán muy alejado de la Ley de Claridad canadiense (2)

Conclusión:

En definitiva, la secesión es una empresa peligrosa y difícil que conviene resolver en el marco general de la primacía del derecho, mediante negociaciones basadas en los principios que definen a un país, cuales, en nuestro caso, son el federalismo, la democracia, el constitucionalismo y la primacía del derecho y la protección de las minorías. El elemento de activación de estas negociaciones sería la expresión de un apoyo claro a la secesión.

Estos son los principios sencillos que enuncia la Corte Suprema de Canadá y que pone en aplicación la Ley sobre la claridad para proteger los derechos y los intereses de todos los canadienses, particularmente de los quebequenses.Si los quebequenses renunciamos claramente a Canadá, con una clara mayoría y en respuesta a una pregunta clara sobre la secesión, los gobiernos tendrían el deber de entablar negociaciones sobre la secesión, que deberían llevarse a cabo dentro del marco constitucional canadiense, con el fin de llegar a un acuerdo de separación que sea justo para todos.

Independientemente de que estemos por la unidad canadiense o por la independencia de Quebec, debemos ponernos de acuerdo sobre un principio fundamental: un consentimiento expresado claramente. La secesión de Quebec del resto de Canadá sólo debe intentarse cuando los quebequenses la hayan apoyado claramente.

El ideal democrático alienta a todos los ciudadanos de un país a ser leales entre sí, más allá de las consideraciones de lengua, raza, religión o pertenencia regional. En cambio, la secesión pide a los ciudadanos que rompan este lazo de solidaridad que los une y que procedan así, casi siempre, sobre la base de pertenencias específicas a una lengua o a una etnia. La secesión es un ejercicio, raro e inusitado en la democracia, por el que se elige a los conciudadanos que se desea conservar y los que se desea convertir en extranjeros.

Una filosofía de la democracia basada en la lógica de la secesión no podría funcionar, ya que incitaría a los grupos a separarse en vez de entenderse y acercarse. La secesión automática impediría a la democracia absorber las tensiones propias de las diferencias. El reconocimiento del derecho a la secesión cuando se solicite invitaría a la ruptura desde el momento en el que se planteen las primeras dificultades, según divergencias que podrían crearse en función de atributos colectivos, como la religión, la lengua o la etnia. Ello no significa que un Estado democrático debe rechazar cualquier solicitud secesionista que se produzca en él. Ante la voluntad clara de secesión, el Estado puede llegar a la conclusión de que aceptar dicha secesión es la solución menos mala.
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Stéphane Dion, habla con extrema claridad sobre el tema de la secesión, no solo es un teórico, también un político pragmático y por encima de todo democrático, digno de escuchar y leer por muchas personas que se consideran altamente demócratas simplemente por estar a favor de la independencia catalana. Estas declaraciones proceden de una entrevista del 6 -7- 2003 por José Luis Barbería. ‘El País’.

‘’Hubo un momento en mi vida en que pensé que la condición de canadiense menoscababa mi identidad quebequesa. Luego, al comprobar y analizar el comportamiento del nacionalismo en el mundo, comprendí que era un error negar mi dimensión canadiense, comprendí que ser quebequés es ser canadiense y ser canadiense es ser quebequés.

En su país hay algo de eso, ¿verdad?, comunidades que no tienen el mismo estatuto que otras. En Canadá, como en Alemania o Suiza, sin embargo, no hay más que un único estatuto constitucional para todas las provincias, aunque en el plano lingüístico y jurídico Quebec tenga sus particularidades. Lo que pasa es que en la práctica se producen asimetrías. Hay provincias más ricas que contribuyen más a los fondos federales para financiar a otras más pobres, caso de Quebec.

Sólo el Gobierno de Canadá puede ratificar los tratados internacionales, pero esos tratados no se pueden aplicar si las provincias no están de acuerdo, y es difícil poner de acuerdo a 10 provincias, 3 territorios autónomos y al propio Ejecutivo federal, 14 jurisdicciones en total. Eso supone una negociación constante.

¿Por qué ha dicho que la dinámica secesionista es difícilmente conciliable con la democracia?

Por razones de procedimiento y por razones de índole moral. Respecto al procedimiento, no está nada claro quiénes deben votar. La secesión de una parte del territorio tiene consecuencias evidentes sobre el conjunto del país, así que podría hacerse valer el derecho a decidir de todos los electores de ese país. Supongamos que en una región de su país se descubre un pozo de petróleo o una mina de diamantes y que la población de esa región decide independizarse. ¿No tendrían todos los españoles derecho a pronunciarse? Habrá gente que diga que es una decisión que corresponde únicamente a los habitantes de esa región. Y entonces, ¿qué pasa si parte de esos habitantes quieren seguir dentro de España, si hay una subregión contraria a la secesión?’’
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‘’Lo que pretendo fundamentalmente es que la democracia invite a los conciudadanos a aceptarse como tales en el seno de un Estado y no a transformarse en extranjeros. Los ciudadanos de una democracia están unidos por un principio de solidaridad o de lealtad mutua. Todos ellos deben prestarse asistencia más allá de cualquier consideración de raza, religión o pertenencia a una región. Por ello, todos los ciudadanos son, en cierto sentido, propietarios de todo el país, con su potencial de riquezas y de solidaridad humana. Ningún grupo de ciudadanos puede tomar la iniciativa de monopolizar la ciudadanía en una parte del territorio nacional, ni despojar a sus conciudadanos, contra su voluntad, de su derecho de pertenecer plenamente al conjunto del país. Todos los ciudadanos deberían estar en condiciones de transmitir este derecho de pertenencia a sus hijos. En un supuesto ideal, ese derecho nunca debería ser cuestionado en una democracia. Ésta es sin duda la razón por la que tantas democracias se consideran indivisibles.

Puesto que la lealtad establece un vínculo entre todos los ciudadanos por encima de sus diferencias, ningún grupo de ciudadanos en un Estado democrático puede apropiarse del derecho a la secesión bajo el pretexto de que sus atributos particulares, como la lengua, la cultura o la religión, le permiten optar al título de nación o de pueblo distinto dentro del Estado.

Nos encontramos aquí, sin duda, con la razón fundamental por la cual tanto el derecho internacional como la práctica de los Estados sólo reconocen el derecho a la secesión en situaciones coloniales o de violación manifiesta de los derechos humanos. En las circunstancias extremas en que un Estado se niega a tratar a un grupo de ciudadanos como ciudadanos y pisotea sus derechos de ciudadanía, entonces éstos, a su vez, tienen derecho a no considerarlo más como su Estado.

Tienen ese derecho, no debido a rasgos distintivos relacionados con la raza, la lengua o la religión, sino porque, al mismo título que los demás seres humanos, son portadores de un derecho universal a la ciudadanía. El hecho de saber que permanecerán juntos alienta a los ciudadanos a desplegar esfuerzos con miras a una cooperación activa y sincera, y a considerar esta cooperación a lo largo del tiempo, para las generaciones futuras.

En resumen, ¿por qué conservar unido un Estado democrático? Porque el principio de lealtad entre conciudadanos es esencial para la democracia. Ésa es, en mi opinión, la respuesta más universal y válida que se pueda dar en favor de la unidad nacional, por encima de las consideraciones nacionalistas. si bien la secesión no es un derecho en una democracia, sigue siendo una posibilidad que el Estado existente puede aceptar ante una voluntad de separación pacífica claramente manifestada. Es posible que la negociación de una secesión parezca como la menos mala de las soluciones posibles en caso de que una población manifieste claramente su voluntad de dejar de formar parte del país.

Pero justamente porque la secesión, es decir la transformación de conciudadanos en extranjeros, es una cosa grave, probablemente irreversible, que compromete pues a las generaciones futuras, sólo un apoyo claro de la secesión debería conducir a su negociación. Y precisamente porque una secesión sería algo sumamente complejo de negociar, que comportaría enormes riesgos, no podría efectuarse de manera unilateral, al margen del derecho.

Si un gobierno secesionista es lo bastante irresponsable para tratar de efectuar la secesión unilateralmente, al margen del derecho, el Estado existente debe mantener, pacíficamente, el orden constitucional y continuar cumpliendo sus responsabilidades hacia la población afectada, que continúa siendo parte del país existente y disfrutando de su ciudadanía. El hecho es que una secesión unilateral es impracticable en una democracia.

Si tuviera que resumir en una sola proposición, diría lo siguiente: un país tiene las mejores posibilidades de mejorar si todos los ciudadanos adhieren al principio de lealtad. Ese principio se enuncia así: «Pase lo que pase, optaremos por permanecer juntos». ’’

lunes, 2 de noviembre de 2015

Secesionismo catalán muy alejado de la Ley de Claridad canadiense

Por su interés para el debate secesionista, dado que muchos independentistas se apoyan en el proceso de la Ley de Claridad canadiense, sobre la secesión de Quebec, a continuación publico extractos de la alocución de Stephan Dion en el Real Instituto Elcano, el 9 de abril de 2013. Dion fue el político clave para la consecución de la citada Ley de Claridad en Canadá.

Secesión y democracia: una perspectiva canadiense. Notas para una alocución de D. Stéphane Dion Miembro del Consejo Privado de Canadá y diputado federal por la circunscripción de St-Laurent / Cartierville. Cámara de los Comunes de Canadá.

1.      ¿En qué se basa el movimiento secesionista quebequense?

Ante todo, se trata de un movimiento identitario. Aunque los partidos independentistas quebequenses se esfuerzan por convencer a sus conciudadanos de la rentabilidad económica de la independencia, su punto de vista sigue siendo minoritario. Quebec es una provincia menos rica que la media canadiense y el conjunto de Canadá ofrece posibilidades económicas mucho más variadas que cada una de sus diez provincias por separado.
A pesar de todo, los independentistas son minoritarios en Quebec. Sus propuestas fueron derrotadas en los dos referéndums celebrados hasta ahora (1980 y 1995) y los resultados de los sondeos no les son favorables. Aunque el partido que gobierna actualmente en Quebec es independentista, la mayoría de los quebequenses no es favorable a la independencia y se opone fuertemente a la idea de celebrar un tercer referéndum.
Los sondeos de opinión muestran constantemente que la mayoría de los quebequenses se siente orgullosa de ser canadiense, orgullosa de este país a cuya construcción han contribuido los quebequenses con los otros canadienses y que es admirado en todo el mundo. Son muchos los quebequenses que consideran que su doble pertenencia —quebequense y canadiense— es una ventaja, no una contradicción. En este sentido, el reto del movimiento independentista, con el que se obstina desde hace décadas, consiste en convencer a los quebequenses de que serían más felices si dejaran de ser canadienses.

2.      ¿Se considera Canadá un país divisible?  Sí.

Ningún partido político reconocido en el Parlamento o en las asambleas legislativas provinciales se ha declarado a favor de retener a los quebequenses contra su voluntad, siempre que su deseo de secesión se exprese claramente y que se negocie debidamente un acuerdo de separación dentro del marco constitucional canadiense con ánimo de justicia para todos. En Canadá no existe el equivalente del artículo 2 de la Constitución española que dice: “La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas ellas”.

España dista mucho de ser la única democracia que se afirma como entidad indisoluble. Ya sea en su Constitución, o bien a través de su jurisprudencia, muchos países se declaran indivisibles: Francia, Estados Unidos, Italia, Australia, etc. Estos estados democráticos consideran que el país no puede ser dividido, ya que cada parcela del territorio nacional pertenece al conjunto de los ciudadanos, y garantizan a todos sus ciudadanos que la pertenencia al conjunto del país es un legado que podrán transmitir a sus descendientes.
3.      ¿En Canadá, es un derecho la secesión? No.

La secesión se admite como una posibilidad, no como un derecho. El gobierno de una provincia no tiene derecho a autoproclamarse gobierno de un Estado independiente. Conforme al derecho, no puede realizar la secesión unilateralmente sin un acuerdo negociado con el Estado canadiense. Ni el derecho internacional ni el canadiense le otorgan este derecho. En su dictamen de 1998, la Corte Suprema de Canadá confirmó que “en términos jurídicos, se considera que la secesión de una provincia de Canadá debe requerir una modificación de la Constitución, lo cual exige necesariamente una negociación” (párrafo 84) “dentro del marco constitucional existente” (párrafo 149).

El gobierno de Quebec no puede arrogarse un derecho a la secesión unilateral alegando que los quebequenses forman un pueblo o una nación. Como dijo la Corte Suprema: “(...) sea cual sea la definición exacta de pueblo(s) que se aplique a este contexto, el derecho a la autodeterminación no puede ser, en las circunstancias actuales, el fundamento de un derecho a la secesión unilateral”.

4.      ¿Tiene derecho el gobierno de una provincia canadiense a celebrar un referéndum sobre la secesión?  Sí.

El gobierno de una provincia puede consultar a su población mediante referéndum sobre cualquier cuestión y decidir el enunciado de la pregunta. No obstante, los referéndums en Canadá tienen carácter consultivo, no decisorio. Como indica la Corte Suprema: “este voto democrático, sea cual sea la amplitud de la mayoría, no tendrá de por sí ningún efecto jurídico”.

5.      ¿El hecho de que un referéndum sea tan sólo una consulta significa que Canadá podría mantenerse indiferente a la expresión, a través de un referéndum, de una voluntad clara de secesión?   No.

Jean Chrétien, ex primer ministro de Canadá, declaró el 8 de diciembre de 1997: “Ante esta situación (un apoyo claro a la secesión), indudablemente habrá negociaciones con el gobierno federal”. Yo mismo he destacado muchas veces este principio en mis discursos y cartas públicas, empezando por mi primera declaración como ministro en 1996: “Si, desafortunadamente, Quebec votara con una mayoría firme sobre una pregunta clara a favor de la secesión, considero que el resto de Canadá tiene la obligación moral de negociar el reparto del territorio”.

El dictamen de la Corte Suprema en 1998 confirmó que esta obligación de negociar sólo puede plantearse ante “una mayoría clara de la población de Quebec favorable a la secesión, en respuesta a una pregunta clara” (párrafo 93). Esta obligación no existe si la expresión de la voluntad democrática está “en sí, llena de ambigüedades”. Por lo tanto, hay negociación si el apoyo a la secesión es claro; pero si este apoyo no es claro, no hay negociación; y sin negociación, no hay secesión. Aquel es el dictamen emitido por la Corte Suprema en 1998, dictamen puesto en aplicación por la Ley sobre la claridad, adoptada por el Parlamento de Canadá en 2000
.

6.      ¿Si la obligación de negociar la secesión depende sólo de un apoyo claro, quién debe evaluar la claridad?

La Corte Suprema asigna este papel a los actores políticos: “Sólo los actores políticos tendrían la información y la competencia para juzgar en qué momento deberían resolverse estas ambigüedades en un sentido o en otro”.

Le incumbe al gobierno de la provincia elegir la pregunta que se debe formular. La Ley sobre la claridad establece que la Cámara de los Comunes, tras las debidas consultas y deliberaciones, deberá determinar, mediante una resolución y antes del referéndum, si la pregunta es clara. Si, según la Cámara, la pregunta no está formulada claramente, el referéndum no puede conducir a la negociación de la secesión.
Después de un referéndum sobre una pregunta clara, si el gobierno provincial cree que ha obtenido un apoyo claro a la secesión, la Cámara de los Comunes estudiará la claridad de la mayoría. Únicamente si, tras las consultas y deliberaciones debidas, la Cámara concluye, mediante una resolución, que existe una mayoría clara, el gobierno de Canadá puede y debe iniciar las negociaciones sobre la secesión.

En resumidas cuentas, se necesita una pregunta clara y una mayoría clara.

7.      ¿Qué es una pregunta clara?

Todos sabemos lo que sería una pregunta clara sobre la secesión. Lo complicado es imaginar una pregunta confusa. La Corte Suprema habla de “la voluntad de no seguir formando parte de Canadá”. Cuanto más se acerque la pregunta a este enunciado, más clara resultará. Pero se puede formular de muchas maneras: "¿Desea usted que su provincia se separe de Canadá?" o: "¿Desea usted que su provincia deje de formar parte de Canadá y se convierta en un país independiente?"

Si la Corte Suprema de Canadá, en su dictamen de 1998, insistió sobre la claridad de la pregunta, se debe indudablemente a que esta claridad fue cuestionada durante los referéndums quebequenses de 1980 y 1995. Las preguntas habían sido redactadas por el gobierno del Partido Quebequense con el fin de incrementar artificialmente el apoyo a la respuesta afirmativa, sobre todo mezclando el proyecto de independencia y el mantenimiento de una posible asociación con Canadá.

8.      ¿Qué es una mayoría clara?

La Corte declara que el principio de la democracia va más allá de la regla de la mayoría simple. De este modo, confirma que la obligación de entablar una negociación sobre la secesión sólo puede surgir “de una mayoría clara de la población de Quebec a favor de la secesión en respuesta a una pregunta clara”. En su dictamen, la Corte menciona al menos trece veces la expresión “mayoría clara” o “clara mayoría”, además de hablar de “la amplitud” de la mayoría. También se refiere a una “mayoría clara de la población de Quebec”, lo cual abarca algo más que la cantidad de personas que voten.

Existen dos razones fundamentales por las que la negociación de una secesión debería llevarse a cabo sobre la base de una mayoría clara:

a)La primera es que, cuanto más pone en tela de juicio una decisión los derechos de los ciudadanos, más irreversible resulta, más compromete a las generaciones futuras, y más exigente debe ser la democracia con respecto al procedimiento a seguir para adoptar dicha decisión. Es indudable que la secesión es un acto grave y probablemente irreversible. Se trata de un gesto que compromete a las generaciones futuras y tiene consecuencias importantes para todos los ciudadanos del país dividido.

b)La segunda razón es que la negociación de la escisión de un Estado moderno sería, inevitablemente y a pesar de la mejor voluntad del mundo, una tarea difícil y llena de obstáculos. No debería ocurrir que, mientras los negociadores tratan de llegar a un acuerdo de separación, la mayoría cambie de opinión y se oponga a la secesión. Sería una situación insostenible. Por ello, el proceso sólo debería ponerse en marcha cuando haya una mayoría clara, para que dicha mayoría tenga posibilidades de mantenerse a pesar de las dificultades de la negociación.

Además, establecer por adelantado los límites de una mayoría, sean cuales fueren, nos expondría al riesgo de que una decisión tan grave como la de elegir un país dependa de los resultados de un recuento judicial o de un examen de los votos rechazados. Sería una situación insostenible, e incluso insensata.
Para limitar los riesgos de desacuerdo sobre la claridad de la mayoría, basta con que el gobierno que propone la secesión no celebre el referéndum antes que tenga la seguridad razonable de que puede salir victorioso de él. Esta seguridad se desprendería de diversos indicadores: mayorías claras y estables a favor de la secesión (según los sondeos) y adhesión, a esta idea, de las distintas fuerzas políticas.

9.      ¿Deben las negociaciones desembocar obligatoriamente en la secesión?  No.

La obligación de negociar no equivale a una obligación de llegar a resultados, pero todos los participantes en las negociaciones sobre la secesión deberían obrar conforme a cuatro principios constitucionales establecidos por la Corte suprema: “el federalismo, la democracia, el constitucionalismo y la primacía del derecho y la protección de las minorías” (párrafo 90). El gobierno de Quebec no podría decidir por sí solo lo que sería negociable y lo que no. “No podría tratar de invocar un derecho a la autodeterminación para dictar a las otras partes las condiciones de la secesión” (párrafo 91). Tendría “derecho a tratar de realizar la secesión” (párrafo 92) mediante negociaciones basadas en los principios mencionados.

Estas negociaciones, “periodo de incertidumbre y de trastornos profundos”, tratarían inevitablemente de “multitud de cuestiones muy difíciles y muy complejas”, según indica la Corte Suprema. La Corte menciona las cuestiones económicas, la deuda, los derechos de las minorías, los pueblos indígenas y las fronteras territoriales. Debido precisamente a la dificultad inherente de esta tarea, sólo puede plantearse en el marco del derecho y sobre la base de un apoyo claro.

10.      ¿Podría el gobierno independentista desdeñar el derecho y realizar la secesión unilateralmente?  No.

La Corte Suprema nos dice que un intento de secesión unilateral se haría “fuera del derecho” y en un contexto en el que las instituciones que gobiernan en Quebec “no pueden, según el derecho internacional, realizar unilateralmente la secesión de Quebec de Canadá”.

De este modo, el gobierno secesionista no podría contar con la norma jurídica que le permitiría imponer la secesión unilateral a quienes no la desean. No tendría medios de lograr que se le obedezca y haría correr a toda la sociedad peligros inaceptables en una democracia.

Para realizar la secesión se necesitaría no sólo el consentimiento sino también la participación activa del gobierno de Canadá, aunque sólo sea por consideraciones prácticas.
Habría que encontrar la forma de transferir miles de funcionarios de los ministerios y organismos federales a la función pública quebequense, así como toneladas de leyes y reglamentos, millones de declaraciones de rentas, etc. La escisión de un Estado moderno como Canadá podría convertirse en un caos administrativo. Es obvio que sólo podría efectuarse con el asentimiento y la participación del gobierno de Canadá.

Esta participación necesaria del gobierno de Canadá no se podría obtener en caso de declaración unilateral de independencia. Al contrario, la secesión unilateral es imposible en la práctica además de carecer de fundamento jurídico.
11.    ¿Podría obtener reconocimiento internacional un intento de secesión unilateral?  No.

La Corte Suprema analiza esta posibilidad de manera muy prudente y realista; previene que cualquier intransigencia canadiense aumentaría “probablemente” las posibilidades de reconocimiento internacional de un intento de secesión unilateral. Pero de hecho, no existen precedentes: ningún Estado creado mediante secesión unilateral ha sido admitido en las Naciones Unidas contra la voluntad manifiesta del gobierno del Estado anterior. La práctica de los Estados demuestra una reticencia extrema a reconocer las secesiones unilaterales fuera del contexto colonial. Por lo tanto, los quebequenses no deberíamos optar por una secesión pensando que podríamos contar con un apoyo internacional que iría contra la voluntad del Estado canadiense, porque esto iría contra la práctica de los Estados.